28 feb. 2009

Todas las cosas que podrías llegar a ser si la mujer de Sigmund Freud fuera tu madre


Parece ser que Charles Mingus no tenía excesiva buena opinión de la psiquiatría. Llevaba muchos años con un analista e incluso en una de esas situaciones tragicómicas que le tocó vivir, después de acudir un día al Hospital de Bellevue para pedir ayuda psicológica consiguió, muy a su pesar, que acabaran internándolo. Pero su irresistible sentido del humor le permitía hacer cosas tan extrañas como pedirle a su psiquiatra favorito que le sugiriese las letras de algún tema. Uno de ellos es éste que encabeza la entrada. (Se puede escuchar un fragmento). Tampoco nada de ésto es seguro, Mingus tenía una enorme capacidad para la fabulación y era capaz de inventarse cualquier cosa para echarle un poco de teatro al asunto..
Un tipo tan excéntrico, radical y tumultuoso, amante de las escenas teatrales y con un humor de mil demonios, tenía que hacer una música en consonancia con su personalidad y la hizo, vaya si la hizo.
Empezó en el jazz tocando con Louis Armstrong, colaboró con Duke Ellington y Charlie Parker y como en esa grabación tan extraordinaria del Festival de Antibes hizo buenas migas con el free Eric Dolphy. Estaba en todas partes y no estaba en ninguna. Podía lanzar unas declaraciones incendiarias atacando un estilo musical o incluso a un músico al que no tuviera simpatía y pocas semanas después realizar una jam session con él y tocando esa música que rechazaba con ardor.
Era Charles Mingus y todo lo que tocaba pasaba a incorporarse a su propia forma de hacer las cosas. Indefinible e indescriptible. Como este tema que suena de fondo que es una mezcla de soul, blues, jazz tradicional, gospel y todas las etiquetas que se quieran poner.
Por último, es curioso que siendo tan iconoclasta, tan suyo, tam individual haya tanta gente que se considera su heredera musical e incluso espiritual. Do ejemplos:
El precioso disco de Joni Mitchell titulado Mingus editado en el mismo año de su muerte, 1979
con un grupo fastuoso. Aquí la tenemos interpretando el tema emblema del contrabajista: Goodbye Pork Pie Hat:



Otros ejemplos de esta veneración musical se refleja en temas e incluso discos de homenaje como Weird Nightmare: Meditations on Mingus de 1992 y en los diversos grupos de jazz que llevan el propio del contrabajista: The Mingus Big Band, Mingus Orchestra y esta Mingus Dynasty, un grupo repleto de ases, que vió así en 1980 el mismo Better Get It In Your Soul que podemos escuchar de fondo:



24 feb. 2009

El concierto para acabar con todos los conciertos


Hay que echarle mucha valentía o tener cierto sentido del humor para titular un tema, tirando a cortito y dividido en dos partes, de esa guisa; pero Stan Kenton tenía cierto sentido de la grandilocuencia y no despreciaba el sabor del peligro desde que se embarcó con 30 años en la aventura de montar su propia banda de jazz. En aquel momento, principios de los 40, las cosas pintaban bien para las big bands. Era la eclosión de las orquestas de Duke Ellington, Count Basie etc. y la orquesta de Stan Kenton junto a las famosas Herd (rebaños) de Woody Herman representaban una alternativa moderna a los clichés algo marchitos de las viejas bandas blancas.
Stan Kenton
formó un grupo de gente homogénea aunque joven y desconocida más allá de la costa oeste y en 1943 tuvo su primer gran éxito con un tema que podría ser una perfecta banda sonora para una película de cine negro tan en boga en aquellos tiempos:


Se oye en esta grabación moderna de su tema-icono, hasta el punto de dar nombre a su orquesta de aquellos tiempos, la tendencia de Stan Kenton a mezclar elementos de música clásica con una instrumentación poderosa y penetrante donde destaca la brillantez exaltada de los saxos jugando con el sonido sin contemplaciones de la sección de metal en combinados y estudiados riffs. Con este éxito y otros parejos producto de sus grabaciones con Capitol; la labor de su alter ego el arreglista Pete Rugolo; la incorporación progresiva de jóvenes talentos como Art Pepper, Stan Getz , Anita O'Day o June Christy y su apertura hacia la nueva música postswing, se sintió autorizado para bautizar su música con una exigente etiqueta: jazz progresivo. Con esa óptica de modernidad, era en cierto modo normal que coincidiese con los pioneros del bebop en la idea de revalorizar la función del músico como instrumentista y no como simple acompañante del baile. Quizá eso fue una de las causas del acercamiento de su música a la clásica desde una perspectiva más conceptual que técnica.

Después de la guerra sus ideas alcanzaron una mejor definición coincidiendo con la primera crisis de las clásicas y tradicionales bandas de swing. En su música se mezclaban los temas tradicionales con los más abstractos y no tenía reparos en adaptar temas clásicos al repertorio del jazz. También en esta época empezó a colaborar con músicos y arreglistas que luego conformarían el sonido West Coast y el cool jazz: Shorty Rogers, Gerry Mulligan, Zoot Sims, Mel Lewis etc. En 1954 obtuvo un Music Hall of Fame por su contribución al desarrollo de la música estadounidense en el siglo XX. Sin embargo, no todos eran elogios: a mediados de los 50 tuvo una confrontación con los críticos de la revista Down Beat al acusarlos de elegir exclusivamente a músicos negros en las listas de los mejores músicos del año. El célebre Leonard Feather contestó preguntándole si Stan Kenton era favorable a la discriminación racial y la causa de que casi no tuviera músicos de color en sus orquestas.

A principios de los años sesenta, aún sin pertenecer a las corrientes más vanguardistas del momento siguió experimentando con nuevos sonidos y nuevas instrumentaciones e incluso ganó varios premios Grammys. Pero a partir de 1963 no se pudo sustraer a la gran crisis que vivía el jazz y especilamente de las orquestas. En sus últimos años, hasta su fallecimiento en 1979, sus inclinaciones le llevaron al terreno de la enseñanza en universidades y centros de música. Sus programas didácticos y su obras, quizás no muy habituales en el repertorio de los músicos profesionales, son desde entonces estudiadas con devoción en dichos centros de estudio. Recientemente se han recopilado todas sus grabaciones, en especial las del sello Capitol, y se está asistiendo a una lenta revalorización de su patrimonio musical muy adecuada para estos tiempos de mestizaje musical sin barreras.
No, definitivamente no acabó con todos los conciertos, pero aportó su grano de arena para abrirlos a nuevos territorios.

14 feb. 2009

Sweet Georgia Brown


Sweet Georgia Brown es como un soleado sábado por la mañana en que todo parece favorable. Un sábado distendido, desinhibido, sin preocupaciones acuciantes para amargarte el día y en el que te dan ganas de aprovechar cualquier oportunidad que se presente.
No es raro que la versión más emblemática del tema fuera realizada en 1949 por Bones Brothers and his Shadows un grupo capaz de convertir el arte del silbido en extraordinaria música de swing. La fama de esta versión viene asociada al hecho de convertirse en el tema de los célebres Harlem Globetrotters ese grupo acrobático, deportivo y circense que hizo su debut en el Savoy Ballroom de Harlem, la meca de las orquestas de baile en los años 30:



Sweet Georgia Brown fue compuesto por Ben Bernie, Maceo Pinkard y el letrista Kenneth Casey en 1925. Ben Bernie era el director de la orquesta del Hotel Roosevelt y consiguió con este tema una enorme popularidad en todo el país:


También silbada es esta grabación del año 1929, transformada en unos divertidos dibujos animados en 1932:


Incluso la serie Merrie Melodies ofrece su versión. Aquí, en "The Isle of Ping Pongo" se interpreta el tema en estilo scat. Las caricaturas decididamente racistas caracterizan a Fats Waller y a los Mill Brothers:


Si se habla del scat hay que hablar de Ella Fitzgerald, aquí en la mejor compañía, la Orquesta de Duke Ellington:


Joe Venuti, uno de los más grandes violinistas que ha dado el jazz clásico:


El maestro del saxo soprano, Sidney Bechet, gran artífice del jazz tradicional lleva el tema a su peculiar estilo de tocar:


En 1980 el gran Benny Goodman junto a Teddy Wilson, se marcaron esta interpretación donde cada acorde es una lección de swing:


La coda final para el prodigio de Canadá, Oscar Peterson, el hombre de los dedos a velocidad de la luz:

10 feb. 2009

Sólo tienes que decir Doo wop: El blanco


Espero no ganarme la inquina de mis amigos aficionados a las músicas sofisticadas, si me interno una vez más en las profundas simas del rhythm and blues. Mi objetivo es sacar a la superficie una pequeña muestra de un material algo sospechoso. Me refiero a los grupos blancos de duduá que triunfaron a finales de los cincuenta y principios de los 60.
Mayoritariamente eran conjuntos de origen italiano, procedentes de zonas suburbiales y tuvieron su gran oportunidad cuando a finales de los cincuenta sus rivales afroamericanos se engancharon al naciente soul. Sería fácil someter a un juicio sumarísimo a estos muchachos por llevar a la popularidad temas interpretados anteriormente por conjuntos de color. Eran buenos cantantes aunque sometidos a los vaivanes caprichosos de una industria discográfica deseosa de atraer a las capas juveniles de la creciente clase media blanca
Curiosamente entre los más "copiones" destacan dos grupos canadienses. La palma se la llevaban The Diamonds que cosecharon una larga cadena de éxitos con temas escritos y grabados para grupos de color. Como el inolvidable Little Darling:




The Crew Cuts, antes se llamaban The Canadaires, consiguieron un número 1 en las lista pop cuando regrabaron un tema de The Chords que había tenido cierto éxito en las listas r&b:



De Filadelfia llegaron Danny and the Junior's un grupo blanco que se pasó casi toda su vida musical pidiendo a la gente que fuese At the hop, es decir al baile, a la fiesta, al mogollón:



Un grupo inédito, dos chicas y un chico que cantaba y tocaba la trompeta. The Fleetwoods tuvieron un número 1 con esta hermosa cursilería:



Italianos de pura cepa eran The Capris, el grupo de Nick Santo que llegó al número 1 con este tema:



En cambio en The Crest solo el solista Johnny Maestro era italoamericano, contaba con un puetorriqueño y sorprendentemente otrso dos cantantes de color. Un conjunto multirracial en plena época de lucha contra la segregación:



Grande entre los grandes, orgullo de la comunidad italiana, Dion di Mucci y sus The Belmonts, bautizados así por proceder de la Avenida Belmont en el Bronx neoyorquino. Curiosamente formaban parte de la gira en la que murieron los artistas de mi entrada anterior y la continuaron a su muerte con otros cantantes y grupos. En 1960, Dion decidió seguir su carrera en solitario hasta la reunificación del grupo en 1966. Este es uno de sus grandes bombazos:

4 feb. 2009

50 años y un día




Sí, ayer se cumplió el 50 aniversario del día en que murió la música. Ni más ni menos. Como muchos sabréis, se conoce así al día en que se estrelló la pequeña avioneta en el que iban tres grandes y jóvenes estrellas del naciente rock and roll: Buddy Holly, Ritchie Valens y The Big Bopper.
El accidente siempre despertó todo tipo de especulaciones y se elevó al territorio de la leyenda gracias al célebre tema American Pie de Don McLean:



"Y los tres hombres que más admiro
El padre, el hijo y el espíritu santo
Tomaron el último tren hacia la costa
El día que la música murió"


Era una gira agotadora en autobús y en un momento dado Buddy Holly tuvo la posibilidad de contratar una pequeña avioneta de tres plazas. En vez de llevar a otros miembros de su banda entraron en el aparato Big Bopper y Ritchie Valens, el chiquito de origen mexicano que con apenas 17 años estaba arrasando en las listas de ventas:

Atrás quedaron el resto de músicos, frustrados y sin saber que gracias a aquel abandono habían salvado el pellejo. A la mañana siguiente se encontraron los restos de la avioneta sobre un campo de maíz de Iowa.
Big Bopper era un disc-jockey texano de 28 años que acababa de obtener un número 1 en las listas con el marchoso Chantilly Lace.



Buddy Holly por su parte, sólo tenía 22 años y era la gran esperanza blanca para destronar al rey Elvis. Su influencia fue decisiva en la música beat inglesa de principios de los 60.



50 años y un día después, todavía los tenemos presentes. Sólo la música podía hacer algo así. La música que nunca puede morir.

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