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6 feb 2013

Jazz con chelo

¿Por qué un instrumento de tanta personalidad y prestancia como el violonchelo ha dejado tan poca huella en la música popular y concretamente en el jazz? Es probable que haya motivos musicales y culturales para ello. Entre los primeros habría que contar con el hecho de que el nicho musical en el que podría entrar el chelo ya estaba ocupado por el contrabajo en la sonoridad grave y por otros instrumentos de cuerda en la sonoridad alta. Entre los segundos, ese rechazo puede que proceda de la excesiva vinculación del violonchelo con la música sinfónica occidental en la que siempre ha sido un instrumento prototípico. Los jazzmen siempre han querido marcar distancias con la música clásica. Es famosa la anécdota que cuenta Charles Mingus en su enloquecida autobiografía, cuando comenta que abandonó el chelo  tras decirle un amigo que aquel instrumento era asunto de blancos y no para que lo tocasen los negros, cosa que el adolescente y antirracista Mingus se tomó al pie de la letra. 
 El chelo entró en el jazz de la mano del contrabajo, tocado en pizzicato y por lo tanto sin arco. Las dos figuras pioneras fueron Harry Babasin y Oscar Pettiford dos instrumentistas importantes -en el caso de Pettiford  decisiva- en la evolución del contrabajo moderno pero que necesitaban la clase de experiencias que les  podía proporcionar un instrumento tan melódico como el violonchelo.  
Muchos otros grandes contrabajistas han explorado las posibilidades del chelo. Es el caso de Ray Brown, Sam Jones o Ron Carter. Este último fue de los primeros de usar el arco como lo demuestra en compañía de Eric Dolphy y Mal Waldron en su debut discográfico como solista.
 
Fred Katz fue uno de los primeros chelistas de jazz en estado puro.  Alumno de Pau Casals, tenía por tanto una sólida formación clásica antes de pasarse al jazz y convertirse en miembro del grupo de Chico Hamilton allá por los 50.  Pronto empezó a descollar por su labor compositiva y se encargó de la banda sonora en varias películas de Roger Corman. Aquí lo vemos en un concierto con el grupo de Hamilton en el Festival de Montreaux de 1989.

Es imposible cerrar una entrada sobre el violonchelo en el jazz sin citar a Abdul Wadud. Se trata de un músico clave en la incorporación del  instrumento a la nueva música improvisada free o cercana al free, nacida en los 60. Sus esfuerzos para alejarlo de su sonoridad convencional, buscando tonalidades exóticas, no le han impedido participar en experiencias sinfónicas tradicionales. En esta pieza vemos a Wadud en compañía del pianista Anthony Davis y del  flautista James Newton

2 oct 2012

Tres momentos y una canción

Simplificando de forma injusta una brillante aunque corta trayectoria musical, podemos resumir la carrera de Thad Jones en tres momentos y una canción. El primer momento fue su nacimiento en el seno de una familia de diez hermanos que regaló al jazz tres músicos de calidad extraordinaria: Hank, Elvin y el propio Thad. Su segundo momento sería su entrada en la orquesta de Count Basie en 1954 donde el trompetista pudo demostrar su talento como compositor y arreglador. El tercero fue cuando esas dotes dieron su fruto con la formación de la Thad Jones/Mel Lewis Orchestra en 1965. Esta gran orquesta podría ser su legado más duradero a la historia del jazz si no  hubiera tenido la feliz idea de crear una canción al que estará ligada su memoria para siempre. 
A Child is Born es un tema compuesto por Thad en 1969 con letra posterior de Alec Wilder. Probablemente la idea para la pieza proceda de un drama navideño de Stephen Vincent Benet con el mismo título, muy popular en los 50, donde se recreaba el nacimiento de Jesús. Un tema de talante navideño, que es cuando más suena, pero con un  toque poético tan poderoso que ha deslumbrado a aquellos que han convertido el lirismo en su forma habitual de expresión. En 1984, Stanley Turrentine, en compañía de George Benson, Ron Carter y Jimmy Smith entre otros, realiza esta conmovedora versión. Es necesario acabar con una interpretación cantada. Hay muchas. Como la de Sheila Jordan -que no he localizado en Internet- Carmen McRae, Dianne Reeves etc..Quizás la más conocida sea la que grabaron Bill Evans y Tony Bennett en su segundo disco juntos, pero para no repetir intérprete pondré una versión grabada por Dee Dee Bridgewater en el Festival de Montreaux de 1990.

13 may 2012

Booker Litle, deslumbrante y fugaz


En el santoral trágico del jazz hay un capítulo iluminado por la presencia de inmensos trompetistas muertos en su prometedora juventud. 
Clifford Brown, puede ser el paradigma. Fats Navarro, la alternativa a Dizzy en su propio territorio estilístico. Lee Morgan, algo mayor que los anteriores, era la gran  esperanza de su instrumento en el hard bop de los 60.  ¿Y Booker Litle?  
Booker Litle era ésto: Man of the words un tema dedicado a su productor y afamado crítico musical, Nat Hentoff, en un disco absolutamente imprescindible dentro de cualquier antología de jazz moderno: Out Front. La luz acompaña a la tragedia: el disco fue publicado el mismo año en que Booker Litle fallecía, con tan solo 23 años,  a causa de una uremia. 
Cualquier músico con 23 años es solo un principiante. Incluso en el jazz, donde abundan los genios prematuros, es difícil encontrar alguien con una personalidad tan original y propia a tan corta edad.  Booker Litle lo logró en una carrera musical de sólo 3 años. Parece imposible hacer tanto en tan poco tiempo, pero lo consiguió.  Cuando era un adolescente y estudiaba música en Chicago se encontró con Sonny Rollins. Éste le aconsejó que no se dejará influir demasiado por los otros músicos, que buscara su estilo propio, fuera bueno o malo. Al parecer siguió el consejo a raja tabla. A través de Rollins conoció a Max Roach que ve en el chico un sustituto ideal de Kenny Dorham o incluso del siempre recordado Clifford Brown. Booker Litle permanece con el quinteto de Roach durante dos años y graba su primer disco como solista: Booker Little 4 and Max Roach. En este vídeo en mal estado de 1958 podemos ver al grupo tocar en el programa Stars of Jazz de la ABC americana. . En 1960 Booker se ve con fuerzas para iniciar una carrera en solitario. Si ya con anterioridad había participado en grabaciones de Slide Hampton y Bill Henderson ahora se convierte en figura deseada por los grandes artistas del momento.  Coltrane y de nuevo Max Roach lo consiguen y es parte del elenco en dos discos históricos: Africa/Brass del saxofonista y ese manifiesto antiracista y comprometido de Roach titulado We Insist! Freedom Now.  
En sus dos últimos años llega a grabar hasta 14 álbumes pero ninguno de ellos alcanza la fuerza y calidad de los que realizó con un auténtico alter ego musical,  Eric DolphyFar Cry, con Ron Carter y Roy Haynes de 1960 y el ya comentado Out Front donde comparten cartel Julian Priester al trombón, Don Friedman al piano, dos contrabajistas Art Davis (con el arco) y Ron Carter y el maestro Max Roach a la batería. Es la pieza mayor de su carrera. Un disco sorprendente donde se concilian valores aparentemente opuestos: luminoso y oscuro, pulido y abstracto, audaz y clásico. Solo Mingus podría conciliar tantas cosas en una sola obra. La última gran obra con Eric Dolphy son las grabaciones que Rudy Van Gelder realizó en el Five Spot, la meca del free neoyorquino, en  julio de 1961 tres meses antes de la muerte de Litle. Dolphy de genial multinstrumentista tocando el saxo alto, el clarinete bajo y flauta; Mal Waldron al piano, Richard Davis a la batería y Ed Blackwell a la batería. Una sesión maravillosa y mágica de una intensidad inaudita. Dejemos al malogrado Booker a ritmo de vals. El mismo lo bautizó con su propio nombre. Son 14 minutos y 39 segundos de rotunda y explosiva belleza. O así me lo parece a mí.

29 ago 2009

Beatrice


Tras su paso fugaz, apenas dos meses de estancia, en el quinteto de Miles Davis, el saxofonista Sam Rivers publicó en 1964 un álbum titulado Fuschia Swing Song en el que contó con la colaboración de Ron Carter y Tony Williams, a su vez antiguos componentes del quinteto del trompetista y de su amigo pianista Jaky Byard. Aunque muchos asociaban a Rivers como un tipo de la vanguardia pura cercano al Free Jazz, sorprendió a todos con un disco reposado y clásico donde destacaba en el quinto corte una balada dedicada a su propia mujer, Beatrice:


Pronto el tema, con su maravillosa melodía inicial, se incorporó al repertorio de muchos saxofonistas tenores como Stan Getz o Joe Henderson. Este último, tiene una versión extraordinaria en su disco "The State of Tenor" grabado en 1985 en el Village Vanguard. Esta es otra grabación del mismo tema, por el mismo intérprete en el que le acompañan
Al Foster a la batería y Charlie Haden al contrabajo:


Beatrice, convertida en la pieza más emblemática de su autor,
se ha hecho imprescindible en cada uno de los conciertos del hoy octogenario, pero aún activo instrumentista. Esta es su versión en directo del año 1989:


Y la actuación estelar de:

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