De un “bocazas” tan tremebundo como Slim, capaz de crear un lenguaje propio -el vout- ininteligible para el resto de humanos se puede esperar cualquier cosa. Según él, había nacido en Cuba, había trabajado en el campo y luego cuando su padre empezó a trabajar en una línea de cruceros marítimos se lo llevó consigo dejándolo lamentablemente “olvidado” en la isla de Creta. Luego –insistía Gaillard- por sus propios medios se trasladó a Chicago y se dedicó a multitud de oficios peregrinos antes de dedicarse a la farándula musical. Pura leyenda, pero a él le valía y a nosotros quizás también.
Cantaba, tocaba la guitarra mientras realizaba acrobáticos pases de baile e incluso tocaba el piano con las palmas hacia arriba. A finales de los 30 inició una fructífera colaboración con el contrabajista Slam Stewart que tendría sus frutos con un superhit donde el scat llegaba a niveles prácticamente supersónicos: Flat Foot Floogie (with a Floy Floy).
La guerra separó a ambos músicos pero antes tuvieron la oportunidad de actuar en Loquilandia, una de las películas más disparatadas que ha parido Hollywood y conocida en inglés con el título de Hellzapoppin'. Este es un número inolvidable del film.
El sustituto de Slam fue Bam, Bam Brown, con el que tuvo un enorme éxito recién concluida la guerra: Cement Mixer. Aquella fue una época de gloria donde Slim tuvo la oportunidad de compartir cartel y hasta alguna grabación con Dizzy Gillespie y Charlie Parker. Incluso el trompetista incorporaría algo del humor de Slim a sus actuaciones posteriores en los 50, especialmente con su orquesta bop.
(Si queréis, ahorraros el parlamento del primer caballero poned el vídeo a partir de 1 minuto y 12 segundos)
En el mismo período tiene otro éxito con un tema cuya letra está formada por una sucesión de nombres de platos de comida en árabe. Alguna emisora de radio pacata la prohibió por considerándola degenerada al incitar al sexo y al consumo de drogas.
Convertido en un ídolo para los hipsters y beatnicks, salió casi divinizado en un pasaje de "En el camino" de Jack Kerouac:
Slim se sienta al piano y golpea dos notas, dos do, después dos más, después una, después dos, y de pronto el bajista, un tipo corpulento, sale de su ensoñación y se da cuenta de que Slim está tocando C-Jam Blues y aporrea con su enorme dedo índice la cuerda y se inicia una sonora y potente pulsación y todo el mundo se mueve al compás y Slim sigue mirando tan triste como siempre, y tocan Jazz durante media hora, y Slim enloquece y coge los bongos y toca ritmos cubanos tremendamente rápidos y en egipcio, en todos los idiomas que conoce, y sabe innumerables idiomas. Finalmente termina la actuación; cada actuación dura dos horas. Slim Gaillard se queda apoyado en una columna, mirando tristemente por encima de las cabezas de quienes le hablan. Le ponen un vaso de bourbon en la mano.
-Bourbon-oruni… gracias-ovauti.
Nadie sabe de dónde es Slim Gaillard. Dean soñó en cierta ocasión que tenía un hijo y que su vientre estaba todo hinchado y azul mientras estaba tumbado en la yerba de un hospital de California. Bajo un árbol, junto a un grupo de negros, estaba sentado Slim Gaillard. Dean volvió hacia él unos desesperados ojos de madre.
-Ahí lo tienes-oruni -decía Slim.
Ahora Dean se acercó a él, se acercó a su dios; creía que Slim era Dios; caminó arrastrando los pies hasta él y le hizo una reverencia y le rogó que se sentara con nosotros.
Fue un momento de éxito fulgurante pero pasajero. En los 60 desapareció prácticamente de la escena artística -hizo algún cameo esporádico en series de tv- y se dedicó al negocio hostelero. Enamorado del Reino Unido desde sus actuaciones con el Jazz at the Philarmonic de Norman Granz, se instaló allí en los 80 donde siguió actuando hasta su muerte en 1991.