27 oct. 2010

Fagotizados

Cuando asisto a un concierto sinfónico me gusta recrearme mirando a los músicos y a sus instrumentos. Indefectiblemente me cargan un poco los violines y su vedettismo. Una fila interminable que ocupando el lugar principal parece que no quisieran compartir su espacio estelar con las modestas violas. Detrás de éstas, están los violonchelos, pocos pero siempre protagonistas y al final, cerrando el grupo, los contrabajos. Pobres contrabajos sinfónicos, condenados a seguir siendo el eco grave del grupo de cuerda, cuando como en el jazz han alcanzado una posición de prestigio.
Pero no son los únicos, en servir de eco para el lucimiento de otros. Si nuestra mirada se dirige al centro, justo detrás de los líricos oboes, nos encontraremos con esos tubos oscuros de sonido extraño llamados fagots.



"El abuelito es un vieeejo fagot" Quizás mi primera referencia informativa sobre este curioso instrumento sea este fragmento de la célebre Pedro y el Lobo de Prokofiev, esa obra con la que muchos de nosotros nos introducimos por primera vez en el complejo mundo de los instrumentos musicales.
Solemne fagot. A veces cómico. A veces lírico. Siempre misterioso. 
La leyenda dice que fue inventado por un canónico de Ferrara llamado Teseo en el siglo XVI. Quizás no sea cierto, pero el hecho es que en el siglo XVII es un instrumento que aparece en los tratados musicales y alcanza su primer esplendor en las obras orquestales del XVIII. Vivaldi llegó a escribir 37 obras para el instrumento y Mozart el conocido Concierto para fagot en Si bemol mayor, K191. Más tarde Weber en el Romanticismo y un sinnúmero de autores contemporáneos seguirán recreándose en las posibilidades musicales del fagot.
¿Y en la música popular? ¿Y en el jazz?



Un instrumento realmente difícil de integrar en un combo tradicional de jazz. Por eso creo que merece la pena el esfuerzo de Daniel Smith, un fagotista de cierto prestigio, en este vídeo. Antes el fagot ya había aparecido en grandes grupos orquestales como el de Paul Whiteman y en los 60 el siempre inquieto Yusef Lateef hizo sus pinitos con el instrumento. Generalmente, como en algún disco de Chick Corea, aparece en interpretaciones puntuales de apoyo. Poco más en intérpretes consagrados. Son pocos casos el fagot adquiere un protagonismo singular y menos aún los que han adquirido cierto prestigio fuera de los circuitos para los iniciados. En el campo del free jazz Karen Borca es una excepción.



Un fagotista brasileño, Alex Silverio, también tiene que decir algo al respecto.



Dos ejemplos últimos. Michael Rabinowitz un excelente solista que no tiene miedo de llevar el fagot a territorios mil veces explorados y Paul Hanson que comete la "osadía" de electrificar el "viejo tubo".



21 oct. 2010

Lágrimas río abajo

Cry me a river nace en las deslumbrantes fuentes del musical de postguerra. Su creador era un músico vinculado a Hollywood que tuvo su gran oportunidad en el film Pete Kelly's Blues. Arthur Hamilton logró colocar dos de los tres temas que había compuesto para el film.  Los interpretados por Peggy Lee. Sin embargo el tercero, cantado por Ella Fitzgerald, fue rechazado.



Insistió Arthur y consiguió al fin que Julie London, una estrella ascendente en el territorio del jazz vocal, interpretase su canción en una de las ácidas comedias de Frank Tashlin de principios de los 50. Esta es la escena. El film es conocido en España como Una rubia en la cumbre:



Las alucinaciones de un hombre atormentado, Tom Ewell - el célebre protagonista en The Seven Year Itch (La tentación vive arriba)- contribuyen la formación de uno de los standards músicales más interpretados a lo largo de los tiempos. El río ya es un gigante pero tiene sus afluentes, algunos verdaderamente exóticos.



Otros afluentes ingresan en territorios insospechados. Es el caso de esta interpretación primeriza del gran guitarrista británico, Davy Graham, pionero del folk rock.



"Chora um río" es el título que el compositor brasileño Arthur Nestrovsky le da al tema al pasarlo al portugués. Cantan Adriana Capparelli y Anna Toledo:



Por último, la versión más original del tema aparece en un disco de Joe Cocker de 1970. En Mad Dogs and Englishmen, Cocker se lanza abiertamente y sin frenos por el territorio del soul psicodélico.

14 oct. 2010

Es Chile un país tan largo


Más allá del circo mediático que generan este tipo de asuntos y que con seguridad tendrá secuelas posteriores, hay que reconocer que la salida de esos hombres de la mina San José fue un acto que momentáneamente nos reconcilia con la condición humana.



Ahítos de cierto pesimismo existencial que como una pesada sombra se ha instalado en nosotros, estos chispazos de vida nos permiten calibrar que no todo tiene que ser tan irremediablemente fiel a un guión previamente escrito con consecuencias casi siempre dramáticas. Pocas cosas en la vida nos generan situaciones de bienestar parecidos. Para las que la amamos, quizás la música. Todo un privilegio.



Y como la cosa va de música y de Chile, no se me ocurre mejor homenaje a una historia conmovedora, a  un país orgulloso y a un  excelente amigo bloguero como Hector Aguilera que poner algún tema de la rica mina jazzística de aquel país. Un jazz no suficientemente conocido en estas latitudes, incluyéndome a mi mismo.



Era la familia Lecaros al completo, encabezados por el patriarca multiinstrumentista y compositor Roberto Lecaros. Se dice que los Lecaros son al jazz chileno lo que la familia Parra al folk. 
Y hablando de Parra, la voz y portavoz del jazz chileno actual es Claudia Acuña, una cantante extraordinaria que ha sabido manejar el legado musical de la mítica Violeta y de la rica tradición musical de su país, acercándolo al lenguaje sublimado y universalista del jazz. 

5 oct. 2010

A la sombra del héroe

Han pasado las décadas y aquellas imágenes generadas en el viejo y dorado Hollywood, aquellas que emocionaron a nuestros padres o a nuestros abuelos, nos siguen impactando a nosotros a poco que tengamos la sensibilidad bien dispuesta. Lo curioso es que el séptimo arte que tiene como esencia definitoria el crear imágenes en movimiento nos ha ofrecido un repertorio de fotos fijas que persisten intactas al paso del tiempo. 
La silueta taciturna de Chaplin, el perfil andrógino y gélido de Greta Garbo, la mirada abrumadora de Marlene Dietrich bajo la luz cenital, la virilidad casi obscena de Clark Gable, la elegancia inconmovible de Cary Grant y todo un largo etcétera que cada uno puede ampliar con sus propios gustos.
Tony Curtis intepretó un buen montón de películas después de los años 80 cuando empezó a tomar en serio la pintura y dedicar menos tiempo al cine. Por entonces, era ya un actor envejecido y de pelo blanco. Ese inevitable deterioro físico está incluso presente en esa serie de principios de los 70 donde hacía tándem con el hierático Roger Moore . Por cierto, el tema principal de Los Persuasores,  la serie en cuestión,  es uno de los temas que cimentaron la fama de John Barry  más allá de sus colaboraciones en las primeras películas de James Bond. En la pieza, el rey absoluto es el sintetizador Moog usado por  Barry de forma innovadora.
Este último  Tony Curtis no deja de ser un personaje extraño, casi un intruso, en la imagen de galán joven y apuesto que ha permanecido en casi nosotros. Tenemos una imagen fija, a ella nos debemos y no a la de ese hombre mayor al que nos cuesta identificar.  

Sea como sea, en homenaje al actor, al mito y a la persona real que hubo detrás voy a poner algunos temas musicales que como el anterior están relacionados con su producción cinematográfica. 
El primero es una escena de Chantaje en Broadway (Sweet Smell Of Success), una película extraordinaria del cine negro tardío sobre la corrupción en la prensa. Tony Curtis es en ella un esbirro sin escrúpulos al servicio de un cronista de prensa, Burt Lancaster, chantajista, cruel y con poder absoluto sobre quien le rodea. La música incidental la pone el quinteto de Chico Hamilton.



Tres versiones de un mismo tema para esa incursión de Stanley Kubrick en el cine de romanos. Para Kubrick, el hombre de la perpetua insatisfacción, Espartaco fue una obra fallida. Para todos los demás es la mejor del género hecha en Hollywood. Aquí Tony Curtis como en otras producciones, está a la sombra del héroe, interpretado por Kirk Douglas con el que ya había compartido protagonismo en Los Vikingos, dos años antes. Una de las escenas más famosas de la película es el intento de seducción de Tony Curtis por un patricio romano interpretado por Lawrence Olivier. Una escena censurada por sus connotaciones homosexuales hasta su recuperación en los 90. El tema de amor de la película compuesto como el resto de la banda sonora por Alex North se ha convertido con el paso del tiempo en un clásico del jazz. Aquí dejo tres versiones soberbias de tres grandes del jazz: Bill Evans, Ahmad Jamal y Yusef Lateef.





No podemos rematar la jugada sin un tema archifamoso de un film emblema de la cinematografía de Curtis y de la comedia universal. Con faldas y a lo loco (Some like it) también conocida en Latinoamérica como Una Eva y dos Adanes es un ataque furibundo a las identidades personales. A los buenos propósitos y a los ideales de grandeza. Un monumento al sinsentido
de la vida. La pieza, cantado con una sensualidad torrencial por Marilyn Monroe había alcanzado popularidad a finales de los 20 en la voz casi infantil de Helen Kane, la cantante que inspiró el personaje de Betty Boop.

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