11/7/2009

Duelo al saxo


Nunca olvidaré la noche en que Lester se midió con Chu Berry, al que en aquellos tiempos se consideraba insuperable. La banda más prestigiosa era la de Cab Calloway, y Chu Berry uno de sus pesos pesados.




Bien, esa noche Benny Carter estaba improvisando con Bobby Henderson, mi acompañante. Y allí estaba Lester con su viejo saxofón, remendado con cinta adhesiva y bandas elásticas. Chu se encontraba presente y todos empezaron a discutir quién superaba a quién, tratando de provocar una competición entre Lester y Chu.



Benny Carter sabía que Lester era capaz de descollar en el duelo, pero para todos los demás el resultado estaba cantado: Chu tenía un saxo enorme y hermoso, que resplandecía como el oro, pero no lo había traído. Benny Carter no se acobardó por eso. Era como yo: tenía fe en Lester. Se ofreció voluntariamente a ir a buscar el instrumento.
Cuando Benny volvió, Chu Berry cometió el mismo error que más tarde cometería Sarah Vaughan conmigo. Chu sugirió que tocaran I Got Rhythm, así como Sarah sugirió I Cried for You. ¡Cualquiera menos esa! I Cried era mi mejor caballo de batalla, así como Rhythm era el de Lester.



Tocó como mínimo quince estribillos, todos distintos, cada uno más bonito que el anterior. Después del decimoquinto Chu Berry estaba liquidado., tal como Sarah después de mi octavo estribillo de Cried.



Los de la pandilla de Chu eran incondicionales y no terminaban de creérselo. Lo único que pudieron decir para consolarse fue que Chu tenía un timbre más amplio. Nunca sabré que cuernos significa eso. ¿Qué importaba que un timbre fuera amplio o no, si Lester sacaba sonidos tan maravilloso con esos acordes, esos cambios y esas notas que te hacían volar?

(LADY SING THE BLUES- BILLIE HOLIDAY)

6/7/2009

Más allá del fenómeno


"Petrucciani tenía una enfermedad muy rara, se llama huesos de cristal. Su abuelo era napolitano, y en el infierno de su condición encontró la belleza, la fuerza para ser mejor. Fue capaz de crear algo único. No como un freak que tiene éxito; era independiente de su estado físico. No era un fenómeno de feria. Escuchas un disco suyo y notas un talento infinito. El infierno mejoró su talento, le empujó a ser mejor. Tenía siempre alrededor un montón de mujeres, decía que le dejaban porque las engañaba. Estaba lleno de vida y era un ser monstruoso. Tuvo un hijo y le contagió la enfermedad. Explicó que él había tenido una vida maravillosa y no tenía porqué impedirle vivir una vida semejante. Hay un vídeo en Youtube en el que su hijo toca el piano sentado en sus rodillas. Es como si hicieran el amor solo que en público.

P. ¿Y él cómo tocaba el piano si sus huesos se rompían?

R. Desde el parto vivió con el cuerpo enyesado, todo salvo las manos. Por eso entendió que tenía que hacer algo con las manos. Su abuelo le enseñó a tocar la batería. Luego se fue a América, a una comunidad hippie, y era el enano que todos usaban para los juegos eróticos. Empezó a tocar el piano y un día se encontró con el saxofonista de Keith Jarrett, que había dejado la música y era cartero. Tocaron juntos, hicieron un disco mítico que cambió la percepción del jazz. Luego se murió de una pulmonía. Al romperse tantas veces la caja torácica, tenía los pulmones llenos de cicatrices. Es una historia increíble. Le miras y piensas que no tiene nada que ver con la belleza. Lo escuchas y entiendes cómo transforma lo que es en belleza."

(ENTREVISTA A ROBERTO SAVIANO EL PAIS - 30/06/09)



No, lo siento, pero me niego a suscribir ese comentario de Roberto Saviano sobre el excelso pianista. Creo que es poco riguroso y demasiado efectista aún tratándose exclusivamente de un fragmento de la entrevista que se hace al autor napolitano después de haber publicado su último libro.
Petrucciani no aceptaría que lo tomasen como un fenómeno de la naturaleza ni que lo tomasen como modelo de superación, aunque él mismo hubiera tenido que superar las pruebas más duras a las que se puede someter un hombre que nació y vivió enfermo. El hubiera querido que únicamente lo valorasen como músico de jazz. Un pianista de jazz incomparable, que forma el tercer vértice de ese triángulo singular en el que habría que colocar también a Bill Evans y a Keith Jarrett. Es verdad que lo pasó mal, pero fue salvado por el poder de su arte y el escandaloso prodigio de sus poderosas manos. Más allá de la mitología enternecedora, lo realmente importante en este caso es su música cautivadora y envolvente. Así lo pienso yo.

1/7/2009

38 dólares tirados en el suelo


Un día en que el alquiler estaba vencido, mamá recibió una notificación en la que le informaban que nos pondrían de patitas en la calle. Corría lo peor de un crudo invierno y ella ni siquiera estaba en condiciones de andar. (...)

Bajé por la Séptima Avenida desde la calle 139 hasta la 133, fracasando en todos los sitios donde entré a pedir trabajo. En esa época, la 133 era la calle del swing, como más tarde intentó serlo la calle 52. Recorrí todos los bares de trasnoche, los de horarios regulares, restaurantes y cafeterías a docena por manzana.

Al llegar a Pod's and Jerry's estaba desesperada. Entré y pregunté por el patrón. Creo que hablé con Jerry. Le dije que era bailarina y quería que me probara. En realidad solo sabía dos pasos (...)
Jerry llamó al pianista y me dijo que bailara. Empecé y resulto deplorable. Repetí sin parar mis dos pasos hasta que empezó a chillarme y me dijo que me largara, que no le hiciera perder el tiempo.
Estaban a punto de sacarme de una oreja, pero yo seguía rogándole que me diera trabajo. Por último el pianista se apiadó de mí, apago el cigarrillo, levantó la vista y me preguntó:

  • ¿Sabes cantar, chica?

  • Claro que sé cantar, eso no es nada del otro mundo -respondí.

Yo había cantado toda mi vida, pero disfrutaba tanto con ello que nunca se me ocurrió que sirviera para ganra dinero. Además, aquellos eran los tiempos del Cotton Club y de las gatitas glamurosas que lo único que hacían era mostrarse atractivas, menearse un poco y recoger el dinero de las mesas.




Yo creía que esa era la única forma de ganra dinero, y necesitaba cuarenta y cinco pavos para evitar que a la mañana siguiente dejaran a mamá a la intemperie. Entonces no se oía hablar de cantantes, salvo que uno fuera Paul Robeson, Julian Bledsoe o alguien así.



Le pedí al pianista que tocara Trav'lin All Alone, lo más cercano a mi estado de ánimo.

Y en algún momento debió de calar hondo. Se acallaron todas las voces en el bar. Si a alguien se le hubiera caído un alfiler, habría sonado como una bomba. Cuando finalicé, todos aullaban y levantaban sus vasos de cerveza. Recogí treinte y ocho dólares del suelo.
(LADY SING THE BLUES- BILLIE HOLIDAY)

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