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6 jun 2012

Volando al 58

Suena a puro sacrilegio escribir sobre los temas más laureados de 1958, en un blog que se llama Sinfonía Azul, sin citar a una canción italiana que reventó las listas mundiales de ese año. 
¿Del año tan solo? 
Ha pasado tanto tiempo y sigue resonando en nuestra vida, fresca y risueña como un sábado soleado de primavera. 
Su carrera triunfal había empezado con su victoria en San Remo, luego solo quedó tercera en el Festival de Eurovisión y ya en el 59 ganó dos premios Grammy, entre año el de la mejor canción, algo inaudito para un tema no cantado en inglés. Nel blu dipinto di blu, conocida por todos como Volare, es un canción onírica donde el sueño y la realidad se mezclan para soltar las riendas del amor y dejarlo que levite en el aire hasta niveles exultantes. Para ello cuenta con uno de esos estribillos afilados que te azuza desde dentro y te obliga a corearlo como un poderoso mantra. No es raro que en su país de origen se haya convertido en un signo de orgullosa identidad y también en un símbolo político de libertad. Incluso pedagógicamente tiene influencia: en las clases de italiano era una de las primeras cosas que nos hacían escuchar para aprender el idioma.
Oírla o verla una vez más tampoco creo que importe demasiado. 
¿O mejor dos veces? 
La primera obligatoriamente debe ser la del maestro Modugno con todo su característico  frenesí gesticulatorio.  La segunda, en versión jazzística acelerada, está interpretado por el trío del organista Joey DeFrancesco, acompañado por el guitarrista Frank Vignola y el batería Joe Ascione. Con su órgano y su orquesta de movimientos milimétricos, el Rey del MamboDámaso Pérez Prado arrasaba en las salas de baile en el verano del 58 con un cha-cha-cha llamado Patricia, un tema del que autor siempre se sintió especialmente orgulloso. En este vídeo podemos verlo tocar con su espactacular combo y además con extra incluido, el mambo El ruletero.
Tercer órgano en la entrada y ahora ya rumbo a las estrellas porque nadie hizo tanto con un órgano Hammond B-3. El hombre que sacó al instrumento de las iglesias y lo llevo a las despejadas avenidas del jazz. Me refiero naturalmente a Jimmy Smith y a su álbum clásico de 1958, The Sermon. Sólo tres temas componían el disco original grabado en dos sesiones aunque posteriormente salió un recopilatorio con temas inéditos. El que lleva el título del álbum dura 20 minutos y allí Smith se deja llevar a donde la música quiera dirigirle. Se siente protegido y apoyado por un elenco de músicos realmente excepcional. Con él están el trompetista Lee Morgan, el trombonista Curtis Fuller y en sesiones distintas, tres saxofonistas -Harold "Tina" Brooks, George Coleman y Lou Donaldson- las guitarras de Kenny Burell y Eddie McFadden y la percusión de Donald Bailey y Art Blakey auténtico espíritu creativo en la sombra. Para esta versión de Flamingo que cierra el álbum, se rodea de la crème de la crème: Kenny Burrell, Art Blakey y Lee Morgan.  Lógico que después de oírlo, uno sienta que hay emociones que sólo la música puede expresar.

Y la actuación estelar de:

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