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9 ene 2014

Desnudos sin música

Creo que para los que no vivimos de ella, la música apenas tiene sentido si no suscita alguna emoción. Lo entendió así Manuel Vázquez Montalbán  cuando en su  Crónica Sentimental de España  de 1969, bautizo con ese nombre una extraordinaria colección de artículos describiendo los avatares sociales posteriores a la Guerra Civil a través de pinceladas entresacadas del cancionero popular en boga. Una idea que llevó a su culminación Basilio Martín Patino en su legendaria Canciones para después de una Guerra, quizás el mejor retrato de aquellos desgarradores años de la Posguerra en su sorprendente mezcla de imágenes y canciones.
Televisión Española abrió sus emisiones el 28 de octubre de 1956 pero tardó al menos diez años en formar parte de la vida sentimental de los ciudadanos de este atribulado territorio. Para entonces, algunos de nosotros ya correteábamos por alfombras, baldosas y parqués en la búsqueda de nuevas experiencias ¿y que mejor experiencia que aquella nueva caja mágica -lo de caja tonta sobrevino cuando nos convertimos en mayores descreídos- capaz de proporcionarnos magnos placeres? La música formaba parte de esos placeres deslumbrantes pero no nos conformábamos con las habituales galas del sábado y preferíamos algo más rompedor, algo diferente y sobre todo que fuera musical. Éramos niños pero no idiotas.
Escala en Hi-Fi (1961-1976) fue una temprana escenificación de canciones en glorioso playback presentado por Juan Erasmo Mochi.
En Ultimo Grito (1968-1970) José María Iñigo e Ivan Zulueta fueron capaces de crear un programa tan pop que si la censura lo permitiese hubieran convertido a Andy Warhol en pretencioso advenedizo.
 
A finales de los 70 llega la gran división: "Aplauso es un programa mayoritario, standard. Popgrama es un espacio esotérico, minoritario, extraño" (J.M. Costa El País 1979) Yo no tenía dudas pero aunque elegía el segundo sin duda, estaban mis admirados Carlos Tena, Diego Manrique, Ramón Trecet, Moncho Alpuente etc... -no dejaba de echar alguna miradita al primero.  
Un antiguo componente de Popgrama, Angel Casas, dirigirá y presentara Musical Express decapitado en 1983.

El texto lo dice todo y el recuerdo también:  

Sí era una auténtica Edad de Oro y los programas se sucedían unos a otros en tiempos de movidas y fulgor.
Por cierto, ayer al escribir esta entrada me olvide de hacer reseña de un programa infantil que con su tono inteligente, socarrón y decididamente libertario contribuyó mucho a la difusión del pop español de los 80. Me refiero "a la bola que a todo el mundo le mola".

El mismo Carlos Tena, antes de convertirse en patético portavoz del régimen cubano, estuvo detrás de Caja de ritmos -eliminado tras la famosa actuación de Las Vulpes- Pop que o Auambabulubabalambanbú. Miguel Ríos realizó una historia del rock español en ¡Qué noche la de aquel año! y Juan Carlos Cifuentes presentó entre 1984 y 1991 Jazz entre amigos.  
De los 90 poco hay que recordar, quizás Plastic como alternativa al comercial Rockopop de Beatriz Pecker. Ahí se acaba de todo. Lo demás no merece ser nombrado. Desde entonces vivimos en un erial en el que solo nos permiten alimentarnos con raíces de los viejos recuerdos. Al parecer el vídeo no solo mató a la estrella de la radio y también hizo estragos en la televisión. 
A la espera de tiempos mejores, marchémonos con un buen sabor de boca. Se lo debemos a Antonio Fernández, un magnífico profesional que falleció el año pasado y que además de una larga y exitosa trayectoria radiofónica con su programa Área Reservada tuvo un corto pero hermoso programa de televisión con el mismo nombre. Esta era su extraordinaria sintonía, una pieza de John Lee Hooker y Santana. También nosotros nos sentimos desnudos desde que nos han quitado la música en televisión.

27 sept 2010

Corazón negro

Ayer se cumplió un aniversario más de la muerte de Bessie Smith en el profundo sur. Una muerte teñida de leyenda gracias al el falso rumor de que murió desangrada, después de sufrir un accidente de automóvil, al no ser admitida en ningún hospital para blancos de la zona. Un mito falso que ha servido para engrandecer a la cantante con un aura trágica. Curiosamente la falsa leyenda une -de forma simbólica- al blues clásico –urbano y vinculado a los espectáculos teatrales- del que ella era la reina, con el blues rural del Delta del Misisipi. Bessie falleció en una pequeña ciudad de apenas 20.000 habitantes -quizás menos por entonces- que era el verdadero corazón del blues rural y sería el lugar de nacimiento de algunos de los personajes más decisivos de la música afroamericana posterior.

Son House grabó a finales de los años 20 un tema dedicado a Clarksdale que no vio la luz hasta 75 años después. House vivió parte de su vida en esa ciudad y fue uno de los protagonistas redescubiertos -podemos decir que de forma casi policial- por los estudiosos del blues a principios de los 60.
Aquella Clarksdale de los años 20 y 30 era una pequeña isla urbana en un océano de algodón. Allí se compraban las vituallas, se resolvían los asuntos administrativos y los fines de semana se convertía en centro de ocio para la población negra que sobrevivía como aparceros en las inmensas plantaciones de algodón del Delta. Realmente solo había dos lugares tan masificados en aquella zona, la más pobre de todo el país. Por un lado estaba Clarksdale y por el otro la prisión estatal de Parchman, una “granja de trabajo” donde miles de presos trabajaban de sol en condiciones deplorables. 


Los sábados de Clarksdale eran una explosión de colorido y de vida. Garitos atestados, vendedores ambulantes de los mas insólitos productos, predicadores auténticos y de pacotilla. Juergas, peleas, prostitución y una presencia omnipresente: el blues y sus diferentes variantes. En 1917 allí mismo, nació una de las figuras más decisivas de esta música: John Lee Hooker.

Antes de hacerse célebre formando grupo con su esposa Tina, Ike Turner era un célebre compositor de rhythm and blues que había aprendido a tocar el piano y la guitarra al lado de los grandes músicos que afloraban en su ciudad natal: Clarksdale. Con tan solo 20 años hizo su primera grabación como compositor, productor e instrumentista. Se trataba de Rocket 88 cantada por Jackie Brenston y sus Delta Cats. Un bombazo en las listas que fue considerado por muchos como el primer rock and roll de la historia.

En el mismo año, 1931, en que nació Ike Turner vino al mundo en Clarksdale, una de las voces más extraordinarias de la música popular del siglo XX. Una voz de terciopelo, un creador nato que llevó la música espiritual de la que se había embebido en su infancia, su padre era pastor evangélico, a lugares donde nunca había estado. Sam Cooke rompió esa barrera entre música de Dios -el gospel-  y música del diablo -el blues- que tanto había atormentado a los viejos músicos. Al hacerlo estaba creando un género extraordinario: el soul. 

Antes de morir asesinado en 1964, tuvo un hermoso recuerdo para la feroz tierra de Misisipi que le vio nacer. Una tierra donde los de su raza fueron explotados, humillados y oprimidos de una forma que ni podríamos concebir. Una tierra inhóspita pero al fin y al cabo su propia tierra. La canción se convirtió en un  himno trascendente para los defensores de los derechos civiles de la gente de color.

24 ago 2009

Mala suerte para Big Mama

  Si hubiera nacido veinte años antes hubiera estado a la altura de Bessie Smith y el resto de diosas del blues clásico. Si hubiera nacido veinte años más tarde podría haber sido una artista comparable la gran Aretha Franklin. Pero nació en 1926 y cuando llegó a la madurez, principios de los 50, era época de cierto desconcierto musical. Estoy hablando de Willie Mae Thornton, más conocida por Big Mama Thorton y ésta es su voz:
Siendo hija de un predicador y de una mujer que cantaba en el coro de la iglesia hubiera tenido un futuro asegurado en el gospel, pero Willie Mae era un ser especial. No solo le gustaba vestirse como un hombre -camisas a cuadros obligadamente holgadas y sombrero vaquero- lo que aún realzaba más su envergadura ya que medía 1'82 m. y pesaba más de 150 kilos; también adoptaba un aire desafiante, muy poco visto entre las mujeres de la época. Antes de marcharse de casa, lo hizo en su primera adolescencia, ya cantaba como pocas y había aprendido a tocar la armónica y la batería de forma autodidacta. Aquí la tenemos tocando, con entre otros, un joven John Lee Hooker:
A principios de los 50, empieza a grabar en pequeños sellos de Houston y en 1952 unos desconocidos veinteañeros Jerry Leiber y Mike Stoller, con el tiempo dos de los más celebrados autores de la música popular contemporánea, le ofrecen su primer composición: Hound Dog que arrasó en las listas de éxito en la versión hirviente e irrepetible de Big Mama Thornton:
Hound Dog fue el alfa y el omega de Willie Mae. En el año 1956 el tema es grabado por el ciclón Elvis y se convierte en una de las canciones imprescindibles de su repertorio y del naciente rock'n'roll. La interpretación de Presley es extraordinaria, pero desgraciadamente supone otra vuelta de tuerca más en el expolio blanco sobre el patrimonio musical negro. Big Mama apenas recibió unos dólares por la versión del "Rey" y la oportunidad de tener un éxito semejante no se volvería a producir. Conocida exclusivamente en los circuitos del blues y el r&b, su enorme capacidad vocal permaneció desconocida para el gran público el resto de su vida. Solo en los 60, cuando Janis Joplin se decide a grabar uno de sus temas, Ball and Chain, vuelve a sonar su nombre y puede grabar algún disco de éxito discreto. Envejecida, alcohólica, extremadamente flaca y con apenas unos dólares en el bolsillo, muere de un ataque al corazón en un hotelucho de Los Ángeles cuando se celebraban los Juegos Olímpicos de 1984. Aquí la tenemos en su última actuación en directo pocos meses antes de su muerte. Canta, desmejorada pero manteniendo su espíritu indomable, su clásico Ball and Chain:

Y la actuación estelar de:

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