11 ene. 2009

Esa muerte tan insolente


Tenían todo para triunfar y lo hicieron, pero fueron incapaces de liberarse de la tragedia. Muchos fueron devorados por cierta extraña fatalidad unida al destino de los que cometen la herejía de ir un poco más allá de lo establecido. Aquellos jóvenes músicos, osados como pocos, no se conformaron con el sentimiento de íntima de satisfacción que proporciona hacer lo que te gusta, hacerlo a tu manera y lo suficientemente interesante como para conseguir el reconocimiento general. Ellos pretendían llevar su intensidad incluso a sus propias vidas particulares y pagaron un alto precio por ello. Como le pasó al gran trompetista Lee Morgan.



Lee Morgan ocupó un lugar privilegiado en esa carrera de relevos por la supremacía en que se convirtió el arte de la trompeta en la era del Hard Bop. La temprana muerte de Clifford Brown, con el que compartía un gusto semejante por el sentido lírico del instrumento, alejado de las piruetas algo cansinas de los boppers más ortodoxos, le dio la oportunidad de tocar con Dizzy Gillespie, John Coltrane y convertirse en una figura señera en el vivero eterno de Art Blakey . Su gran momento llegó en el 63 con el éxito espectacular de The Sidewinder. Desde entonces y hasta su fatídica muerte, su carrera fue la lucha prototípica de un músico serio y comprometido, opuesto a componendas comerciales tan en boga en los 60. Ese compromiso le llevo a ser un miembro relevante del Jazz and People Movement, un movimiento que reinvindicaba los derechos de los músicos de jazz frente a la voracidad de discográficas y promotores. Respecto a su muerte me limitaré a copiar aquí lo que escribió Hector Aguilera en su magnífico blog Música de Jazz hace apenas unos meses:
"El 19 de febrero de 1972, Lee estaba actuando en el Slug’s Bar de Nueva York. Tras iniciar una discusión con un traficante por asuntos de drogas, Morgan llama a su mujer Helen para que le lleve una pistola al bar. Cuando Helen llega su marido está con otra mujer. En la disputa se dispara el arma y Lee cae al suelo herido de muerte. Era el final de uno de los más brillantes trompetistas de la historia. Tenía 34 años. Morgan se mantuvo siempre fiel al estilo del hard-bop, no dejándose llevar por la corriente de muchas otras bandas que se habían seducido por el jazz modal." (http://musicadejazz.blogspot.com/2008/12/lee-morgan-trompetista.html)
Estos son los hechos empíricos pero quedan muchas cosas por resolver y una pregunta que, antes casos como el de Lee Morgan, siempre me hago: ¿por qué la muerte es tan insolente y devora sin compasión a aquellos jóvenes audaces, que como Ícaro, solo quieren volar un poco más alto, un poco más allá?



13 comentarios:

  1. La muerte es esa compañera de todos, de cuya presencia nadie nos libramos, pero desde luego hay quien, además, parece que la va llamando, paradojicamente por tratar de vivir la vida de manera más intensa.

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  2. Aunque para mi y mi formación científica todo tiene que tener sentido y poderse explicar, desde la adolescencia pienso que algunos logran su cometido antes y por eso se van.
    Uno piensa que hubiese sido de la música si Lennon siguiera creando, pero también puede pensarse.
    ¿Podría superarse ya?.
    Por eso hago esa concesión con mis convicciones y pienso que si tenemos una misión, estaremos hasta cumplirla, si nos adelantamos...nos llevan.
    Un abrazo desde muy lejos.

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  3. dr.krapp, gracias por tu extremadamente generoso comentario sobre mi blog, sólo me mueve el interés de compartir lo que he leído de esta música que me apasiona, y que creo que es lo que tú tambien haces, y muy bien. Respecto a ¿porque tuvieron que morir tan jóvenes?, aquellos que precisamente fueron tan notables como: Clifford Brown, Fast Navarro, Lee Morgan.
    Un abrazo y cordiales saludos,

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  4. Vaya, mi primera visita a tu blog y te veo hablar de mi trompetista favorito... prometo pasarme más a menudo

    un saludo

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  5. ¿Cuántos de nosotros hemos recibido una trompeta de regalo de cumpleaños con 14 años? Como a Lee Morgan le regaló su padre. Pregunta que habla sobre la sociología de cada país. Aquí, en España, le regalas una trompeta a un adolescente... y no sabe qué hacer con ella lo más probable.

    Una gran entrada Dr. Krapp. Un beso.

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  6. Quizá también la muerte mitifica lo que fuimos, y el hecho de morir jóvenes nos hace ser vistos como más audaces o apasionados.

    Saludos.

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  7. Al igual que Ícaro, esos jóvenes audaces han querido estar cerca de las estrellas y no se han amoldado a las normas establecidas, han rebasado límites y eso les convierte en seres más vulnerables; el riesgo, la aventura y su necesidad de ver qué hay detrás a veces tiene un precio muy alto, pero si no fuera por personas que rompen moldes, nunca cambiaría nada.

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  8. Me ha parecido muy buena la idea de Angie, para estar cerca de las estrellas. Qué aburrido quedarse con las normas establecidas y convencionales...y no existiría el Jazz, creo.

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  9. Ciertamente Tesa y lo mejor es no ponerle las cosas fáciles a esa terrible invitada pero tampoco solo vivir pendiente de su llegada.
    Gamar es una teoría curiosa y respetable. ¿Realmente si existen esas misiones quién nos las impone? Otra pregunta: ¿tiene entonces más valor la propia misión que la vida de las personas que la llevan a cabo?
    Hector, lo que digo sobre tu blog es toda la verdad y respecto a la muerte prefiero no invocar las respuestas unívocas tradicionales: la mala vida, la droga etc...
    Saludos Erradizo he pasado por el tuyo y he visto ahí, bien grande, la foto de Lee Morgan.
    Genial Troglo estoy muy de acuerdo con tu idea sobre la magnificación desde la distancia.
    Excelente tu comentario, Angie. Es cierto el riesgo presupone un aumento de la vulnerabilidad. Una especie de Blackjack extremadamente peligroso pero quizás necesario.
    Claro Soportándome, el jazz no es la excepción. Siempre hay rutas nuevas que trazar para hacer más larga la aventura y menos previsible.

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  10. Dr. Krapp, ¿sabes que ahora estoy trabajando y escuchando a Benny Goodman Carnegie Hall Concert I)? Lo tenía por casa y ni lo sabía. No digas que no soy buena alumna.

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  11. Eres una excelente pupila, Angie aunque el camino es largo y tortuoso hasta llegar, yo no lo he conseguido, a Ornette Coleman.

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  12. Dr. Krapp, te has olvidado de mi. Ay! Las prisas.

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  13. Mierda Esther, es cierto. Perdona y gracias por tus palabras.
    A mi cuando tenía 7 años me regalaron los Reyes una corneta de plástico pero mi falta de pulmones y el desinterés. preferí el caballo de plástico, hicieron lo demás. En realidad en aquel tiempo lo único que molaban eran las guitarras eléctricas y ahora, fíjate en ese videojuego tan de moda en todas partes, el Guitar Hero.

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