29 jun. 2014

Joven pareja creando famosas canciones

Admiramos tanto la huella de los pioneros, de los creadores, de los descubridores de lo nuevo que siempre nos coge desprevenidos cuando inmediatamente detrás llega el carromato de los mercaderes para vender sus flamantes manufacturas y recoger los dividendos. Algo así le ocurrió al rock and roll cuando exhausto de teenagers con tupé rebelde, descubrió que ya era tiempo de engrandecer la industria musical convirtiendo el fenómeno juvenil en fuente de suculentos royalties.
El Brill Building de Nueva York era un lugar con cierta tradición al respecto, ya que desde antes de la Segunda Guerra Mundial era sede de muchas de las oficinas de las grandes editoras musicales que pululaban en la Gran Manzana. Allí llegaron en 1958 dos compositores y productores ambiciosos llamados Don Kirshner y Al Nevins creadores de Aldon Music, la más exitosa fábrica de canciones que conocería la música popular desde los tiempos de la legendaria Tin Pan Alley. Avispados negociantes, reclutaron a gente joven, tremendamente joven, para manufacturar sus éxitos. Quizás porque les podían pagar menos. Quizás porque entendieron que a su potencial público adolescente solo lo podían entender bien otros adolescentes como ellos.  
Ella era una espabilada chica judía de 16 años residente en Brooklyn que cantaba, tocaba el piano y hasta tenía un grupo propio. Él era un compañero de estudios que tenía 3 años más y hacía sus pinitos como poeta. Se complementaban bien en todos los aspectos y decidieron que podrían ser una buena pareja tanto en lo artístico como en lo sentimental. Como una de esas románticas películas de aquellos tiempos se casaron un año más tarde, en 1959, y formaron la más famosa pareja de compositores de la escudería de Aldon Music. Junto a ellos estaban gente como Barry Mann, Cynthia Weil, Neil Sedaka, Neil Diamond, Paul Simon, Phil Spector, Howard Greenfield o Jack Keller.
La posteridad le ha dado un lugar de privilegio a la maravillosa y excepcional Carole King pero le ha reservado un lugar más discreto para su acompañante de primera hora. Gerry Goffin. El hecho es que los éxitos de la pareja abarcaron hasta mediados de los 60. A partir de ahí sus vidas se bifurcaron. Gerry Goffin se metió en cuerpo y alma en la experiencia hippie y tras visitar toda clase de paraísos artificiales salio de allí maltrecho y con una severa enfermedad psiquiátrica. Se separó de su mujer en 1969, antes de que la cantante se lanzase a su fulgurante carrera artística a principios de los 70, y tras una dificil rehabilitación siguió componiendo, y grabando algún disco de escaso éxito ya que revelaban sus escasas dotes vocales. Así transcurrió su vida y nos hemos vuelto a acordar de él tras su muerte el 19 de este mismo mes de junio. Pero volvamos al principio, al primer gran tema de la pareja, Will You Love Me Tomorrow, interpretado originalmente por The Shirelles y aquí en una versión actual de Amy Winehouse. Ese fue el primer gran éxito del dúo pero en ese mismo año, 1961, tuvieron otros 20 más. Entre ellos destaca uno por su singularidad. Resulta que descubrieron, o así dice la leyenda, que la niñera que cuidaba a su propia hija llamada Eva Narcissus Boyd, tenía una voz excepcional y sin pensarlo mucho le ofrecieron una de sus canciones, Keep Your Hands Off My Baby. Fue un éxito más de la pareja y u año más tarde el triunfo fue aún mayor  cuando Little Eva reventó las listas de todo el mundo con The Loco-Motion.  
A los componentes de The Animals no les entusiasmaba hacer versiones de temas salidos de la factoría de la Brill. En The Story Of Bo Diddley (1964) habían ironizado sobre la decadencia del rock desde finales de los 50 usando como ejemplo el título de una canción de la exitosa pareja: 
 "Then in the U.S. music scene there was big changes made 
Due to circumstances beyond our control such as payola 
The rock n roll scene died after two years of solid rock and you got discs like, 
Ah... Take good care of my baby
 Please don't ever make her blue and so forth
En el rock siempre hay tiempo para el arrepentimiento, por eso un año más tarde con su nuevo productor, Tom Wilson, aquel que les había prometido una libertad artística que no poseían con el antiguo, el célebre Micky Most, tuvieron que aceptar un tema del dúo King/Goffin. Fue uno de sus grandes éxitos y alcanzó el número 6 en la listas británicas de singles.
Esta podría ser una entrada casi interminable, tan interminable como los éxitos de aquel dúo siempre inspirado. Como de todas formas hay que acabar, mejor hacerlo con una canción reflejela idiosincrasia de Gerry Goffin y esa comprensión que se dice que tenía de los sentimientos femeninos. Es un tema escrito para la Reina del Soul, parte fundamental de su maravilloso repertorio y que apareció por primera vez en un disco sencillo de 1967. Cuesta decir adios a aquella joven pareja que creó tantas famosas canciones.

19 jun. 2014

Cantiga para o mestre Silver

Pensaba hace dos días, a raíz del aniversario de la muerte de mi padre de la que se cumplen 20 años, que si tuviera que dedicar una música a su memoria, a la memoria de cualquier padre, no encontraría nada más bello que el celebérrimo tema que Horace Ward Martin Tavares Silva conocido como Horace Silver, le dedicó al suyo en 1965. La historia es hermosa y reconfortante ya que cuenta como un músico impresionado por el triunfo de la bossa nova decidió volver a sus ancestros, escarbar en sus propias raíces musicales e inspirarse en la música que había llegado a él a través de las historias que le contaba su padre nacido en Cabo Verde. Una vuelta al pasado, una vuelta a los orígenes porque muchas veces es allí donde podemos explicar lo que somos y como somos. Algo que Horace Silver entendió como pocos ya que fue uno de los grandes artífices en los 50, quizás junto al gran organista Jimmy Smith, de la vuelta del jazz a sus fuentes negras más auténticas llámese blues, llámese gospel, llámese funk e incluso cuando se abandonó a corrientes más espiritualistas, a partir de los 70, nunca abandono sus querencias hacia la música más arrimada a la cultura popular. 
Ayer, día de superficiales tragedias futbolísticas y de insípidas trasmutaciones monárquicas, falleció Horace Silver y no se me ocurre nada mejor que poner y escuchar otra vez Song for my father tal como le interpretó su autor en la televisión danesa en 1968. Le acompañan Bill Hardman a la trompeta, Bennie Maupin al saxo tenor, John Williams al contrabajo y Billy Cobham a la batería. 
Descanse em paz, mestre.

10 jun. 2014

Al fin, llegando a Getz

 
Durante mucho tiempo he pensado en hacer una entrada sobre Stan Getz pero hasta ahora no me había atrevido. "The Sound" como se le empezó a llamar después del éxito del tema anterior -Early Autumn, con la orquesta de Woody Herman- era un músico tan extraordinario y versátil que por mucho que intentes agarrarlo siempre se te escurre entre los dedos. En aquel año fundamental de 1948, Stan solo tenía 21 años pero ya llevaba 8 de vida profesional en orquestas como las Jack Teagraden, Stan Kenton, Benny Goodman o la propia de Woody Herman a la que accedió tras su traslado a la Costa Oeste donde formó un imbatible equipo con otros tres tenores -Zoot Sims, Herbie Stewart y Jimmie Giuffre.  Contratados por Herman -excepto Giuffre sustituido por el barítono, Serge Chaloff- graban en 1947, Four Brothers para muchos la verdadera piedra fundacional del cool jazz.
 
No creo que importe mucho saber si Getz fue el padre del invento. Como en tantas ocasiones, diversas corrientes renovadoras confluyen en el mismo momento y en el mismo lugar. Stan no podía ni quería despegarse de su influencia musical más decisiva, Lester Young, pero era muy consciente de lo que de revolucionario tenía el bebop, especialmente en el plano armónico.
El triunfo como solista de una orquesta ya no era suficiente y el joven músico decidió seguir su carrera en pequeños grupos. Su primer cuarteto está formado por la sección rítmica de Charlie Parker, aunque pronto entrarán en su grupo otros componentes de la talla del guitarrista Jimmy Raney. De esta época ha quedado para la historia una famosa grabación de 1951 en el club Storyville de Boston.
 

Contemporáneamente a lo que le pasaba a Gerry Mulligan o a Chet Baker, aquel chico se convirtió en una nuevas esperanza para los sofisticados aficionados blancos de jazz. Norman Granz lo llevo a sus famosas giras con la JATP y lo puso a "competir" musicalmente con los grandes saxofonistas negros: Coleman Hawkins, Lester Young, Illinois Jacquet, Benny Carter. En 1956, por ejemplo, se las verá con Sonny Stitt, Dizzy Gillespie y una sección rítmica con Ray Brown, John Lewis y Stan Levey en Dark Eyes.
A lo largo de aquella década, Stan Getz permaneció fiel a su estilo sin por ello perder la capacidad de filtrar las "provocaciones" del entorno. Absorbía como una esponja las novedades musicales pero solo para hacerse más fuerte y fortalecer su sonido alejándose de los lugares estancos y de las etiquetas precisas.  En 1958 comienza su aventura europea huyendo de su adicción a las drogas y encuentra refugio en el "paraíso escandinavo" junto a otros músicos de su país que escaparon por iguales motivos o por el acoso racial. Cuando volvió, en 1961, ya no era una figura en la cresta de la ola. Había que reconstruirse de nuevo y fue entonces cuando apareció por allí una garota joven y deslumbrante llamada bossa nova... pero ésta no es la historia que quiero contar. Mejor lo dejamos así y ya veremos si merece la pena continuar narrando. Su música, seguro, va a seguir fluyendo y es para sentirse felices por ello.

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