Fue hace dos sábados. En el Ciclo de Jazz organizado por la Fundación Barrié. Un concierto del grupo Robert Glasper Experiment donde el jazz, el soul, el funk y el hip hop se hermanaron para crear algo realmente atractivo. Por lo menos a mí me lo parece. Una pena que Bilal, una de las grandes esperanzas del neo-soul solo diera algunas muestras de su enorme talento como cantante. Al mando, desde sus teclados, un siempre atento Robert Glasper. A su lado, un batería impresionante Mark Colenburg. Derrick Hodge al contrabajo y el habitual Casey Benjamin al saxo y al vocoder. "Para mí, el jazz es una reflexión acerca de la sociedad en la que vives. Cada periodo tiene su tipo de jazz. En los cincuenta, los músicos de jazz tocaban la música del momento en que vivían. En los sesenta, lo mismo. Pero esa cadena se ha roto. La idea generalizada es que los músicos de jazz, hoy, tocan música vieja. El público piensa en el jazz como en una foto en blanco y negro, y siempre los mismos artistas: Thelonious Monk, Charlie Parker, John Coltrane, Miles Davis... luego se quejan de que el jazz no es popular." "Una de las características del momento presente es que se coloca a los músicos del pasado en un pedestal tan alto que, quienes vienen detrás son incapaces de luchar para ser como ellos, y terminan dándose por vencidos. Esto es algo que sólo ocurre en el jazz. Si te fijas en el baloncesto, por ejemplo, Kobe Bryant o LeBron James comenzaron intentando parecerse a Michael Jordan y ahora son dos estrellas indiscutibles. El músico de jazz se ha vuelto cobarde. Peor todavía: se ha generado un clima en el que decir que uno quiere ser mejor que John Coltrane está considerado una insolencia. Me ha pasado a mí. Pero Coltrane, o Parker, o Monk, eran seres humanos. Yo pienso que eso es precisamente lo que uno debe pensar, porque si piensas en grande, llegarás a algo grande, pero si no lo haces, siempre estarás en el mismo sitio." (Robert Glasper entrevistado por Chema Garcia Martínez en el diario EL PAIS 8-11-2011)Siendo allí donde nació y se desarrolló, hace mucho tiempo que el jazz perdió el pulso de las calles. Al obsesionarse tanto con el status alcanzado, con la seriedad y el respeto, perdió mucha de su original vivacidad. Deberíamos cerrar de vez en cuando el viejo santoral de dioses y mártires, dejar los conservatorios para los maestros y abandonar el esnobismo de las posturas exquisitas. Quizás entonces esta música, liberada de tanta carga, pueda salir de nuevo al aire fresco y recuperar las energías perdidas. Al menos, Robert Glasper y su gente se esfuerzan en conseguirlo.
Vacances tardías
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AVISO · NOTICE · AVÍS · ABISUA · ADVARSEL
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