30 jul. 2012

Un último eureka por José James

Nunca estamos del todo preparados para esas sorpresas agradables que llegan cuando menos esperamos. Mejor así. Mejor poder sentirse a la manera del viejo Arquímedes corriendo desnudo por las calles Siracusa al grito de ¡Eureka! tras descubrir su célebre principio. José James es el causante de mi último eureka. Hasta hace unos días apenas me sonaba este cantante por su nombre. Desde entonces me cuesta dejar de escucharle. 
Tampoco me atribuyo ningún mérito. A estas alturas, José James es uno de las vocalistas emergentes más reconocidos y premiados del jazz contemporáneo moviéndose en ese territorio complejo y fascinante abierto a los grandes género de la música negra: soul, funk, rhythm and blues o hip hop. Además este treintañero de Minneapolis, hijo de un saxofonista panameño, es un gran cantante de standards, como se puede comprobar en su tercer y último disco, For All We Know, publicado en 2010 donde llama la atención la perfecta compenetración de James con Jeff Neve, un pianista belga que dará mucho que hablar. De su primer disco, una producción británica del 2008 titulada The Dreammer, es esta versión de un tema interpretado en su momento por músicos de la talla de Rahsaan Roland Kirk o el grupo Osibisa. Para James el álbum representó su primer reconocimiento a nivel general -fue considerado entre los mejores 50 discos del año- y supuso su  entrada en los circuitos internacionales de jazz. Desde entonces, no ha parado de actuar en festivales y colaborar con otros artistas. En Blackmagic (2010),  José James se inclina por un territorio más experimental y electrónico cercano al neosoul de D'Angelo. Su exquisita voz de barítono y la ligereza que se desprende de ese mosaico sonoro, en el que contribuyeron grandes nombres de la producción contemporánea, no deja de recordarnos, una vez más, la imborrable influencia de Marvin Gaye en todos los cantantes afroamericanos actuales. Este es un viejo tema de Buddy Johnson recreado por el cantante de forma exquisita.

Su primer disco americano, nada menos que en el sello Impulse! en el que grabó su admirado Coltrane, está, como ya he señalado, compuesto por un montón de viejos clásicos a los que él les da un nuevo brío. Un álbum con los que ha alcanzado premios y distinciones  incluso concedidos por los sectores más puristas y conservadores del género. En la actualidad está embarcado en un disco en homenaje a John Coltrane y Johnny Hartman  Esperemos, por el bien de la música, que José Jamés no cambie sus camisas a cuadros por el traje de corbata, ni la innovación por la arqueología
.No sería justo.

18 jul. 2012

Coloso en el 58

Dice un autor francés que si John Coltrane limpiaba su alma mediante la interpretación, Sonny Rollins necesita el alma limpia para poder tocar. De ahí sus constantes idas y venidas a la búsqueda de su propia pureza. 
Cuando pienso en Rollins se me viene a la cabeza la teoría de la unificación de fuerzas, esa hipótesis de la física donde se fundirían las cuatro energías primordiales que intervienen en el universo. Quizás la comparación suene algo disparatada pero también en Rollins hay una necesidad de unificación de sus propias energías musicales. A ello consagró su vida musical que por su naturaleza estaba condenada a una aparatosa y al mismo tiempo maravillosa dispersión. Creo que no lo consiguió. Sus temas y sus improvisaciones siempre han sido un collage de elementos aparentemente contradictorios. Pero pienso que su fracaso ha sido su mayor logro. Coltrane miraba fuera de si mismo hacia un mundo de espiritualidad trascendente y quizás lo tenía más fácil. Sonny estaba condenado a mirarse a si mismo y por lo tanto nunca pudo sentirse satisfecho. 
1958 es otro año agitado en la vida artística de Sonny Rollins. Habían pasado los tiempos de sus colaboraciones con Monk o Miles Davis, cuando compuso esa triada de temas mágicos: Airegin, Oleo y Doxy. También había pasado el tiempo de su huida a Chicago para alejarse de la heroína, aquel tiempo en que participó activamente en el grupo de Clifford Brown y Max Roach sustituyendo a Harold Land. Atrás también quedaba su célebre Saxophone Colossus y sus actuaciones en el Village Vanguard de Nueva York. Ahora se sentía con ganas de denunciar que su éxito personal no tenía demasiado valor si cerca de él, gente de su propia raza sufría la violencia de la discriminación y el maltrato. En febrero de ese año graba Freedom Suite junto a Oscar Pettiford y Max Roach. El tema que daba comienzo al álbum duraba 19 minutos y era un manifiesto por la libertad artística y los derechos humanos. A la compañía discográfica no le gustó y lo retiró del mercado, para luego reeditarlo con el nombre menos comprometido de Shadow Waltz. El tema anterior y el siguiente son dos standards de ese disco.
  Tras tocar en el Festival de Newport de ese año con un nuevo trío, Rollins participa en una sesión de grabación con una gran banda de metales denominada Big Brass y donde participan nombres tan conocidos como Nat Adderley, Clark Terry y su nuevo batería Roy Haynes. Sin embargo, para mí lo más sobresaliente del disco es una nueva versión en solitario de Body and Soul que nos hace pensar en aquella clásica de Coleman Hawkins aunque aderezada de ese sensualidad escondida que se halla en cada acorde recreado por Sonny. En Otoño, Sonny Rollins viaja a California y se hace acompañar por el vibrafonista Victor Feldman, el pianista Hampton Hawes, el guitarrista Barney Kessel, el contrabajo de Leroy Vinnegar y la batería de Shelly Manne, o sea toda una constelación de estrellas de la Costa Oeste, para un disco titulado Sonny Rollins and the Contemporary Leaders. Fue el último disco en estudio de Sonny Rollins durante varios años. El último antes de su gira europea. El último antes de refugiarse en las sombras, en compañía de las alborotadas gaviotas y el murmullo del tráfico, bajo el puente de Willamsburg.
Era necesario morir para renacer de nuevo.

10 jul. 2012

Caminando al 58

Más allá del jazz, 1958 fue un año de clamoroso éxito para muchos temas instrumentales. 
En los primeros meses del año una mismo pieza, Raunchy, llega a alcanzar el primer lugar en las listas de rhythm and blues en dos versiones diferentes. Ojo, en dos versiones diferentes alcanzó el primer puesto pero ese mismo una tercera versión, la de Bill Vaughn, llegó al número 10 en las listas pop. Aquí tenéis en un mismo vídeo las tres interpretaciones del considerado primer hit instrumental del rock and roll. Personalmente mi preferida es la segunda, la del pianista de estudio y arreglista Ernie Freeman -empieza en el minuto 2,22- aunque también me gusta mucho la primera, la del propio autor del Bill Justis y algo menos la del cantante y director de orquesta, Bill Vaughn-a partir del minuto 4,36-. Cozy Cole era un conocido batería de jazz que había trabajado con los legendarios Red Peppers de Jelly Roll Morton y luego con Benny Carter, Cab Calloway y con el mismo Louis Armstrong. Intervino en varias películas y participó en algunos de esos  famosos duetos explosivos de Gene Krupa. Pero lo más sorprendente le ocurrió en este año cuando un tema  de Benny Goodman reinterpretado por él, en las dos caras de un single, estuvo durante 6 semanas en el puesto más alto de las listas de rhythm and blues. Un caso realmente sorprendente para un percusionista de la vieja escuela. Hubo una época, al principio de la era del rock and roll, en que el saxo era tan importante como la batería, el piano o la guitarra eléctrica. En esa época triunfó el saxofonista Lee Allen, un genuino representante de los nuevos sonidos nacidos en la siempre bulliciosa y musical Nueva Orleans. Aparte de sus discos como solista, Allen fue una presencia constante en las grabaciones y giras de músicos de la talla de Fats Domino, Little Richard o Lloyd Price. Precisamente un tema inspirado en una de sus giras con Fats Domino fue el mayor éxito de su carrera abandonada a mediados de los 60 y vuelta a renacer con el revival del rockabilly en los 70. Bill Doggett tenía una amplia carrera musical cuando llegó a la fama en 1956 con el tema “Honky Tonk”. Era un adolescente cuando formó su propia banda que luego vendió a Lucky Millinder con el que seguiría actuando hasta los 40. Al final de esa década se convierte en pianista de los Timpany Five de Louis Jordan. En los 50 formó su propio grupo donde incorpora el órgano Hammond a sus interpretaciones Además es reclamado como arreglista para grandes estrellas del jazz: Louis Armstrong, Coleman Hawkins, Ella Fitzgerald, Count Basie etc… Este precursor de lo que luego se ha llamado soul-jazz, consiguió llegar al número 13 de las listas de rhythm and blues en 1958 con este tema.
Ray Charles estaba a punto de darle un nuevo rumbo a su carrera en 1958. Llevaba 4 años con Atlantic Records y se había convertido en piedra de escándalo, demonio o ídolo según el caso, gracias a esa atrevida combinación  entre musicalidad gospel y letras profanas y sensuales. Sí, había inventado el soul pero no estaba satisfecho y quería dar un giro a su música. Antes de su firma con el sello ABC, en 1959, dejó algunos temas memorables para la vieja compañía. Por ejemplo, el celebérrimo y siempre fastuoso What'd I Say pero también este precioso tema instrumental.

2 jul. 2012

Fútbol y música: ¿una extraña pareja?

Al final ganamos la Eurocopa. ¿Ganamos? Una de las peculiaridades que distinguen al fútbol de otros deportes es el uso que se hace de la primera persona del plural. Algún compatriota gana Wimbledon o el Tour o la Formula 1 e incluso el campeonato mundial de baloncesto o una medalla en balonmano pero si se trata de fútbol, ganamos nosotros.
¿Cómo escribir de fútbol a personas que pueden verlo como un espectáculo escapista y manipulado en el que masas amorfas e inconscientes abandonan sus verdaderas preocupaciones y se entregan a una pasión ridícula y banal llena de patriotismo barato, banderitas de colores y pretenciosos himnos "chunda-chunda" que satisfacen emociones simplonas? 
Pues bien, aunque suene extraño, una posibilidad es escuchar algo de su música. Como el fútbol mismo, la música es pasión y ha habido momentos en que esas dos pasiones se han entrecruzado con buenos y hasta excelentes resultados. 
Pongamos un caso. Alfredo da Rocha Viana Filho, más conocido como Pixinguinha fue un saxofonista, flautista y compositor considerado uno de los  grandes pioneros de la música popular brasileña desde  sus comienzos a finales de los años 10. Aunque los puristas lo acusaron de estar demasiado influenciado por el jazz, fue el  hombre que le dio una forma contemporánea  al choro, música de raíz popular nacida en las primeras décadas del siglo XIX.  Una de sus primeros éxitos también fue  uno de los primeros temas que toman al fútbol como protagonista. Su título no puede ser más revelador. Seguimos en Brasil. A veces el fútbol puede servir como pretexto para hablar de otras cosas. Canta Elis Regina, que no se puede ser un perfecto goleador como Pelé porque la perfección es solo una meta. Como mucho se puede ser Tostão -mediocampista clave de aquel Brasil de ensueño del 70- y poder marcar gol alguna vez. Un tercer y ultimo tema brasileño compuesto e interpretado por Jorge Ben en homenaje a un futbolista casi desconocido si no fuera por un gol y por la canción que lo inmortalizó para siempre. Vayamos a la decrépita Europa. De este continente lo que más me gusta en el territorio musical-futbolero son esos himnos de los clubs ingleses cantados en sus vetustos estadios con emoción infinita. El más ilustre de ellos, el que más se ha popularizado, el más emocionante para muchos oídos es un viejo tema compuesto por Rodgers y Hammerstein para un musical de Broadway. Convertido en un standard universal fue cantado entre otros por Frank Sinatra, Mahalia Jackson, Ray Charles, Elvis Prestley y sobre todo por un grupo del merseybeat, el sonido de Liverpool, contemporáneo de los Beatles: Gerry and the Peacemakers. Adoptado como propio por los hinchas del Liverpool F.C. pasó a formar parte de su escudo y de la verja de entrada a su estadio de Anfield Road. El Crystal Palace es un club londinense de no muy brillante historia pero que adoptó como himno un tema de The Dave Clark Five, un excelente grupo beat de los 60. David era un forofo del Crystal Palace desde su infancia. I'm Forever Blowing Bubbles es una canción de 1918 y también procede de Broadway. Interpretado por muchos grupos, incluyendo a la Original Dixieland Jass Band, era un tema que triunfó en los salones de baile de los años 20. Su letra algo cursi  ha propiciado que sea parodiado en múltiples ocasiones, por ejemplo por parte de Harpo Marx.  Es el  himno del West Ham United. Para el final, Maradona. Hay muchos canciones sobre este "barrilete cósmico", pero me quedo con la que interpretó Manu Chao en el documental divinizador -y falso diría yo- que le dedicó Emir Kusturica.

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