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6 may 2013

No me gusta que al concierto vengas con el moño enhiesto


No, no me gusta que te tomes tantas libertades.
En primer lugar, porque llevaba esperando este concierto de José James hace meses y deberías saber que para mí este cantante es la mayor revelación vocal de los últimos años.
 

Como no me conoces de nada es probable que también ignores que le dediqué el año pasado una entrada a este excelente cantante. Aquí está, para que le eches un vistazo si te apetece, cosa que no te mereces después de lo que me hiciste.
Ahora comprenderás que es lógico que cogiera unas buenas localidades de butaca para ver a José James y no me fuera al gallinero como hice la semana pasada cuando fui a ver a la insufrible Madeleine Peyroux. Aquel si que fue un concierto soporífero. No voy a negar que la chica tiene buena voz pero con una canción basta. Es insoportablemente repetitiva y lo suyo tiene tanto de jazz como tiene de literatura la obra más brillante de Paulo Coelho. Podría venir Sherlock Holmes con su superlupa y no encontraría rastros de jazz  por ninguna parte. La chica se trajo a un grupo de cuerda como artistas invitados y al verlos me puse a temblar. Luego sus habituales acompañantes, salvo el teclado, parecían incapaces de tocar más de dos compases seguidos. Lo que estoy seguro es que su batería nunca sufrirará una tendinitis de hombro por exceso de trabajo. Incluso se podría acuñar una nueva frase comparativa y decir:  trabajas menos que el batería de Madelaine Peyroux
Mejor volvamos a José James y a otra de las canciones que cantó de su nuevo disco. El primero para Blue Note.

Es un disco muy comercial, pero de esa clase de comercialidad al que nos tenían acostumbrados los grandes cantantes del soul allá por los 60 y 70. Cantantes con el que José James se identifica
paseando por el género con cierta impudicia al igual que por sus territorios fronterizos: el jazz, el blues, el funky o el hi hop. Los hijos mellizos de la gran música negra. Hay que verlo en directo para entenderlo mejor.
 
Y tú casi consigues que no pudiera disfrutarlo.  Tú que quizás eres la tipa más alta de mi ciudad. Tú, que te sientas en la butaca con el culo prieto, estirada como una cariatide y lo que es peor, infinitamente peor, con un moño erguido en la parte más alta de tu cabeza desafiando las más arraigadas fobias de este pobre doctorcito que te escribe.
Amigos míos, ayer fui condenado a la cruel pena de hacer eslalon tras una cabecita altísima que se movía espasmódicamente a ritmo de groove. Lo doy por merecido porque a cambio pude disfrutar de la presencia de José James en directo. Pero quiero que quede constancia de mi malestar y dejo testimonio fotográfico y por escrito de mi queja.  
Acabemos al menos con un buen sabor de boca que creo que me lo merezco. Puñetas.

Y la actuación estelar de:

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