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10 ago 2011

Cuando a la música le salen burbujas

He dedicado varias entradas a ese género musical dicharachero, voluble y a veces casi inaprensible llamado Jump blues -desde aquí podéis acceder a la etiqueta-. Para esos señores de pipa y lupa, sofisticados hasta la nausea y que piensan que oír música es un ceremonia mística que les puede levantar de sus sillones acolchados hasta subirlos por los aires y alcanzar cierta forma de levitación; el jump blues no deja de ser una música mestiza y comercial, alimento de juke-box y producto de las necesidades de baile de la población, especialmente la de color, después que las orquestas de swing echaran el cierre tras la crisis económica propiciada por la Segunda Guerra Mundial. Una visión simplista y clasista que dando la vuelta a aquella famosa frase de Unamuno  parte de la falsa idea, tan cultivada por la intelectualidad occidental, "de que todo lo que no es vanguardia es plagio".  
Mezcla de blues, boogie woogie, swing y con toques del naciente rhythm and blues, aquellos instrumentistas y cantantes intentaron prolongar el viejo sonido de las big bands en grupos más pequeños donde el saxo o el piano eran los reyes y maestros de la función. A la manera sudeña y con su toque gospel de llamada y respuesta, en la tradición del swing blues desarrollada por las orquestas de Count Basie, Jay McShann, Lionel Hampton o Lucky Millinder. Un buen ejemplo puede ser dos saxofonistas amamantados entre las huestes del gran Hamp y que con el tiempo se convertirían en figuras indiscutibles del jazz convencional. Me refiero a  Illinois Jacquet o su casi alma gemela, Arnett Cobb.


Nombres respetados por la crítica sibarita de jazz, que a fin de cuentas siempre quiere dictar sentencia. Luego están los grandes del género, los más reconocidos por el público y más  despreciados  por la ortodoxia. Casi todos han pasado por aquí en otras ocasiones: Louis Jordan, Cab Calloway, Louis Prima, Amos Milburn o el extraordinario Big Joe Turner, aquí acompañado por la orquesta del gran factotum del rhythm and blues, Johnny Otis
.

Hubo más, muchos más, ya que el género asentó sus reales hasta que fue arrollado por un hijo malcriado llamado rock and roll. Un ejemplo puede ser Big Jay McNeely. Un tipo con una leyenda realmente graciosa ya que tenía la costumbre de tocar paseándose de un lugar a otro allí donde actuaba. En sus interpretaciones tumultuosas y en pleno éxtasis, salía fuera del escenario y tocaba desde la puerta del local o incluso en la calle.  Un día, la policía lo detuvo en uno de sus paseos y lo llevaron a la comisaria. Cuando volvió después de que alguien pagase su fianza, el grupo seguía tocando interminablemente  aquella pieza de marras y el bueno de  McNeaely no dudo en incorporarse de nuevo y seguir tocando la pieza como si no hubiera pasado nada.

Hay pocas notas, pocos acordes y muchos riff repetitivos pero a veces lo más simple, lo aparentemente mas facil,  nos llega más a fondo.
Por último, que en este apartado será siempre un por ahora, creo que no hay una orquesta que pueda representar mejor a este género mestizo que la de Lucky Millinder. Un personaje realmente curioso que ni sabía tocar, ni cantar y que inició su carrera como bailarín y presentador de shows en Chicago. A principios de los 30 ya tenía su propia  banda desde donde impulsó la carrera de jóvenes músicos como: Harry "Sweet" Edison, Red Allen, Eddie "Lockjaw" Davis o  el mismísimo Dizzy Gillespie. A mediados de los 40 se decanta por el naciente rhythm and blues y consigue encabezar la lista de éxitos cuando enrola en su banda a un gran cantante: Wynonie Harris . Luego siguió triunfando hasta su decadencia a mediados de los 50 en plena eclosión del rock and roll. A finales de los 30 y principios de los 40, antes de la eclosión del jump, contó en su orquesta con una extraordinaria cantante que era capaz de pasar sin pudor de la sacralidad del gospel a los temas humorísticos y ligeros del nuevo rhythm and blues. Me refiero a Sister Rosetta Tharpe.

23 sept 2009

Chicos del boogie woogie


"Ahora cuando os diga que paréis, no quiero que os mováis y cuando diga moveros, quiero que hagáis boogie woogie"
Con estos términos aleccionaba a los bailarines el pianista de Alabama Clarence Pinetop Smith el 29 de diciembre de 1928, en su grabación "Pine Top's Boogie Woogie":



Era la primera vez que aparecía la palabra boogie-woogie en un título; pero antes, mucho antes, se tocaba con ese estilo peculiar en los tugurios negros del Delta del Misisipi o de Texas. En realidad la idea consistía en imitar el estilo del blues. La mano izquierda ejecuta figuras repetitivas como las notas bajas propias de ese estilo musical y la melodía es ejecutada a través de las figuras sincopadas de la mano derecha. Estamos hablando de un piano golpeado sin piedad por pianistas afroamericanos autodidactas que al tener vedado el paso a los conservatorios, desconocían las complejidades y sutilezas de la música clásica occidental. Una música para dar ritmo a la fiesta y al baile.
Hasta los años 20 no hay testimonios fonográficos de este estilo aunque si sabemos el desprecio con que era contemplada esta música por los compositores del ragtime y el primitivo jazz. En la década prodigiosa, Chicago se convierte en destino de miles de afroamericanos que huyen de su aciago destino en el sur. Es allí donde pocos meses antes, un paisano de Pinetop, Cow Cow Davenport graba un tema con las características del boogie-woogie e inspirado por el sonido del tren. Suena así:




Pinetop Smith, por su parte, fue un hombre con mal fario. Tres meses después de la grabación muere asesinado en una sala de fiestas. Albert Ammons y Meade Lux Lewis, sus jóvenes discípulos, intentaron proseguir su senda pero eran años difíciles los de la Gran Depresión si vieron obligados a abandonar la música y dedicarse a otras labores.
El ángel de esta historia es una vez más, John Hammond. El mítico descubridor de talentos musicales y enorme productor, escucho a principios de los 30 una grabación de Meade Lux Lewis de 1927. Enamorado de la grabación y con su insaciable sed musical removió tierra y cielo hasta encontrar a aquel pianista. Era 1935 y buscando a uno, encontró a dos.
Este es el tema de Meade Lux Lewis, en la versión de 1937:



Albert Ammons, inicia su carrera discográfica en 1936 con todo un bombazo, lo titula "Boogie-Woogie Stomp" y homenajea al famoso tema del fallecido Pinetop:



El inquieto John Hammond siguio en su búsqueda de nuevos talentos y puso su mirada en la turbulenta Kansas City, la ciudad del pecado en los años 30. Allí es donde localizará también a un dúo singular. Se trataba de un pianista extraordinario llamado Pete Johnson y lo más sorprendente, un cantante que se atrevía con aquella música enérgica llevándolo a su propio terreno, Big Joe Turner.



Puestos los mimbres, el cesto estaba casi hecho y John Hammond y lo presentó al distinguido público del Carnegie Hall en las Navidades de 1938. El concierto se llamó "
From Spirituals to Swing" y en él intervinieron figuras del blues, del jazz -su otro gran descubrimiento en Kansas, la Orquesta de Count Basie- y nuestros chicos del boogie-woogie. Éxito clamoroso, grabaciones por doquier. Actuaciones en dúo, en trío, en cuarteto. Contrato exclusivo en un selecto club del Village neoyoquino e incorporación del boogie-woogie al repertorio de las orquestas y cantantes de moda. Quince años más tarde el boogie-woogie, tuvo un hijo que llegó a ser grande y famoso. En 1954, Big Joe Turner puso su semilla con este tema inequívocamente boogie-woogie :



Pasaron los años, ahora lo del boogie-woogie parece como muy antiguo, pero no os engañéis, aún hay gente con el suficiente atrevimiento. Es el caso de The Puppini Sisters:

Y la actuación estelar de:

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