29 jul. 2008

Fe de carbonero


  • Muchacho, eh muchacho. Súbeme un saco de carbón, por favor.

  • Al momento, Miss Dolly.

  • Has llegado pronto. Toma chico es para ti.

  • ¡Uauuu! Gracias, Miss Dolly, es usted muy generosa.

  • Oye, hace días que vienes por aquí y quiero hacerte una pregunta. ¿Eres hijo de mi amiga Mayann? La conocí hace mucho tiempo en Perdido Street. Ella, bueno, ella era...amiga mía.

  • No se preocupe, sé a que se dedicaba mi madre en Perdido Street.

  • Así son las cosas. Lo tenemos muy mal los negros pobres.

  • Conmigo no pasará lo mismo.

  • ¿Te vas a hacer predicador, acaso?

  • Mucho mejor: sé tocar la corneta. Entraré en una banda y me haré famoso.

  • Eso no es muy seguro, hijo. Muchos músicos han acabado de chulos en este barrio o incluso pidiendo por las calles. Es todo tan triste.

  • Yo traeré la alegría a estas calles, Miss Dolly.

  • Te veo con mucha fe, chico. Por cierto, si vas a ser famoso ya es hora de que conozca tu nombre. ¿Cómo te llamas, muchacho?

  • Llámeme Lou, el hijo de Mayann, su amiga. Con que diga eso es suficiente.

2 comentarios:

  1. Lo bueno si breve... Maravilloso, entrañable y encantador relato!!!

    Me ha encantado!

    Un abrazo. Feliz Año para ti también!!!

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