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5 abr 2012

Artista y presidente

Youssou N'Dour acaba de ser nombrado ministro de Cultura de Senegal. Antes que él, otros artistas musicales siguieron la senda política ostentando o aspirando a cargos de relevancia en sus respectivas países. El caso más reciente es el de Gilberto Gil también ministro de Cultura en el gobierno de Lula da Silva en Brasil. Melina Mercouri, en su condición de actriz y cantante ocasional, llegó al mismo ministerio poco después de la reinstauración de la democracia en Grecia. Ministro fue también Rubén Blades en el gobierno de Omar Torrijos en Panamá antes de presentarse el mismo en dos ocasiones para la presidencia de su país.

Ser presidente, la gran tentación. Sentir que tu voz musical es capaz de traspasar su ámbito natural convirtiéndose en palanca para conseguir la transformación política o alcanzar al poder. Hasta el presente pocos lo han conseguido, quizás Michel Martell , conocido musicalmente como Sweet Micky y actual presidente del sufrido Haití sea una única excepción.  

En este asunto hay casos muy dramáticos como el del heroico Fela Kuti, un hombre realmente empeñado en cambiar tanto la situación de su país, Nigeria, como el de todo la África negra en su conjunto. Fela era un peligro para el despótico gobierno y fue encarcelado, perseguido y asesinados algunos de sus colaboradores tras ofrecerse como alternativa política. El acoso policial a su cooperativa, a lo que el llamaba su “Estado Independiente”, no impidió que su República de Kalakuta, sobreviviera a su muerte en 1997.

Luego están los candidatos simbólicos. Aquellos con nulas posibilidades de ser elegidos, pero que se presentan como gesto de denuncia de una situación social determinada o simplemente como forma de divertimento a costa del marco político. La candidatura a la presidencia de Dizzy Gillespie en 1964 quizás participe de ambas opciones. Es cierto que el carácter extrovertido y juguetón del músico tuvo mucho que ver en el asunto, pero había mucho calado detrás. En su autobiografía dice:
"Cualquiera podría haber sido un mejor presidente que aquellos que teníamos en esos tiempos con sus mentiras y vacilaciones acerca de los derechos civiles y humanos de los negros y llevando adelante guerras secretas contra gente de todo el mundo. No creía que hubiera otra alternativa más que postularme. Tenía una razón verdadera, las utilidades de la venta de los pins fue para Core y SCLC (la conferencia del Liderazgo Cristiano, cuyo presidente era el doctor Martin Luther King, Jr., y además podía amenazar a los demócratas con que sufrirían una pérdida de votos y así llevarlos hacia una postura más razonable en relación a los derechos civiles"
En su hipotético gabinete estaría Ramona Crowell como vicepresidente. Duke Ellington como Secretario de Estado. Malcolm X como Fiscal General. Miles Davis como director de la CIA. Louis Armstrong como ministro de Agricultura. Thelonious Monk sería el embajador plenipotenciario y también Ella Fitzgerald, Peggy Lee, Mary Lou Williams, Woody Herman y Count Basie. Comenta Dizzy, que Max Roach quería ser ministro de Guerra, pero fue rechazado porque “no vamos a tener ninguna”. La Biblioteca del Congreso quedaría a cargo de Ray Charles y Charles Mingus sería ministro de Paz.

Lo que empezó como una idea entre amigos y gente de jazz no tuvo tiempo de foguearse y fracasó tras un tímido intento de presentarse en las primarias de California. 
Jon Hendricks creó el himno de campaña sobre el célebre Salt Peanuts de Gillespie:
"La política debería ser una cosa más groovy, así que necesitas un buen presidente que esté dispuesto a ponerle swing. ¡Vota por Dizzy! ¡Vota por Dizzy"

31 oct 2009

Masekela



Si alguien ha tenido la oportunidad de ver la excelente película Distrito 9 ya sabe en que consistían aquello guettos de África del Sur en el que el gobierno racista “contenía” a la población no blanca. Desde la Primera Guerra Mundial y hasta principio de los años 60 el más importante de ellos era Sophiatown, un lugar cercano a Johannesburgo que se convirtió en el centro de la cultura negra sudafricana.
Sophiatown constituía una isla de libertad, un centro de poder cultural, vivo y deslumbrante que desafiaba al genocidio en el que estaba empeñado el gobierno del Partido Nacional. Había escritores, pintores y sobre todo buena música. Una música que combinaba el swing instrumental con los ritmos africanos, especialmente de origen zulú. En los 60 este género mixto jazz-zulú se terminaría llamándose Mbaqanga:


El arzobispo anglicano Trevor Huddleston fue uno de los más grandes luchadores contra el apartheid. Desde Sophiatown fomentaba el desarrollo de los jóvenes para evitar que fueran presa fácil de la delincuencia, mientras qye en el campo político intentaba combatir la arbitrariedad del régimen desde su condición de inglés, pastor y blanco. En aquel “Harlem africano” creció Hugo Rampolo Masekela y allí el padre Trevor le regaló su primera trompeta:


Masekela entró con 14 años en la primera orquesta de jóvenes de Sudáfrica, grupo patrocinado por el propio arzobispo. Era un niño precoz y ya tenía alguna experiencia cantando y tocando el piano. Luego sus inquietudes musicales le hicieron interesarse por el jazz más progresista, el bebop, que empezó a desarrollarse en aquel país a través del Sophiatown Modern Jazz Club. Conoció entonces a Dollar Brand (que al hacerse muslmán pasaría a llamarse Abdullah Ibrahim), Kippie Moeketsi, Makaya Ntshoko o Jonas Gwangwa con los que en 1959 fundaría quizás el primer grupo de jazz africano estable y sin duda, el primero que hizo bebop: The Jazz Epistles.

La gran oportunidad para todos estos muchachos, entre los que estaba la gran Miriam Makeba, vino a través del musical King Kong, historia del boxeador negro Ezequiel Diamini, de gran éxito dentro como fuera del país,  tras su representación en los escenarios londinenses:



En 1960, a raíz de la matanza de Sharpeville, el régimen se quitó su careta formalista y enseñó al mundo su cara más siniestra. Asesinatos, detenciones masivas, deportaciones y destrucción definitiva de Sophiatown convertida tras el paso de las excavadoras, en una exclusiva urbanización blanca. Masekela, su esposa Miriam Makeba y el resto de sus compañeros tuvieron que huir. El trompetista marchó a Gran Bretaña y luego a Estados Unidos donde contactó con los grandes nombres del funky-jazz y la fusión de aquel período. En 1968 consigue un éxito memorable con la alegre Grazing in the Grass, entrando en las listas de éxito donde alcanzó una posición inaudita para un instrumental de los 60:



En los 80, tras una etapa de adicciones múltiples, renació su interés por los asuntos y la música de su tierra. Colaboró en las causas antipartheid- como en el famoso disco Graceland de Paul Simon-, con otros músicos afrianos como Fela Kuti e incluso participó en la puesta en marcha de un estudio móvil para emitir música desde Botswana hacia su oprimido país natal. En los 90, con la caída del régimen racista vuelve a su patria, escribe su biografía, sigue grabando su música y pasa a formar parte de la mitología vital de la nueva y democrática Sudáfrica.

8 sept 2009

El sillón del Presidente

 
En los dominios de la desmesura, lejos de rutinarias contingencias, todavía permanece vacante el sillón del Presidente Negro.  
No, nunca llegó a presidente de Nigeria. Las dos veces que lo intentó, no le dejaron que se presentara a las elecciones. Le tenían miedo. Era demasiado poderoso aunque solo tuviera su música, su voz y un grupo de fervientes seguidores enganchados a su mesianismo, que vivían con él en la República de Kalakuta, la comunidad que creó en Lagos para darle vida a su esperanza. Desde la música. Contra los poderes de la opresión postcolonial: oligarquía, ejército, policía... y en favor de los sufridos habitantes del África Negra. Desde la música, creando el más poderoso movimiento musical del África Negra: el afrobeat. Una curiosa mezcolanza de ritmos africanos de base con una melodía alimentada por múltiples instrumentos de viento. Por encima, las voces recuerdan al esquema de pregunta-respuesta de la música gospel: una omnipresente voz principal y un coro femenino replicando. En el cóctel cabe música yoruba, jazz, blues o funky. Zombie es su himno mayor, aquel por el que Fela Kuti estuvo a punto de ser asesinado. Una crítica despiadada contra el militarismo africano.  
Temas largos, casi infinitos que desesperaban a sus productores. Desafiando todas las normas.Tocando todos los instrumentos posibles ya que dominaba más de diez. Proclamas, sermones, lemas, textos exagerados y extremos. A veces absurdos. Como el propio Fela Kuti, siempre en los límites.
Kalakuta fue arrasada dos veces por los militares. Tras la primera, falleció su madre -antigua lider feminista nigeriana- y él quedó maltrecho. Ambos habían sido defenestrados literalmente desde un piso alto de la comuna. No tardó en tomarse su venganza, quizás algo extraña: se casó con 27 mujeres y organizó un nuevo partido político, El Movimiento del Pueblo para presentarse a las elecciones. A los 20 meses, conseguido su objetivo político, se divorció de 20 de ellas. En 1997, Fela Kuti muere de SIDA. Parece ser que decía: "No puedo tener esa enfermedad,es una enfermedad del hombre blanco".

Y la actuación estelar de:

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