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4 abr 2011

La orgía rítmica de Trilok Gurtu

El sábado pasado asistí al concierto inaugural del XVI Ciclo de Jazz de la Fundación Barrié de la Maza en A Coruña a cargo de Jan Garbarek y su grupo formado por Reiner Bruninghaus a los teclados, Yuri Daniel al contrabajo y el percusionista indio Trilok Gurtu
Fue una actuación entretenida y variada donde el estilo atmosférico y frío del músico noruego se combinaba con la soltura armónica y rítmica de sus acompañantes. Tantos años después, Garbarek sigue siendo el chico ECM por excelencia. Sigue fiel a ese sonido que creó y desarrolló la discográfica alemana ofreciendo propuestas musicales desde territorios alejados del jazz tradicional,  especialmente echando las redes en ese vivero inagotable hoy llamado World Music. Pocos músicos en el mundo del jazz han sido más denostados que Jan Garbarek. Cuando era joven por pertenecer a la cuadrilla free de Albert Ayler o Cecil Taylor y de los  80 para acá, por acercarse a ese extraño cóctel que se denominó New Age y que  ignoro si sigue funcionando. 
Me gustó el concierto, me gustaron los solos de su ya viejo colaborador Reiner Bruninghaus y sobre todo me encantó Triluk Gurtu.  Imaginaros en directo algo parecido a ésto:


Trilok es un músico singular. Empezó su carrera como batería a la manera occidental pero se fue introduciendo progresivamente en el estilo percusivo de su India natal convirtiéndose en uno de los principales virtuosos de la tabla, un instrumento compuesto por  dos tambores: uno  pequeño de madera, melódico que se toca con dedos y palma; y el otro armónico, de metal, que se toca con dedos, palma y muñeca. El poderoso y magnético estilo de Trilok Guru causó sensación en el mundo del jazz desde la década de los 70 y su estilo se afianzó con el desarrollo de la World Music en los 80.  John McLaughlin  formó un trío con él y ha tenido la oportunidad de tocar con  Don Cherry, Dave Holland, Pat Metheny o Joe Zawinul con el que podemos verle en plena orgía rítmica en este Orient Express:


19 ene 2010

La venganza de la viola

La viola nunca ha tenido la buena buena prensa que siempre ha caracterizado a su célebre hermano menor. Algunos incluso la han calificado como instrumento para violinistas fracasados o lo suficientemente mayores como para no poder  manejar con soltura a la estrella absoluta de los instrumentos de cuerda. William Primrose, el solista más importante que ha dado la viola, respondía a estos ataques diciendo que su instrumento en realidad, es un violín con estudios universitarios es decir, más selecto y exclusivo:



La viola tiene en su favor que es un instrumento sumamente expresivo, al contrario de lo que se piensa, y que con su tono grave y melancólico añade dramatismo a la agilidad y tecnicismo mas propia del violín. En su contra hay que decir que es menos dúctil y tiene menos amplitud sonora que su hermano pequeño, siendo un instrumento usado frecuentemente como complemento armónico lo que dificulta su introducción como instrumento solista fuera de su contexto habitual en la música clásica.
Aquí tenemos una grabación de 1929 de
Lionel Tertis, otro de los más grandes instrumentistas y compositores de este instrumento y en cuyo honor se celebra cada tres años el concurso internacional  de viola más importante del mundo:



Paul Hindemith, el extraordinario compositor alemán y violista insigne, escribió esta Trauermusik ("Música fúnebre") como homenaje al recién fallecido  Jorge V en 1936. Antinazi relevante también hay una denuncia solapada de la iniquidad nazi. El intérprete es Yuri Bashmet quizás el violista
activo más célebre:



Fuera de la música clásica no hay excesivos ejemplos del uso de la viola en otros contextos, por lo menos de forma regular. Las aportaciones en el terreno jazzístico jazz  son relativamente recientes. Se podría hablar de Matt Maneri cercano al free, el italiano Paolo Botti o Jeremy Kittle componente de Turtle Island String Quartet
un grupo de cuerdas ganador capaz de atreverse a reinterpretar a su peculiar manera la música de los grandes del jazz y de otros géneros:



Sin embargo, el ejemplo más notorio de la combinación viola y jazz es la del grupo del saxo noruego Jan Garbarek en su grabación de 2004, In Praise of Dreams. Un disco que estuvo nominado al premio Grammy como mejor álbum contemporáneo de Jazz en el 2005. La violista de origen armenia aunque nacida en Detroit, Kim Kashkashian, acompañaba a Jan y a su siempre fiel percusionista Manú Katché:

Y la actuación estelar de:

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