La noche de San Juan es noche de alegría. Estrellado de flores, el verano nos llega de manos de un duende que le hace de guía La primavera ha muerto, el invierno se retira. Si llegara el amor, nunca más moriría... Las llamas del fuego, la noche vuelven día. Si llegase el amor, que dulce sería.Las llamas del fuego, la noche vuelven día. Si llegara el amor, que dulce que sería. La noche de San Juan es una bisagra. La puerta del año, rechinando comienza a cerrarse. Dadme champán! Que es la noche más corta y el día más grande. Dadme champán, dame champán! Dadme champán, dame champán! Que es la noche más corta y el dia más largo. Dadme champan !, dadme champan ! Dadme champan ! dadme champan !
Imitaremos el sol con grandes hogueras. Pasaremos descalzos sobre las brasas. Al cielo van de verbena pájaros y astros. y uumentan las virtudes de hierbas y aguas Como la tierra que gira alrededor del sol Haremos lentos círculos alrededor del fuego La noche de San Juan es noche de alegría Estrellado de flores, el verano nos llega de manos de un duende que hace de guía Quien es este duende ? Quien lo conoce? En el mismo centro del fuego tiene su feria
Duende de la noche, rey del engaño. Cada año por San Juan nos visitas. Duermo a los niños y hago que sueñen. Enamoro a los grandes y hago que se odien Descubro secretos, doy a conocer misterios Doy la vuelta a los sueños etéreos. Provoco adulterios, recuerdos y añoranzas. Besos y venganzas, enseño encantamientos a las jovencitas traigo perfumes de otros planetas. Si miráis las llamas del fuego de San Juan le veréis los cuernos, el sombrero y los guantes. Cuando quiere es alto como la catedral. Cuando quiere es pequeño como la uña de un dedo No es hombre ni mujer, ni ángel ni un niño. Para pasar un rato puede ser un comediante Es joven y no lo es, genial e inmoral. Astuto. ¿Y que más ? Soy inmortal! Si miráis las llamas ....
No tienes perdón, Bob ¿cómo se te ocurre cumplir 70 años? Seguramente disimularás y pondrás esa cara de cemento arrugado que se te ha quedado tras tu larga y azarosa vida. Eso es lo jodido. Ya no eres aquel chico displicente, chulesco y engreído que se veía en aquel maravilloso documental de Pennebaker reflejando tu gira por el Reino Unido en 1965. Inolvidable aquella escena en que canta maravillosamente Joan Baez, tu novia por entonces y tu sigues escribiendo aparentemente imperturbable.
Te he visto actuar en dos ocasiones. La primera en 1993. Era el Concierto de los Mil Años y tú eras uno más en un cartel difícil de igualar: Chris Isaak, George Benson, Neil Young, los Kinks, Bob Dylan, Robert Plant, John Mayall, Sting, Eric Burdon, Bo Diddley, Wilson Pickett, Jerry Lee Lewis y Chuck Berry. Algún malévolo dijo que se le llamaba de los mil años por la suma de las edades de los intérpretes, pero realmente fue algo imborrable para todos los que estuvimos allí. La verdad es que de reconocer que tu actuación no me llamó excesivamente la atención, después del éxtasis vivido poco tiempo antes con los Kinks.
Recurro al cronista de El País Nacho Saenz de Tejada para intentar recuperar el recuerdo ido:
“Bob Dylan tampoco es un prodigio de generosidad pero en La Coruña no decepcionó a quien quiso acercarse, aunque fuese solo un instante. Su versión de Just like a woman estuvo bañada por ese dramatismo que solo tienen los grandes cuando intentan permanecer vivos a través de la autodestrucción artística, rompiendo sus canciones en mil pedazos hasta hacerlas irreconocibles y recreándose con seriedad y rigor.”
Siempre he adorado este tema: "Ah, finges como una mujer, haces el amor como una mujer y sufres como una mujer, pero rompes a llorar como una niña"
Volví a verte a finales de los 90. Es curioso, al contrario que en el jazz, en los conciertos de rock, pop o como tú prefieras llamarlos, necesitamos que nos repitáis las mismas canciones tal y cual las conocemos. Sin embargo tú siempre has sido un rompepelotas y nunca cantarías el mismo tema de la misma manera en que todos lo queremos recordar. Así pasó entonces y así ha pasado siempre contigo.
Machacas las canciones. Las trituras. Casi las aullas. Apostaría a que estás harto de ellas.
Tantas veces repetidas. Tantas veces convertidas en letanías para tantos. Significando tanto para tantos. Quizás te tiente aplastarlas para ver si sale algo nuevo de ellas. Alguna materia fertil que tú no conozcas. Algo propio. Cuando alguien es así de grande, adquiere la voz de todos y pierde su propia voz. Eso te ha pasado a ti y puedo entenderlo. Pero lo de cumplir 70 años, eso, Bob, eso no te lo perdono.
"Yo no creo que el demonio exista. Quizá usted sí crea en su existencia. Acerquemos posiciones: si alguien me convenciera de que hay demonio, apostaría lo que más quiero a que Robert Johnson le conoció personalmente. No por la leyenda, sino por los hechos. La leyenda, muy conocida, dice que Robert Johnson vendió su alma al diablo en el cruce de carreteras de Clarksdale, Misisipi, a cambio de convertirse en el mejor guitarrista del mundo. ¿Los hechos? Casi no hay. Hay tres lápidas dedicadas a Johnson sobre tres supuestas tumbas. No parece que ninguna sea auténtica. Robert Johnson pasó por la vida como una sombra. Se desconoce su fecha de nacimiento, se desconoce la causa de su muerte (parece probable un asesinato con veneno), y quienes le trataron le recordaban como alguien fugaz, huidizo, sonriente, carente de amigos, en un continuo viaje. En palabras de Martin Scorsese, uno de sus devotos: "Robert Johnson sólo existió en sus discos, fue pura leyenda". Muchos biógrafos y musicólogos han trabajado durante años para desenterrar algunos datos. La hermanastra Carrie creía recordar que su madre le había dicho que Robert nació el 8 de mayo de 1911 en Hazlehurst, Misisipi. Es posible, pero no existen registros. Dicen que el padre de Robert abandonó a la familia porque un grupo de terratenientes blancos le perseguía para lincharlo. Sí se sabe que en 1929, con 18 años, se casó con Virginia Travis, y que Virginia murió al año siguiente mientras paría. El músico de blues Son House trató a Robert Johnson en esa época desgraciada, y le recordaba como un guitarrista pésimo, carente del más mínimo talento. Son House contaba que Robert Johnson desapareció durante unos meses, y que volvió convertido en un maestro supremo de la guitarra. Ahí comenzó la leyenda del diablo, de la que el propio Johnson habló alguna vez. Decía que, en efecto, había vendido su alma. Seis de sus canciones hablaban del diablo. Investigaciones posteriores indican que House no tardó unos meses, sino casi dos años, en rencontrarse con Johnson. En cualquier caso, Robert Johnson aprendió a tocar, cantar y componer ya adulto y en muy poco tiempo. Atención, no estamos hablando de niveles normales. Hablamos del mejor bluesman de todos los tiempos. Hablamos del compositor de Love in vain. Hablamos de un hombre que sólo dejó dos sesiones de grabación y hoy es considerado uno de los mejores guitarristas de la historia. Cuando los Rolling Stones hicieron una versión de Love in vain para el disco Let it bleed, Keith Richards se negó a interpretarla como blues para no incurrir en sacrilegio. En noviembre de 1936, Robert Johnson grabó varias canciones en San Antonio (Texas). Entre ellas, Crossroad blues (El blues de la encrucijada). Si la escuchan ("Fui a la encrucijada y caí de rodillas, pedí al Señor, ten piedad, salva, por favor, al pobreBob") creerán que, en efecto, Johnson sufrió una experiencia terrible en un cruce de caminos, porque en su voz se percibe un terror absoluto. Parece verosímil, y menos sobrenatural, que en una encrucijada hubiera corrido un serio peligro de linchamiento. Al año siguiente, en Dallas (Texas), grabó otro puñado de canciones. Una de ellas era Love in vain, maravillosa, inmensamente triste. Robert Johnson murió el 16 de agosto de 1938, a los 27 años, en un cruce de caminos, cerca de Greenwood (Misisipi). Todo hace pensar que fue envenenado. El músico Sonny Boy Williamson, que tocaba con él aquellos días, explicó que alguien puso estricnina en el whisky de Johnson por un lío de faldas. Hay tres lápidas en Greenwood dedicadas a Robert Johnson, sobre tres supuestas tumbas. No parece que ninguna sea auténtica. Se cree (al menos lo cree Sony, que edita sus grabaciones) que el guitarrista fue enterrado bajo un árbol, sin lápida ni cruz, al lado del cruce de caminos. En su canción Yo y el diablo, Robert Johnson decía: "Enterrad mi cuerpo junto a la carretera, para que mi viejo y malvado espíritu pueda subirse a un autobús de la Greyhound y viajar". El cruce de las carreteras 61 y 49 en Clarksdale (Misisipi), donde se supone que el diablo afinó la guitarra de Johnson, se ha convertido en lugar de peregrinación. En 1973 se descubrieron dos fotografías de Robert Johnson, en poder de su hermanastra Carrie. Una de ellas ilustra este artículo. Eso y unas pocas grabaciones es todo lo que hay. El resto es leyenda diabólica."
La guitarra que afinó el diablo Enric González (El País - 19/10/2008)
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