En una entrada de principios del año pasado hablaba de como muchos críticos se habían erigido en guardianes de las esencias, auténticos porteros de la música de jazz. Si aquí en España la mayor osadía frente a un portero de discoteca es pretender entrar con calzado deportivo o con calcetines blancos, lo más semejante que se me ocurre en el territorio del jazz es intentar tocar una música de raíz distinta a la tradicional con un instrumento no debidamente acreditado.
¿Richard Galliano tocando el acordeón? ¡Por favor, qué espanto!
Sí, puede parecer lo dicho algo chocante teniendo en cuenta el actual reconocimiento internacional de este gran músico nacido en Cannes, pero en su momento su carrera no fue nada fácil dentro del mundo del jazz. Quería que se reconociese como eso, como jazzman y aunque era habitual acompañante de grandes músicos del género –Chet Baker, Enrico Rava, Michel Petrucciani - no se le consideró un verdadero artista del género hasta su colaboración con el maravilloso bandoneonista argentino Astor Piazolla. El reconocimiento a Astor llevó consigo su propia revalorización. Si entras en el recinto sagrado permites que entren todos los que están cerca de ti.
Aquí lo podemos ver tocando una pieza inmortal del maestro. A pesar de sus diferencias, acordeón y bandoneón tienen el alma común.
Por estas fechas, hace cosa de dos años, tuve la gran suerte de escuchar en directo a Richard Galliano y su grupo Tangaria. Pude recrearme en las posibilidades musicales de ese instrumento mágico, esa maravillosa caja de los sueños suscitadora de emociones. Por ejemplo las que produce este hermosísimo vals compuesto por el propio músico. Un tema que nos parece nacido en alguna época perdida en el tiempo.
Al igual que Piazolla uso el tango para crear su propia música elaborada y compleja, Galliano se reencontró con un baile prácticamente muerto pero símbolo inmortal del viejo París: la musette. Su reelaboración por parte del acordeonista de Cannes lo puso otra vez en movimiento y el éxito fue absoluto. Luego llegaría su difusión mundial con la célebre banda sonora para la película Amelie compuesta por Yann Tiersen.
Chat Pitre es un tema que refleja muy bien la mentalidad musical de Richard Galliano y su capacidad de generar fusiones con otros estilos sin perder su capacidad creativa.
Imposible dejar a Galliano sin recordar un tema absolutamente primordial en su discografía. Le acompañan dos portentos del jazz europeo: Paolo Fresu y Jan Lindgren.
Brutalmente nostálgico, brutalmente emotivo este Mare Nostrum:
audrey chen
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audrey chen, voc y electrónica. (the philosopher).
jazz a luz. luz st sauveur. 13 julio 2024.
Hace 2 horas
