A principios de los 60 la pujante población latina de Nueva York, más de medio millón de personas en su mayoría de origen puertorriqueño, seguía teniendo como referentes musicales a las grandes orquestas que habían trasplantado los ritmos caribeños a la gran metrópolis. Las orquestas de Machito, Tito Rodríguez o Tito Puente -The Big Three- seguían abarrotando las noches danzonas de la Sala Palladium y enseñando a negros, blancos y mulatos a través de su rica discografía las maravillas de los ritmos cubanos: desde el omnipresente mambo o el más moderno Chachachá, hasta los ritmos más tradicionales como el son montuno o la guaracha. Sin embargo los más jóvenes instrumentistas de esas bandas, a la manera de los boppers en su tiempo, no se sentían muy a gusto en esos estrechos márgenes musicales y el cuerpo les pedía otra cosa. La música negra estaba muy cerca y el jazz una magnífica fuente de inspiración. Así lo entendieron entre otros Mongo Santamaría, triunfante con su versión caribeña de Watermelon Man y Ray Barretto.
El boogaloo se hizo latino en un local de Nueva York frecuentado por clientes negros amantes de la música caribeña. Era 1965 el mismo año en que nació el tema de Tom and Jerryo y en que el soul iniciaba su envidiable despegue musical hasta convertirse "en el sonido de la joven América". Los latinos querían ser parte de ese sonido y mezclando elementos del jazz, del soul y de los ritmos de siempre recrearon el boogaloo negro. Incluso en el terreno vocal aquello era pura mezcla: el inglés, el español y el spanglish compartían escenario.
¿Cuál fue el primero? ¿Pete Rodríguez cuando le pidieron que metiera un poco de soul a la música que se oía en aquel primer local de Manhattan y nació su Pete's Boogaloo? ¿Johnny Colón cuando creo su estupendo Boogaloo Blues? ¿O quizás Joe Cuba con este eterno y contagioso Bang, Bang?
Tony Pabón, arreglador de la orquesta de Pete Rodríguez, dice que la inspiración le vino escuchando la versión de Fever de Peggy Lee. Sea como sea el boogaloo llegó para quedarse en Nueva York y convertirse en la banda sonora principal de la comunidad latina de Nueva York hasta el advenimiento de la salsa en 1970.
El mundo se empezó a llenar con los nuevos ritmos y aunque de mala gana, fue aceptado por la vieja guardia musical latina que lo consideraba una moda pasajera. Se equivocaban, desde el 65 al 69 el boogaloo fue adquiriendo más y más fuerza y las viejas orquestas viendo en peligro su posición decidieron boicotear el género con la intermediación de sus contactos en el show business. De repente los instrumentistas del boogaloo se encontraron que no tenían donde actuar en condiciones, donde grabar sus discos o incluso donde encontrar una emisora donde poder escuchar su propia música.
El boogaloo no murió de muerte natural, fue asfixiado porque era un peligro para la música latina imperante. Aparte de los ya mencionado recordemos otros nombres del boogaloo como John Bataan, Richie Ray, The Latin Souls o Héctor Rivera que expresó como pocos el sentido original del boogaloo: auténtico soul latino.
Y aquí una melodía de Willy Baby con tales cambios de ritmo que más parece una montaña rusa.
Los muertos que vosotros matáis gozan de buena salud. Suele pasar con la música. Por eso no es extraño que en los últimos años el boogaloo vuelva a estar en candelero, siempre hay un grupo japonés que puede demostrarlo.
