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26 sept 2013

Jesús volvió a la Tierra tocando la guitarra eléctrica

La frase del título es de B.B. King y está dedicada a un grande entre los grandes, T-Bone Walker, principal culpable de que aquel jovencísimo muchachote del Misisipi profundo escogiera la guitarra eléctrica  tras escuchar este tema de 1947. Fue el mayor éxito del músico texano y ha sido mil veces regrabado desde entonces. Por cierto, creo que  es un buen enlace con la entrada anterior.  
Dice Ted Goia en su magnífica monografía sobre el blues: 
"Walker contribuyó más que nadie a que la guitarra en el blues, dejara de ser sólo un instrumento rítmico y asumiera funciones melódicas, y a que la electricidad fuera un elemento esencial en el sonido de este estilo. Walker podía hacer un solo jazzístico, cantar una balada, combinarse sin problemas con los vientos, y tocar swing o rock o boogie, pero también era capaz de ceñirse al blues más simple y sin adulterar, hacía lo que le dictara su intuición. Por decirlo brevemente, Walker derribo todas las atrofiantes barreras que mantenían en un gueto cultural a los músicos de blues, que los aislaban de las demás corrientes de la música popular norteamericana a mediados del siglo XX.
 
Es todo un privilegio tener como grupo de acompañamiento a: Dizzy Gillespie, Teddy Wilson, Louis Bellson, Clark Terry, Coleman Hawkins, Zoot Sims, Jimmy Moody, Benny Carter and Bob Cranshaw pero así eran las giras de aquellos Harlem Globetrotters de la Jazz At The Philharmonic. Además T-Bone siempre se manejó a las mil maravillas entre los grandes del jazz. 
El 20 de julio de 1942 tuvo lugar un acontecimiento trascendente: por primera vez la guitarra eléctrica era protagonista en un solo de blues. Justo cuando Charlie Christian, compañero callejero de aventuras musicales en su temprana juventud, hacía lo mismo en el terreno del jazz.

De aquella sesión de T-Bone Walker con la big band de Freddie Slack nos queda un tema legendario.
 

Pero Aaron Thibeaux Walker ya tenía un larga carrera detrás antes de aquel 1942. Nacido en 1910 se afincó en Dallas donde conoció y se convirtió en compañía y "lazarillo" de la primera figura del blues rural, Blind Lemmon Jefferson. Las primeras grabaciones de T-Bone son de 1929 y se convirtió en figura habitual en los circuitos del blues. A partir de los 40, a medida que se acentuaba su virtuosismo con la guitarra, fue adquiriendo una soltura inaudita en el escenario. Era un tipo carismático, con una voz siempre bien timbrada y sintiéndose seguro, fue pionero en ensayar  muchas de las excentricidades que gente como Chuck Berry, James Brown o Jimi Hendrix, el tocar con los dientes, llevarían al primer plano. 
Sus grandes éxitos fueron en los 40 y primeros 50 con los sellos Black and White e Imperial Records. Luego llegó el olvido y una vuelta a una relativa popularidad gracias a su participación en giras y festivales desde finales de los 60 hasta su muerte en 1975. 
Hoy es una figura indiscutible. Uno de esos pilares en que se ha sostenido, sin que muchos lo sepan, todo el entramado de la música popular contemporánea.
Os dejo con esta preciosa balada de blues o jazz, como prefirais, que a mí personalmente me deja K.O.

23 may 2013

La influencia secreta de Mose Allison



Si os decidierais a invitar a vuestra casa a legendarios personajes del rock tales como Mick Jagger, Van Morrison, Tom Waits, Georgie Fame, Ray Davies, Pete Townshend o el más jovencito Elvis Costello y luego de servirles el té -mejor que saquéis el juego de loza de la abuelita- les preguntaseis cual eran los cantantes que más habían influido en su carrera, al menos en su primera juventud, seguro que salían nombres del blues como Muddy Waters, Sonny Boy Williamson II, Robert Johnson, John Lee Hooker, algún rockero o croooner de los gordos y casi con toda seguridad un nombre relativamente poco conocido pero fundamental en muchas de las salsas que dieron sabor a la historia de la música popular contemporánea. Éste es el tema más conocido de Mose Allison dedicado a la famosa granja prisión de Parchman en Misisipi, su estado natal, un recinto inmenso donde con cadenas y trabajos forzados se cocinó parte de la mejor historia del blues. Cuenta la historia que en 1980 después de dos décadas en las listas de éxitos, el mismo Mose decidió retirarla del repertorio porque según él en Misisipi ya no había espacio para los sacos de algodón y sí para la maquinaria y los productos químicos.
Un hombre del Delta, pero blanco y con estudios universitarios. Cantante y sobre todo pianista de jazz y de blues. Amado por los rockeros y no suficientemente valorado por los puristas de los estilos que le son propios. Amamantado con la música de  Thelonious Monk, Bud Powell o Lenny Tristano no se podía resistir a los maestros del boogie woogie y a sus sucesores contemporáneos. En 1957 tras actuar con grandes maestros como Stan Getz, Zoot Sims o Gerry Mulligan graba con Prestige el primer disco a su nombre, un instrumental titulado Back Country Side.

En 1963 publica su primer álbum enteramente vocal, Mose Allison Sings, a la manera del publicado en 1956 por Chet Baker con el que tiene claras semejantes estilísticas. Ésta es su versión de un tema clásico de Willie Dixon. Tras su paso por Prestige y Columbia consigue cierto asiento discográfico en el sello Atlantic donde permanecerá durante muchos años.  Nunca con excesivo éxito pero influyendo a las grandes cimas del pop como los ya mencionados y a otras figuras de la talla de Jimmi Hendrix, Eric Clapton, John Mayall. Su último disco con Atlantic es Your Mind Is On Vacation (1976).
Tras un largo período sin grabar, sus últimos discos en estudio los realizó en los 90 para el sello Blue Note. Curiosamente el mercado nunca ha estado tan saturado de su música. Recopilatorios de sus viejos discos o de conciertos en directo. Alimentando la obra de otros artistas como pasó en su día con The Clash o Bonnie Riatt. Biografías. Canciones dedicadas a su nombre-una de los Pixies - o a su obra. Y finalmente un gran disco homenaje de uno de sus admiradores más fervientes. Tell Me Something: The Songs of Mose Allison, es el vigesimoquinto álbum de estudio de Van Morrison y alcanzó el primer puesto en las listas de jazz de Estados Unidos en 1996.
¿Sacrificaría Mose, su enorme influencia sobre otros artistas a cambio de un mayor éxito popular?
No lo sé. Hoy es un anciano de 85 años y espero que a estas alturas la cosa le importe bien poco. Se lo deseo de verdad.

13 mar 2013

Cuando Superharp resucita a los muertos

Esta es la historia de un niño a la que sus padres le regalaron una armónica con 6 años y su madre, para convencerlo, le dijo que con aquel cacharro podría imitar el sonido de los pájaros y la sirena de los trenes. Un día, aquel crio llamado Jimmy y apellidado Cotton,  es decir como el producto que permitía a su familia vivir modestamente en aquellas tierras del Misisipi, escuchó un programa de radio y descubrió que su pequeño cachivache podía servir para crear una música que llenaba el alma. Nunca Sonny Boy Williamson II tuvo un seguidor tan entusiasta y que levantando apenas unos  pocos palmos del suelo era capaz de tocar cualquiera de sus canciones. Jimmy tenía 9 años cuando pudo conocer a su ídolo,  por entonces huérfano, y quedó tan  impresionado de las habilidades del chico que lo llevo con él a sus actuaciones. Más tarde, cuando Sonny Boy decidió marchase al norte valoró la posibilidad de que  Jimmy lo sustituyera al frente de su banda. Era demasiado joven par ello, pero no para que el chaval pudiera hacerse cargo de su vida, marchar a Memphis y ganarse algún dinero y fama tocando en las calles. Su primer gran encuentro fue con el imponente Howlin Wolf que le incorporó a su banda a principios de los 50. En 1954 conoce a Muddy Waters que necesitaba un armonicista tras la fuga de Junior Wells y pasó a formar parte de la mejor banda de blues de la historia.  En 1960, la actuación del grupo de Muddy Waters en el Festival de Jazz de Newport y especialmente su interpretación en Got My Mojo Working  lo catapultará a la cumbre. 
 

En 1967 deja a Waters y crea su propia banda. Son tiempos de cambio y el ya maduro armonicista se convierte en figura de culto para los jóvenes músicos blancos enamorados del blues de Chicago. eJohnny Winter con el que compartiría un disco multipremiado en el 77, la misma Janis Joplin, Paul Butterfield, los chicos de Led Zeppelin etc... Cuentan los testigos que aquel  Cotton era un showman irrepetible sobre el escenario capaz de levantar al público más frío. Gemía, bailaba y hacía cabriolas imposibles mientras cantaba y tocaba con su poderosa e irresistible armónica.  p.  El Superharp de los 70, nombre con el que empezó a ser conocido, era un hombre más reposado pero conservaba parte de aquella fuerza colosal. Aquí demuestra sus infinitas cualidades, también para los tiempos lentos, en un tema que no se podía llamar de otra forma. En los 70 llegan sus primeros discos importantes especialmente con el sello Buddah: 100% Cotton, High Compression o Alive and on the Move.
 

Los 80 es una época de reconocimientos para James Cotton llegando las primeras nominaciones al Grammy especialmente por sus irresistibles discos en directo. Ya en 1990 realiza un excelente Harp Attack con otros grandes armonicistas entre ellos el propio Junior Wells. A mediados de la década sufre un cancer de garganta y decide volver a su tierra, a sus raíces, sacando al mercado un disco con el que consigue su primer Grammy: Deep in the Blues. (Su tema más conocido está en mi penultima entrada, publicada en febrero pasado
Hoy en día, James Cotton  es un hombre mayor que no tiene voz para cantar pero que siga actuando como si no hubiera pasado nada. Sentado en su silla sigue dando lo mejor de si mismo, sobrecogièndonos con su irrepetible armónica. Es uno de los últimos testigos de un tiempo ya pasado pero tan vivo, que haría resucitar a los muertos. Aquí lo tenéis tocando una vez más su tema más emblemático.

8 sept 2011

La larga espera de Junior Kimbrough

En el último año muy pocos temas musicales me han impresionado tanto como este Release Me de Junior Kembrough. Una guitarra obsesiva de sonido hipnótico y poderoso acompañando a esa voz cruda, casi gutural, que viene de algún lejano territorio; de un país que uno imagina primitivo y austero, casi descarnado.  Release me es un mantra que entra en nuestra sensibilidad como un afilado bisturí para llevarnos a un lugar íntimo y secreto donde poder recuperar cierta sensibilidad perdida, tan perdida que quizás nunca ha sido nuestra. 

La historia de Junior Kembrough es muy semejante  de la de su amigo y rival R.L. Burnside al que dediqué una entrada el 1 de agosto (Ver aquí). Como aquel procedía del norte del estado de Misisipi, tierra de colinas, bosques y aparceros, lejos de los inmensos campos de algodón que cubren el Delta. Como a Burnside le sobrevino la fama cuando ya había cumplido los 60 gracias al documental Deep Blues, realizado por el afamado crítico Robert Palmer y el director Robert Mugge. Estas son imágenes de aquella película en la que interpreta el tema que dio título a su álbum de debut : All night long.

Estamos en el ambiente abigarrado de una juke joint, una de esas viejos colmados -a veces simples barracas- donde la maltratada población rural de color que habita el sur profundo podía hacer cualquier cosa en su escaso tiempo libre: comprar comida, beber, bailar o escuchar a los músicos ambulantes de blues que se acercaban por allí. En ese escenario se curtió  el artista y fue donde desarrolló su carrera musical hasta cumplir 62 años.
A pesar de las deficiente acústica de estos locales, en este próximo vídeo podemos ver a  Kimbrough tocando a la guitarra una de su grabaciones antiguas, luego incorporada a su primer álbum.

Se dice que el pequeño Kimbrough se aficionó a tocar la guitarra tras encontrar la que se padre guardaba encima de un armario antes de ir a trabajar al campo. Una trastada infantil le llevo al mundo de la música de forma autodidacta y pronto encontró en Hudsonville, su ciudad natal, a músicos que le ayudaron a perfeccionar su talento. Como Burnside, Junior tuvo que buscarse la vida en diferentes oficios mientras tocaba en tugurios y realizaba alguna que otra grabación. Pero el éxito nunca traspasó el circuito de locales baratos del norte del estado y si algún "cazabluesmen" ocasional se había fijado en él, apenas tuvo repercusión para su proyección musical. 

Su fortuna cambió  tras el documental del 92. Fat Possum, la discográfica que le dio la oportunidad a Burnside, encontró en el músico de Hudsonville un nuevo filón. El éxito del disco All Night Long fue tan apoteósico que muchos lo consideran el mejor álbum de blues de la década. Inmediatamente grabó otro titulado Sad Days, Lonely Nights.

Éxito y triunfo para el bueno de Junior que sin buscarlo se convirtió en una leyenda viviente. El local que se compró con sus ganancias, un Juke Joint modernizado, se convierte a mediados de los 90 en una nueva meca para las grandes figuras del rock. Rolling Stones, U2, Sonic Youth
Iggy Pop -con el que llegará a actuar de telonero- pasan por allí intentando nutrirse o quizás vampirizar la savia del maestro. En 1997 publica su tercer y definitivo álbum en vida, Most Things Haven't Worked Out que lleva el título de este excelente instrumental.

Giras, viajes y un constante ajetreo para un hombre al que las cosas le llegaron demasiado tarde  cuando ya tenía mermada su frágil salud. Muere en enero de 1998 de un ataque al corazón. En su lápida alguien escribió: Junior Kimbrough is the beginning and the end of all music

Fue padre de 36 hijos.

1 ago 2011

R.L. Burnside: Últimos filones del viejo blues

Desconozco si los buscadores de viejos bluesmen utilizan alguna varita de zahorí para descubrir sus tesoros allá por las tierras pantanosas del Misisipi. Lo cierto es que después de la fiebre musicológica de John y Alan Lomax allá por los años 30, no ha dejado nunca de haber una pléyade de investigadores, editores discográficos, críticos o simples aficionados lanzados a la aventura de encontrar algún mineral precioso escondido entre las tierras empobrecidas donde pasa tan caudaloso río. La resurreción de Son House, de Mississippi John Hurt o de Skip James ha sido un buen acicate para estos cazadores de tesoros musicales. 
Cuando a principios de los 90, el crítico musical  Robert Palmer -no confundir con el cantante- decidió con su amigo el director Robert Mugge  hacer un documental basado en su libro sobre el blues del Delta titulado Deep Blues, apenas tuvo dudas a la hora de escoger a los músicos que mejor podían representar a aquel movimiento. Entre ellos tenía que estar R.L. Burnside.

El porche de una casa destartalada, viejos coches abandonados, una vieja guitarra barata y una cohorte de niños, parientes y gallinas ofreciendo un marco idóneo para otra gloria desconocida del blues del Delta. Las cosas no le iban bien al viejo R.L. Burnsdale a sus 66 años pero era lo acostumbrado. Su afición al blues siempre había convivido con los más variopintos oficios. Cuando marcho a Chicago en los 50 vivió en los suburbios y experimentó en sus propias carnes la violencia de aquellos tiempos. Perdió a su padre, a dos hermanos y a uno de sus tíos y desengañado decidió volver al Delta. Pero las cosas no le fueron bien, se vio implicado en una muerte y pasó cierto tiempo en la prisión de Parchman, como los viejos bluesmen de los 30. El blues le salvó de la desolación aunque no de la pobreza. Consiguió cierto reconocimiento a nivel local y fue figura invitada en diversas grabaciones y documentales realizados en las riberas del Misisipi allá por los 70 y 80. Un ejemplo es ésta grabación realizada por el legendario Alan Lomax en 1978:


Aquello no tuvo mayor trascendencia. No hubo reconocimiento para el artista incluso después de las grabaciones que realizó en los 80 con los folkloristas Mitchell y Evans. En ese estado de de  abandono  lo encontraron  Palmer y Mugge en 1992. El entusiasmo de estos hombres modificó su destino.
Un pequeño sello local del Norte del Misisipi, Fat Possum, le dio su gran oportunidad. Tras alguna grabación acústica, los productores decidieron que el sonido simple,  directo y minimalista de Burnside se acoplaba bien con la música tumultuosa y electrónica del grupo de garaje Jon Spencer Blues Explosion. Una apuesta arriesgada coronada con un éxito triunfal. De la vieja granja a los variados escenarios del nuevo rock alternativo e indie. Un salto brutal para el músico, que le permitió alcanzar una fama tardía, inesperada pero sin duda merecida. En compañía de aquellos jóvenes músicos o con sus viejos temas de siempre tocó la gloria con sus callosos y envejecidos dedos agarrándose a ella hasta su muerte a los 78 años en el 2005. Este es el tema que primero llamó la atención de sus descubridores y  le permitió cruzar el inestable umbral de la gloria. Está reinterpretado con toda  furia y ruido en su exitoso álbum con la Jon Spencer Blues Explosion.

2 may 2011

Son House entre Dios y el diablo

Escribe Ted Goia en su excelente “Blues: la música del Delta del Mississippi” que Son House era un hombre de marcadas contradicciones. Cantando proyectaba su voz hasta las últimas filas y en cambio hablaba en voz muy baja, casi susurrando.

¡Oh, me voy a hacer religioso
me voy a unir a la Iglesia Baptista
¡Oh, me voy a hacer religioso
me voy a unir a la Iglesia Baptista
Voy a ser un predicador baptista
y no tendré que trabajar.
Son House era capaz de cantar un blues tan irónico después de decirle a su público, su descreído público juvenil de los 60, que debían elegir entre Dios y el diablo ya que ambos no caben en el mismo saco.

Sostiene Ted Goia que Son House cantando como poseído en Preachin' the Blues nos recuerda a Jacob luchando toda la noche con el Ángel de Jehova
Efectivamente, la vida de Son House se movió siempre entre el fervor religioso y sus pulsiones profundas hacia la "pecaminosa" música profana.  Con su vieja guitarra rota y su cuello de botella usado como slide, con su voz poderosa e intensa y su letras ardientes, Son House  se convirtió junto a Charley Patton en el gran pionero del blues del Delta y principal mentor del mítico Robert Johnson.

Y sin embargo nunca dio demasiado valor a su música. Puede que tuviera buenas razones para ello, más allá de sus escrúpulos religiosos: cuando iba a dedicarse de forma profesional se vio involucrado en un crimen tras una reyerta callejera. Él siempre alegó que fue en defensa propia. El hecho es que acabó en la célebre cárcel de Parchman que con el tiempo se convertiría en el principal vivero de información para los estudiosos del blues rural.
  Después de aquella experiencia, Son House realiza su primeras grabaciones en 1930 cuando acompaña a un experimentado Charley Patton a la ciudad de Grafton. Esta es la versión de 1968, junto a Buddy Guy, de uno de sus temas memorables de aquella sesión.

Llegó la Gran Depresión y por razones puramente económicas aquellas canciones no tuvieron la repercusión esperada. Quebraron los sellos y los discos quedaron almacenados en oscuros archivos cubiertos de polvo. No había eco para aquella voz majestuosa. Las grabaciones de Alan Lomax en la década de los 40
para la Biblioteca del Congreso fueron por motivos puramente etnográficos y Son no tuvo la fortuna que acompañó a Leadbelly.
Muchos pensaron que el inspirador de Robert Johnson y colega de Charley Patton había muerto y se llevaron una enorme sorpresa cuando los "cazadores de viejos bluesmen" lo encontraron viviendo como jubilado de ferrocarriles en Rochester, muy lejos del Delta y al lado mismo de la ciudad de Nueva York. Fue como localizar la misma tumba de Tutankamon en 1964.  Luego llegaron 10 años de fama para un sorprendido Son House aupado a la gloria por un montón de hippies entusiastas. Se retiró en 1974 y murió en 1988.

Dice Ted Goia en su libro: "
Incluso cuando era viejo golpeaba las cuerdas con una gran intensidad (...) Parece que la música no se toca en el instrumento sino que se arranca de él (..) Produce la sensación de que la guitarra está suplicando que le dé un respiro"

Los sábados de Clarksdale eran una explosión de colorido y de vida. Garitos atestados, vendedores ambulantes de los mas insólitos productos, predicadores auténticos y de pacotilla. Juergas, peleas, prostitución y una presencia omnipresente: el blues y sus diferentes variantes. En 1917 allí mismo, nació una de las figuras más decisivas de esta música: John Lee Hooker.

Antes de hacerse célebre formando grupo con su esposa Tina, Ike Turner era un célebre compositor de rhythm and blues que había aprendido a tocar el piano y la guitarra al lado de los grandes músicos que afloraban en su ciudad natal: Clarksdale. Con tan solo 20 años hizo su primera grabación como compositor, productor e instrumentista. Se trataba de Rocket 88 cantada por Jackie Brenston y sus Delta Cats. Un bombazo en las listas que fue considerado por muchos como el primer rock and roll de la historia.

En el mismo año, 1931, en que nació Ike Turner vino al mundo en Clarksdale, una de las voces más extraordinarias de la música popular del siglo XX. Una voz de terciopelo, un creador nato que llevó la música espiritual de la que se había embebido en su infancia, su padre era pastor evangélico, a lugares donde nunca había estado. Sam Cooke rompió esa barrera entre música de Dios -el gospel-  y música del diablo -el blues- que tanto había atormentado a los viejos músicos. Al hacerlo estaba creando un género extraordinario: el soul. 

Antes de morir asesinado en 1964, tuvo un hermoso recuerdo para la feroz tierra de Misisipi que le vio nacer. Una tierra donde los de su raza fueron explotados, humillados y oprimidos de una forma que ni podríamos concebir. Una tierra inhóspita pero al fin y al cabo su propia tierra. La canción se convirtió en un  himno trascendente para los defensores de los derechos civiles de la gente de color.

14 oct 2009

Sonny Boy & Sonny Boy

La llamada "música del diablo" tiene cosas endiabladamente extrañas. Robert Johnson fue poseído por su Satánica Majestad en persona. Más modesto, Alex "Rice" Miller fue poseído por el alma de John Lee Williamson, otro cantante y armonicista de blues, más joven y tan vivo como él.



¿Tan vivo? Sin duda menos que el propio Rice Miller que no tuvo mayores reparos en usar en su programa de radio -King Biscuit Time de la KFFA de Arkansas- y a sugerencia de sus patrocinadores, el mismo apodo, Sonny Boy Williamson, que era con el que había triunfado en Chicago, John Lee. Habiendo oído hablar del carácter irascible de aquel, un tipo que no tenía reparos en sacar la pistola si la ocasión lo precisaba, Rice Miller no publicó ninguna grabación ni se aventuró a actuar más allá del Delta del Misisipi hasta la muerte del otro.



La trayectoria musical del primer Sonny Boy, el original, se trunca bruscamente en 1948. El 1 de junio es asesinado a pocas manzanas de su casa, en el Southside de Chicago, por un marido celoso. Tenía 34 años y era el hombre que habiendo popularizado la armónica en el blues se había convertido en su rey indiscutible. Este es su primer éxito de 1937:



Hasta 120 temas llevó a grabar en apenas 10 años John Lee, Sonny Boy Williamson I y su forma de tocar la armónica, por debajo de la afinación, creó el estilo que con posterioridad sería el imperante en el género. También fue uno de los pioneros del nuevo blues urbano de Chicago, siendo mentor y modelo para las jóvenes promesas del movimiento.




Un tipo raro Rice Miller, al que desde ahora llamaré Sonny Boy Williamson II. Su pinta excéntrica en las imágenes de su gira europea -con su barba de chivo, sus trajes oscuros, su bombín- lo hacen más parecido a un enterrador de película del Oeste que a un cantante de gran éxito y adorado por los adalides del blues blanco. El mismo Miller se preocupo de dejar en tinieblas muchos datos primordiales de su vida. Pudo haber nacido entre 1897 y 1912, aunque en su lápida aparece como fecha 1908, y procedía de una familia de aparceros agrícolas. En los 30 actuó con el seudónimo de Little Boy Blue y compartió escenario con todos los grandes del Delta, incluyendo a Robert Johnson. En 1941 se "rebautiza" y se convierte en un personaje fundamental en el mundillo del blues gracias a su famosísimo programa donde debutarán gente tan fundamental como Elmore James. Temas como Nine Below Zero, Help Me, Eyesight to the Blind, One Way Out o Bring It on Home lo hicieron ser en uno de los grandes compositores del género en los 50 y convertirse en uno de los ídolos indiscutibles para la generación del blues británico en los 60. Aquel hombre, acostumbrado a los pequeños clubs y tugurios de su tierra natal, quedó absolutamente deslumbrado cuando en su primera gira europea en 1963. le resultaba asombroso comprobar que allí podía actuar en grandes teatros y pabellones, alojarse en los mejores Hoteles y ser solicitado para grabaciones por los jóvenes músicos británicos: The Animals, Eric Clapton, Jimmy Page etc... Cuando volvió a su tierra le costó Dios y ayuda convencer a sus paisanos de que había recorrido mundo y conocido a grandes personalidades. En realidad, le costó mucho volver a su tierra donde era un negro más y como tal, debía soportar los latigazos de la discriminación racial. Pero lo hizo, quizás sabiendo que le quedaba poco tiempo de vida, aunque eso sí, agradecido como era a su tierra de acogida, adoptó para siempre la vestimenta de un verdadero "gentleman british": desde el bombín a los pies.
Extraño y endiablado mundo, el mundo del blues.


16 jun 2009

Swing otra vez


A principios de los 80, en el tiempo en el que los músicos de jazz estaban enfrentados en guerra cruel en defensa de la nueva ortodoxia o de la vieja disidencia, un joven rockero británico de la flamante escuela post-punk, decidió realizar algo inaudito: volver a grabar aquellos temas que apasionaban de joven su padre y que seguramente hasta poco antes estarían condenados a dormir el sueño de los justos en algún sótano polvoriento. El cantante era Joe Jackson y casi sin quererlo le dio nueva vida a un género aparentemente finiquitado, el swing en su vertiente bailable e intrascendente de los 50 llamada jump blues.



Era 1981 y a pesar de su éxito, llegó al número 14 en las listas británicas, se consideró que era un fenómeno coyuntural y sin trascendencia. La cosa fue así hasta finales de los 80, cuando un montón de inquietos seguidores del rockabilly decidieron recortarse un poco los tupés, ponerse calzado más cómodo, algún trajecito de buen ver para fiestas señaladas y sobre todo tomar la decisión de que si la cuestión era pasar un buen rato, lo mejor era retornar a los clásicos. Fue el comienzo del Neo-swing:



Los Royal Crown Revue grabaron un disco en 1989, el primero bajo esta nueva etiqueta. Una base rítmica propia del rock -batería y guitarras eléctricas- y la incorporación de instrumentos de viento. Otros grupos norteamericanos se sumaron pronto al nuevo fenómeno. Big Bad Voodoo Daddy era uno de ellos:



Cherry Poppin' Daddies, cuyos componentes procedían del punk, es el grupo más popular de este género tras las ventas alcanzadas por su disco Zoot Suit Riot:



Un componente de los Stray Cats, grupo puntero de rockabilly, creo bajo su propio nombre la Brian Seltzer Orchestra. Una orquesta de swing, en todo el amplio sentido de la palabra, con nada menos que trece instrumentistas de viento:



Por último, Squirrell Nut Zippers es una banda ecléctica influida por estilos musicales diversos aunque buscando sus fuentes en la música popular americana de principios del siglo XX. El nombre deriva del propio de un caramelo muy apreciado en los años 20 y 30 del siglo pasado.

Adoro este vídeo. A la mínima ocasión lo pongo:

12 may 2009

Triunfar en París


En su autobiografía, Sidney Bechet cuenta como su abuelo Omar sedujo a la belleza mestiza Marie que a su vez era requerida en amores por un rico plantador. Este, al ver frustradas sus pretensiones, decidió hacer perseguir al escapado Omar con saña por los pantanos y luego asesinarlo por medio de un esbirro. El plantador adoptó al hijo de Marie e incluso decidió darle su apellido francés. Para Lucien Malson esta historia podría estar detrás del persistente deseo del músico por triunfar en París.





Uno pensaba que Sidney Bechet, el primer gran solista del jazz junto al gran Satchmo, se había largado a París en la troupe de la maravillosa Josephine Baker había bajado a uno de esas cavas humeantes y oscuras de la Ciudad de la Luz y sólo había salido de allí con los pies por delante. Pensaba que era otro símbolo del americano en París: como Hemingway, Gertude Stein, Gene Kelly en la célebre película o Jean Seberg vendiendo -como nunca se ha vendido un periódico- el Herald Tribune en los Campos Elíseos.




Craso error, Sidney Bechet intentó tres veces la aventura parisina y solo en las postrimerías de su vida alcanzó su triunfo soñado.
En la primera ocasión se había unido a la Southern Syncopated Orchestra y era solo un joven prometedor que tocaba el clarinete. Más que en París, su actuación llamó la atención en el Londres de 1919 donde recibió elogios en alguna revista, teniendo el honor de ser el primer músico de jazz solista reconocido en la prensa europea. Es en Londres donde consigue su primer saxo soprano que pasó a ser su instrumento por antonomasia.




Pasó los primeros años de la década de los veinte en la Gran Manzana realizando sus primeras grabaciones, alguna con el mismo Louis Armstrong, y finalmente regresó a París, ahora sí, con La Revue Négre de Josephine Baker. Este viaje fue más largo -de 1925 a 1931- aunque tampoco especialmente glorioso, sobre todo a raíz de su paso por una cárcel francesa tras haberse liado a balazos con otra músico de la orquesta. En los 30, sufrió duramente los efectos de la Gran Depresión e incluso tuvo que abandonar la música durante un tiempo para montar una sastrería en Harlem. Su "salvación musical" se produjo con el Renacimiento del estilo Nueva Orleans a finales de los 30 y principios de los 40.
1949 supuso su vuelta a París, el triunfo y el reconocimiento tan deseado. Su célebre "Petite Fleur" lo convirtió en ídolo de masas y casi lo integró en el exclusivo mundo de la chansón. La cosa le fue tan bien que terminó casándose a lo grande, disfrutando del homenaje de sus muchos admiradores y gozando de la plenitud de su gloria hasta su muerte en 1959.


Su sonido nítido, poderoso, fuerte, compacto y siempre brillante quizás refleje bien el carácter de este ambicioso criollo que al final pudo cumplir su más ansiado sueño: triunfar en París.


24 oct 2008

El compinche del diablo II


"Yo no creo que el demonio exista. Quizá usted sí crea en su existencia. Acerquemos posiciones: si alguien me convenciera de que hay demonio, apostaría lo que más quiero a que Robert Johnson le conoció personalmente. No por la leyenda, sino por los hechos. La leyenda, muy conocida, dice que Robert Johnson vendió su alma al diablo en el cruce de carreteras de Clarksdale, Misisipi, a cambio de convertirse en el mejor guitarrista del mundo. ¿Los hechos? Casi no hay.
Hay tres lápidas dedicadas a Johnson sobre tres supuestas tumbas. No parece que ninguna sea auténtica.
Robert Johnson pasó por la vida como una sombra. Se desconoce su fecha de nacimiento, se desconoce la causa de su muerte (parece probable un asesinato con veneno), y quienes le trataron le recordaban como alguien fugaz, huidizo, sonriente, carente de amigos, en un continuo viaje. En palabras de Martin Scorsese, uno de sus devotos: "Robert Johnson sólo existió en sus discos, fue pura leyenda".
Muchos biógrafos y musicólogos han trabajado durante años para desenterrar algunos datos. La hermanastra Carrie creía recordar que su madre le había dicho que Robert nació el 8 de mayo de 1911 en Hazlehurst, Misisipi. Es posible, pero no existen registros. Dicen que el padre de Robert abandonó a la familia porque un grupo de terratenientes blancos le perseguía para lincharlo. Sí se sabe que en 1929, con 18 años, se casó con Virginia Travis, y que Virginia murió al año siguiente mientras paría.
El músico de blues Son House trató a Robert Johnson en esa época desgraciada, y le recordaba como un guitarrista pésimo, carente del más mínimo talento. Son House contaba que Robert Johnson desapareció durante unos meses, y que volvió convertido en un maestro supremo de la guitarra. Ahí comenzó la leyenda del diablo, de la que el propio Johnson habló alguna vez. Decía que, en efecto, había vendido su alma. Seis de sus canciones hablaban del diablo.
Investigaciones posteriores indican que House no tardó unos meses, sino casi dos años, en rencontrarse con Johnson. En cualquier caso, Robert Johnson aprendió a tocar, cantar y componer ya adulto y en muy poco tiempo. Atención, no estamos hablando de niveles normales. Hablamos del mejor bluesman de todos los tiempos. Hablamos del compositor de Love in vain. Hablamos de un hombre que sólo dejó dos sesiones de grabación y hoy es considerado uno de los mejores guitarristas de la historia. Cuando los Rolling Stones hicieron una versión de Love in vain para el disco Let it bleed, Keith Richards se negó a interpretarla como blues para no incurrir en sacrilegio.
En noviembre de 1936, Robert Johnson grabó varias canciones en San Antonio (Texas). Entre ellas, Crossroad blues (El blues de la encrucijada). Si la escuchan ("Fui a la encrucijada y caí de rodillas, pedí al Señor, ten piedad, salva, por favor, al pobre Bob") creerán que, en efecto, Johnson sufrió una experiencia terrible en un cruce de caminos, porque en su voz se percibe un terror absoluto. Parece verosímil, y menos sobrenatural, que en una encrucijada hubiera corrido un serio peligro de linchamiento. Al año siguiente, en Dallas (Texas), grabó otro puñado de canciones. Una de ellas era Love in vain, maravillosa, inmensamente triste.
Robert Johnson murió el 16 de agosto de 1938, a los 27 años, en un cruce de caminos, cerca de Greenwood (Misisipi). Todo hace pensar que fue envenenado. El músico Sonny Boy Williamson, que tocaba con él aquellos días, explicó que alguien puso estricnina en el whisky de Johnson por un lío de faldas. Hay tres lápidas en Greenwood dedicadas a Robert Johnson, sobre tres supuestas tumbas. No parece que ninguna sea auténtica. Se cree (al menos lo cree Sony, que edita sus grabaciones) que el guitarrista fue enterrado bajo un árbol, sin lápida ni cruz, al lado del cruce de caminos.
En su canción Yo y el diablo, Robert Johnson decía: "Enterrad mi cuerpo junto a la carretera, para que mi viejo y malvado espíritu pueda subirse a un autobús de la Greyhound y viajar".
El cruce de las carreteras 61 y 49 en Clarksdale (Misisipi), donde se supone que el diablo afinó la guitarra de Johnson, se ha convertido en lugar de peregrinación.
En 1973 se descubrieron dos fotografías de Robert Johnson, en poder de su hermanastra Carrie. Una de ellas ilustra este artículo. Eso y unas pocas grabaciones es todo lo que hay. El resto es leyenda diabólica."


La guitarra que afinó el diablo
Enric González (El País - 19/10/2008)

Entrada anterior sobre el mismo tema : El compinche del diablo

20 oct 2008

El alfa y omega de Huddie Leadbelly



Cuando Huddie Ledbetter, conocido como Leadbelly, consiguió la libertad en 1934 gracias a las gestiones de los hermanos Lomax, ya llevaba en la cárcel siete años de los treinta a los que fuera condenado acusado de haber matado a un hombre con su pistola.
Huddie había sido siempre un tipo turbulento y apasionado; amaba el peligro y a pesar de sus enormes cualidades artísticas, desde muy joven estuvo metido en toda clase de conflictos. Tocaba a la perfección la armónica, la guitarra y el acordeón y cantaba con una voz poderosa que causaba asombro entre sus oyentes; por ejemplo, cuando lo contrataban para cantar a la puerta de los almacenes elogiando las cualidades de los productos expuestos.
Su gran maestro y mentor, fue Blind Lemon Jefferson. El músico ciego, pionero del blues rural, enseñó a Leadbelly todo lo que sabía de música e incluso cual era la mejor manera de buscarse la vida como cantante errabundo. Sin embargo, el tormentoso caracter de Huddie
no era el más adecuado para asegurarle una vida respetable y ordenada. Ingresó en prisión en repetidas ocasiones y tras su última condena, ya sobrepasaba los cuarenta años, parecía que su destino estaba sellado. Los hermanos Lomax llevaban cierto tiempo empeñados en su tarea de descubrir las fuentes de la música afroamericana y su encuentro con Leadbelly fue determinante en sus investigaciones. Para Huddie el encuentro, le supuso la posibilidad de salir a la calle y reiniciar una nueva vida en las antípodas de la que había llevado hasta entonces. Los Lomax lo contrataron como chófer y mientras les ayudaba en sus búsquedas, reinició su carrera como cantante. Ahora su público era otro y sus recitales se celebraban en universidades, prisiones, sindicatos y en círculos de la intelectualidad progresista. Más tarde, se separó de los hermanos y se instaló en Nueva York, consiguiendo cierta notoriedad trabajando en clubs, emisoras de radio y grabando discos con los grandes cantantes folk del momento. También hizo giras por California y fue el primer músico de blues que visitó Europa. Murió en 1949.
Sus grandes éxitos fueron entre otros: Midnight Special , House of the Rising Sun , (temas mil veces versionados por las grandes figuras del pop) y por encima de todas Goodnight Irene canción, que según la leyenda, emocionó tanto al gobernador de Louisiana, que fue la causante de la decisión de amnistiar a Leadbelly de su condena por homicidio.

10 oct 2008

El compinche del diablo


Tenía que ser así. El diablo renovó su leyenda comercial en pleno siglo XX escogiendo a una de aquellas sombras que vagaban en los austeros paisajes de la Gran Depresión.
Aquel “pobre diablo” encontró a su Satánica Majestad en un cruce de caminos del Delta de Misisipi y vendió su alma por un poco de blues.
Se llamaba Robert Johnson y era hijo de madre soltera, nieto de esclavos y negro pobre en el más pobre de los estados. Se buscaba la vida tocando la guitarra y tuvo la ocasión de conocer a alguno de los grandes mitos del blues rural -Son House, Charley Patton, etc.- en su lugar de residencia, Robinsonville. Ellos no le tenían en gran consideración: era joven, inexperto y prefería las aventuras amorosas a cantar y tocar con su vieja guitarra Gibson. Cuando decidió sentar la cabeza tuvo auténtica mala suerte ya que su esposa embarazada murió en el parto junto con el crío que esperaba. Fue un gran golpe en su vida que le convirtió en un trotamundos en busca de nuevos horizontes musicales. Su segunda esposa tenía algo de dinero y pudo ofrecerle el apoyo económico que necesitaba para hacerse profesional del blues.
Cuando volvió a Robisonville era otro hombre. Tocaba como los ángeles y cantaba canciones desgarradoras sobre los caprichos de la suerte, los desengaños amosoros y sobre algún que otro encuentro diabólico. El sabía alimentar su leyenda: su mirada perdida en el escenario –tenía una catarata en el ojo izquierdo-, sus rápidas desapariciones tras cada actuación, su voluntario distanciamiento de la gente. Sin embargo, también se estaba convirtiendo en un tipo prematuramente alcohólizado, suspicaz y desagradable.
Solo realizó dos sesiones de grabación. Una en un hotel de San Antonio en 1936 y otra en un almacén de Dallas en 1937. 29 temas -algunas tan grandes como Love in Vain, Cross Road Blues, Sweet Home Chicago- y un único éxito en vida Terraplane Blues.
Sus aventuras amorosas y su pasión alcohólica le llevaron a la muerte. Un marido despechado le envío una botella de whisky aderezada con estricnina. Tenía 27 años, es decir, fue un pionero del "Club 27" antes de Jimmi Hendrix -buen discípulo suyo-, Janis Joplin, Jim Morrison o Kurt Cobain.



12 ago 2008

El tahúr del Misisipi


"Es manifiestamente sabido, de modo incontrovertible, que Nueva Orleans es la cuna del jazz, y resulta que su creador fui yo mismo (...)
Mis aportaciones fueron muchas: fui el primer director payaso, contando cosas ocurrentes y vestido de forma llamativa, lo que hoy llaman maestro de ceremonias; fui el primero en incorporar una coral a una orquesta; fui el primero en grabar la tabla de lavar, también el contrabajo y la batería (que se suponía imposible de grabar). Inventé las matamoscas (hoy las llaman escobillas). Por supuesto, cuando me despedían o yo me marchaba surgían muchos imitadores (...).
Que el Señor nos libre de más
Hitlers y Mussolinis
".
(JELLY ROLL MORTON, creador del Jazz y el Stomp, Artista para Victor, Mejor Compositor de Canciones Hot del Mundo)

¿Son las palabras de un fanfarrón medio chalado o hay algo de verdad en ellas? Lo cierto es que eran parte de una carta que envió su autor a Downbeat en el año 1938 y que a pesar de su desmesura, le sirvieron para revitalizar su tambaleante carrera hasta el punto de convertirlo en el más importante portavoz y testigo de los comienzos del jazz. Así lo atestiguan las grabaciones que hizo con el celebérrimo folklorista Alan Lomax para la Biblioteca del Congreso o su disco posterior titulado "New Orleans Memorial".

No, Jelly Roll Morton no fue el creador del jazz, pero quizás fue el primero que entendió que era una música con personalidad propia, independiente de otros géneros precedentes, y como tal su primer gran compositor.

El problema con Jelly Roll es su leyenda, tan atractiva que muchas veces ha enmascarado al artista que había detrás. Inspiró novelas, apareció como personaje en películas, fue retratado de forma algo siniestra en un musical de Broadway e idealizado en coreografías contemporáneas. Era un tipo disparatado y cachondo. Un auténtico tahúr del Misisipi.

Procedía de una familia criolla, es decir una familia mulata en la acepción norteamericana del término, y siendo hijo de soltera fue educado por su bisabuela en los cultura europea que era usada por los criollos de Nueva Orleans como mecanismo de distinción social frente a la población negra de origen esclavo.
Siendo muy joven, empezó a trabajar como pianista en un burdel de Storyville, el legendario barrio del vicio de la ciudad. Eso le supuso ser expulsado de casa de bisabuela, con solo 17 años, y echarse al camino recorriendo el sur del país y llegando finalmente a Los Angeles. Era hombre de recursos y no le hizo ascos a ninguna actividad que estuviera a su alcance: fue jugador de cartas y de billar, vendedor de extraños mejunjes, proxeneta, director de hotel, cómico de vaudeville. Llevaba un diamante en los dientes y siempre le acompañaba una maleta repleta de dinero o eso decía él.

Cuando el jazz empezó a desarrollarse marchó a Chicago. Con su grupo los Red Hot Peppers en los que se incluían músicos de la categoría de Kid Ory al trombón o Johnny Saint Cyr a los instrumentos de cuerda, realizó una serie de grabaciones históricas donde demuestra su capacidad para abandonar los clichés del ragtime y ofrecer composiciones musicales muy complejas donde incluso hay cabida a cierta dosis de improvisación. Como otros músicos individualistas, su figura se desvaneció de escena en la época de las grandes big bands; resurgiendo de nuevo gracias al redescubrimiento de Lomax. Poco le duró el éxito, en 1940 salió para California intentando recuperar unos diamantes de su madrina recién fallecida. Robaron los diamantes, cayó enfermo y finalmente murió de neumonía en un hospital de Los Angeles en 1941.
Más alla de su leyenda que él alimentó con todo mimo y dedicación, su música es el mejor testimonio de su paso por el mundo. Ahí queda su huella.

Y la actuación estelar de:

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