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30 oct 2014

La cantaré hasta que me muera

Cuesta mucho hablar de un tema musical que ha sido una de las canciones populares más interpretadas y grabadas a lo largo del siglo XX. Cuesta mucho porque apenas puedo poner un puñado de versiones de las más de 15000 que se han grabado de ella, pero también porque hay que discriminar muchas historias y leyendas que la tienen por protagonista.
 
(Hasta el minuto 2,30)
Su autor, Hoagy Carmichael (ver la entrada que le dediqué en su día) fue el primero en contribuir a la difusión de su leyenda cuando dijo que se le ocurrió cuando volvió a su viejo campus universitario y mientras miraba el cielo estrellado se acordó de una antigua amiga de entonces. Probablemente el proceso de creación fue más gradual y en él debió algo que ver la música intrincada que practicaba por entonces un viejo amigo suyo llamado Bix Beiderbecke.
Sea como sea, un Día de Difuntos de hace 87 años se grabó por primera vez Star Dust que era como se llamaba por la pieza por entonces.  
Sí, tiene poco que ver con esa pieza ensoñadora, lenta y penetrante que conocemos todos, pero eso fue producto del trabajo de Mitchell Parish, el hombre que le puso letra y unificó el título convirtiéndolo en Stardust ya en 1929. No era una canción destinada al jazz, fue concebida como una melodía pop, pero siendo aquel género la música mainstream de la época fue inmediatamente incorporada al repertorio de las bandas de swing. Una versión canónica es la que aparece en el fragmento de arriba de Stardust Memories, homenaje de Woody Allen al tema, interpretada por Louis Armstrong en 1931. Luego pasó por todos las grandes figuras musicales del momento: Bing Crosby, Roy Eldridge que puse en la entrada anterior y la de Benny Goodman y Tommy Dorsey que curiosamente aparecen en un mismo disco. Para Buddy DeFranco, que de ese instrumento sabe mas que nadie, el mejor solo de clarinete de todos los tiempos es el que realizó, en su grabación del tema, Artie Shaw en 1941.

Semanas más tarde de esta publicación, la orquesta de Duke Ellington actúa en Fargo, la de la película y la serie, en Dakota del Norte. Dos aficionados graban el concierto - donde la pieza estelar es Stardust - y muchos años más tarde, en 1964, se publica, convirtiéndose en una joya musical para todos los aficionados. Sin duda en ello algo tuvo que ver el solo de Ben Webster.

En 1956, Nat King Cole con su álbum Love is the Thing consigue el primer puesto en las lista de éxitos de Estados Unidos y Gran Bretaña. Dentro del disco, su tema de bandera es su versión vocal de Stardust, que casi hace olvidar la que había hecho algunos años antes el mismísimo Frank Sinatra.
 
Puede parecernos un tema anticuado, casi como salido de un viejo baúl donde se guardan los discos de pizarra, pero el rock, el pop y el jazz postbop han usado este viejo tema sin gastarlo nunca. John Coltrane, Dizzy Gillespie, Paul Desmond con Dave Brubeck, Eddie Cochran, Billy Ward and His Dominoes, Mina, Rod Stewart, Ringo Starr  o Willie Nelson.
Mel Torme dijo una vez que es uno de los ejemplos más agridulces de amor perdido jamás compuestos. "La cantaré hasta que me muera".
 

Dos semanas más tarde de su última interpretación de Stardust - para un programa de televisión-  Mel sufrió un derrame cerebral que le impidió volver a cantar.

7 may 2014

Fe de carbonero

Este es un texto antiguo que ya he paseado por este blog. Ahora lo publico de nuevo ligeramente retocado y añadiéndole un vídeo. Le tengo especial cariño aún sabiendo de sus carencias. Al reponerlo, he pensado en todos aquellos que habéis tenido la gentileza de entrar en este rincón desde aquel ya casi lejano 2008 en que nació esta entrada y el propio blog.
  • Muchacho, eh, muchacho. Súbeme un saco de carbón, por favor.
  • Al momento, Miss Dolly
  • Has llegado pronto. Toma chico es para ti. 
  • ¡Hmmmm! Gracias, Miss Dolly, es usted muy generosa. 
  • Oye, hace días que vienes por aquí y quiero hacerte una pregunta. ¿Eres hijo de Mayann? Eres clavadito a ella. La conocí hace mucho tiempo en Perdido Street. La verdad es que entonces éramos inseparables. Trabajábamos juntas en...
  • No se preocupe, sé a que se dedicaba mi madre en Perdido Street
  • Eres espabilado ¿eh? Así son las cosas. Lo tenemos muy duro los negros pobres. 
  • Conmigo no pasará lo mismo. 
  • ¿Ah no? ¿Acaso te vas a hacer predicador o maestro?
  • Mucho mejor: sé tocar la corneta. Entraré en una banda y me haré famoso.
  • Eso no es muy seguro, hijo. Muchos músicos han acabado de chulos en este barrio o incluso pidiendo por las calles. Es todo tan triste.
  • Yo traeré la alegría a estas calles, Miss Dolly
  • Te veo con mucha fe, chico. Por cierto, si vas a ser famoso ya es hora de que conozca tu nombre para poder decir algún día que yo conocí al gran... ¿Cómo te llamas, muchacho? 
  • Llámeme Lou, el hijo de Mayann, su amiga. Con que diga eso es suficiente.

3 jul 2013

Jazztronomía veraniega

No sé a vosotros, pero a mí cuando llega el verano me apetece comida ligera, jugosa y variada.
Para curarme en salud, procuro evitar las tentaciones de la carne en su vertiente más pecaminosa y visceral, es decir todo aquello relacionado con la casquería. Adoro los callos, pero más por sus complementos que por su naturaleza intrínseca y podría soportar después de varios días de vigilia vegetariana las virtudes de mondongos, tripes, haggis o los chitterlings que es la versión afronorteamericana de lo que en el sur del continente llaman chinchulines y en la España castiza y rotunda, gallinejas.
 

Con el picante tengo un dilema, no me conviene y debería evitarlo pero ¿no es mejor dejarlo al albur de la sorpresa? Mi conciencia picantosa queda a salvo gracias a los exquisitos pimientos de Padrón, ya que hago mío el viejo dilema tan galaico como hamletiano: uns pican e outros non. Lo siento, pero a estas alturas la comida mexicana me supera, aunque me guste como pocas.  
(Si falla Goear éste es el enlace)
Ahora está muy de moda la cocina oriental y siempre te salva de algún apuro si tienes prisa, paseas por la calle y te apetece comer en un cucurucho.
 

Lo malo es el arroz, se hace inconcebible la cocina oriental sin arroz. ¿Pero como vas a comer arroz por la calle? Y si hay que ponerse en plan serio en convite de mesa y mantel, me alejo de Oriente y opto por lo más cercano ya que casi nunca te defrauda. Ahora toca el postre. Lo siento pero siempre necesito algo bien frío y por mucho que se invente en el ramo de la repostería, un helado tradicional siempre te salva de apuros. Deseo que hayan disfrutando de su comida y que la vida tenga a bien concederles felices digestiones.

4 oct 2011

Simplemente, Red Nichols

 En días pasados Félix Amador Gálvez en su excelente blog "Jazz, ese ruido", una bitácora absolutamente imprescindible para los que amamos el jazz,  hacía referencia a  un film biográfico, un biopic, dedicado a Red Nichols, una semiolvidada figura de la escuela de jazz  blanco de los años 20 y primeros años 30, antes de la eclosión del swing.   

A partir de la entrada he tenido ocasión de de ver Tu mano en la mía el horroroso título español  para The Five Pennies, film realizado por Melville Shavelson en 1959 e interpretado en su papel principal por un contenido Danny Kaye. En el elenco principal aparece también  Louis Armstrong, figura inevitable en los films de o con jazz de aquel período,  y otra serie de figuras del género como el batería Shelly Manne o el cantante Bob Crosby. Además el propio Red Nichols interpreta los números a la trompeta tocados en la pantalla por Danny Kaye. Es el caso de este Battle Hymn Of the Republic compuesto a mediados del siglo XIX y popular en la Guerra Civil americana de la década siguiente. Estas variaciones sobre temas tradicionales constituyen uno de los pilares básicos sobre el que se asentó el primer jazz.

A mi modo de ver The Five Pennies es una película agradable que adolece de esos tópicos lacrimógenos que solían acompañar a aquellas películas biográficas de los años 50 dedicadas a músicos de jazz blancos. Hay que recalcar lo de blancos, Hollywood no estaba en condiciones o no quería levantar las barreras raciales. Aquellas eran historias ejemplarizantes en que sus protagonistas -caso de Glenn Miller en Música y Lágrimas- a pesar de tener un destino trágico acababan redimiéndose o redimiendo a su entorno. En este caso no hay la muerte del protagonista, pero si la historia de un hombre que renuncia a su carrera musical para cuidar de su hija enferma de poliomielitis. Sin embargo la vida le ofrece otra oportunidad y puede volver a retomar su vida artística muchos años después. La historia es real y  el éxito del film ayudó a relanzar la carrera de Red Nichols  músico importante en aquella escuela de músicos blancos criados en Chicago y triunfantes en Nueva York.  Por su grupo, The Five Pennies, -nombre engañoso ya que se trataba de una verdadera big band- pasaron en su primera época gente de la talla de Benny Goodman, Jimmy Dorsey, Glenn Miller, Jack Teagarden o Joe Venuti

Recogen algunas fuentes y comenta Félix, que Red Nichols llegó a hacer más de 4000 grabaciones en aquellos años. En Europa consiguió un éxito rotundo antes de que la llegada de las grabaciones "calientes" de los músicos afroamericanos borrase la estela de aquellos "pioneros" blancos. Este su gran hit de aquellos tiempos: Ida Sweet As Apple Cider.

Cuando era célebre, lo compararon con Bix Beiderbecke e incluso con el propio Armstrong. Luego los que antes lo apoyaban dijeron de él que tocaba de una forma rígida y envarada, que era un impostor, un tipo sin escrúpulos que grababa discos con nombres y grupos ficticios para amasar dinero. Lo dejó todo a mediados de los 30 y en la plenitud de la época swing solo era una reliquia olvidada en el pasado. Tras la guerra dejo su trabajo en los astilleros para volver a retomar su carrera artística. Red  tuvo cierto papel en el resurgir del jazz tradicional a finales de los 40 y principios de los 50, aunque en su juventud había practicado una música mucho más cercana al swing que al sonido de Nueva Orleans. Siguió actuando en clubes hasta su muerte en 1965.

6 sept 2010

Orgullo de hija, orgullo de padre

Parodiando el célebre título del maestro Bergman prefiero los gritos a los susurros cuando se trata de cantantes femeninas de jazz.



Mis respetos para las grandes intérpretes amantes de la bossa nova y demás, pero cantar bajito para sonar sexy y sobre todo para que no se vean las propias carencias vocales no es lo que más me divierte en el terreno musical. Prefiero otra cosa, por ejemplo a esta chica que es más feliz actuando en  un pub en medio de la gente que dando el cante en un conservatorio o en un estudio de grabación.



No os confundáis no todo es velocidad y griterío en Catherine Russell, a veces no tiene reparos en sentirse lánguida, algo perezosa y dejarse llevar a donde la música quiera dirigirla.



Catherine es hija de Luis Russell, aquel pianista de origen panameño que se convirtió en uno de los grandes impulsores del jazz de Nueva Orleans hasta el punto de heredar la orquesta de Kid Ory y convertirse en la mano derecha de Louis Armstrong. De aquellos formidables músicos e incluso de su madre, intérprete de conservatorio, aprendió el valor de la música en directo, en vivo, sintiendo el calor y el sudor del público.  Por eso quizás ha sido tan remisa en sus grabaciones discográficas. Ha preferido acompañar a otros artistas y ha publicado solamente tres discos a su nombre con un éxito extraordinario. En el último, Inside this Heart of Mine, hay uno de su "padrino" Satchmo. Es uno de sus temas legendarios de la época de la Hot Five.



Sí,  Catherine Russell es amiga de la tradición y recupera el sabor añejo de las viejas intérpretes, desde Bessie Smith a Ruth Brown. Quizás le falte sofisticación manierista y no tenga nada que ver con las cantantes de piano bar que se llevan ahora.  Es auténtica y no necesita afeites ni una atmósfera romántica y envolvente para difuminarse.



Aquí interpreta con toda la emocion posible este hermoso blues compuesto por su padre y Louis Armstrong. Un orgullo de hija, un orgullo de padre. Todos contentos.

14 ene 2010

Maldiciendo sueños



Era noviembre de 1939 y solo dos meses antes había comenzado la mayor conflagración bélica que había conocido la historia.  En Nueva York el nerviosismo se palpaba en el ambiente y la gente no estaba para fiestas; ni siquiera el teatro o la alegre música swing eran capaces de calmar el ánimo agitado y ansioso de sus gentes.
Difícilmente podía triunfar una comedia musical en estas condiciones, por mucha ilusión, empeño y dólares que se pusieran en la tarea. A Swingin 'the Dream le ocurrió eso.
Se trataba de una obra basada en El Sueño de una noche de verano de William Shakespeare en el que Louis Armstrong interpretaba el papel de Oberon  y el septeto de Benny Goodman ponía el fondo musical junto a otros grupos del momento. Además el propio clarinetista de Chicago era el supervisor musical. Solo hubo 13 representaciones que constatan un fracaso espectacular, absoluto y sin paliativos. Tampoco los músicos se lo tomaron muy en serio, ni creían en el proyecto, tal como comenta Eddie Condon en su celebrada autobiografía.
 ¿Que quedó de todo aquello? Exclusivamente su tema principal, escrito por Jimmy Van Heusen y Eddie DeLange. Una obra maestra que ha perdurado hasta nosotros gracias a su misteriosa y aterciopelada belleza. Estoy hablando de Darn that Dream y estas son algunas de las versiones más interesantes que se han realizado de esta joya resplandeciente.

La más antigua es de Billie Holiday en 1940:





En el mítico disco, Birth of the cool, el noneto de Miles Davis realiza una de las interpretaciones más conocidas y canónicas del tema. El cantante era Kenny Hagood:





Convertida en tema imprescindible del movimiento cool es interpretada por el grupo de Gerry Mulligan y Chet Baker en 1953:





Aquí lo interpreta en directo, Ahmad Jamal con su habitual estilo barroco y estilizado. Aparte de la música, la secuencia es un tratado psicológico de la visión que se tenía del jazz en 1959:





En 1963, Bill Evans y Jim Hall realizan Undercurrent, un álbum antológico dentro de esa corriente de jazz impresionista, calmada y envolvente que es la seña de identidad de ambos músicos. Allí está también Darn that swing:





Finalmente, también aparece en ese disco imprescindible de Thelonious Monk, Solo Monk, de 1965:


18 dic 2009

¿Jazz y/o arqueología?




Fue grabar y besar el santo. La cantante italiana Roberta Gambarini (ver la entrada Pasad por la puerta) lanzó su primer disco en solitario, "Easy to Love", en el 2006 y se convirtió en la nueva esperanza, luego han llegado otras, en el hambriento panorama del jazz vocal femenino. Su acompañante de aquel año, el viejo y siempre caballero Hank Jones dijo que no había aparecido una cantante tan buena desde los años 50. ¿Cosas del hambre?



Con Easy to love, fue nominada a los premios Grammy del año 2007, al igual que con el último, So in Love acaba de ser nominada para los del año 2010.



Aunque ahora las cosas le van viento en popa, Roberta ha trabajado duro para conseguirlo. Empezó a cantar en clubes del Norte de Italia y se presentó a varios concursos para nuevos talentos. En 1998 consigue una beca para estudiar en Boston y siendo una cantante completamente desconocida queda en tercer lugar en el Festival Thelonious Monk de Jazz Vocal. Luego todo fue sobre ruedas actuando con grandes big bands y pequeños grupos e imponiendo un estilo vocal de corte instrumental con predominio de temas en estilo scat, siguiendo la estela de su admirado Louis Armstrong



La prueba más admirable de su purismo vocal y de su conocimiento casi arqueológico de la historia del jazz, la tenemos en su interpretación de "On the sunny side of street" que reproduce nota a nota, solo a solo, una famosa grabación del mismo tema en un disco legendario de 1957 de Dizzy Gillespie, Sonny Stitt y Sonny Rollins.
Así aparece el tema en "Sonny Side Up"



Así lo canta ella, en Easy to love. Podéis hacer un juego: escuchar ambas versiones durante un determinado período de tiempo o un número determinado de acordes y comprobar si existen o no existen diferencias entre ellas:

12 may 2009

Triunfar en París


En su autobiografía, Sidney Bechet cuenta como su abuelo Omar sedujo a la belleza mestiza Marie que a su vez era requerida en amores por un rico plantador. Este, al ver frustradas sus pretensiones, decidió hacer perseguir al escapado Omar con saña por los pantanos y luego asesinarlo por medio de un esbirro. El plantador adoptó al hijo de Marie e incluso decidió darle su apellido francés. Para Lucien Malson esta historia podría estar detrás del persistente deseo del músico por triunfar en París.





Uno pensaba que Sidney Bechet, el primer gran solista del jazz junto al gran Satchmo, se había largado a París en la troupe de la maravillosa Josephine Baker había bajado a uno de esas cavas humeantes y oscuras de la Ciudad de la Luz y sólo había salido de allí con los pies por delante. Pensaba que era otro símbolo del americano en París: como Hemingway, Gertude Stein, Gene Kelly en la célebre película o Jean Seberg vendiendo -como nunca se ha vendido un periódico- el Herald Tribune en los Campos Elíseos.




Craso error, Sidney Bechet intentó tres veces la aventura parisina y solo en las postrimerías de su vida alcanzó su triunfo soñado.
En la primera ocasión se había unido a la Southern Syncopated Orchestra y era solo un joven prometedor que tocaba el clarinete. Más que en París, su actuación llamó la atención en el Londres de 1919 donde recibió elogios en alguna revista, teniendo el honor de ser el primer músico de jazz solista reconocido en la prensa europea. Es en Londres donde consigue su primer saxo soprano que pasó a ser su instrumento por antonomasia.




Pasó los primeros años de la década de los veinte en la Gran Manzana realizando sus primeras grabaciones, alguna con el mismo Louis Armstrong, y finalmente regresó a París, ahora sí, con La Revue Négre de Josephine Baker. Este viaje fue más largo -de 1925 a 1931- aunque tampoco especialmente glorioso, sobre todo a raíz de su paso por una cárcel francesa tras haberse liado a balazos con otra músico de la orquesta. En los 30, sufrió duramente los efectos de la Gran Depresión e incluso tuvo que abandonar la música durante un tiempo para montar una sastrería en Harlem. Su "salvación musical" se produjo con el Renacimiento del estilo Nueva Orleans a finales de los 30 y principios de los 40.
1949 supuso su vuelta a París, el triunfo y el reconocimiento tan deseado. Su célebre "Petite Fleur" lo convirtió en ídolo de masas y casi lo integró en el exclusivo mundo de la chansón. La cosa le fue tan bien que terminó casándose a lo grande, disfrutando del homenaje de sus muchos admiradores y gozando de la plenitud de su gloria hasta su muerte en 1959.


Su sonido nítido, poderoso, fuerte, compacto y siempre brillante quizás refleje bien el carácter de este ambicioso criollo que al final pudo cumplir su más ansiado sueño: triunfar en París.


17 abr 2009

Wynton en El Olimpo del Jazz


Tiene que ser allí, seguro. Mejor preguntarle al tipo ese gordo que está fumando delante de la puerta.
  • Oiga patrón, ¿es éste el club El Olimpo del Jazz?
  • Efectivamente, my dear. Este es, sin ningún género de dudas, el auténtico y maravilloso Olimpo del Jazz.
  • ¿Ese acento inglés? Solo puedes ser tú, Charlie Parker. No te reconocía. Es el momento más emocionante de mi vida. Ufffff no sé si podré soportarlo. Estar con Bird en persona. ¡Dios, que generoso eres conmigo!
  • ¿Quién eres tú que tanto me aclamas?
  • Soy Wynton. Wynton Marsalis, el trompetista. El heredero de tu genialidad.
  • No te conozco pero si dices que eres el heredero de mi genialidad tendré que tomarte en serio. Toca algo, mientras llamo a los muchachos para que te oigan.
  • Chico, no voy a negar que tienes una gran técnica pero estás tocando Donna Lee casi como lo haría yo. Interpreta algo de tu época, quiero saber como os lo hacéis los nuevos músicos

  • Satchmo, aquí hay un tipo que te imita como nadie y quiere entrar en el club.
  • Ahh eso no, Bird. Jejeje, las reglas son muy estrictas. Originalidad o nada. ¿No tienes nada propio o que puedas tocar a tu manera?
  • Perdona Louis, interpretaré otra pieza. Teneis que entender que es muy difícil alcanzar la inspiración cuando te escuchan los más grandes.

  • Mucho talento, una buena interpretación sin duda. Pero Wynton, esa pieza es y parece de Duke. Veamos, para que no piensas que tenemos prejuicios contra ti y la música de tu tiempo, llamaremos a alguien más joven.¿No te parece, Satchmo? Acércate, Miles.
  • Uauuuu, Bird, tienes muy buena cabeza, que pena que no la usaras cuando eras un yonki.
  • Deja eso ya, Louis, ¿estoy muerto, no? He pagado mis culpas. Oye ¿donde se ha ido ese negro?
  • Ni idea. Cuando citaste a Miles Davis salió de aquí como si no quisiera que le alcanzase un rayo. No entiendo a esta gente joven, Bird. Todo era más fácil antes.
  • ¿Tú crees, Satchmo?
(Como sabéis muchos, en los años 80 hubo una enorme rivalidad entre Miles Davis y Wynton Marsalis. Este acusaba al primero de abandonar las raíces musicales afroamericanas y preocuparse más por llevar trajes a la última moda y conducir coches caros. Aquel en venganza, lo expulsó del escenario cuando Wynton subió prentendiendo actuar con él en una jam session en Canada. Eran otros tiempos. Ahora cada uno ocupa el lugar que seguramente le corresponde en esta música.
La foto es mía y está hecha con un móvil en la puerta del famoso club Ronnie Scott. Pido perdón humildemente a Esther Cidoncha por semejante atrevimiento)

28 feb 2009

Todas las cosas que podrías llegar a ser si la mujer de Sigmund Freud fuera tu madre


Parece ser que Charles Mingus no tenía excesiva buena opinión de la psiquiatría. Llevaba muchos años con un analista e incluso en una de esas situaciones tragicómicas que le tocó vivir, después de acudir un día al Hospital de Bellevue para pedir ayuda psicológica consiguió, muy a su pesar, que acabaran internándolo. Pero su irresistible sentido del humor le permitía hacer cosas tan extrañas como pedirle a su psiquiatra favorito que le sugiriese las letras de algún tema. Uno de ellos es éste que encabeza la entrada. (Se puede escuchar un fragmento). Tampoco nada de ésto es seguro, Mingus tenía una enorme capacidad para la fabulación y era capaz de inventarse cualquier cosa para echarle un poco de teatro al asunto..
Un tipo tan excéntrico, radical y tumultuoso, amante de las escenas teatrales y con un humor de mil demonios, tenía que hacer una música en consonancia con su personalidad y la hizo, vaya si la hizo.
Empezó en el jazz tocando con Louis Armstrong, colaboró con Duke Ellington y Charlie Parker y como en esa grabación tan extraordinaria del Festival de Antibes hizo buenas migas con el free Eric Dolphy. Estaba en todas partes y no estaba en ninguna. Podía lanzar unas declaraciones incendiarias atacando un estilo musical o incluso a un músico al que no tuviera simpatía y pocas semanas después realizar una jam session con él y tocando esa música que rechazaba con ardor.
Era Charles Mingus y todo lo que tocaba pasaba a incorporarse a su propia forma de hacer las cosas. Indefinible e indescriptible. Como este tema que suena de fondo que es una mezcla de soul, blues, jazz tradicional, gospel y todas las etiquetas que se quieran poner.
Por último, es curioso que siendo tan iconoclasta, tan suyo, tam individual haya tanta gente que se considera su heredera musical e incluso espiritual. Do ejemplos:
El precioso disco de Joni Mitchell titulado Mingus editado en el mismo año de su muerte, 1979
con un grupo fastuoso. Aquí la tenemos interpretando el tema emblema del contrabajista: Goodbye Pork Pie Hat:



Otros ejemplos de esta veneración musical se refleja en temas e incluso discos de homenaje como Weird Nightmare: Meditations on Mingus de 1992 y en los diversos grupos de jazz que llevan el propio del contrabajista: The Mingus Big Band, Mingus Orchestra y esta Mingus Dynasty, un grupo repleto de ases, que vió así en 1980 el mismo Better Get It In Your Soul que podemos escuchar de fondo:



20 nov 2008

Jazz en negro


El jazz y el cine negro siempre se movieron por territorios comunes. Son géneros que sólo tienen razón de ser con el auge del urbanismo contemporáneo, donde el crecimiento y desarrollo de las ciudades, crea y genera un estilo de vida que rompe con las tradicionales vínculos familiares y profesionales que caracterizaban a la sociedad occidental tradicional.
La mayoría de los grandes géneros de la música popular contemporánea nacieron en ambientes urbanos turbios más o menos cercanos a la delincuencia: clubs, cabarets, bares, burdeles, casinos etc. Es ese el caso del fado, nacido en tabernas populares. Del bolero, que siendo de origen europeo, eclosionó en los grandes y casinos salas de baile cubanas. El tango, una música que se autoafirmó en los arrabales y los prostíbulos. ¿Y que decir del jazz? nacido en los guetos negros de Nueva Orleans y luego difundido a través de los clubs de Chicago y Nueva York donde la gente deseosa de alcohol y fiesta, burlaba la estúpida Prohibición mientras hacía inmensamente poderosos a los ídolos del momento: gangsters y contrabandistas.
Esa turbiedad fue materia de trabajo por los grandes autores de novela negra y finalmente para los osados directores que en el Hollywood dorado intentaron reflejar, con más o menos éxito, aquel ambiente urbano que les había tocado vivir. Sin embargo ambos géneros, siendo expresiones paralelas del mismo tiempo vital, llegaron a combinarse convincentemente en raras ocasiones. En los años 30, 40 y 50 la gran industria del showbusiness no podía permitirse ligerezas en el tema racial. Los negros solo tenían utilidad como sirvientes caricaturescos en las comedias y dramas o como músicos tocando en segundo término en escenas que tenían como escenario los típicos clubs nocturnos de la época. Y aún así eso era rarísimo, lo normal es que los jazzmen de color se limitasen a componer parte de la banda sonora. Otra característica del jazz en el cine negro, cuando aparece en imagen, es el uso de sus motivos para ambientes perturbadores, pesadillescos y donde los protagonistas se abandonan a cierta perversión lúdica.
Dos ejemplos del uso del jazz como motivo musical y formando parte de la puesta en escena:
El combo de Kid Ory solo se oye de fondo en la fantástica Crossfire (1947) de Edward Dmytryk:


Sin embargo, Illinois Jacquet actúa endirecto enCon las Horas contadas
( D.O.A.) de (1950) Rudolph Maté :


Con los músicos blancos hubo más suerte. En Phantom Lady (1944), el actor secundario Elisha Cook, un eterno apaleado en sus papeles en el cine negro, interpreta a un baterista de jazz que participa en una jam session:


También la industria se permite cierta versatilidad si el músico negro es toda una institución o si a mayores va acompañado por una estrella blanca bien querida por el público. El caso de Louis Armstrong y Mickey Rooney en The Strip (1951). En la sesión también está Jack Teagarden al trombón, Barney Bigard al clarinete y Earl Hines al piano:


En 1958,el saxo barítono Gerry Mulligan y su grupo, en el que se incluye el trompeta Art Farmer, actúa en el intenso melodrama protagonizado por Susan Hayward, ¿Quiero vivir?.Es una de las primeras películas de ficción en la que el jazz posterior al swing aparece en primer plano:


Es imposible no acabar esta pequeño repaso sobre el jazz y el cine negro clásico, sin citar esa maravillosa banda sonora que compuso Duke Ellington en 1959 para una gran película de Otto Preminger. Es Anatomía de un asesinato y comienza de esta manera:


Habrá más en el futuro. Prometido.

29 jul 2008

Fe de carbonero


  • Muchacho, eh muchacho. Súbeme un saco de carbón, por favor.

  • Al momento, Miss Dolly.

  • Has llegado pronto. Toma chico es para ti.

  • ¡Uauuu! Gracias, Miss Dolly, es usted muy generosa.

  • Oye, hace días que vienes por aquí y quiero hacerte una pregunta. ¿Eres hijo de mi amiga Mayann? La conocí hace mucho tiempo en Perdido Street. Ella, bueno, ella era...amiga mía.

  • No se preocupe, sé a que se dedicaba mi madre en Perdido Street.

  • Así son las cosas. Lo tenemos muy mal los negros pobres.

  • Conmigo no pasará lo mismo.

  • ¿Te vas a hacer predicador, acaso?

  • Mucho mejor: sé tocar la corneta. Entraré en una banda y me haré famoso.

  • Eso no es muy seguro, hijo. Muchos músicos han acabado de chulos en este barrio o incluso pidiendo por las calles. Es todo tan triste.

  • Yo traeré la alegría a estas calles, Miss Dolly.

  • Te veo con mucha fe, chico. Por cierto, si vas a ser famoso ya es hora de que conozca tu nombre. ¿Cómo te llamas, muchacho?

  • Llámeme Lou, el hijo de Mayann, su amiga. Con que diga eso es suficiente.

Y la actuación estelar de:

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