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24 feb 2012

La jubilosa jubilación de Alberta Hunter

Navegaba por Internet sin rumbo, a la caza de algo nuevo para este blog, cuando de repente habiendo recalado en las maravillosas músicas de esa no menos maravillosa serie llamada Boardwalk Empire -obligatoria si sois aficionados la temática de gangsters, Ley Seca, FBI  etc-- me topé con este tema.

Nunca he podido resistirme a la tentación de estas voces roncas, enérgicas y curtidas. Cuando las oigo, siento que hay mucha vida detrás ...y que esa vida me llama.
Le pregunté pues a la sibila de Internet que me informase sobre esta mujer y ella me dice que se llamaba Alberta Hunter, nacida en 1895 y fallecida en 1984. Una cantante del llamado "blues clásico" y por lo tanto contemporánea de Bessie Smith, Ma Rainey, Ethel Waters etc. Como las otras, también tuvo una vida difícil. Hija de una criada de burdel abandonada por su marido, empezó actuando desde niña en  esa clase de lugares y en cabarets de mala muerte, antes de encontrar su primeras oportunidades en Chicago.

En 1920, con la promulgación de la Ley Seca un ciclón de vida y muerte se había instalado en la ciudad convirtiéndola en el centro del contrabando de licor. Allí mantuvo contactos con el combo de King Oliver y en especial con su pianista Lil Hardin. Pronto huyó del maremagnum de la Ciudad del Viento para instalarse en el ambiente más relajado de la Gran Manzana. Allí se acompaña de un joven pianista llamado Fletcher Henderson, compone canciones -una de ellas será el primer éxito de Bessie Smith- , graba con distintos nombres artísticos para distintas compañías y actúa en revistas musicales.

En 1927 se marcha Europa y así como en su época neoyorquina había sustituido en una revista a Bessie Smith, su oportunidad le llega en Francia ocupando en el escenario el lugar de Josephine Baker


Su estancia en Europa se prolongó hasta finales de los 30. Volvió a casa, pero enseguida fue parte de las giras que animaban a los soldados americanos primero en la Segunda Guerra Mundial y luego en la guerra de Corea. En 1956 a punto de cumplir los 60 años decide hacerse enfermera y olvidarse de su larga carrera musical. Eso no le impide hacer alguna grabación esporádica junto a cantantes de los viejos tiempos aunque profesionalmente su decisión de abandonara la música era irrevocable.. 
Tenía más de 80 años cuando le llegó su jubilación como enfermera. Joven como era, algo tenía que hacer y decidió volver a la música.

Un contrato de dos semanas en un club del Greenwich Village, luego prolongado de forma indefinida hasta convertirse en el fenómeno de la temporada. Alberta Hunter había vuelto para quedarse y el viejo John Hammond, siempre con la red preparada, vio en Alberta una buena oportunidad.  Las grabaciones no consiguieron el éxito esperado pero llovieron las ofertas de actuación en todo el mundo y surgieron propuestas sorprendentes como realizar una banda sonora para un film de Robert Altman , actuar en la Casa Blanca o escribir su propia autobiografía. Tras su muerte se realizaron dos documentales que nos han transmitido su legado vital y musical.

No, esta historia no se merece un final con música triste y melancólica. 

Mejor sera echar el cierre con una cosa que refleje el dinamismo y el espíritu indomable de esta mujer.
Aunque la entrada se haga muy muy larga.
Perdonadme.

12 may 2009

Triunfar en París


En su autobiografía, Sidney Bechet cuenta como su abuelo Omar sedujo a la belleza mestiza Marie que a su vez era requerida en amores por un rico plantador. Este, al ver frustradas sus pretensiones, decidió hacer perseguir al escapado Omar con saña por los pantanos y luego asesinarlo por medio de un esbirro. El plantador adoptó al hijo de Marie e incluso decidió darle su apellido francés. Para Lucien Malson esta historia podría estar detrás del persistente deseo del músico por triunfar en París.





Uno pensaba que Sidney Bechet, el primer gran solista del jazz junto al gran Satchmo, se había largado a París en la troupe de la maravillosa Josephine Baker había bajado a uno de esas cavas humeantes y oscuras de la Ciudad de la Luz y sólo había salido de allí con los pies por delante. Pensaba que era otro símbolo del americano en París: como Hemingway, Gertude Stein, Gene Kelly en la célebre película o Jean Seberg vendiendo -como nunca se ha vendido un periódico- el Herald Tribune en los Campos Elíseos.




Craso error, Sidney Bechet intentó tres veces la aventura parisina y solo en las postrimerías de su vida alcanzó su triunfo soñado.
En la primera ocasión se había unido a la Southern Syncopated Orchestra y era solo un joven prometedor que tocaba el clarinete. Más que en París, su actuación llamó la atención en el Londres de 1919 donde recibió elogios en alguna revista, teniendo el honor de ser el primer músico de jazz solista reconocido en la prensa europea. Es en Londres donde consigue su primer saxo soprano que pasó a ser su instrumento por antonomasia.




Pasó los primeros años de la década de los veinte en la Gran Manzana realizando sus primeras grabaciones, alguna con el mismo Louis Armstrong, y finalmente regresó a París, ahora sí, con La Revue Négre de Josephine Baker. Este viaje fue más largo -de 1925 a 1931- aunque tampoco especialmente glorioso, sobre todo a raíz de su paso por una cárcel francesa tras haberse liado a balazos con otra músico de la orquesta. En los 30, sufrió duramente los efectos de la Gran Depresión e incluso tuvo que abandonar la música durante un tiempo para montar una sastrería en Harlem. Su "salvación musical" se produjo con el Renacimiento del estilo Nueva Orleans a finales de los 30 y principios de los 40.
1949 supuso su vuelta a París, el triunfo y el reconocimiento tan deseado. Su célebre "Petite Fleur" lo convirtió en ídolo de masas y casi lo integró en el exclusivo mundo de la chansón. La cosa le fue tan bien que terminó casándose a lo grande, disfrutando del homenaje de sus muchos admiradores y gozando de la plenitud de su gloria hasta su muerte en 1959.


Su sonido nítido, poderoso, fuerte, compacto y siempre brillante quizás refleje bien el carácter de este ambicioso criollo que al final pudo cumplir su más ansiado sueño: triunfar en París.


Y la actuación estelar de:

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