12 may. 2009

Triunfar en París


En su autobiografía, Sidney Bechet cuenta como su abuelo Omar sedujo a la belleza mestiza Marie que a su vez era requerida en amores por un rico plantador. Este, al ver frustradas sus pretensiones, decidió hacer perseguir al escapado Omar con saña por los pantanos y luego asesinarlo por medio de un esbirro. El plantador adoptó al hijo de Marie e incluso decidió darle su apellido francés. Para Lucien Malson esta historia podría estar detrás del persistente deseo del músico por triunfar en París.





Uno pensaba que Sidney Bechet, el primer gran solista del jazz junto al gran Satchmo, se había largado a París en la troupe de la maravillosa Josephine Baker había bajado a uno de esas cavas humeantes y oscuras de la Ciudad de la Luz y sólo había salido de allí con los pies por delante. Pensaba que era otro símbolo del americano en París: como Hemingway, Gertude Stein, Gene Kelly en la célebre película o Jean Seberg vendiendo -como nunca se ha vendido un periódico- el Herald Tribune en los Campos Elíseos.




Craso error, Sidney Bechet intentó tres veces la aventura parisina y solo en las postrimerías de su vida alcanzó su triunfo soñado.
En la primera ocasión se había unido a la Southern Syncopated Orchestra y era solo un joven prometedor que tocaba el clarinete. Más que en París, su actuación llamó la atención en el Londres de 1919 donde recibió elogios en alguna revista, teniendo el honor de ser el primer músico de jazz solista reconocido en la prensa europea. Es en Londres donde consigue su primer saxo soprano que pasó a ser su instrumento por antonomasia.




Pasó los primeros años de la década de los veinte en la Gran Manzana realizando sus primeras grabaciones, alguna con el mismo Louis Armstrong, y finalmente regresó a París, ahora sí, con La Revue Négre de Josephine Baker. Este viaje fue más largo -de 1925 a 1931- aunque tampoco especialmente glorioso, sobre todo a raíz de su paso por una cárcel francesa tras haberse liado a balazos con otra músico de la orquesta. En los 30, sufrió duramente los efectos de la Gran Depresión e incluso tuvo que abandonar la música durante un tiempo para montar una sastrería en Harlem. Su "salvación musical" se produjo con el Renacimiento del estilo Nueva Orleans a finales de los 30 y principios de los 40.
1949 supuso su vuelta a París, el triunfo y el reconocimiento tan deseado. Su célebre "Petite Fleur" lo convirtió en ídolo de masas y casi lo integró en el exclusivo mundo de la chansón. La cosa le fue tan bien que terminó casándose a lo grande, disfrutando del homenaje de sus muchos admiradores y gozando de la plenitud de su gloria hasta su muerte en 1959.


Su sonido nítido, poderoso, fuerte, compacto y siempre brillante quizás refleje bien el carácter de este ambicioso criollo que al final pudo cumplir su más ansiado sueño: triunfar en París.


11 comentarios:

  1. Bueno, la vida es así. Nunca es perfecta. Pero finalmente se cumplió su sueño. Valió el esfuerzo. Estaría bien hacer un reportaje sobre músicos de jazz que por alguna razón estuvieron en la cárcel y cómo eso les marcó en su música. Anímate.

    Me alegro que hubiera un renacimiento del estilo de Nueva Orleans. Es un estilo que me gusta. Aunque muchos temas seguidos se me hacen pesados. ¿Quién es el batería del último tema?

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  2. La vida de toda aquella gente no fue un lecho de rosas Esther. Como la de Antonio Vega que se acaba de morir y me siento realmente triste por la noticia. He puesto de fondo un tema de él en el otro blog.
    En los títulos del principio del tema pone que es Roy Eldridge un error. Ahí está el gran Roy con su trompeta desatada haciendo dúos con Bechet.

    ResponderEliminar
  3. Rectifico: es Eldridge que también tocaba la batería y ahí lleva gafas. Me he fijado un poco mejor y además he consultado en la wiki. La verdad no lo hace nada mal.

    ResponderEliminar
  4. El problema con los doctores, amigo Krapp, es que con una sola cápsula te ponen a cavilar (bajar libros)con todo lo que eso implica. Fijate, una fina percepción inicial de los detalles, te va subiendo la adrelina al llegar a casa de doña Gertrude (Ah esa generación perdida de aquel Paris donde no todo era una fiesta para gente como el ultrajado Sydney). No es nada malo. Es historia. A mi por lo menos me ha hecho feliz que me dieras un pretexto y el contexto para acometer por fin la escucha de los dos compactos sin información del álbum "Mapple rags" (el segundo creo que es de blues) que me prestaron. Se me ocurre (viendo la portada de esta entrada)que alguién más, en otra oportunidad podría continuar esta historia como una acuarela del jazz en el criollismo.

    ResponderEliminar
  5. Armando, me encanta ser algo así como una Beatriz que te acompaña cual Divina Comedia hacia sendas poco holladas no sé infernales o solamente propias de un Purgatorio asequible y quizás portátil. Si además te ha servido para escuchar un disco tan prometedor mejor que mejor. Ya en su momento hice una entrada sobre otro gran criollo de corazón y convicción: Jerry Roll Morton.
    (http://sinfoniazul.blogspot.com/2008/08/el-tahr-del-misisipi.html)
    Seguiré con tu propuesta.

    ResponderEliminar
  6. sydeney bechet-paris.... "pretite fleur", bien sur!!!!!
    en youtube hay varios videos

    ResponderEliminar
  7. Buenas, Doctor. ¿Qué decir de Sidney? Una fuerza de la naturaleza, ojalá no le olvidemos nunca, porque fue grande como muy pocos.

    Salud.

    ResponderEliminar
  8. Que gran clarinetista era Bechet, me recuerdo que siendo muy un joven, cada vez que escuchaba "Pequeña Flor", me emocionaba con la hermososura de esa melodía.

    ResponderEliminar
  9. Pocos Artal, hay muy pocos vídeos de Bechet en el Youtube y no podemos decir que haya muerto en una época tan remota. La absurda política de derechos de autor nos priva de cosas realmente sustanciosas para acercarse y conocer o dar a conocer la obra de grandes artistas.

    Fue el único que plantó cara a Armstrong en los años 20 y 30, he escucahdo algún tema de ambos y Sidney no desmerece a Satchmo. Saludos Troglo.

    Yo me sigo emocionando con ella, Hector y no sé por que la asocio a esas melodías que tocan los clowns en los circos. Alguna reminiscencia de mi infancia.

    ResponderEliminar
  10. Desde hace muuuuucho tiempo no había escuchado tanto jazz...y nunca me había informado tanto como ahora...(y es que el clásico no deja tiempo)
    .Bechet pudo cumplir su sueño!!! muchos no lo ven cumplidos nunca.

    con es saxo de fondo me despido

    abrazotes

    ResponderEliminar
  11. Lola tómate un kit kat, sea o no sea jazz. Ojalá algún día se pueda salir de los compartimentos estancos y que nosotros lo veamos.

    ResponderEliminar

Neboeiro de etiquetas