28 dic. 2008

Por los viejos tiempos


¿Deberían olvidarse las viejas amistades y nunca recordarse? 
¿Deberían olvidarse las viejas amistades y los viejos tiempos?
CORO: Por los viejos tiempos, amigo mío, 

por los viejos tiempos
tomaremos una copa de cordialidad por los viejos tiempos. 
 Los dos hemos correteado por las laderas y recogido las hermosas margaritas, pero hemos errado mucho con los pies doloridos desde los viejos tiempos. 
 CORO 
Los dos hemos vadeado la corriente desde el mediodía hasta la cena, pero anchos mares han rugido entre nosotros desde los viejos tiempos. 
CORO 
Y he aquí una mano, mi fiel amigo, y danos una de tus manos, y ¡echemos un cordial trago de cerveza por los viejos tiempos!.  CORO

Auld Lang Syne, es un viejo poema del escritor nacional de Escocia, Robert Burns, publicado en 1788 y luego difundido por todo el mundo tras transformarse en canción, siendo parte insustituible en eventos de todo tipo: conmemoraciones, congresos, desfiles, funerales, marchas etc...

Gracias a
la orquesta de Guy Lombardo, se popularizó en el mundo anglosajón como banda sonora de obligado paso cuando llega el año nuevo.

Acompañaba cadenciosamente el baile de Robert Taylor y Vivian Leigh en la maravillosa El Puente de Waterloo (1940) de Mervyn LeRoy.

La toca, más o menos, a la tuba, Gary Cooper a punto de coger un tren en
El Secreto De Vivir (1936) de Frank Capra. El mismo director la usa en dos ocasiones memorables: acompaña las peripecias del senador James Stewart en Washington en Caballero sin espada (1939)y es la guinda del pastel, algo empalagoso pero sin duda entrañable, de ¡Qué bello es vivir!(1946)

También es parte de una declaración de amor casi imposible en la excelente comedia romántica: Cuando Harry encontró a Sally (1989) de Nora Ephron.
Admite un toque punkie gamberro.

Pero su belleza siempre es estremecedora.

19 dic. 2008

El don de Ben


El Ángel del Jazz es un tipo imprevisible, caprichoso y amante del riesgo.
Aquel día, mientras contemplaba desde su alta atalaya las vicisitudes de la gente que pululaba por el pentagrama de la vida, se fijó en un individuo rudo, corpulento y con penetrante mirada de sapo. Entonces se le ocurrió una idea y rápido, como celestial semifusa, le lanzó un compás 4/4 directamente a la cabeza. El individuo, corajudo como pocos, intento liberarse de aquella rígida red aunque finalmente, se tuvo que dar por vencido.
Entonces miró con suficiencia a su opresor y con su nota mas baja le espetó:
  • ¿Qué carajo quieres de mí, Ángel?
  • Tranquilo, me has caído simpático y he decidido otorgarte un don ya que creo que eres suficientemente bueno como para sacarle el máximo partido.
  • ¿Qué es ello? Dímelo de prisa que me esperan para una jam sesion.
  • Pues bien, quiero otorgarte el don de poder tocar con tu saxo las más bellas baladas, los temas más estremecedores, la música más aterciopelada que pueda escucharse en parte alguna.
Ben Webster, al que apodaban La Bestia, por un segundo y sólo por un segundo, cambió el gesto y dejó que un amago de mirada tierna se asomara tímidamente a sus ojos. Pronto se rehizo, adoptó un tono arrogante y soltó:
  • No hay problema, los de Kansas City somos capaces de tocar cualquier cosa.

15 dic. 2008

Recordando a Clifford


Algunos han convertido la historia del jazz en una heroica lucha entre los buenos negros contra los malvados blancos. En esa "guerra a muerte", el Cool sería una música acaramelada y fácil creada por los blancos para acabar con los logros del Bebop. La respuesta a este supuesto intento de colonialismo blanco, sería el Hard bop. Esta fábula, aún en su imposibilidad (¿cómo se puede entender el Cool sin la existencia de músicos negros como Miles Davis su fundador, John Lewis o el propio Mingus , sin ir más lejos?) es una falacia que ha triunfado en los círculos conservadores que dominan el jazz actual y lo que es peor, ha contaminado a algunos músicos que practican esa música y a muchos aficionados que la degustan.
Según este mismo catecismo maniqueo, uno de los momentos cruciales en el nacimiento del Hard bop se produjo con el encuentro entre el batería Max Roach y el trompetista Clifford Brown en 1954. Ambos, desde su quinteto, iniciarían una cruzada anticool que terminaría en clamorosa victoria. La conquista de la fortaleza del jazz sería absoluta y los coros hot cantaron al final las alabanzas de estos bravos guerreros de la negritud.
¿Es justa esta visión de un personaje tan trascendente en el jazz como Clifford Brown ? ¿Qué hacer con alguien que sin renunciar a los logros del Bebop cuidaba con sumo esmero la melodía, el cromatismo y la estructura de las piezas que tocaba, tal como hacían los propios músicos del cool jazz?
De todos modos hay que decirlo claramente, cuando uno entra en el mundo de Clifford Brown le cuesta sustraerse al magnetismo de este trompetista. Su recordado encuentro con Max Roach, truncado por su temprana muerte en accidente de tráfico, puso un punto y aparte en esta música. Cuando alguien escucha Bebop y luego tiene la oportunidad de acceder a este alucinante músico nota que faltaba algo, incluso en las piezas maestras de Bird o Dizzy. Algo que sí está presente en las escasos aunque maravillosos temas tocados por la magia de Clifford Brown. Por ejemplo, en el tema Delilah que acompaña a este texto.


6 dic. 2008

La muerte del guerrero: 60 años atrás



"…Al dirigirme a Bauzá me dice que conoce a un muchacho excepcional, pero que no habla inglés. Así fue como tomé a Chano Pozo y no me arrepentí nunca. Además, no me hizo falta que supiera inglés: logramos entendernos perfectamente, por el lenguaje de nuestros ancestros.
Con Chano habíamos tenido un éxito inmediato. Pero lo importante: Chano cambió el gusto de la música en los Estados Unidos, y me alegra tenido algo que ver con ese fenómeno. Chano fue el factor decisivo en el proceso de introducir e integrar la música cubana en el jazz norteamericano. Chano Pozo fue un nuevo punto de partida." (Dizzy Gillespie)



"Mientras cubría el camino entre el apartamento neoyorquino y el Río Café and Longue, el más grande de los tamboreros cubanos miraba sin entusiasmo las infinitas luces de la ciudad, algunas de las cuales servían para resaltar su nombre: MANTECA, CHANO POZO CON LA BANDA DE DIZZY GILLESPIE. Pero, con los pies ateridos por el frío de New York, Chano Pozo no podía impedir que su corazón se le hubiera ido hasta La Habana: a esa misma hora, en Cayo Hueso, Pueblo Nuevo y Belén, los altares tapizados de rojo se habrían llenado de ofrendas y velas esperando el 4 de diciembre de 1948, y los tambores ya estarían llorando su salvaje plegaria de bienvenida al guerrero Changó. Esa noche faltaría su magnífico tambor y Chano Pozo se devanaba los sesos pensando en la mejor manera de homenajear a su irascible padre africano…" (Leonardo Padura)




"La noche del 3 de diciembre, Chano, Miguelito Valdés y yo estábamos citados para un debut en un bar, y yo estuve por la tarde cambiando unos cheques de viaje que tenía. Como todavía faltaba un rato, me quedé en la casa oyendo la pelota de Cuba, en un radiecito que tenía, cuando me llaman por teléfono y me dicen: "Oye, Mario, acaban de matar a Chano. En Lennox, entre la 111 y la 112. En la barra del Río Café". Entonces me puse a averiguar y supe que la muerte de él fue prefabricada por otra persona, por la envidia que volvió a despertar aquí, por haber triunfado y tener dinero. Pero esa persona que fabricó su muerte la está pagando en vida, y el que lo mató, al que le decían El Cabito, un puertorriqueño que había venido medio desquiciado de la guerra, nada más fue un instrumento para hacerlo, pues hasta le pusieron el revólver en la mano" (Mario Bauzá)
"Chano Pozo fue un revolucionario entre los tamboreros de jazz; su influjo fue directo, inmediato, eléctrico. Los más reputados músicos de batería se estremecían ante el inesperado reformador… Por el tambor de Chano hablaban sus abuelos, pero también hablaba toda Cuba, pues el músico Chano, que injertó en el jazz de Norteamérica una nueva y vigorosa energía, fue cubano ciento por ciento. Debemos recordar su nombre para que no se pierda como el de tantos artistas anónimos que durante siglos han mantenido el arte musical de su genuina cubanía" (Fernando Ortíz)

4 dic. 2008

Las bandas de Lalo


El otro día escuchando en la radio un programa sobre música instrumental pusieron, entre otras joyas, esta maravilla de Lalo Schifrin que era la cabecera de la serie de televisión  Mannix:


Fue en 1963 cuando es contratado por la Metro Goldwyn Mayer para realizar su primera banda sonora, terreno en el que se convertiría en un maestro absoluto. Su tema recurrente, el tema que está más asociado a su persona, quizás incluso a su pesar, es sin duda éste de 1966 para otra archiconocida serie de televisión:


¿Banda sonora sin más? ¿Jazz latino? ¿Cómo calificar entonces otra serie que marcó época en los 70?:



Pasemos al cine con dos éxitos mayúsculos del thriller contemporáneo. La primera es
Bullitt, de Peter Yates, la película que lanzó a la fama al rocoso Steve McQueen :


La mítica Harry el Sucio y su despiadado protagonista principal, pusieron de moda a los justicieros que traspasaban los límites de una legalidad estrecha e incapaz. Su música, con su hipnótico toque latino, también participa de ese estilo seco y acerado:

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