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28 abr 2014

Duetos creando emociones

No pretendo ofrecer nada novedoso con esta entrada. No pretendo daros a conocer nada que que no conozcáis de antemano. En realidad si al hacerla me he alejado de mis vericuetos habituales es porque cuando no tienes muchas razones para elegir una determinada música, más vale que sean las emociones las que te dirijan el rumbo. Personalmente pocas músicas me resultan tan emotivas como las que cantan juntos un hombre y una mujer. Carson Parks y Gail Foote, conocidos como Carson and Gail, formaban una pareja artística y sentimental de escaso éxito. Su única grabación fue de 1966 y pasó sin pena ni gloria excepto para uno de los más sagaces productores de la época, Lee Hazlewood, empeñado en hacer un disco en que Frank Sinatra hiciera un dueto con su hija Nancy a la que el propio Lee había lanzado al éxito gracias a These Boots Are Made for Walkin'. A Frankie no le disgustaba el tema pero su decisión final se produjo cuando el propio Lee se ofreció para cantarla en su lugar convencido de sus posibilidades. Y no se equivocó en 1967 el Something Stupid reventó las listas de éxito en USA y Gran Bretaña, convirtiéndose además en un tema arquetípico de los duetos chico/chica, aunque en este caso tuviera ciertas connotaciones paterno/filiales. 
 

La siguiente es la historia de un dueto con vocación de permanencia pero con final muy triste.
Tammi Terrell y Marvin Gaye eran artistas de prestigio en la Motown cuando decidieron cantar juntos. Ella muy joven, él más veterano y con cierta experiencia en el terreno de los duetos ya que ya había grabado con cantantes de la talla de Mary Wells o Kim Weston. La compenetración fue asombrosa y fue coronada por el éxito multitudinario. Se habló de una historia de amor entre ambos pero es posible que la propia discográfica fuera la encargada de difundirlo, business is business, tras la muerte de Tammi a causa de un tumor cerebral. Desde aquí podéis acceder al tema más comercial de la pareja, aunque a mí personalmente me gusta más éste otro.

 
La Stax Records era la competencia sureña de la Motown y viendo el éxito de ésta con los duetos decidió hacer un disco donde colocar a su rey un tal Otis Redding junto a una reina a su altura, si eso era posible. Había por ahí una "reina in pectore" llamada Aretha Franklin que acababa de fichar por la Atlantic, la distribuidora de la Stax, pero al final ésta se negó a ceder a su nueva estrella. Carla Thomas, una estupenda cantante de Memphis, fue coronada en su lugar. Del disco me quedo con este versión de un maravilloso tema de Aaron Neville.  
¿Es el más famoso dueto chico/chica del pop? La verdad es que no conozco otro tan popular, tan celebrado incluso con ese estilo hortera -o si preferís naif- que lo hace refrescante y sumamente adictivo. Tan adictivo que casi nunca me conformo con una visión de su famoso vídeo y tengo que verlo de nuevo varias veces para sentirme complacido. Don't Go Breaking My Heart es obra del propio Elton John y de su fabuloso colaborador y letrista Bernie Taurpin. Se pretendía hacer un dueto a la manera de la Motown contando con la colaboración de una cantante de sesión de la BBC, Kiki Dee que había echo coros con el propio Elton. Es un tema que sigue al pie del cañón y del que se vendieron un millón de singles en el Reino Unido desde 1976. El conocido dueto anterior me lleva a otro conocido dueto de 1978. Sus creadores fueron Mike Chapman y Nicky Chinn, los dos hombres que forjaron, dirigieron y manejaron aquello que se llamó el glam rock. En su glamurosa cuadrilla destacaba una dama rockera de procedencia norteamericana conocida como Suzi Quatro que estaba dispuesta a romper el estereotipo machista de los rockeros machaca. Ella le daba más duro que cualquiera y encima tenía un éxito multitudinario. Chris Norman por su parte, era la voz de un grupo glam menor llamado  Smokie. Stumblin in tuvo cierto éxito y sigue siendo recordado por los nostálgicos irreductibles.  
Para terminar un tema que ya pasó por aquí en otra ocasión, pero que no me resisto a poner de nuevo porque me encanta y porque creo que los mejores duetos hombre/mujer nunca han pasado por un estudio de grabación y surgen en directo sin necesidad de que una cohorte de productores, editores musicales y ejecutivos intervengan. Las emociones no se planifican, deben crecer de la nada y buscar su propio espacio. 

20 feb 2011

Todo me sucede a mí

Si tengo cita para jugar al golf, puedes apostar tu vida a que llueve.
Doy una fiesta, y se queja el tipo de arriba.
Creo que voy por la vida cogiendo resfriados y perdiendo trenes.
Todo me pasa a mí.
Nunca me pierdo nada. He tenido el sarampión y las paperas.
Y cada vez que juego un as, mi pareja es quien triunfa.
Creo que sólo soy un tonto, que nunca miro antes de saltar.
Todo me pasa a mí.
Al principio, mi corazón me decía que podría romper este maleficio.
Que el amor daría fin a la farsa y terminaría la desesperación.
Pero ahora no puedo engañar a esta cabeza que piensa para mí.
He hipotecado todos mis castillos en el aire.
He telegrafiado, telefoneado e incluso he enviado un correo aéreo especial.
Tu respuesta fue un adiós y luego tuve que pagar los gastos de envío.
Me enamoré una sola vez, y tenía que ser de ti.
Todo me pasa a mí.
Se dice que Frank Sinatra subió a los altares musicales cuando actuó en medio del delirio de sus fans el 30 de diciembre de 1943 en el Teatro Paramount de Nueva York. Un año antes era vocalista en la orquesta de Tommy Dorsey y ya era considerado el cantante más importante del momento.  Tommy Dorsey, un tipo implacable y con un enorme olfato comercial, sabía la perla que le  había arrebatado a Harry James en 1940 y puso alrededor del músico de Hoboken todo aquellos elementos  que resaltase las enormes cualidades del cantante. Matt Dennis era uno de ellos y se convirtió en el  compositor de referencia en las primeras grabaciones de Sinatra y Dorsey en febrero de 1941. El primer tema de aquel disco tenía letra de un periodista y poeta aficionado de la costa Oeste, Tom Adair. Una balada triste y autocompasiva en primera persona sobre un individuo que vive instalado en la mala suerte pero que sabe reírse de si mismo.


La primera versión instrumental relevante de este tema pertenece a un álbum que más que un disco parece una blasfemia para muchos que tienen a Charlie Parker como un Mesias de la nueva música. Charlie Parker with Strings, un disco de 1949 que alguna vez habrá que empezar a mirar sin tantos ridículos prejuicios.


¿Por qué un músico como Thelonious Monk tan reacio a tocar composiciones de otros, con la excepción de su idolatrado Duke Ellington, interpreta esta sencilla balada en su segundo álbum en solitario? Se trata de una actuación en directo, en la sala Fugazi de San Francisco. Monk en ese 1959 está en la cumbre de su popularidad gracias en parte al trabajo de  productor de Riverside Records, Orrin Keepnews, que lo ha proyectado a la fama. Vende discos y puede actuar libremente en Nueva York,  después de la retirada de su carnet de trabajo durante gran parte de los 50, hasta el punto de que las salas pelean por contratarlo. Hasta la revista  Downbeat, que siempre lo ha ignorado, lo considera el mejor músico del momento en el año 1958. Esta es la versión balbuceante, profunda y casi desgarradora que ofrece el maestro de Everything happens to me. Un tema nacido para ser interpretado por un cantante nos llega a la médula en una versión instrumental. Eso sí que es prodigioso.


Pero no podemos prescindir de la voz cuando se agarra al tema como si fuera su propia piel. Frank Sinatra no dejaba de ser el poderoso, seguro y contundente Frank Sinatra cuando cantaba este tema. Chet Baker, en cambio, se instala en él y lo llena de su propia fragilidad existencial. Cuando oímos a Chet, cantando o tocando su trompeta, nos da la sensación de que es un equilibrista que se juega el tipo en cada paso - a veces torpe- que da sobre el alambre. Pocos temas reflejan tan bien esta inestabilidad dolorosamente bella como su versión más conocida del tema, para mí la definitiva.

Y la actuación estelar de:

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