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6 mar 2013

Sexo entre siete saxos


A estas alturas casi resulta ridículo escribir que el sexo y el saxo tienen unas relaciones tan íntimas, que a veces pueden llegar a resultar sofocantes y hasta incestuosas si tenemos en cuenta la hermandad léxica de ambos términos. 

Mucho antes de El Último tango en París, mucho antes del aquellos instrumentales rhythm and blues de los 50, incluso mucho antes del sonido aterciopelado de Ben Webster y de algunas piezas del precursor Coleman Hawkins, el saxo ya había asumido cierto papel relevante en los cabarets, en el vodevil y en ese género conocido como burlesque que más o menos abarca a todos los anteriores
Pues bien, me he permitido meter aquí "siete pecados musicales" conducidos por el saxo. Son siete temas, la elección de ese número no es casual, que en su tiempo fueron considerados sensuales, eróticos, pícaros o simplemente juguetones. Quizás muchos no son el colmo de la sutileza ni de la sofisticación instrumental, pero ofrecen cierto ambiente excitante y propiciatorio para esos momentos que merecen tanto la pena.
Empezamos con un clásico del género: Honky Tonk  Part 2, que hizo que su intérprete, Bill Doggett, encabezase las listas de rhythm and blues en 1956.  
 
El segundo es el celebérrimo My romance de Rogers and Hart a cargo del saxofonista Gene "Jug" Ammons, otro talentoso baladista y conocido por sus duelo "saxuales" con Sonny Stitt en los 50.
 
De los territorios donde se coció el mejor rhythm and blues surge Willis Jackson, acompañante y pareja de la que sería la mayor figura femenina del género en los 50, la fabulosa Ruth Brown. Su Gator's Groove es de 1952.
 
El saxofonista Lou Donaldson, es uno de los reyes del saxo de terciopelo y del funky jazz.  Este es el tema que da título a su disco para Blue Note de 1968, Midnight Creeper.
El quinto tema es de Sil Austin, otro saxofonista poco conocido aunque reverenciado en los ambientes de la música groove de los 50 y 60. Su tema Slow walk (1956)  es todo un manifiesto sobre la temática que tratamos.
  
Sam Butera es conocido fundamentalmente por líder de una banda denominada  The Witnesses que servía de apoyo al espectacular  cantante y showman Louis Prima en sus actuaciones en Las Vegas.  humor, ironía, juegos de palabras y ese estilo socarrón y sicaliptico propio de los nacidos en Nueva Orleans, la también llamada ciudad del pecado.  Algo de lo cual se refleja en su tema Street Scene.
 
El tema final no podía de ser otro músico. A veces uno puede tender a creer que  Ben Webster acapara toda la extrema sensualidad que puede haber en una balada de jazz.  That's All, es un buen título para terminar esta entrada y quizás incluso una forma sugerente de decirle adiós a todo las cosas bellas y sensuales que nos ofrece la vida.

Y la actuación estelar de:

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