24 jul. 2013

Benny Goodman, jazz gitano, 2 boleros y mi abuela

Estaba yo esta mañana buscando canciones para una entrada en este blog cuando de improviso y sin avisar me encontré con ésto:  
No me lo podía creer, una canción que cantaba mi abuela tocada a la guitarra por un tipo llamado "Baro" Ferret, un guitarrista manouche contemporáneo del gran Django y quizás su principal rival en vida de éste.
Empece a buscar en la Wikipedia, en Youtube y me encuentro con otras versiones del mismo tema cuyo título es Ti Pin Tin.
Benny Goodman la toca con su orquesta ¡en 1938!

Y hay un montón de versiones más de Las Andrews Sisters, Los Cinco Latinos, Slim and Slam, Libertad Lamarque, Gigliola Cinquetti etc.. Os veo diciendo: 
  • Dr. Krapp, pon de una vez la canción que cantaba tu abuela para poder compararla con las anteriores
Ruego un poco de paciencia a mi querida concurrencia, que ahora voy a consultar el Allmusic que es una biblia infalible para las canciones. Aquí está, su autora fue María Grever una celebérrima compositora mexicana, hija de padre español y madre mexicana, artífice de algunos de los más grandes boleros que jamás se hayan escrito.  
Este tema, en su traducción inglesa, fue el mayor éxito musical de Dinah Washington en toda su carrera. Lo conocéis todos, pero no pasa nada por recordar de nuevo esta absoluta genialidad.
Te quiero dijiste, Así, Júrame, Alma Mía, ...ufff muy larga es la lista de los bolerazos creados por María Grever.

  • ¿Y la canción de tu abuela, Krapp? ¿Cuando vas a poner la canción  de tu abuela?
  • Pero si aquí la canta todo el mundo y siempre ha pasado por una canción tradicional gallega de origen popular
  • Insistimos, ponla de una santa vez.
  • Vale, pero la versión  más convincente que he encontrado es de nuestra folklórica gallega inmortal, la maravillosa Ana Kiro. Espero que nadie piense que esta vez el Dr. Krapp ha ido demasiado lejos. Aquí está la letra, merece la pena conocerla y traducirla

15 jul. 2013

La apoteosis de las estrellas

Cuando Hollywood era Hollywood, la más célebre compañía cinematográfica, la Metro Goldwyn Mayer, tenía un lema infalible para hacer ostentación de su poderío: Más estrellas que en el cielo. También en algunos conciertos hay momentos en que parece que el escenario no puede contener a tanta estrella, casi siempre como colofón de un espectáculo donde han participado otras grandes figuras con motivo de una efemérides, un homenaje o un festival. Las suelen llamar jam sessions, pero creo que hay poco de eso, más bien parece un reparto algo desequilibrado de responsabilidades musicales, en la que cada uno busca cierto protagonismo que no siempre logra conseguir.
Ignoro cuando empezaron estos apocalipsis musicales pero por la cosa legendaria me quedo con este celéberrimo momento de uno de los mejores documentales musicales de la historia.  
De The Band y su último vals a Bob Dylan y ese homenaje que una pléyade de artistas le dedicaron con motivo del 30 aniversario del comienzo de su carrera discográfica en 1992. (No os asustéis si esta temible web os corta la imagen con momentos publicitarios. Así se manejan en ciertos sitios)  
El blues es el estilo que mejor hermana a los artistas de la música popular. Por eso es el preferido por las grandes estrellas cuando se producen estas divertidas batallas en los que la música casi siempre es menos importante que el magnetismo del directo. La cosa tiene más cache cuando está presidida por el "gran Rey Bebé", un auténtico maestro en estas lides. Él es uno de los mejor estimulantes para que estas actuaciones alcancen ese punto irresistible y definitivo.
 

 
Era lógico que la ficción se apoderase de estos momentos espectaculares haciendo uso del elenco habitual, ese que nunca te va a fallar. El Rey Bebé y sus muchachos en la escena final de  Blues Brothers 2000. La apoteosis final corre de vuestra cuenta.   Una pregunta final: ¿cuál es el músico que sale más veces en estos vídeos?

3 jul. 2013

Jazztronomía veraniega

No sé a vosotros, pero a mí cuando llega el verano me apetece comida ligera, jugosa y variada.
Para curarme en salud, procuro evitar las tentaciones de la carne en su vertiente más pecaminosa y visceral, es decir todo aquello relacionado con la casquería. Adoro los callos, pero más por sus complementos que por su naturaleza intrínseca y podría soportar después de varios días de vigilia vegetariana las virtudes de mondongos, tripes, haggis o los chitterlings que es la versión afronorteamericana de lo que en el sur del continente llaman chinchulines y en la España castiza y rotunda, gallinejas.
 

Con el picante tengo un dilema, no me conviene y debería evitarlo pero ¿no es mejor dejarlo al albur de la sorpresa? Mi conciencia picantosa queda a salvo gracias a los exquisitos pimientos de Padrón, ya que hago mío el viejo dilema tan galaico como hamletiano: uns pican e outros non. Lo siento, pero a estas alturas la comida mexicana me supera, aunque me guste como pocas.  
(Si falla Goear éste es el enlace)
Ahora está muy de moda la cocina oriental y siempre te salva de algún apuro si tienes prisa, paseas por la calle y te apetece comer en un cucurucho.
 

Lo malo es el arroz, se hace inconcebible la cocina oriental sin arroz. ¿Pero como vas a comer arroz por la calle? Y si hay que ponerse en plan serio en convite de mesa y mantel, me alejo de Oriente y opto por lo más cercano ya que casi nunca te defrauda. Ahora toca el postre. Lo siento pero siempre necesito algo bien frío y por mucho que se invente en el ramo de la repostería, un helado tradicional siempre te salva de apuros. Deseo que hayan disfrutando de su comida y que la vida tenga a bien concederles felices digestiones.

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