Mostrando entradas con la etiqueta Bach. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Bach. Mostrar todas las entradas

28 ene 2014

Bach impuro Jazz

Se cumplen dos años y apenas una semana del fallecimiento de uno de los más grandes interpretes que ha tenido la obra de Johann Sebastian Bach. Me estoy refiriendo a Gustav Leonhardt, artífice fundamental de la vuelta a una interpretación ortodoxa de la música del Barroco liberándola de los corsés musicales que le impusieron las diferentes corrientes musicales que sucedieron a aquel estilo musical con el paso del tiempo. Leonhardt era un intérprete colosal de órgano y posiblemente el mejor clavecinista del siglo XX. Un hombre especial tan obsesionado por la pureza de su trabajo que se negó sistemáticamente a tocar a Bach con ningún instrumento moderno. Se deleitaba buscando órganos antiguos en remotas iglesias alpinas, trascribía a mano las propias partituras y sus grabaciones discográficas son de una perfección insuperable. Su amor por la obra de Bach le llevó a encarnar al maestro en Crónica de Anna Magdalena Bach, película dirigida por Jean-Marie Straub y Danièle Huillet en 1968.

Pasemos de la pureza clarividente a la impureza musical preclara. ¿Que tal se lleva el jazz con Bach más allá de su fácil homofonía? 

Empecemos con el Modern Jazz Quartet, un grupo que nació con una misión redentora: salvar al jazz de los tugurios humeantes donde había nacido y se había desarrollado, para elevarlo a los etéreos recintos donde se pasea con majestuosa elegancia la música clásica. Esa era la idea base de su fundador, John Lewis, un hombre de sólida formación musical y que quería hacer un grupo con vocación camerística par poder actuar en salas de concierto y teatros. Para ello consiguió fichar a Milt Jackson, una gran estrella del naciente bebop y renovador de esa gran novedad instrumental llamada vibráfono. También, tras la entrada y salida de Ray Brown y Kenny Clarke, llegaron Percy Heath y Connie Kay para ocupar el  contrabajo y la batería respectivamente. A finales de los 50 el MJQ representaba bien esa Third Stream (Tercera Corriente) que preconizaba el trompista Gunther Schuller tanto en sus escritos como en su actividad musical. Era lógico que el Modern Jazz Quartet acabara tropezándose con Bach. Y así se reflejó en su disco de  1973 Blues on Bach. Esta es una actuación anterior en compañía de uno de los más grandes guitarristas brasileños:

El alemán fue uno de los grandes improvisadores de todos los tiempos y quizás echamos de menos un poco de improvisación en las recreaciones musicales de su obra, pero suena especialmente sugerente ese trío guitarra/vibráfono/piano como sustitutivo del viejo y melodioso clave. 

La ecuación jazz/Bach nos lleva ineludiblemente a un músico que ha dedicado la mayor parte de su extensa biografía musical a buscar la equivalencia entre los dos términos. Podemos decir que el pianista francés  Jacques Loussier es la más acabada expresión de esa Tercera Corriente defendida por Schuller. Su propio grupo, que duró desde 1959 hasta 1980 y se volvió a refundar en 1985, se llamaba Bach Play Trío y el noventa por ciento de su gran producción discográfica está dedicada por entero al músico de Eisenach.
Jazz, Bach, improvisación ¡y en una iglesia! ¿Cabe mayor impureza?
Por ejemplo, homenajear a Bach sin tocar su música pero manteniendo su atmósfera. Eso hizo uno de los héroes del bebop reajustando a su manera el tono musical del gran clásico. En 1957 Bud Powell incorporó a su discografía, y a su repertorio, este Bud on Bach.  

Terminemos con Oscar Peterson y su trío celebrando a Bach en su concierto de Berlín de 1985. Es poco barroco, excepto en su parte intermedia, pero seguro que el Viejo Peluca quedaría igualmente complacido.

19 ene 2014

Bach no sólo es solemne

 
Afortunadamente, hay algo perversamente consolador en el hecho de que el mayor genio musical del que tengamos noticia no haya sido una especie de gran ser iluminado e imponente, acunado por dioses y musas y alejado de las mundanas degradaciones. Resulta tranquilizante pensar que el genial Johann Sebastian era un honrado padre de familia que trabajaba a destajo -según el catálogo de Wolfgang Schmieder han sobrevivido 1127 obras de su ingente producción- y que no tenía reparos en emigrar de ciudad en ciudad en busca del bienestar de los suyos, que eran muchos, y de una mejor comprensión de su prodigiosa obra.
 
La vida hizo de Bach un hombre descontento, abrumado por sus necesidades económicas y en constante conflicto con sus patrones municipales o principescos. Razones tenía para ello. Desde joven sufrió el nepotismo de los gobernantes a la hora de acceder una plaza laboral que le permitiese suficiente estabilidad, su gran obsesión. Era ni más ni menos que Johann Sebastian Bach, pero sus competidores tenían más capital o mejores padrinos que el orgulloso músico de Eisenach. Es muy conocida la anécdota que le permitió acceder a su puesto definitivo como kantor en la Thomaskirche de Leipzig.
 
Eran veinte candidatos aunque el favorito era un músico en la cresta de la ola, Georg Philipp Telemann, pero éste finalmente optó por seguir en Hamburgo donde era director musical de las grandes iglesias. Hubo varios descartes más y finalmente se eligió a Christoph Graupner pero éste a última hora renunció al puesto a solicitud de su patrón de entonces el landgrave de Hesse. Fue el mismo Graupner el que recomendó a Bach provocando cierta reticencia en el concejo municipal. Ha quedado para la posteridad la frase del concejal Platz tras la elección de Johann Sebastian: "Puesto que no hemos podido obtener a los mejores, debemos contentarnos con el mediocre".
  
Bach el incómodo, el insolente, siempre quejándose de su sueldo de miseria y capaz de escribir una carta a un amigo para que le consiga un puesto en otra parte ya que no ha habido suficientes muertos ese año y necesita el dinero que habitualmente cobra haciendo música para difuntos.
Bach el denigrado, el rebelde, el considerado como un mal profesor de escuela, - incluso tenía que dar clases de latín-  el autoritario y lo más sorprendente: el perezoso.
Este es el repertorio de las obras del compositor según su númeración en el Bach-Werke-Verzeichnis :
1-200: Cantatas religiosas
201-215: Cantatas profanas
216-224: Otras cantatas
225-231: Motetes
232-242: Misas
243: El Magníficat
244-247: Pasiones
248-249: Oratorios
250-438: Composiciones corales
439-524: Lieder y arias
525-771: Obras para órgano
772-994: Obras para clavecín
995-1000: Obras para laúd
1001-1013: Obras para solistas instrumentales
1014-1040: Música de cámara
1041-1071: Conciertos
1072-1080: Obras de contrapunto (es decir, cánones y otros)
1081-1128: Obras encontradas después de 1950.
Tras su muerte, el Ayuntamiento de Leipzig dedicó 4 minutos a recordar su memoria y luego llego el relativo olvido. Relativo porque era un músico venerado por otros músicos pero desconocido para el gran público. Lo que se llamaría ahora un autor de culto. Su primera biografía tardó 52 años en aparecer, la escrita por Johann Nikolaus Forkel, y solo la veneración de otro gran músico, Felix Mendelssohn, que representó en 1829 La Pasión Según San Mateo lo hizo popular.
Convertido en un icono solemne de la cultura popular contemporánea, su música ha servido para representar a los grandes villanos del cine: los grandes mitos del terror de los años 30, aquel Capitán Nemo capaz de desafiar al mundo desde las profundidades tenebrosas: o más recientemente el carnívoro Hannibal Lecter:
Yo sin embargo prefiero sentir como su música es capaz de hacer levitar los objetos. (como en este vídeo que solo se puede ver en la misma web de youtube):

O también capaz de comunicarse con cualquiera que se deje penetrar por su magia, porque Bach es magia y comunicación.
 

Aquí tenéis un listado de películas con música de Bach.

22 ene 2013

Enlazando pianos

Tras quedar atrapado durante una semana en las garras de la gripe, vuelvo a la palestra bloguera sin grandes alharacas. Mi convalecencia me pide algo cálido, íntimo y familiar para estos sombríos días de invierno. Algo que quizás solo ese instrumento mágico de las 88 teclas puede suscitar.
Me he ido muy arriba. He elegido algunos de los pianistas unánimemente considerados como los mas grandes tanto en música clásica como en jazz. Verlos así, emparejados, nos permite comprobar sin demasiado esfuerzo que la maestría no se para en esas futilidades llamadas género o estilo.
Don DeLillo en un magnífico texto titulado Contrapunto traza cierto paralelismo vital entre dos figuras paradigmáticas del piano contemporáneo: Glenn Gould y Thelonious Monk. Dos figuras singulares, extraordinarias y  de una excentricidad tal que se les ha considerado víctimas de alguna clase de autismo o al menos de ese síndrome de Asperger tan  en boga. Es difícil penetrar en los laberintos de la mente pero quizás solo se tratase de seres demasiado enganchados a si mismos y a su talento como para prestar interés a su entorno. Esta es la entrada en el que los relacioné en su momento. Y aquí algo más de su música.

Alfred Cortot era llamado el poeta del piano. Bill Evans, por su parte, siempre fue considerado el poeta del jazz. Aquí tocan y hablan de como sienten la  música. Merece la pena escucharlos (Los vídeos llevan subtítulos en inglés)
Vladimir Horowitz, para muchos el mejor pianista clásico de las historia, admiraba tanto a Art Tatum del que fue amigo íntimo, que llegó a comentar que sí éste se pasaba a la música clásica, él dejaría de tocar el instrumento al día siguiente.Aquí están los dos "arreglándoselas" con el Vals en C Menor Op. 64 de Chopin.

8 ene 2013

Exorcismos musicales frente al 2013

Se llama triscaidecafobia al miedo o repulsión al número 13. 
Estamos en el 2013 y la cosa no está para bromas. Seguro que algunos ilusos prefiera achacar nuestros males a una confabulación de números funestos. Hay gente que con tal de no ver la realidad es capaz de echarle la culpa a cualquier cosa. Pero bueno, siempre es mejor buscar  responsabilidades en esas abstracciones matemáticas que al parecer explican el mundo y no a las maniobras insidiosas de otros humanos con rasgos o comportamientos diferentes a los que estamos acostumbrados.   
Tiene su lado pintoresco esta repulsión al 13 y las anécdotas se suceden una tras otra. Entrando en el terreno musical está aquella referida a Arnold Schönberg. Al parecer el artífice del dodecafonismo, la música de los 12 tonos no lo olvidemos, fue un triscaidecáfobo de ley durante toda su vida. Huyendo del número 13, día de su nacimiento, falleció un viernes 13, 13 minutos antes de las 12 de la noche. 
Vistas así las cosas se hace necesario algún tipo de exorcismo musical para librarnos de tan nefastas influencias. Lo mejor será recurrir a nuestros geniales magos clásicos capaces de exorcizar el mal y atraer la belleza. 
Johann Sebastian Bach compuso sus invenciones en uno de los períodos más fructíferos de su carrera siendo maestro de capilla del príncipe Leopold de Anhalt-Cöthen (1717-1723), es decir, en el mismo período en el que escribió sus celebérrimos Conciertos de Bandeburgo. Las quince invenciones son obras breves para teclado creadas como ejercicios de aprendizaje´musical. La 13 está en la menor y es interpretado aquí por ese genial reciclador del maestro de Eisenach llamado Glenn Gould. 45 segundos mágicos.

 Wolfgang Amadeus Mozart, Wolfi para sus amigos, no debía tener muchos problemas con el denostado número 13 aunque no debemos de olvidar que esa numeración se debe más a los compalidores de su obra que a él mismo. Con 10 años, estando en una de sus giras extenuantes de niño prodigio, compone en La Haya sus sonatas para violín, entre las que se incluye la 13 en do mayor. En 1771 con 15 años y estando en Milán escribió su Sinfonía nº 13, quizás con la ayuda de su agobiante padre al que se atribuye el 3º Movimiento. 12 años más tarde ya en Viena compone su Concierto para piano nª 13.  Una obra discutida por muchos críticos ya que se le acusa de falta de integración entre el piano solista y la parte orquestal. En cambio, la  Serenata nº 13  más conocida por Pequeña Serenata Nocturna (Eine Kleine Nachtmusik) compuesta cuatro años antes de su muerte en 1791, es una de las obras más reconocidas y populares de su autor. Originalmente había 5 movimientos pero solo se han conservado cuatro de esta serenata inmortal.  Éste es el Rondo Allegro final interpretada por el grupo de cámara francés Les Dissonances.
  

De Mozart a Beethoven. La Sonata para piano n.º 13 en mi bemol mayor Op. 27 es una obra escrita por el autor entre 1800 y 1801 cuando con 30 años, estaba a punto de entrar con todos los honores en lo que se conoce como período intermedio de su carrera. La sonata dedicada a la Princesa de Lietchenstein, también es conocida como "Quasi una fantasía" ya que en sus en cuatro movimientos se expresa ese aire de libertad que caracteriza a esa forma musical de origen italiano. Aquí tenemos los dos primeros movimientos interpretados por el extraordinario Daniel Barenboim.
 

La vida musical y personal de Dimitri Shostakovich es la lucha de un solo hombre por la libertad creativa en un país sometido a una feroz tiranía totalitaria. El estalinismo prohibió su obra en dos ocasiones y tras alguna concesión obligada, tanto en el plano político como en el musical, terminó siendo considerado unos de los grandes nombres de la escena musical rusa. Su Sinfonía nº 13 fue escrita en 1962 en un período de cierta tranquilidad tras su reciente boda y la mínima liberalización del régimen soviético en el tiempo de Khrushchev. Es conocida como Babi Yar en recuerdo de la matanza de judíos en las afueras de Kiev por parte de la Alemania nazi. Se trata de una obra coral  basada en poemas de Yevgeni Yevtushenko con toda esa grandilocuencia musical que ha pervivido desde los tempranas composciones del siglo XIX. Esta es su parte segunda interpretada por los Coros y la Orquesta del Teatro Maninsky dirigida por Valery Girgiev. El bajo solista es Mikhail Petrenko.

22 oct 2012

Sin argumentos, ni pretensiones

Han llegado a mí en estos días por puro azar y sin que yo las hubiera buscado. 
La verdad es que me gustan y eso ya es motivo suficiente para colocarlas en la misma entrada. Son dos versiones y un tema original. Quizás compartan un mismo territorio emocional y por eso han terminado por unirse en esta entrada. Aunque no estoy seguro. Decididlo vosotros si os apetece. Hoy no tengo demasiados argumentos. Ni demasiadas pretensiones.  Me conformo con dejarme llevar por la música.
Empezamos por un violonchelo que se hace saxo soprano cuando lo toca uno de los más afamados músicos de estudio de este país, Andreas Prittwitz. Un alemán radicado en España soplador magnifico con cualquier tipo de instrumentos de viento. Un tipo atrevido que no muestra excesiva reverencia a los clásicos -incluso al divino Bach- y éstos, al parecer, no deben sentirse agraviados, aunque a saber lo que piensan ellos desde su Olimpo celeste. Aquí acompañan a Prittwitz: Beatriz Amezúa al violín, Laura Salinas a la viola da gamba, Ramiro Morales a la guitarra barroca, Antonio Toledo a la guitarra española e Ivan Mellén a la percusión. Laurie Anderson, Sra de Lou Reed desde el 2008, es una reina de la vanguardia cultural americana desde aquellos años setenta en que fue amamantada en los prolíficas ubres de la factoria Warhol. Hay que recordar aquel superventas titulado O Superman de 1981 y sus incursiones en la música electrónica y el sampleado mucho antes de que estos "modos" se pusieran de moda. No es muy prolífica, pero siempre tiene algo nuevo que contar. En su último disco del 2010, Homeland, nos vuelve a hipnotizar con argumentos demoledores. Un conocido standard de Rodgers y Hart cierra esta entrada. Interpretado por el Quinteto de Kenny Garrett cuando éste con 24 años, hacía su debut como solista en Introducing Kenny Garrett. Eran años de experimentación y aprendizaje previos a su "master de graduación" junto a Miles Davis. En su disco inagural le acompañaban el gran trompetista Woody Shaw, junto a una sección rítmica formada por Mulgrew Miller, Nat Reeves y Tony Reedus, piano, contrabajo y batería respectivamente.

18 mar 2010

Solo y con chelo

Todo parece indicar que Johann Sebastian Bach se sintió muy feliz cuando el príncipe Leopold le dio carta blanca al contratarlo como maestro de capilla en 1717. La austeridad calvinista de la corte de Cothën era contraria a los refinamiento de la música sacra y por tanto el músico alemán pudo entregarse sin cortapisas a su pasión por la música profana.
En aquella época, el violonchelo era un instrumento con apenas un siglo de historia. Sin embargo, tras un período en que era usado exclusivamente como bajo continuo en detrimento de la viola de gamba, estaba alcanzando cierto status como solista gracias a las composiciones de músicos italianos como Gabrielli o con posterioridad a  Bach, de Antonio Vivaldi:



  Bach se había liberado de las presiones cortesanas que le había mortificado en su fértil etapa en Weimar y ahora al poder desarrollar su talento en plena libertad, pudo componer algunas de sus obras más celebradas: los Conciertos de Bradenburgo, las sonatas y partitas para violín, las suites para orquesta y  las seis suites para violonchelo solo:




No hay copias originales de las seis suites para violonchelo solo. Los manuscritos existentes fueron realizados por alguno de sus allegados, como el de su segunda esposa la cantante lírica Anna Magdalena Wilcke. Se trata de partituras con anotaciones diferentes entre ellas pero con una característica común: respetan la  estructura de
la suite con sus cuatro movimientos clásicos: una danza alemana lenta(allemande), una francesa rápida(courante), la zarabanda española también lenta y la vivaz giga inglesa. Estas danzas están precedidas por un preludio y entre la zarabanda y la giga incorporan un tema variable: un minuetto en las dos primeras, un bourrée en las intermedias y una gavota en las dos últimas.



Esa estructura tan rígida, tan simétrica, tan ortodoxa hizo que
fueran durante muchos años considerados como obra meramente de estudio y menor dentro del enorme repertorio del genial músico alemán. Incluso los propios cellistas no tenían interés por ella más interesados por las composiciones del período romántico y postromántico.  Las cosas permanecieron así hasta finales del siglo XIX. Fue en 1890 cuando un jovencísimo Pau Casals las descubrió en una vieja tienda musical de Barcelona y se sorpendió de lo que tenía entre manos:



Obsesionado por aquel tesoro, las estudió a fondo durante muchos años y cuando se sintió preparado las interpretó conjuntamente tal como él las veía, como si se tratase de una obra única divida en seis suites:



De repente el mundo abrió sus oídos y se dio cuenta de lo que se había perdido por pura pereza. Los viejos sonidos olvidados demostraron su insondable poderío doscientos años después. Incluso traspasaron los límites y se asomaron a territorios antes no explorados. Con nosotros se quedarán para siempre.
Para siempre.



Y la actuación estelar de:

Archivo del blog