27 abr. 2010

Al aire de Ayler

Si logramos despojar al Free Jazz de todo ese envoltorio ideológico que lo recubrió en su momento, convirtiéndolo en un fenómeno más contracultural y reivindicativo que propiamente musical. Si lo sacamos de los tugurios bohemios y “culturetas” del Village neoyorkino o de las caves de París. Si dejamos de lado el papanatismo de los jóvenes exquisitos, amantes de experiencias fuertes y subversivas. Si nos olvidamos de todas el odio, la polémica y el rechazo que provocó esa música. Si dejamos atrás todo eso, todavía seguirá en pie incólume la figura carismática y extraordinaria de Albert Ayler.

Esta versión de Summertime del año 1963 es una de las primeras incursiones discográficas de Ayler, una especie de álbum de presentación como ya indica su título “My name is Albert Ayler”. Fue realizado en Copenhague y contaba con la presencia de un contrabajista de 16 años fundamental en el jazz europeo de los siguientes cuarenta años: Niels-Henning Ørsted Pedersen. La marcha de Ayler a Europa, a Escandinavia en concreto, tuvo un efecto liberador para su trayectoria y entre otras cosas le permitió actuar con su gran ídolo y figura puntera del New Thing: Cecil Taylor. Debo decir que este Summertime no deja de recordarme aquella famosa interpretación de Lover Man por parte de Charlie Parker en los tiempos de su dramática experiencia en Los Angeles.  Si Parker era Bird, Ayler fue conocido
en su primera juventud  como Little Bird por su enorme maestría. Todo un síntoma.



Su primer álbum en su país recibe el significativo título de Goin’ Home y es verdad, Albert Ayler ha vuelto para quedarse y lo hace con una serie de discos en los que se atreva con temas tradicionales. Temas gospel en muchos casos, que trata con tanta reverencia que apenas se permite improvisaciones con ellos. Hay una búsqueda
constante de la trascendencia y quizás creía que su reinterpretación de los viejos himnos le podía dar la clave. Viejos temas  tensados al máximo, afilados sin tregua y que vibran en sus labios feroces, hasta hacer que lleguen a otro espacio indefinible.



Para los críticos, el disco definitivo del músico de Cleveland es Spiritual Unity de 1964. Un álbum que deslumbró a John Coltrane convirtiéndole hasta su muerte en el primer adalid de la música de Ayler, tan necesitada de valedores. La pasión era tal que se dice que algún disco muy comercial de Trane tenía como objetivo financiar la carrera del otro. En 1967, cuando el propio funeral del prodigioso tenor, Albert Ayler tocó varios temas del álbum. Uno de ellos este demoledor Ghosts.



Se construye una melodía y luego se va desmoronando. Baja a lo más profundo, a los sonidos esenciales -gruñidos, alaridos, gemidos- y luego vuelve a recrearse de nuevo con una pureza renovada.
Se suceden las grabaciones en directo. Forma un grupo estable con Sonny Murray y Gary Peacock. También toca con Don Cherry y con su propio hermano Donald. Firma con la discográfica Impulse y graba un disco de estudio titulado: Love Cry (1967). Los más ortodoxos dentro de la ortodoxia consideran que se ha comercializado y pierde algo de su irreverencia free. El disco está llena de guiños musicales: desde músicas primitivas -indias o africanas- pasando por fanfarrias militares, hasta sonidos cercanos al funky o al rhythm and blues.



Las puntuales acusaciones de comercialización de sus primeros discos con Impulse, alcanzan cierta generalización en su última etapa. La misma crítica que nunca le perdonó su heterodoxia ahora se ceba con él por todo lo contrario. Tanto "Music Is the Healing Force of the Universe" como "New Grass" son tratados de forma muy dura, y recibe acusaciones de haber derivado hacia un absurdo misticismo gratuito. Algo sorprendente ya que si algo caracterizó la trayectoria del saxofonista es su insobornable e implacable búsqueda de la espiritualidad a través de la música, antes incluso de que John Coltrane lo pusiera de moda dentro del jazz. El cadáver ahogado de Albert Ayler en el East River a finales de 1970 después de semanas desaparecido, quizás nos habla de un fracaso en esa búsqueda o quizás no, quizás nos habla de su paso a otra dimensión. ¿Una dimensión regocijante?


20 abr. 2010

Maneras de ser cool

Se puede ser cool así:
  • Llevo un iPod en el bolso, estoy enganchada a Perdidos, compro en el Ikea y tengo una Nespresso en mi casa.. .¿Basta con eso para ser cool?
  • ¿Y por qué no? La persona cool debe proyectar una ilusión de originalidad y tener cierta cobertura, bien en redes sociales, a través del circuito de amigos, en el gimnasio... Además, aquello que hace debe ser relevante, es decir, estar alineado con la temperatura social del momento. Y debe ser lo suficientemente accesible como para que otro desee ser como él. Hay un factor de apropiación muy importante, bien por empatía o bien por proyección.
(Entrevista a un coolhunter, es decir, un cazador de tendencias, en la revista R - Abril del 2010)
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Me inclino, sin embargo, por una línea  más clásica:

14 abr. 2010

Sonny Stitt escapando de la sombra

Se ganó el apodo de Lobo Solitario por ser amante de la intimidad y poco partícipe a compartir entusiasmos ajenos. Al mismo tiempo se le acusaba de ser un imitador, un mero clon de la maestría del genio. En el año 1948 dio con sus huesos en la cárcel por traficar con heroína y en 1960 fue expulsado del grupo de Miles por su excesiva adicción al alcohol y por entender de una forma muy particular esa cosa llamada jazz modal. Siendo considerado un bopper estricto y ortodoxo, se entregó a fondo a partir de los 50 al nuevo soul jazz promovido desde el sello Blue Note. Luego en los 70 se atrevió con un extraño artefacto - una especie de saxo amplificado, llamado Varitone.
Murió en 1982 y siempre fue un personaje enigmático.
Se llamaba Sonny Stitt.



Lover Man, fue un  tema que quedó para la posteridad como testimonio del estado de demolición de Charlie Parker poco antes de “su obligada relajación” en Camarillo.(Ver entrada). La poderosa sombra de Bird, acompañó la vida de este lobo solitario desde que se encontró con el saxofonista de Kansas City en 1943. Stitt insistió durante toda la vida en que ya había forjado su estilo antes de conocer a Parker, pocos lo creyeron. El mismo Dizzy Gillespie lo contrató por su parecido con Bird y muchos de los que recurrieron a él durante su primer período lo querían tener ante la imposibilidad de contar con un Parker sumido en su espiral de autodestrucción. Tras salir de la cárcel en 1949 decide dar un giro radical: se pasa al saxo tenor -sin abandonar el contralto- e intenta conseguir un estilo mas pausado. Su fidelidad bop se mistura con su gusto por la dulzura a lo Lester Young. De 1950, con la siempre grata compañía de Bud Powell  y Max Roach, es éste I want to be happy:




Su reencuentro con Gene Ammons a principios de los 50 -su antiguo compañero en la orquesta de Billy Eckstine- le permite tener un alter ego con el que desarrollar su enorme capacidad. La música de estos dos intérpretes se forjó en maratonianas jam sessions donde Sonny alcanzaba unos niveles de creatividad casi insuperables. Las grabaciones disponibles son un testimonio demasiado esquemático de lo que aquellos hombres podían conseguir. Algo es constatable, sin embargo, Stitt era un grandioso improvisador:



Y un fenomenal baladista:



Su producción discográfica es amplísima, bajo su nombre hay más de 150 discos y varios cientos más acompañando a otros músicos. Aquí tenemos otra muestra más de ese tandem cordial que formó con Gene Ammons primero en los 50 y de nuevo a mediados de los 60:



Era lógico, tanto desde una perspectiva comercial como sentimental, que decidiera dedicar un disco a su mentor. Una forma de enfrentarse a sus antiguos fantasmas, ahora que se siente lo suficientemente poderoso como para hacerlo. El disco se titula "Stitt Plays Bird" (1963) pero es un disco de Stitt en todo momento, no de un Parker descafeinado. Una interpretación mesurada, muy cuidada y sin recurrir a los viejos clichés. Un año después es grabado para un programa de la televisión alemana en homenaje a Bird. Le acompaña su viejo compañero de aventuras musicales el trombonista J.J. Johnson, Howard McGhee a la trompeta y una sección rítmica formada por Kenny Clarke, Walter Bishop y Tommy Potter:




Su última época está marcada por su acercamiento al funky jazz. En 1972 obtiene un relativo éxito con su disco de viejos standards titulado Tune-Up!. La última grabación de la que hay constancia, es este I'll Be Seeing You. Solo le quedaban seis semanas de vida.

8 abr. 2010

Los mundos de Angelique

Creo que hay pocas dudas al respecto, si hay una mujer que puede y debe ocupar el trono de “Mama Africa” que dejó vacante hace año y medio la gran Miriam Makeba, es Angelique Kidjo.



Logozo (1992), en el que aparece este maravilloso We We, fue el álbum que consagró internacionalmente a esta artista de Benín que ya tenía por entonces dos discos publicados. Uno en su propio país de donde salió en 1982 y otro en Francia, su tierra de adopción, grabado dos años antes y editado solo para territorio africano.
Angelique es una mujer que canta en cualquier idioma, aunque su lengua materna es el fon y no tiene reparos en acercarse a cualquier género musical: afrobeat,
zouk, blues, reggae, jazz, funk, gospel e incluso éste...


En sus discos han participado grandes músicos. En Logozo se hizo acompañar por Bradford Marsalis y ha actuado con gente como Cassandra Wilson, Buddy Guy, Alicia Keys, Joss Stone o Carlos Santana con el que llegó a interpretar en directo uno de sus temas más conocidos: Adouma



Tampoco ha dudado en versionear grandes temas de la música popular. Hasta cierto punto es normal que una niña de Quidah, el lugar donde se dice que nació el vudú, no se resistiese a cantar un tema capital del legendario Jimi Hendrix:



Instalada en la cresta de la ola musical occidental, Angelique Kidjo no ha dejado de preocuparse por la suerte de sus compatriotas, siendo una activa militante en favor del pueblo africano y creando una fundación de apoyo a la infancia de aquel continente. Otra forma de apoyo fue su disco Fifa de 1996, grabado con el concurso de decenas de músicos, cantantes y bailarines de su país y luego remezclado con instrumentación electrónica. Del disco me quedo, en cambio, con una preciosa balada, casi una canción de cuna dedicado a su hija. Con el mismo título que otro famoso de Coltrane: Naima.


En su último album, Oyo (2010), Angelique entra a fondo en lo que podríamos llamar su repertorio musical-sentimental. Para ello cuenta con colaboradores de la talla de Dianne Reeves, Roy Hargrove o Christian McBride con los que interpreta temas de Aretha Franklin, Curtis Mayfield, Otis Redding, Miriam Makeba, James Brown o Santana. Personalemnte ne resulta irresistible el tema que abre el disco, Zelie, basado en una melodía tradicional de Togo:


3 abr. 2010

He sido abandonado por el mundo


(Episodio "Champagne" / Coffee and Cigarettes - Jim Jarmusch - 2003)
 
He sido abandonado por el mundo
en el que solía pasar tanto tiempo;
hace tanto que no ha sabido nada de mí,
que es muy probable que piense que estoy muerto.
No tiene consecuencias para mí,
que me crea muerto,
no lo puedo negar
porque es cierto que estoy muerto para el mundo.
Estoy muerto para el tumulto del mundo,
y descanso en un lugar tranquilo.
Vivo solo en mi cielo,
en mi amor, en mi canción.


La letra está extraída del poemario "Canciones por la muerte de los niños" (1843) en las que  Friedrich Rückert se lamentaba por la muerte de sus hijos, Louise y Ernst, fallecidos por la escarlatina poco antes de escribir la obra. Este poema siempre había atraído a Gustav Mahler  ya que creía que reflejaba su propia situación de aislamiento frente a la sociedad de su tiempo. En 1901 decide musicarlo en forma de lied junto a otros cuatro poemas de la misma obra. El propio músico dirigió el estreno orquestal en Viena el 29 de Enero de 1905. La interpretación de abajo  es a cargo de la fastuosa mezzosoprano Janet Baker.

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