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27 feb 2015

Ramsey Lewis tendiendo puentes

Comercial
Un apelativo que te envía directo al infierno de los impuros, allí donde residen todos aquellos artistas musicales que supuestamente han vendido su alma por el vil metal. 
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Es lo que le escupieron los puristas del jazz a Ramsey Lewis cuando alcanzó el éxito en 1965 con este tema grabado en una actuación en el legendario club de jazz, Bohemian Caverns de Washington DC.
 
No sé esperaba semejante “traición” de un pianista de Chicago de sólida formación clásica y tan precoz, que a los 15 años ya era parte un grupo de jazz llamado The Cleffs. Posteriormente formó un trío con Eldee Young y Redd Holt, antes de realizar sus primera grabaciones con poco más de 20 años en el celebérrimo sello Chess de su ciudad natal. Sin embargo, en aquel fecundo año 1964 en que grabó 6 discos, tuvo ya un primer éxito en otra grabación en directo en el mismo local de la capital norteamericana.

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Puede y siempre que usemos el canon del jazz al uso. Es decir, el que prefiere mantenerlo a salvo de contaminaciones ambientales aunque éstas procedan de las mismas raíces musicales negras en las que se incubó el género durante buena parte de su historia. Esa mezcla del viejo blues y el nuevo rhythm and blues, gospel, naciente soul y sobre todo mucho mucho groove, solo  es admisible cuando se mantiene en unos cauces respetables o cuando es realizado por músicos que ya están por encima del bien y del mal: Cannonball Aderley, Horace Silver, Jimmy Smith, Wes Montgomery etc..
The in Crowd ganó un disco de oro (5º puesto por el tema y 2º como álbum) y un Grammy, pero no consiguió la adhesión de los dos socios de Lewis que deciden abandonar el trío y lanzarse a nuevas aventuras musicales. Entran Cleveland Eaton y Maurice White, fundador posterior y líder indiscutible de Earth, Wind and Fire. Es el período en que Ramsey Lewis consigue otros dos fenomenales éxitos con otras dos versiones: un número 1 de The McCoys y un viejo tema gospel.

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Indudablemente y mucho, pero también un pionero del movimiento funk que eclosionaría en los 70 con la música disco y aledaños. 
Hagamos una comparación con el tema que llevo a  Cannonball Aderley  a las listas de éxito y que  contó con la presencia estelar de Joe Zawinul en los teclados. ¿No creéis que está presente el mismo espíritu?
 
La carrera de Ramsey Lewis continuó en la Chess hasta 1972 en que firmó contrato con la Columbia. Maurice White, su batería, lo dejó en 1969, y con Earth, Wind and Fire creó el groove que dominó la década de los 70 y hasta ahora mismo. Llegó el smooth jazz, y Ramsey Lewis fue una de sus baluartes arrimado ya al teclado eléctrico.
Colaboraciones con diversos grupos y asociaciones, locutor en una de las emisoras musicales punteras del país y hasta  presentador de una serie titulada "Legends of Jazz" en la televisión pública norteamericana. También ha sido promotor de conciertos, compositor de obras para música clásica o ballet, doctor honoris causa por varias universidades y una personalidad en su ciudad donde corrió con la llama olímpica en 2002.

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Sí, lo es y lo ha sido. Seria absurdo negarlo. Lo que nadie puede dudar es que hay un gran músico detrás. Un músico más preocupado de tender puentes que de intentar dinamitarlos.

31 jul 2014

¿Y si el jazz no existe?

-Si se mantiene su teoría, el jazz corre serio peligro de convertirse en música de repertorio, ¿no cree?
-No es mi teoría. Es la verdad. La música que hoy día que se conoce como jazz sale de la comunidad de los negros como el blues, rock, soul, rhythm and blues, hip-hop y toda la música pop. Nadie discute de dónde vienen y dónde nacieron el bolero o el flamenco. No debe de ser un problema cuando yo digo que la cultura negra ha ofrecido algo de mucha belleza y valor al mundo entero.

-En cuanto a las nuevas generaciones de músicos de jazz, que no tienen ningún problema en cruzar fronteras musicales para incorporar sonoridades cercanas al pop, al rock, a la electrónica o al rap en el lenguaje jazzístico, ¿no cree que se trate de evolución?
-Creo que usted no entiende mi argumento principal. El jazz no existe. Fue degenerando en una fórmula inventada por una cultura dominante (los blancos), que se fue usando para crear una separación o división entre todas las músicas que usted enumeró. Los músicos nunca decidieron qué categorías, valores o limitaciones tenía la música. Los que decidieron eso fueron las personas que controlan el sistema.
On Why Jazz Isn’t Cool Anymore...
(Publicado en el blog de Nicholas Peyton el 27-11-2011)
Jazz died in 1959.
There maybe cool individuals who say they play Jazz, but ain’t shit cool about Jazz as a whole.
Jazz died when cool stopped being hip.
Jazz was a limited idea to begin with.
Jazz is a label that was forced upon the musicians.
The musicians should’ve never accepted that idea.
Jazz ain’t shit.
Jazz is incestuous.
Jazz separated itself from American popular music.
Big mistake.
The music never recovered.
Ornette tried to save Jazz from itself by taking the music back to its New Orleanian roots, but his efforts were too esoteric. 
Jazz died in 1959, that’s why Ornette tried to “Free Jazz” in 1960. 
Jazz is only cool if you don’t actually play it for a living. 
Jazz musicians have accepted the idea that it’s OK to be poor. 
John Coltrane is a bad cat, but Jazz stopped being cool in 1959.
Y sigue en este enlace

9 nov 2012

Hazme feliz con tu música

Me gusta la música, pero tengo un problema con ella: no quiero que me haga más sabio, prefiero que me haga más feliz.
 
“Una extraña palabra ha aparecido en el mundo de la música popular y se está poniendo de moda. Se trata de la palabra jazz, usada principalmente como un adjetivo descriptivo de una banda. El grupo, que toca para bailar, está compuesto por negros que parece que están infectados por un virus que se contagian los unos a los otros. Ellos se mueven, saltan y se retuercen de modo y manera que parece sugerir una vuelta a las maneras medievales” 
(The New York Sun - 1917)
La venerable cita del vetusto periódico neoyorquino cargada de prejuicios racistas y de atrabiliaria moralidad victoriana quizá no haya perdido del todo actualidad. Estamos en el 2012 y han pasado miles de cosas desde aquellas postrimerías de la Primera Guerra Mundial, pero a mi forma de entender, seguimos estableciendo una barrera inconsciente entre música respetable y música que no lo es.  
Lo más curioso del caso es que ocurre en el territorio donde menos podría esperarse. En el mismo territorio donde los bienpensantes cuidadanos de raza blanca consideraban que residía una ominosa sucursal del infierno: en el jazz.
La historia del jazz es como la clásica historia del hombre hecho a si mismo. Esos casos que todos conocemos o de los que hemos oído hablar: el conserje que llega a presidente de un banco, el vendedor de periódicos que llega a presidente americano o el chico de recados de la tienda que se convierte en el dueño del mayor emporio textil del planeta. Desde los lupanares de Basin Street animando al sexo a los clientes, pasando por los locales de lujo hortera propiedad de los gangs de Nueva York y Chicago, luego por los tugurios de la calle 42 hasta convertirse hoy en música de conservatorios elitistas y de grandes salas de conciertos.  
La búsqueda de la respetabilidad prevaleció, por ejemplo, cuando aquellos jóvenes leones del bebop se refugiaban en los garitos de Harlem para quitarse el traje de etiqueta de la big band  y tocar la música que les venía de dentro. Si el swing era baile, ellos rechazaban -al menos al principio- el baile. Si el swing era alegría, quizás estereotipada alegría, ellos necesitaban algo más serio, más profundo y la alegría nunca suena profunda.
Desde entonces hasta ahora, un tiempo el actual en que muchos asisten con el mismo tono reverencial a un concierto de jazz como a una exposición de pintura impresionista o a una sonata de Penderecki.
Toda esta perorata viene a cuento de que estos días he asistido a dos conciertos de jazz. 
El primero estaba protagonizado por el cuarteto actual del Wayne Shorter que como sabéis muchos, está formado por un elenco de estrellas: Danilo Pérez, John Patitucci y Brain Blade. Un grupo excelente y aunque Shorter, a sus 79 años, ya no es lo que era, aún tiene técnica suficiente como para encandilar a un público previamente encandilado ante la posibilidad de poderle ver en directo. Un clásico concierto de all stars en una ciudad no excesivamente importante lo cual suele traducirse en cierta desgana. En este caso, la música sonaba fría -no confundir con cool-, los temas eran largos y sinuosos e importaba más las destrezas improvisatorias de cada músico que la continuidad de una línea melódica. Era una especie de carrera de relevos donde los breaks se iban sucediendo instrumentista a instrumentista, mientras el protagonista principal en el escenario reducía al máximo el fraseo en beneficio de la potencia de sus dos saxos en los que, sin duda, sigue siendo un maestro. No estoy hablando de un concierto malo,  me refiero a un concierto de gente que conociendo el territorio en que se mueven, se esfuerzan solo lo suficiente como para conseguir unos mínimos resultados. Ni una nota más.
 
Al día siguiente, en otro marco, actuó Kenny Garrett con su grupo actual donde no habiendo un elenco de estrellas con las que repartir juego, suena todo -según mi punto de vista- más compacto y con más sentido. Garrett, como Shorter, toca el saxo en dos versiones -soprano y alto-  y se acompaña por la habitual sección ritmica, más un excelente percusionista, Rudy Bird. Su música es intensa, caliente, saturada de toques latinos. Poderosa y radicalmente alegre. Funkie de cabo a rabo. 
Al salir del concierto de Shorter y su maravilloso grupo de rutilantes estrellas me sentí un poco más sabio. Al salir del concierto de Garrett me sentí mucho más feliz. 
Claro, también es cierto que Kenny nos tuvo 15 minutos palmeando y bailando con este tema que bautizó en el 2002 con un título de lo más apropiado: Happy People.
Aqui os dejo la segunda parte ya que todavía no ha acabado. Seguro que podría seguir ininterrumpidamente. Ojalá esa plenitud que todos anhelamos fuera semejante a esta música feliz.

21 sept 2012

Escapando al 58

1958 es el año en que los Jazz Messengers de Art Blakey graban una de las obras maestras del llamado hard bop. El año de Moanin', título con el que se identifica tanto al álbum como al primero y más conocido tema del mismo, compuesto por el pianista del grupo, Bobby Timmons, un hombre de creatividad extraordinaria muerto en plena juventud. Las restantes piezas son composiciones del prolífico saxofonista Benny Golson excepto esta estupenda versión de Come Rain or Come Shine , otra maravilla más de Harold Arlen.
El célebre Blue March, -marcha a lo "New Orleans" sintonía obligada de los Messengers y del propio Benny Golson tras su separación del grupo- una hermosa balada como Alone Came Betty o Are You Real? tema de pura raigambre bop, pasarán a ser parte fundamental del repertorio del combo en sus sucesivas reencarnaciones. No ocurrió lo mismo con The Drum Thunder Suite tema explosivo donde Blakey ofrece todo un recital percusivo acompasado por el enorme poderío de Benny Golson y sobre todo del casi adolescente, Lee Morgan.  
Cuando se habla de los primeros discos de Cecil Taylor se suele utilizar un latiguillo recurrente: perteneciendo a la tradición musical del jazz se adivina en ellos la heterodoxia absoluta en la que su autor se introducirá después. En el caso de Looking Ahead!, se afirma, que la contención viene dada por el protagonismo del vibrafonista Earl Griffith al equilibrar con su estilo mesurado las locuras rítmicas de Taylor. Lo que es indudable es que el resto del grupo crea un marco ideal para que el dialogo vibrafóno /piano florezca en toda su viveza.  
Hay cierta coincidencia entre Lou Donaldson y su disco Light Food respecto a los dos casos anteriores. Donaldson, ese magnífico saxo alto nunca suficientemente valorado, estuvo en las primeras formaciones de los Jazz Messengers de Art Blakey. Además su disco, al igual que el de Taylor, se puede considerar  de transición en su trayectoria musical. En su  caso, el paso de la ortodoxia bopper a un estilo más funkie y cercano al blues. Pienso que Light Food no es un álbum excepcional pero tiene un  tema que prefigura hacia donde se dirigirá en el futuro el longevo potencial musical del saxofonista.


10 ago 2012

Desde el imperio del sol rugiente

Un error mío, al publicar una entrada en blanco, ha propiciado la visita y los comentarios de algunos amigos asiduos a este blog. Pues bien, he decidido construir mi siguiente post alrededor de ese vacío y las respuestas que lo han propiciado. Al hacerlo, quizás hayamos inventado una nueva performance bloguera en la que los comentarios se pueden anticipar a la entrada, la crítica a la construcción de la obra y las ovaciones y abucheos a la interpretación en un escenario. Ésta entrada va dedicada con especial afecto a Rick, María y Axis, sorprendidos ante las erráticas actuaciones de este doctorcito metepatas. 
Para recubrir este espacio, voy a un grupo heterodoxo y risueño. Alegre, marchoso y sin el ceño fruncido. Lejos del manifiesto provocador y de la permanente necesidad que tienen los esnobs de demostrar que están muy por encima de la chusma ordinaria y soez que traga con cualquier cosa.
El grupo japonés Soil and "Pimp" Sessions nació a principios de este milenio en los clubs más electrizantes y modernos de Tokio cuando la escena musical en aquellos ambientes y en aquel país estaba dominada por la férrea dictadura de los Disc jockeys. Pronto se hicieron conocidos gracias  al bis a bis aunque su directo salvaje y crudo, cercano a lo que en su momento fue bautizado como punk jazz, no tuvo su primera proyección discográfica hasta un minialbum del 2004 titulado Pimpin’.  El éxito fue inmediato y al año siguiente sacaron un disco de larga duración, Master Pimp. Este tema, de ese álbum, alcanzó un enorme popularidad entre los Dj´s de medio mundo. Desde hace más de 20 años el DJ británico y productor, Gilles Peterson, es una figura central y poderosa en ese movimiento que intenta conjugar el jazz con la nueva música electrónica, el soul, el funky y el hip hop. Ha sido el inventor del término Acid Jazz y factotum en el desarrollo del neosoul y de figuras destacadas como Jamiroquai, Galliano, Courtney Pine y nuestro último reseñado, José James. Un día tras oír el tema anterior decidió traerse a Europa a los  Soil and "Pimp" Sessions y proyectarlos al resto del globo a través de nuevas grabaciones y sus sensacionales directos. Esta en su versión del clásico de Freddie Hunbbard, Red Clay, publicado en el segundo álbum del grupo, Pimp of the Year. Bebop, soul, funk, ritmos latinos, fanfarrias balcánicas, afrobeat... Mucho metal y ningún instrumento electrónico. Todo puede ser válido para este sexteto formado por ese señor que se pasea como un capataz llamado Shacho autotitulado como "El agitador" y para el resto de chicos de la banda formada por Motoharu (saxo), Tabu Zombie (trompeta), Akita Goldman (contrabajo), Midoryn (batería) y ese pianista nervioso llamado Josei. Para los que quieran conocerlos más a fondo decir que su tercer disco de estudió se tituló Pimpoint y luego llegaría Planet pimp, 6 y a finales del 2010 un disco de versiones más o menos distorsionadas y con mucha crítica política, Stoned Pirates Radio. Os dejo con otro  agresivo directo de estos kamikazes musicales del  imperio del sol rugiente.

30 jul 2012

Un último eureka por José James

Nunca estamos del todo preparados para esas sorpresas agradables que llegan cuando menos esperamos. Mejor así. Mejor poder sentirse a la manera del viejo Arquímedes corriendo desnudo por las calles Siracusa al grito de ¡Eureka! tras descubrir su célebre principio. José James es el causante de mi último eureka. Hasta hace unos días apenas me sonaba este cantante por su nombre. Desde entonces me cuesta dejar de escucharle. 
Tampoco me atribuyo ningún mérito. A estas alturas, José James es uno de las vocalistas emergentes más reconocidos y premiados del jazz contemporáneo moviéndose en ese territorio complejo y fascinante abierto a los grandes género de la música negra: soul, funk, rhythm and blues o hip hop. Además este treintañero de Minneapolis, hijo de un saxofonista panameño, es un gran cantante de standards, como se puede comprobar en su tercer y último disco, For All We Know, publicado en 2010 donde llama la atención la perfecta compenetración de James con Jeff Neve, un pianista belga que dará mucho que hablar. De su primer disco, una producción británica del 2008 titulada The Dreammer, es esta versión de un tema interpretado en su momento por músicos de la talla de Rahsaan Roland Kirk o el grupo Osibisa. Para James el álbum representó su primer reconocimiento a nivel general -fue considerado entre los mejores 50 discos del año- y supuso su  entrada en los circuitos internacionales de jazz. Desde entonces, no ha parado de actuar en festivales y colaborar con otros artistas. En Blackmagic (2010),  José James se inclina por un territorio más experimental y electrónico cercano al neosoul de D'Angelo. Su exquisita voz de barítono y la ligereza que se desprende de ese mosaico sonoro, en el que contribuyeron grandes nombres de la producción contemporánea, no deja de recordarnos, una vez más, la imborrable influencia de Marvin Gaye en todos los cantantes afroamericanos actuales. Este es un viejo tema de Buddy Johnson recreado por el cantante de forma exquisita.

Su primer disco americano, nada menos que en el sello Impulse! en el que grabó su admirado Coltrane, está, como ya he señalado, compuesto por un montón de viejos clásicos a los que él les da un nuevo brío. Un álbum con los que ha alcanzado premios y distinciones  incluso concedidos por los sectores más puristas y conservadores del género. En la actualidad está embarcado en un disco en homenaje a John Coltrane y Johnny Hartman  Esperemos, por el bien de la música, que José Jamés no cambie sus camisas a cuadros por el traje de corbata, ni la innovación por la arqueología
.No sería justo.

24 abr 2012

Retomando el pulso de las calles

Fue hace dos sábados. En el Ciclo de Jazz organizado por la Fundación Barrié. Un concierto del grupo Robert Glasper Experiment donde el jazz, el soul, el funk y el hip hop se hermanaron para crear  algo realmente atractivo. Por lo menos a mí me lo parece. Una pena que Bilal, una de las grandes esperanzas del neo-soul solo diera algunas muestras de su enorme talento como cantante. Al mando, desde sus teclados, un siempre atento Robert Glasper. A su lado, un batería impresionante Mark Colenburg. Derrick Hodge al contrabajo y el habitual Casey Benjamin al saxo y al vocoder. "Para mí, el jazz es una reflexión acerca de la sociedad en la que vives. Cada periodo tiene su tipo de jazz. En los cincuenta, los músicos de jazz tocaban la música del momento en que vivían. En los sesenta, lo mismo. Pero esa cadena se ha roto. La idea generalizada es que los músicos de jazz, hoy, tocan música vieja. El público piensa en el jazz como en una foto en blanco y negro, y siempre los mismos artistas: Thelonious Monk, Charlie Parker, John Coltrane, Miles Davis... luego se quejan de que el jazz no es popular." "Una de las características del momento presente es que se coloca a los músicos del pasado en un pedestal tan alto que, quienes vienen detrás son incapaces de luchar para ser como ellos, y terminan dándose por vencidos. Esto es algo que sólo ocurre en el jazz. Si te fijas en el baloncesto, por ejemplo, Kobe Bryant o LeBron James comenzaron intentando parecerse a Michael Jordan y ahora son dos estrellas indiscutibles. El músico de jazz se ha vuelto cobarde. Peor todavía: se ha generado un clima en el que decir que uno quiere ser mejor que John Coltrane está considerado una insolencia. Me ha pasado a mí. Pero Coltrane, o Parker, o Monk, eran seres humanos. Yo pienso que eso es precisamente lo que uno debe pensar, porque si piensas en grande, llegarás a algo grande, pero si no lo haces, siempre estarás en el mismo sitio." (Robert Glasper entrevistado por Chema Garcia Martínez en el diario EL PAIS 8-11-2011) Siendo allí donde nació y se desarrolló, hace mucho tiempo que el jazz perdió el pulso de las calles. Al obsesionarse tanto con el status alcanzado, con la seriedad y el respeto, perdió mucha de su original vivacidad. Deberíamos cerrar de vez en cuando el viejo santoral de dioses y mártires, dejar los conservatorios para los maestros y abandonar el esnobismo de las posturas exquisitas. Quizás entonces esta música, liberada de tanta carga, pueda  salir de nuevo  al aire fresco y recuperar las energías perdidas. Al menos, Robert Glasper y su gente se esfuerzan en conseguirlo.

14 mar 2011

Cantabile

Hace unas semanas en Música para gatos, el magnífico blog de mi amigo Jazzy, se hacía referencia al concierto que en 1997 dio en el Blue Note de Tokio, el pianista francés Michel Petrucciani acompañado del batería Steve Gadd y del bajista Anthony Jackson, su grupo de entonces, casi su grupo postrero.
El concierto es el origen de un disco realmente excepcional publicado a título póstumo en 1999, varios meses después de la muerte del pianista tras una crisis pulmonar que su precaria salud no pudo superar. 

Tal como dice Jazzy
"Trio en Tokio es una interesante colección de 8 temas, siete de ellos compuestos por Petrucciani más una cumplida versión del clásico "So What" de Miles Davis, en la cual este trio nos demuestra de forma eficaz lo efectivo del formato. Una extraordinaria base rítmica creada por Gadd y Jackson sobre la cual Petrucciani parece volar sin complejos, ofreciéndonos una auténtica demostración de su impresionante sentido de la melodía y la armonía..."
Con el mismo grupo, similar belleza, la misma luminosidad y puede que incluso con mayor compenetración con sus compañeros, el 8 de febrero de 1998 ofrece en el Kultur Und Kongresszentrum Liederhall de Stuttgart el que sería uno de su últimos conciertos del que tenemos testimonio videográfico. En él se repiten cuatro temas del concierto de Tokio. Su clásico e imprescindible Little Peace in C For You, el extraordinario September Song, su versión del So What de Miles Davis y ese bellísimo Cantabile, un himno embebido de gospel y soul cuya poderosa melodía se pasea impunemente desde hace unos días por mi cabeza. Sin duda, un rompecascarones de rompe y rasga.
Os dejo con las dos versiones. Si os apetece elegid alguna, yo soy incapaz. Las dos me encantan.

4 nov 2010

8 minutos y 20 segundos para la cumbre

Algunos deportistas alcanzan la gloria en pocos segundos. Otros requieren más tiempo. Les McCann necesitó 8 minutos y 20 segundos para llegar a la cumbre aunque él no era atleta.
Era el 21 de junio de 1969 y se quería cerrar el plácido festival de jazz de Montreux con una jam sesión improvisada. Un lugar privilegiado, al lado mismo del majestuoso Lago Leman, con un público entusiasta y con ganas de entregarse a la música. El grupo que subió al escenario estaba encabezado por un pianista y cantante de relativo prestigio. Les McCann era un hombre, sigue siéndolo, de genuinas raíces jazzísticas pero que gusta de beber en otras fuentes musicales: el blues, el soul, el funk. Pertenece a esa raza de músicos que se impregnan de los sonidos que están naciendo en la calle. Cannonball Adderley podría ser su modelo, aunque Lee en su momento rechazó la oferta de tocar en su grupo. Siendo fiel a la calle también era un firme defensor de los derechos que se reivindicaban en ellas a finales de los 60: la lucha contra la discriminación racial y contra la guerra del Vietnam en primer lugar.
Aquellos músicos que empezaron a actuar en la noche suiza apenas se conocían. No habían ensayado antes. Benny Bailey, el trompeta, reconocía que no sabía lo que iban a tocar. Por su parte Eddie Harris, el saxofonista, decía que tenía que mirar a Lee McCann para saber cuando tenía que cambiar de acordes. 

La actuación fue recogida en un disco, Swiss Movement, ue pasa por ser una de las grabaciones de jazz en directo más legendarias de todos los tiempos.
El primer tema, Compared to What, es una composición de Gene McDaniels que había aparecido en el primer disco de una joven cantante descubierta por el propio Lee en un club de Washington: Roberta Flack. Cantando la pieza, McCann se permite algunas licencias con respecto a la letra original e incluso acentúa la crítica feroz a lo que está pasando en Extremo Oriente. La música, comienza con un homenaje al entonces popular Age of Aquarius de la ópera-rock Hair. Luego todo es vibración, intensidad, calor y culmina en una apoteósica resolución final. 

8 minutos y 20 segundos para encumbrar una carrera pero también para encadenarla para siempre a un tiempo mínimo, preciso e irrepetible. 
¿Merecerá la pena? 

9 jul 2010

Rey y maestro



Era una bonita melodía y su banda, The Kingpins, no podía dejar de tocarla como homenaje en su funeral. Pocos días antes, el 14 de agosto de 1971 King Curtis era apuñalado mortalmente en el corazón tras una riña cerca de su casa en Nueva York. El rhythm and blues y el soul perdieron a uno de sus instrumentistas más reconocibles.



Los amantes del jazz no tienen mucha consideración a aquellos músicos que abandonaron el género y decidieron pasarse o integrarse en ese ómnibus multimusical conformado por lo que primero se llamó rhythm and blues y luego rock and roll y soul. Hay una escena en la película Bird de Clint Eastwood en la que Charlie Parker, recién salido del hospital, asiste indignado a un concierto donde otro saxofonista con un traje de lentejuelas está tocando para una multitud de jóvenes enfervorizados. Toca con mucha fuerza pero de forma rutinaria y comercial y Charlie no puede dejar de reprochárselo al final. Esta visión simplista de Eastwood es hija de esa idea tan habitual en el arte de que todo lo que no es vanguardia es despreciable.



De alguna manera King Curtis hizo el camino contrario al de otros grandes saxofonistas, el caso de John Coltrane sin ir más lejos. Empezó tocando en grupos de jazz tejanos, continuó tocando en la orquesta de Lionel Hampton para luego marchar a Nueva York y convertirse en presencia imprescindible en las grabaciones de las grandes figuras del soul y el rock. Pero siguió vinculado al jazz y tuvo mucho que ver en el nacimiento de lo que con el tiempo se llamaría soul-jazz gracias a su coalboración con los hermanos Adderley, Horace Silver o Wynton Kelly.



Como músico de estudio sus aportaciones son fundamentales en la música grabada de sellos tan fundamentales como Atlantic o Capitol. Ese saxo que suena en el Yakety Yak de The Coasters o en las grabaciones de Buddy Holly son marca suya y tendrían mucho que ver en la manera que se entendería el saxo en la nueva música popular hasta bien entrados los 60.




¿Era King Curtis un hombre que buscaba una seguridad económica y buscó amparo bajo el paraguas de los estudios de grabación? Es probable, pero el hecho es que supo crear un estilo propio tanto en sus propias grabaciones como en aquellas en que ejercía de acompañante. A mediados de los 60 se estabiliza en Atlantic Records donde empieza a producir discos y crear su propia banda . En los últimos años, se convierte en el mayor soporte musical de una joven diosa de la música: Aretha Franklin.   La muerte se lo llevó en su etapa más floreciente cuando su inquietud musical estaba en plena ebullición.

14 abr 2010

Sonny Stitt escapando de la sombra

Se ganó el apodo de Lobo Solitario por ser amante de la intimidad y poco partícipe a compartir entusiasmos ajenos. Al mismo tiempo se le acusaba de ser un imitador, un mero clon de la maestría del genio. En el año 1948 dio con sus huesos en la cárcel por traficar con heroína y en 1960 fue expulsado del grupo de Miles por su excesiva adicción al alcohol y por entender de una forma muy particular esa cosa llamada jazz modal. Siendo considerado un bopper estricto y ortodoxo, se entregó a fondo a partir de los 50 al nuevo soul jazz promovido desde el sello Blue Note. Luego en los 70 se atrevió con un extraño artefacto - una especie de saxo amplificado, llamado Varitone.
Murió en 1982 y siempre fue un personaje enigmático.
Se llamaba Sonny Stitt.



Lover Man, fue un  tema que quedó para la posteridad como testimonio del estado de demolición de Charlie Parker poco antes de “su obligada relajación” en Camarillo.(Ver entrada). La poderosa sombra de Bird, acompañó la vida de este lobo solitario desde que se encontró con el saxofonista de Kansas City en 1943. Stitt insistió durante toda la vida en que ya había forjado su estilo antes de conocer a Parker, pocos lo creyeron. El mismo Dizzy Gillespie lo contrató por su parecido con Bird y muchos de los que recurrieron a él durante su primer período lo querían tener ante la imposibilidad de contar con un Parker sumido en su espiral de autodestrucción. Tras salir de la cárcel en 1949 decide dar un giro radical: se pasa al saxo tenor -sin abandonar el contralto- e intenta conseguir un estilo mas pausado. Su fidelidad bop se mistura con su gusto por la dulzura a lo Lester Young. De 1950, con la siempre grata compañía de Bud Powell  y Max Roach, es éste I want to be happy:




Su reencuentro con Gene Ammons a principios de los 50 -su antiguo compañero en la orquesta de Billy Eckstine- le permite tener un alter ego con el que desarrollar su enorme capacidad. La música de estos dos intérpretes se forjó en maratonianas jam sessions donde Sonny alcanzaba unos niveles de creatividad casi insuperables. Las grabaciones disponibles son un testimonio demasiado esquemático de lo que aquellos hombres podían conseguir. Algo es constatable, sin embargo, Stitt era un grandioso improvisador:



Y un fenomenal baladista:



Su producción discográfica es amplísima, bajo su nombre hay más de 150 discos y varios cientos más acompañando a otros músicos. Aquí tenemos otra muestra más de ese tandem cordial que formó con Gene Ammons primero en los 50 y de nuevo a mediados de los 60:



Era lógico, tanto desde una perspectiva comercial como sentimental, que decidiera dedicar un disco a su mentor. Una forma de enfrentarse a sus antiguos fantasmas, ahora que se siente lo suficientemente poderoso como para hacerlo. El disco se titula "Stitt Plays Bird" (1963) pero es un disco de Stitt en todo momento, no de un Parker descafeinado. Una interpretación mesurada, muy cuidada y sin recurrir a los viejos clichés. Un año después es grabado para un programa de la televisión alemana en homenaje a Bird. Le acompaña su viejo compañero de aventuras musicales el trombonista J.J. Johnson, Howard McGhee a la trompeta y una sección rítmica formada por Kenny Clarke, Walter Bishop y Tommy Potter:




Su última época está marcada por su acercamiento al funky jazz. En 1972 obtiene un relativo éxito con su disco de viejos standards titulado Tune-Up!. La última grabación de la que hay constancia, es este I'll Be Seeing You. Solo le quedaban seis semanas de vida.

8 ene 2010

A la sombra del maestro

El caso de Nat Adderley es uno de esos ejemplos prototípicos en el que la presencia de una figura descollante en el entorno familiar reduce, con cierta injusticia, la importancia que se le concede a otro u otros miembros de dicho entorno.
¿Acaso Nat Adderley no tenía una personalidad propia y bien definida mucho antes de que su hermano Julian "Cannonball" Adderley, dejase el grupo de Miles Davis y decidiese emprender aventura como líder de su propio grupo?



Hay referencias de que los hermanos Adderley, siendo apenas unos adolescentes, tocaron en diversos grupos de rhythm and blues en su Florida natal  e incluso llegaron a tocar con el gran Ray Charles cuando éste era solo un joven principiante. Un amor por la canción negra derivada del gospel, que caracterizaría el resto de su carrera convirtiéndoles en los puntales de ese estilo que terminaría por llamarse  soul jazz. El tema más conocido de Nat, gran compositor, fue sin duda el "Song Work" publicado en un álbum de 1960 con el mismo nombre y convertido en un standard universal tanto de jazz como de la propia música soul. Un ejemplo preclaro de la típica estructura llamada-respuesta de los espirituales afroamericanos.



Cuando el celebrado Cannonball hizo carrera por su cuenta, Nat  siguió actuando en varios grupos como los de J.J. Johnson o Woody Herman. La vuelta del "hermano pródigo" en 1959, lo relanzó como un músico de nivel y un fenomenal compositor. En 1963, otro tema suyo grabado en directo adquiere cierta celebridad. Se trata de Jive Samba que luego incluiría junto con Work Song en esa recopilatorio de 1965 titulado Autobiography:



En el año 1969 el grupo de los hermanos graba Hummin', una pieza de Nat Adderley dentro de un disco en homenaje al reverendo Jesse Jackson y con ese toque funky/soul que caracterizaría a su musica hasta la muerte de Cannonball en 1975:



Aunque Nat Adderley realizó múltiples grabaciones tras la muerte de su hermano, su mejores momentos habían pasado paso buen parte de su tiempo, hasta su muerte en el año 2000 ,dedicado a la pedagogía musical. Aquel que en su momento fue comparado con Miles Davis, pasó a un relativo y sin duda injusto olvido:


19 may 2009

No os carguéis a Amy



Una de los acontecimientos musicales más fascinantes de lo que llevamos de milenio se llama Amy Winehouse. Espero fervientemente que siga siendo así, por mucho que una cuadra de idiotas -los que manipulan la industria musical; los del sensacionalismo amarillo y repulsivo o los humoristas anodinos y previsibles, cazadores de freaks- intenten cargársela.
Su voz es la voz de las grandes, de las muy grandes.
Poder, fuerza, desenvoltura, malas pulgas y un prodigioso sentido del humor. Todas las grandes divas de la canción: Bessie Smith, Billie Holiday, Edith Piaf, Janis Joplin ... han tenido malas pulgas y mucho humor. Creo sinceramente que esta chica judía del Southgate londinense puede estar entre ellas. Un ejemplo de su visión del mundo, se aprecia en la letra de su más famoso tema, Rehab, compuesto a raíz de la insistencia de su compañía de discos en que debía rehabilitarse de su adicción al alcohol:
 
La gran Amy tenía un grupo de hip hop con 10 años. Siendo adolescente fue expulsada de una compañía juvenil de teatro pero al poco tiempo ya cantaba en los pubs del célebre barrio de Camden Town lo que le permitió antes de los 20 años firmar su primer contrato discográfico con Island Records. Dos álbumes, el primero -para mi el mejor- Frank, ha vendido casi 4 millones de copias. El segundo, Back to Black, duplicó el éxito anterior y convirtió a esta muchacha descarada en un fenómeno mediático a nivel mundial, quizás en perjuicio de su inmensa calidad.

Solo tiene 25 años, pero a su lado todo ese grupo de rumbosas estrellas femeninas del jazz cantado parecen descafeinadas cantantes de piano-bar atadas a perpetuidad a la noria de los standards y la bossa nova, quizás para esconder entre algodones sus manifiestas limitaciones vocales.

Y la actuación estelar de:

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