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30 oct 2014

La cantaré hasta que me muera

Cuesta mucho hablar de un tema musical que ha sido una de las canciones populares más interpretadas y grabadas a lo largo del siglo XX. Cuesta mucho porque apenas puedo poner un puñado de versiones de las más de 15000 que se han grabado de ella, pero también porque hay que discriminar muchas historias y leyendas que la tienen por protagonista.
 
(Hasta el minuto 2,30)
Su autor, Hoagy Carmichael (ver la entrada que le dediqué en su día) fue el primero en contribuir a la difusión de su leyenda cuando dijo que se le ocurrió cuando volvió a su viejo campus universitario y mientras miraba el cielo estrellado se acordó de una antigua amiga de entonces. Probablemente el proceso de creación fue más gradual y en él debió algo que ver la música intrincada que practicaba por entonces un viejo amigo suyo llamado Bix Beiderbecke.
Sea como sea, un Día de Difuntos de hace 87 años se grabó por primera vez Star Dust que era como se llamaba por la pieza por entonces.  
Sí, tiene poco que ver con esa pieza ensoñadora, lenta y penetrante que conocemos todos, pero eso fue producto del trabajo de Mitchell Parish, el hombre que le puso letra y unificó el título convirtiéndolo en Stardust ya en 1929. No era una canción destinada al jazz, fue concebida como una melodía pop, pero siendo aquel género la música mainstream de la época fue inmediatamente incorporada al repertorio de las bandas de swing. Una versión canónica es la que aparece en el fragmento de arriba de Stardust Memories, homenaje de Woody Allen al tema, interpretada por Louis Armstrong en 1931. Luego pasó por todos las grandes figuras musicales del momento: Bing Crosby, Roy Eldridge que puse en la entrada anterior y la de Benny Goodman y Tommy Dorsey que curiosamente aparecen en un mismo disco. Para Buddy DeFranco, que de ese instrumento sabe mas que nadie, el mejor solo de clarinete de todos los tiempos es el que realizó, en su grabación del tema, Artie Shaw en 1941.

Semanas más tarde de esta publicación, la orquesta de Duke Ellington actúa en Fargo, la de la película y la serie, en Dakota del Norte. Dos aficionados graban el concierto - donde la pieza estelar es Stardust - y muchos años más tarde, en 1964, se publica, convirtiéndose en una joya musical para todos los aficionados. Sin duda en ello algo tuvo que ver el solo de Ben Webster.

En 1956, Nat King Cole con su álbum Love is the Thing consigue el primer puesto en las lista de éxitos de Estados Unidos y Gran Bretaña. Dentro del disco, su tema de bandera es su versión vocal de Stardust, que casi hace olvidar la que había hecho algunos años antes el mismísimo Frank Sinatra.
 
Puede parecernos un tema anticuado, casi como salido de un viejo baúl donde se guardan los discos de pizarra, pero el rock, el pop y el jazz postbop han usado este viejo tema sin gastarlo nunca. John Coltrane, Dizzy Gillespie, Paul Desmond con Dave Brubeck, Eddie Cochran, Billy Ward and His Dominoes, Mina, Rod Stewart, Ringo Starr  o Willie Nelson.
Mel Torme dijo una vez que es uno de los ejemplos más agridulces de amor perdido jamás compuestos. "La cantaré hasta que me muera".
 

Dos semanas más tarde de su última interpretación de Stardust - para un programa de televisión-  Mel sufrió un derrame cerebral que le impidió volver a cantar.

30 may 2014

Ya nadie quiere al Duke

Quizás suene exagerado, pero uno tiene cierta sensación de indiferencia generalizada, observando lo poco que se ha hablado de una efemérides tan relevante como puede ser el 40 aniversario de la muerte de Duke Ellington.
En mi caso, no me enteré por la prensa, al menos no vi ninguna referencia al respecto, ni por un programa de radio especializado en esta música. Fue el gran Juan de Pablos y su imprescindible Flor del Pasión en una sus habituales conmemoraciones biográficas donde su espíritu abierto se amplia hacia territorios musicales no habituales. Éste fue el célebre tema de 1938 con el que ilustró la noticia.
El problema de Duke es su deslumbrante brillantez. Su absoluta maestría musical. Su creatividad inigualable. Su esplendoroso clasicismo. Duke Ellington es un clásico entre los clásicos que ha traspasado las intermitentes fronteras de su género musical llegando a cotas raras veces alcanzadas en la música popular. Duke Ellington es un genio de una música que él nunca reconoció como tal ya que renegaba de la palabra jazz y creía que no tenía sentido usar esa misma expresión para sonidos tan diferentes como los que predominaban antes o después de los años 40, con la llegada del bebop.

No, Duke Ellington no es un personaje satisfactorio para los amantes de las mitologías románticas del músico genial, de tortuosa vida y triste final. Él siempre se mantuvo al margen de esas idolatrías hacia los grandes perdedores revividos. Leer su autobiografía, La música es mi amante, no da satisfacciones extramusicales morbosas. Ahí habla bien de todo el mundo, aunque no deje de usar cierta ironía elegante y de buen tono. Duke no quiere darse a conocer en su autobiografía y opta por esconderse detrás de su fabulosa orquesta y su acicalado personaje. Aunque intuyamos que debajo permanezcan volcánicos conflictos.  
Hizo bien en no desvelarse, su música es la mejor expresión de si mismo y donde mejor se le puede entender. Pionero del swing primitivo, su estilo se va sofisticando y se hace más ambiental y sinfónico a lo largo de los años 30. Llega a su apogeo en dos años mágicos, 1940-1942, con la incorporación del joven arreglista Billy Strayhorn, el gran revolucionario del contrabajo, Jimmy Blanton y el saxofonista tenor Ben Webster. La temprana muerte del Jimmy cuando todo un mundo complejo de posibilidades se abrían alrededor no dejó de afectar a aquella big band y al propio swing, en general, que desde entonces asumió su inevitable decadencia como género diferenciado. Es entonces cuando Duke y su orquesta se despega del viejo blues y se lanza sin complejos hacia el territorio de la música orquestal pura, un desafío personal que tenía pendiente el músico de Washington.
En los primeros años 50 las orquestas de Count Basie y Duke Ellington luchan por la hegemonía dentro del territorio en retirada de las big bands. Basie ofrece lo que siempre supo hacer mejor que nadie:  ritmo y blues. Duke quería enriquecer su paleta musical con nuevas formas tomadas de la música clásica y por lo tanto no siempre comprendidas por la crítica y el público. Además los grandes músicos de la vanguardia jazzística, protagonistas del momento,  no desdeñan tener momentáneo acomodo en grandes big bands alternativas como las de Dizzy Gillespie, Stan Kenton o Woody Herman. Pero Duke no estaba acabado o perdido en busca de un quimérico más allá orquestal. Lo reveló cuando demostró sus enormes dotes de solista en la compañía de estrellas emergentes como John Coltrane, Max Roach o Charles Mingus.
El último Duke Ellington no es un personaje especialmente atractivo en un mundo musical donde la emoción y la rebeldía lo eran todo. Las múltiples giras por todo el mundo con su orquesta como embajadora musical, los premios a su larga carrera desde las más solemnes instituciones, sus visitas a la Casa Blanca, sus Conciertos Sacros...todo parece hacer del Duke un personaje más del stablishment cultural, pero creo que hay mucho más tras las elegantes apariencias. Estoy seguro que para entonces aún dentro de él bullía aquel jovencito de Washington que una vez soñó con convertirse en un grande y noble duque para que la gente acudiese a oír todo lo que tenía que mostrarles.

1 dic 2013

Un flechazo musical y otros amores primerizos

En la última entrada de su blog, Jazz, ese ruido, Félix Amador Gálvez nos invita a los lectores a que escribamos sobre quién nos inspiro para convertirnos en amantes de esta música inacabable que es el jazz. Mi comentario fue éste: 
“En casa algún disco de las orquestas de Benny Goodman o Duke Ellington y un día aluciné con el My Favorite Things de Coltrane. Pero antes, al final de los 70, -sin saber que se trataba de jazz- me daba calma, paz y sosiego en mi tumultuosa adolescencia esta sintonía de Encuentro con las Letras que hace muy poco encontré en Internet después de tantos años."
Aclaro para los que lo desconozcan o no lo recuerden: Encuentros con las Letras era un programa de Televisión Española entre finales de los 70 y principios de los 80, dedicado a la literatura. En él, prestigiosos profesionales del periodismo y la escritura como Carlos Vélez, Daniel Sueiro, Esther Benítez, Jesús Torbado, Andrés Trapiello o el inefable y por entonces muy juvenil Fernando Sánchez Dragó, entrevistaban a los diferentes autores y revisaban en una mesa redonda los libros que habían despertado su interés entre los recientemente publicados. Un paraíso repleto de vivificantes manjares por un chaval devoralibros como era yo por entonces y en el que se entraba a través de este inolvidable preámbulo musical:  
Mi amigo Rick ha tenido la generosidad de enviarme este fragmento, maleado por las nieves del tiempo pero que quizás os sirva para entender mi primera fascinación por aquella música desconocida y placentera.
No sé quién es el autor de esta versión y aunque lo he intentado en alguna ocasión, no  he utilizado todos los resortes que la red ofrece para localizar al responsable. También he de confesaros que hasta la semana pasada solo tenía un vago recuerdo de esta melodía y que fue entonces cuando me lo encontré de nuevo, mayor pero increíblemente bella como entonces,
en uno esos programas recopilatarios que se pueden encontrar en la web de RTVE. Si alguien sabe más sobre esta versión de "Días de vino y rosas" le estaré tremendamente agradecido.
Luego llegó el swing y un destartalado disco que tenía como protagonista a la muy celebrada Orquesta de Benny Goodman. Estos dos temas, pero en versiones mucho más antiguas, formaron parte de mi bautizo jazzístico.
 

Pero la guinda de la tarta la puso el Duke quizás, en parte, por culpa de este inmenso tema.

14 feb 2013

La magia de un título

 
Hace unos meses  María, entusiasta bloguera desde El saco de mis pensamientos, me recordaba que Dancing in The Dark era - aparte de la pieza que había puesto yo en la entrada, Cosecha del 58 - un célebérrimo tema de Bruce Springsteen. Lo recordáis ¿no?. ¿Quién se puede olvidar de uno de esos exorcismos épicos del Boss azuzándonos a quemar las naves y salir huyendo a cualquier parte? Estaba en el mítico Born in the U.S.A. de 1984 y dejó detrás una larga estela de laureles: primeros puestos en las listas, Grammy, MTV, Canción del Año etc..
 
Debe haber algo muy especial detrás de un título como Dancing in the Dark. Escribía entonces que aparte de los dos nombrados, hay otros dos temas que siendo diferentes llevan la misma cabecera. Debo rectificar no son dos, al menos hay cinco. Allmusic enumera además 59 discos con ese nombre. En otros ámbitos, hay tres peliculas de cine- uno con Antonio Banderas y Angelina Jolie-, cinco capítulos de series de televisión, y hasta cinco novelas tituladas Dancing in the Dark. 
El motivo no lo sé, pero no me resisto a pensar que algo aportó esta escena de uno de los mejores musicales nacidos en Hollywood.

Volvamos al principio. El standard Dancing in the Dark fue compuesto por Arthur Schwartz y el letrista Howard Dietz para una revista de Broadway de 1931 titulada The Band Wagon. La escena anterior, con Fred Astaire y Cyd Charisse, forma parte de la versión cinematográfica de 1953 titulada en España Melodías de Broadway. Parece ser que Arthur Schwartz, ya escrita la obra, sintió la necesidad de añadir una pieza lenta que sirviese para darle a la composición un tono más sofisticado y misterioso. Misterio y sofisticación a la que no era nada ajeno Duke Ellington, uno de los artistas más entusiastas de esta pieza tantas veces interpretada.  
A riesgo de que a alguien le de el tembleque, es casi imposible olvidarnos de la conmovedora versión de Charlie Parker en su denostado disco, al menos durante mucho tiempo, Charlie Parker with Strings.   

Por último, así canta la pieza, la reina de  las baladas de jazz, Sarah Vaughan, en una interpretación en directo de 1957.
Creo que lo he conseguido, a pesar de mis pobres palabras, la magia todavía sigue en pie. Además, y aunque no creo en esas cosas,ya fue 14 de febrero. A quien Dios se la dé, San Valentín se la bendiga.

2 feb 2012

Guiñando al pasado

"Pero, como en los cuentos de hadas, érase una vez en la que un productor llamado Thomas Langmann financió un proyecto con apariencia suicida, una película muda y en blanco y negro. Ocurrió al final de la primera década del tercer milenio, cuando ninguna televisión exhibía cine en blanco y negro en la certidumbre de que no las vería ni Dios, cuando casi todos los niños ignoraban que habían existido dos maravillosos hacedores de risa e incluso de lágrimas (lo segundo solo en el caso de Chaplin, la poética de Keaton no se permitía el sentimentalismo), cuando los agoreros o el realismo aseguraban que iban a desaparecer cosas, rituales y costumbres que habían donado entretenimiento, alegría, emoción, consuelo y felicidad a la gente de cualquier parte. Se titulaba The artist y la parió Michel Hazanavicius, un soñador dotado de fe inquebrantable en su criatura."

"Y cuentan las crónicas que esa película presuntamente descabellada enamoró a un público numeroso, le concedieron oscars y multitud de premios e incluso esos seres tan raros cuyo exótico trabajo consistía en hacer críticas de cine le concedieron su solemne bendición. Y si todas esas apetecibles y lógicas cosas no hubieran ocurrido con The artist, daría igual. Nadie podría despojarla de su condición natural de joyita, o de joya a secas."
(CARLOS BOYERO - EL PAIS - 2-02-2012)

A pesar de mi indomable curiosidad, tenía cierta desconfianza cuando fui a ver esta película. Acostumbrados a lo nuevo, lo antiguo nos da recelo. Cuando terminó, la sensación era de puro bienestar. Hacía tiempo que no sentía algo parecido en el cine. En esta edad tardía hemos perdido la capacidad de entregarnos a las cosas, aunque el niño que fuimos sigue ahí abajo. Agazapado. Esperando desbordar nuestras emociones al primer descuido. The artist se lo pone fácil. Por ejemplo, con esos viejos temas que forman parte de su hermosa banda sonora.

Pero también con los temas originales del compositor Ludovic Bource


Imágenes fascinantes. Un guión que sabe jugar a fondo y sin miedo con viejos estereotipos: actor triunfante en decadencia por culpa del cine sonoro frente a chica de la calle convertida en emergente estrella de los nuevos tiempos. No hay derrotados. Una mano a tiempo convierte la tragedia en comedia y ayuda al triunfo del final jubiloso.
Como los de antes.

25 ago 2011

Un mundo para Ray Nance

"Ray Nance nunca ha desafinado en su vida y ello lo convierte en único entre los artistas dedicados a la libertad de expresión en la música.
Cantante...

violinista...

cornetista...

y bailarín, ¡Ray lo tiene todo!
A pesar de lo brillante de sus solos, el éxito nunca se le subió a la cabeza.
Se trata de un artista nato y no hay trompetista que aborde el fraseo improvisado del "Take The A Train" sin caer en algunos de los pasajes originales ejecutados por Ray Nance en la primera grabación del tema.

Ray se unió a la banda en 1940 y estuvo con nosotros más de veinte años. ¿Qué más puedo deciros acerca de un hombre corto de estatura pero que destaca como un gigante sobre sus colegas y competidores?. Tan solo hay un Ray Nance en el mundo.
(DUKE ELLINGTON - La música es mi amante)

3 feb 2011

Flamingo

En el mundo de las palabras algunas nacen bendecidas desde la cuna. Pongamos el caso de la expresión inglesa Flamingo que como sabéis designa a una hermosa ave zancuda. Una palabra bella que sirve para designar entre otras a una ciudad en Florida, a un supervillano enemigo de Batman o a un Capitán infantil defensor de las buenas causas en dibujos animados. También es un legendario casino y hotel en Las Vegas donde el rey Elvis rodó esta escena:

 

En el campo musical, que es lo propio en este blog, hay que remontarse al año 1940 e imaginarse a un joven rumano ansioso por entregarle una partitura al gran Duke Ellington que actúa esa noche en Filadelfia. Casualmente el cantante Herb Jeffries pasa por allí y Ted Grouya, en su balbuciente inglés, logra entregarle el tema que ha escrito. Herb se lo guarda en el bolsillo y se lo enseña a Billy Strayhorn que lo toca en el piano del camerino. Duke está por allí, lo escucha y le pide a Edmund Anderson que haga algunas variación a la letra antes de grabarla a finales de ese mismo año. Será el gran hit de la orquesta en 1941, pero el novel compositor se sintió molesto por los cambios efectuados en su composición. Solo el éxito alcanzado logrará aplacarle. 
Flamingo es uno de los temas favoritos de Ellington que lo consideró clave en la renovación de la antes acaramelada orquestación de los temas vocales.

 

El fenomenal y rumboso saxo alto  Earl Bostic, al que John Coltrane consideraba su maestro, renovó la popularidad del tema llevándola al número 1 de las listas de rhythm and blues en 1951.


The Flamingos fue uno de los más excitantes grupos de Doo wop -o Dudúa como prefiráis-  en la segunda mitad de la década de los 50. El conjunto obtuvo su máxima popularidad en 1959 con un viejo tema  que el actor Dick Powell ya había cantado en un film de 1934 y que con posterioridad fuera interpretado por gente de la talla de Al JolsonPeggy Lee o Doris Day. Es indudable que la versión de The Flamingos, siendo más tardía, ha quedado como la más clásica de I Only Have Eyes for You.


Entre los más ilustres representantes de lo que se denominó la "invasión británica" ocupa un lugar especial el grupo de un teclista de jazz huido de su Sudáfrica natal en desacuerdo con la política del apartheid. En el Reino Unido formó un dúo con Mike Hugh que luego se convertiría en un grupo que terminó llevando su propio nombre, Manfred Mann. En sus años pop, luego volvería al jazz, tuvo un éxito extraordinario con la canción de una bella mujer al que todos los chicos del barrio comparaban por su belleza con un bonito flamenco.

31 dic 2010

Adiós al embajador


"El pianista de jazz y compositor estadounidense Billy Taylor murió a los 89 años en Nueva York a raíz de un paro cardíaco, según cita hoy el "New York Times" en declaraciones de su hija. Taylor, que prefería ser llamado Dr. Taylor por el diploma que había obtenido en pedadogía musical, comenzó su carrera en clubs famosos de la gran metrópoli como 'Three Deuce' y 'Birdland', donde tocaba swing y bebop. Pero alcanzó verdadera fama en todo el país a través de sus composiciones.
Sus programas llevaron a que el jazz fuese respetado como verdadera forma artística, valor que esta corriente musical no tenía cuando Taylor, hijo de un dentista y de una maestra, comenzó a tomar clases de piano a los siete años.
Con el tiempo, Taylor comenzó a dar clases en la Universidad de Long Island y en la Escuela de Música de Manhattan. Fue, entre otros, miembro del Consejo de Cultura de la ciudad de Nueva York, al que también pertenecían compositores como Leonard Bernstein, y asesor del Centro Kennedy para las Artes Escénicas en Washington.
Compuso alrededor de 300 obras, entre las que destaca el gospel 'I Wish I Knew How it Would Feel to Be Free', canción que, grabada en un primer momento por Nina Simone, se convirtió en los años 60 en himno extraoficial de los movimientos por los derechos civiles."
(EL MUNDO.ES)




"Aunque no era un innovador, Taylor, era lo suficientemente flexible como para tocar swing, bop y otros estilos de vanguardia sin perder su propia personalidad". (Scott Yanow en Allmusic Guide)



Billy Taylor poseia una rara combinación de creatividad, inteligencia, visión , compromiso y liderazgo, cualidades que le convirtieron en uno de nuestros tesoros nacionales más apreciados (All About Jazz) 



Y un regalo para el Año Nuevo de un trío de ases:

10 nov 2009

PC en el recuerdo

Uno de los pocos momentos en que en su biografía se muestra amargo  Duke Ellington es cuando relata, y se queja, de la absurda muerte de Jimmy Blanton. El destino, en una de de esas piruetas tontas a las que nos tiene acostumbrado, hizo que el contrabajista más cercano al espíritu de Blanton muriese de la misma enfermedad, la tuberculosis, veintisiete años después:



Estoy hablando de Paul Chambers, la imprescindible figura del contrabajo desde mediados de los 50 hasta su muerte en 1969 con tan solo 33 años. Tres lustros de rara intensidad por parte de un instrumentista excepcional que consiguió la proeza de entrar en el sexteto prodigioso de Miles Davis con apenas 20 años. La misma edad, mes arriba mes abajo, que tenía Jimmy Blanton
cuando entró en la orquesta de Duke Ellington.
Su primer disco como lider, Whims of Chambers, fue publicado en 1956. Un disco delicioso desde el principio al final, donde los logros del maestro Blanton alcanzan nuevas cotas. Chambers se rodea de músicos excepcionales como Coltrane, Donald Byrd, Kenny Burrell, y sin embargo lo que perdura en nuestra mente es el sonido de su maravilloso contrabajo:



Aunque publicado con posterioridad a
Whims of Chambers, Chambers' Music, es la primera grabación en el que Paul Chambers es cabeza de cartel. Este es el hermoso tema final del disco. Todo un clásico:



Chambers publicó 5 discos mas entre 1957 y 1960. En uno de ellos, Bass of Top, aparece el tema que encabeza esta entrada. 

¿Por qué no sacó más discos como solista? 
¿Acaso la sombra de Miles Davis era tan alargada? 
Sin embargo dejó al trompetista en 1963, sin ninguna clase de miramientos, para irse con Wynton Kelly. Además sus discos como solista los hizo mientras participaba en el sexteto de Miles. Una incógnita que quizá tener alguna explicación en una vida de inaplazables adicciones. Sea lo que sea Paul Chambers era un hombre muy querido entre sus compañeros que le llamaban familiarmente "Mr. Pc". John Coltrane compuso en su honor un tema con ese apodo que con el tiempo se convertiría en uno de sus más conocidos standards. Aquí lo tenemos interpretado en directo por el tremendo grupo de Wayne Shorter:



Paul's Pal es otro homenaje a Paul Chambers. Compuesto por Sonny Rollins, adquirió cierta notoriedad en la versión cálida y aterciopelada de Donald Byrd:

5 nov 2009

Visiones del Duke


 "El amante de las categorías tiene que mostrarse fiel a su particular categorización, y si lo que está escuchando es una cacofonía, tiene que exhibir una expresión de éxtasis para dejar claro que sí pilla la onda. Y lo cierto es que también hay quien de veras disfruta con la distorsión. La abstracción puede llegar a un punto en el que representa o expresa cualquier cosa que el artista diga. Como nadie habla su mismo lenguaje o el lenguaje en que ha sido escrita o pintada la pièce de resistance, él -el artista- es el único que la comprende. ¡Pero si quieres estar a la última más vale fingir que tú le pillas la onda al asunto! ¿Y qué sentido tiene culpar a las personas en un momento en que los requerimientos sociales son tan exigentes? Casi todo el mundo quiere ser alguien en términos sociales."



"Nueva York es el sueño de una canción, la sensación de estar vivos y alerta, una ráfaga y un flujo de vitalidad que late como el gigantesco corazón de la humanidad entera (…)
Nueva York es su gente y su gente es la ciudad. Entre sus multitudes, en sus calles y en sus altos edificios, uno puede encontrar cualquier estado de ánimo, imagen y sonido, cualquier costumbre, idea y tradición, cualquier color, sabor, religión y cultura de la tierra entera. Se diría que todos los mejores chefs del mundo han enviado un pellizco de la especia más distintiva del país de cada uno para acentuar lo tentador del sabor de este gran y delicioso pot au feu llamado Nueva York."








"La vida nocturna es el recorte de un suntuoso rollo de terciopelo azul. La vida nocturna centellea de joyas y relampaguea de tonos hormigueantes y tintineantes. Algunos de sus destellos son más preciosos que las piedras preciosas; otros son simples brillos de bisutería. Se diría que la vida nocturna fue creada con toda su gente en ella, las personas que nunca fueron niños pequeños, sino que nacieron ya adultas, independientes por completo. Algunas de ellas eran fantásticas, mientras que otras eran meros personajes secundarios de uno u otro tipo. Algunas experimentaron infortunios nunca revelados, mientras que otros tuvieron suerte. Algunos centelleaban en la vida nocturna con más relumbrón que sus nombres en las marquesinas. Algunas iban a lo seguro, mientras que otras preferían arriesgarse. Había unos cuantos vividores que dependían de los pardillos para subsistir. Y también había los que eran demasiado prudentes para vivir del cuento, quienes lo único que querían era tener el dinero suficiente para permitirse el lujo de ser unos pardillos."



"La Ciudad del Jazz es un lugar habitado por una clase especial de personas. Unos están a punto de marcharse y otros acaban de llegar. Los hay que andan locos por integrarse en ella, y otros se acercan no muy convencidos y con cautela. Los hay que incluso dicen tener miedo y vacilan antes de adentrarse en ese territorio donde se sienten tan fuera de lugar, ese territorio extraño cuyos habitantes están a la última, son tan vivos y tan cool. Esos individuos que dudan se sentirán provincianos en la metrópoli o como los turista que recorren Chinatown a bordo de un autobús. No saben si les tomarán por remilgados o por palurdos."



(TEXTOS DE DUKE ELLINGTON EN SU AUTOBIOGRAFÍA: LA MÚSICA ES MI AMANTE)

1 jul 2009

38 dólares tirados en el suelo


Un día en que el alquiler estaba vencido, mamá recibió una notificación en la que le informaban que nos pondrían de patitas en la calle. Corría lo peor de un crudo invierno y ella ni siquiera estaba en condiciones de andar. (...)

Bajé por la Séptima Avenida desde la calle 139 hasta la 133, fracasando en todos los sitios donde entré a pedir trabajo. En esa época, la 133 era la calle del swing, como más tarde intentó serlo la calle 52. Recorrí todos los bares de trasnoche, los de horarios regulares, restaurantes y cafeterías a docena por manzana.

Al llegar a Pod's and Jerry's estaba desesperada. Entré y pregunté por el patrón. Creo que hablé con Jerry. Le dije que era bailarina y quería que me probara. En realidad solo sabía dos pasos (...)
Jerry llamó al pianista y me dijo que bailara. Empecé y resulto deplorable. Repetí sin parar mis dos pasos hasta que empezó a chillarme y me dijo que me largara, que no le hiciera perder el tiempo.
Estaban a punto de sacarme de una oreja, pero yo seguía rogándole que me diera trabajo. Por último el pianista se apiadó de mí, apago el cigarrillo, levantó la vista y me preguntó:

  • ¿Sabes cantar, chica?

  • Claro que sé cantar, eso no es nada del otro mundo -respondí.

Yo había cantado toda mi vida, pero disfrutaba tanto con ello que nunca se me ocurrió que sirviera para ganra dinero. Además, aquellos eran los tiempos del Cotton Club y de las gatitas glamurosas que lo único que hacían era mostrarse atractivas, menearse un poco y recoger el dinero de las mesas.




Yo creía que esa era la única forma de ganra dinero, y necesitaba cuarenta y cinco pavos para evitar que a la mañana siguiente dejaran a mamá a la intemperie. Entonces no se oía hablar de cantantes, salvo que uno fuera Paul Robeson, Julian Bledsoe o alguien así.



Le pedí al pianista que tocara Trav'lin All Alone, lo más cercano a mi estado de ánimo.

Y en algún momento debió de calar hondo. Se acallaron todas las voces en el bar. Si a alguien se le hubiera caído un alfiler, habría sonado como una bomba. Cuando finalicé, todos aullaban y levantaban sus vasos de cerveza. Recogí treinte y ocho dólares del suelo.
(LADY SING THE BLUES- BILLIE HOLIDAY)

3 jun 2009

Mingus contra la blancura del mundo


"Síii, hay ciertas cosas en la vida de las que a nadie le gusta hablar. Nadie que no sea blanco, claro.



Y entonces ¿qué haces después de eso? Quizás conseguir un trabajo con el mismísimo Duke. El es el Héroe y la suya es la banda de la que uno no se va, pero esta vez te pide que te largues por un incidente con un trombonista y arreglista llamado Juan Tizol.


A él no le gusta (lo que hago) y viene a la sala debajo del escenario donde estás precticando durante el descanso y comenta que eres como los demás negros de la banda, que no sabes leer. Tú le preguntas a Juan en qué se diferencia él de los otros negros y él te sale con que una de las cosas en que se diferencia es que ÉL ES BLANCO.



Así que lo haces volver arriba corriéndole a patadas. Sales de la sala de ensayo, te diriges al escenario con tu bajo y te colocas en tu sitio, y en el momento en que Duke baja la batuta para atacar "A-Train" y se alza el telón del Apollo Theatre, un aullante y vociferante Tizol arremete contra ti blandiendo su navaja.



El resto lo recuerdas sobre todo por las palabras del propio Duke en su camerino, mientras se cambia después del espectáculo.
  • Bueno, Charles -dice, jovialmente, mientras se pone unos gemelos Cartier en los puños de su preciosa camisa hecha a medida- podrías haberme avisado, ¡no has contado para nada conmigo! Por lo menos podrías haberme dado una pista con unos pocos acordes antes de montarte ese número a lo Nijinski. Te felicito por la actuación, pero ¿por qué no nos informasteis Juan y tú sobre el adagio que teníais planeado para poder grabarlo?
    Tengo que decir que nunca he visto a un hombre grande más ágil, ¡no he visto nunca a nadie dar saltos tan tremendos! La pirueta sobre el piano llevando el bajo fue colosal. Cuando después hiciste mutis pensé "Pues sí que tiene miedo de la navaja de Juan este hombre y a la velocidad que va ya debe estar en la camita de su casa".




Pero no, volviste a entrar por la misma puerta con tu bajo aún intacto. Por un momento tuve la esperanza de que hubieras decidido sentarte a tocar, pero lugar de eso ¡partiste en dos la silla de Juan con un hacha de incendios! De verdad, Charles, eso es destructivo. Todos sabemos que Juan tiene una navaja, pero nadie se lo ha tomado nunca que lo siento, Charles... nunca he despedido a nadie... pero tienes que dejar la banda. Ya tengo bastantes problemas. Juan es ya un viejo problema, y con él puedo arreglármelas; pero parece que tú tienes un montón de trucos nuevos. Me veo obligado a pedirte que seas tan amable de presentarme tu dimensión, Mingus.

Con esa manera encantadora de decirlo, es como si te hiciera un cumplido. Sintiéndote honrado, das la mano y dimites"
(Charles Mingus - Menos que un perro)
(Esta entrada no hubiera sido posible si Félix -Svengali- no me hubiera recomendado la lectura de este libro)


4 mar 2009

Voces de Laura


Nunca olvidaré el fin de semana en que murió Laura. Un sol plateado ardía en el cielo como una enorme lupa. El domingo más caluroso que recuerdo. Me sentía el único hombre vivo en Nueva York. A causa de la horrible muerte de Laura estaba solo. Yo, Waldo Laedecker era el único que la conocía realmente...


No es bueno pero le quiero. No es buena persona, ni él tampoco. Sabe que yo sé que él es lo que es: y me da igual. Nos pertenecemos.Somos débiles y no podemos remediarlo...


Cuando un hombre tiene cuanto desea, excepto lo que más desea, pierde su dignidad y eso le llena de amargura y quiere hacer el mismo daño que le hicieron a él...


Y tal y como lo demostró nuestra historia, el amor es eterno, la motivación más tenaz
de los humanos a lo largo de los siglos. El amor, más fuerte que la vida, va más allá de la negra sombra de la muerte. Voy a cerrar la emisión con unos versos de Dowson en Vida Breve:
Efímeros son el llanto y la risa,
el amor, el deseo y el odio.
Creo que no son parte nuestra
después de cruzar el umbral.
Efímeros son los días de vino y rosas.
De las nieblas del sueño
surge el sendero un instante.
Luego se cierra dentro de un sueño...


Ya maté a una persona pero no es suficiente. Lo mejor de mí mismo, eso es lo que tú eres.¿Cómo voy a dejarte en las vulgares manos de un detective que en ti sólo ve una tipa? ¿Cómo podría soportar que te abrace, que te bese y te ame? Laura, adiós Laura, mi amor...


28 feb 2009

Todas las cosas que podrías llegar a ser si la mujer de Sigmund Freud fuera tu madre


Parece ser que Charles Mingus no tenía excesiva buena opinión de la psiquiatría. Llevaba muchos años con un analista e incluso en una de esas situaciones tragicómicas que le tocó vivir, después de acudir un día al Hospital de Bellevue para pedir ayuda psicológica consiguió, muy a su pesar, que acabaran internándolo. Pero su irresistible sentido del humor le permitía hacer cosas tan extrañas como pedirle a su psiquiatra favorito que le sugiriese las letras de algún tema. Uno de ellos es éste que encabeza la entrada. (Se puede escuchar un fragmento). Tampoco nada de ésto es seguro, Mingus tenía una enorme capacidad para la fabulación y era capaz de inventarse cualquier cosa para echarle un poco de teatro al asunto..
Un tipo tan excéntrico, radical y tumultuoso, amante de las escenas teatrales y con un humor de mil demonios, tenía que hacer una música en consonancia con su personalidad y la hizo, vaya si la hizo.
Empezó en el jazz tocando con Louis Armstrong, colaboró con Duke Ellington y Charlie Parker y como en esa grabación tan extraordinaria del Festival de Antibes hizo buenas migas con el free Eric Dolphy. Estaba en todas partes y no estaba en ninguna. Podía lanzar unas declaraciones incendiarias atacando un estilo musical o incluso a un músico al que no tuviera simpatía y pocas semanas después realizar una jam session con él y tocando esa música que rechazaba con ardor.
Era Charles Mingus y todo lo que tocaba pasaba a incorporarse a su propia forma de hacer las cosas. Indefinible e indescriptible. Como este tema que suena de fondo que es una mezcla de soul, blues, jazz tradicional, gospel y todas las etiquetas que se quieran poner.
Por último, es curioso que siendo tan iconoclasta, tan suyo, tam individual haya tanta gente que se considera su heredera musical e incluso espiritual. Do ejemplos:
El precioso disco de Joni Mitchell titulado Mingus editado en el mismo año de su muerte, 1979
con un grupo fastuoso. Aquí la tenemos interpretando el tema emblema del contrabajista: Goodbye Pork Pie Hat:



Otros ejemplos de esta veneración musical se refleja en temas e incluso discos de homenaje como Weird Nightmare: Meditations on Mingus de 1992 y en los diversos grupos de jazz que llevan el propio del contrabajista: The Mingus Big Band, Mingus Orchestra y esta Mingus Dynasty, un grupo repleto de ases, que vió así en 1980 el mismo Better Get It In Your Soul que podemos escuchar de fondo:



24 feb 2009

El concierto para acabar con todos los conciertos


Hay que echarle mucha valentía o tener cierto sentido del humor para titular un tema, tirando a cortito y dividido en dos partes, de esa guisa; pero Stan Kenton tenía cierto sentido de la grandilocuencia y no despreciaba el sabor del peligro desde que se embarcó con 30 años en la aventura de montar su propia banda de jazz. En aquel momento, principios de los 40, las cosas pintaban bien para las big bands. Era la eclosión de las orquestas de Duke Ellington, Count Basie etc. y la orquesta de Stan Kenton junto a las famosas Herd (rebaños) de Woody Herman representaban una alternativa moderna a los clichés algo marchitos de las viejas bandas blancas.
Stan Kenton
formó un grupo de gente homogénea aunque joven y desconocida más allá de la costa oeste y en 1943 tuvo su primer gran éxito con un tema que podría ser una perfecta banda sonora para una película de cine negro tan en boga en aquellos tiempos:


Se oye en esta grabación moderna de su tema-icono, hasta el punto de dar nombre a su orquesta de aquellos tiempos, la tendencia de Stan Kenton a mezclar elementos de música clásica con una instrumentación poderosa y penetrante donde destaca la brillantez exaltada de los saxos jugando con el sonido sin contemplaciones de la sección de metal en combinados y estudiados riffs. Con este éxito y otros parejos producto de sus grabaciones con Capitol; la labor de su alter ego el arreglista Pete Rugolo; la incorporación progresiva de jóvenes talentos como Art Pepper, Stan Getz , Anita O'Day o June Christy y su apertura hacia la nueva música postswing, se sintió autorizado para bautizar su música con una exigente etiqueta: jazz progresivo. Con esa óptica de modernidad, era en cierto modo normal que coincidiese con los pioneros del bebop en la idea de revalorizar la función del músico como instrumentista y no como simple acompañante del baile. Quizá eso fue una de las causas del acercamiento de su música a la clásica desde una perspectiva más conceptual que técnica.

Después de la guerra sus ideas alcanzaron una mejor definición coincidiendo con la primera crisis de las clásicas y tradicionales bandas de swing. En su música se mezclaban los temas tradicionales con los más abstractos y no tenía reparos en adaptar temas clásicos al repertorio del jazz. También en esta época empezó a colaborar con músicos y arreglistas que luego conformarían el sonido West Coast y el cool jazz: Shorty Rogers, Gerry Mulligan, Zoot Sims, Mel Lewis etc. En 1954 obtuvo un Music Hall of Fame por su contribución al desarrollo de la música estadounidense en el siglo XX. Sin embargo, no todos eran elogios: a mediados de los 50 tuvo una confrontación con los críticos de la revista Down Beat al acusarlos de elegir exclusivamente a músicos negros en las listas de los mejores músicos del año. El célebre Leonard Feather contestó preguntándole si Stan Kenton era favorable a la discriminación racial y la causa de que casi no tuviera músicos de color en sus orquestas.

A principios de los años sesenta, aún sin pertenecer a las corrientes más vanguardistas del momento siguió experimentando con nuevos sonidos y nuevas instrumentaciones e incluso ganó varios premios Grammys. Pero a partir de 1963 no se pudo sustraer a la gran crisis que vivía el jazz y especilamente de las orquestas. En sus últimos años, hasta su fallecimiento en 1979, sus inclinaciones le llevaron al terreno de la enseñanza en universidades y centros de música. Sus programas didácticos y su obras, quizás no muy habituales en el repertorio de los músicos profesionales, son desde entonces estudiadas con devoción en dichos centros de estudio. Recientemente se han recopilado todas sus grabaciones, en especial las del sello Capitol, y se está asistiendo a una lenta revalorización de su patrimonio musical muy adecuada para estos tiempos de mestizaje musical sin barreras.
No, definitivamente no acabó con todos los conciertos, pero aportó su grano de arena para abrirlos a nuevos territorios.

14 feb 2009

Sweet Georgia Brown


Sweet Georgia Brown es como un soleado sábado por la mañana en que todo parece favorable. Un sábado distendido, desinhibido, sin preocupaciones acuciantes para amargarte el día y en el que te dan ganas de aprovechar cualquier oportunidad que se presente.
No es raro que la versión más emblemática del tema fuera realizada en 1949 por Bones Brothers and his Shadows un grupo capaz de convertir el arte del silbido en extraordinaria música de swing. La fama de esta versión viene asociada al hecho de convertirse en el tema de los célebres Harlem Globetrotters ese grupo acrobático, deportivo y circense que hizo su debut en el Savoy Ballroom de Harlem, la meca de las orquestas de baile en los años 30:



Sweet Georgia Brown fue compuesto por Ben Bernie, Maceo Pinkard y el letrista Kenneth Casey en 1925. Ben Bernie era el director de la orquesta del Hotel Roosevelt y consiguió con este tema una enorme popularidad en todo el país:


También silbada es esta grabación del año 1929, transformada en unos divertidos dibujos animados en 1932:


Incluso la serie Merrie Melodies ofrece su versión. Aquí, en "The Isle of Ping Pongo" se interpreta el tema en estilo scat. Las caricaturas decididamente racistas caracterizan a Fats Waller y a los Mill Brothers:


Si se habla del scat hay que hablar de Ella Fitzgerald, aquí en la mejor compañía, la Orquesta de Duke Ellington:


Joe Venuti, uno de los más grandes violinistas que ha dado el jazz clásico:


El maestro del saxo soprano, Sidney Bechet, gran artífice del jazz tradicional lleva el tema a su peculiar estilo de tocar:


En 1980 el gran Benny Goodman junto a Teddy Wilson, se marcaron esta interpretación donde cada acorde es una lección de swing:


La coda final para el prodigio de Canadá, Oscar Peterson, el hombre de los dedos a velocidad de la luz:

27 ene 2009

Los guardianes de los significados


No significa nada si no tiene swing. Sin embargo, ellos sin tener mucho swing creen conocer casi todos los significados. Son los porteros del jazz. Los guardianes de las esencias. Los guardianes de los significados.
Hugues Panassié, el primero de la fila de arriba a la izquierda, fue el fundador del Hot Club de France en los años 30, que es como decir que fue el que le dió carta de naturaleza al jazz en Europa. Él trajo a Francia a los grandes músicos de la época, difundió a través de su revista este estilo musical y fue el que estuvo detrás de las primeras grabaciones del grupo de Django Reinhardt. Pero a pesar de estas contribuciones decisivas, escribió un libro en 1942 titulado "El verdadero jazz" en el que sostenía que el único jazz auténtico era el de Nueva Orleans realizado por negros. "Los blancos saben música y esto les estorba para hacer jazz puro" . Más tarde cuando surgió el bebop, llegó a sostener que esa nueva música era cualquier cosa menos jazz. Los seguidores de sus teorías crearon un bando "panassieísta" acérrimo defensor del jazz tradicional.
Amiri Baraka, antes Leroi Jones y segundo de la fila, es un escritor afroamericano polifacético cuya obra está estrechamente vinculada a los derechos de la gente de color desde una perspectiva radical. Desde esa radicalidad defendió el jazz posterior al bop, en especial el Free Jazz, por considerarlo un exponente del arte de la nación negra frente a la hegemonía blanca. Lógicamente, fuera de esos parámetros cualquier otra música que se pretenda llamar jazz no tiene auténtica legitimidad.
El último de la fila es Ralph Ellison, autor de El Hombre Invisible, una novela de los 50 de gran importancia en los derechos de la gente de color. Las citas entresacadas de la obra de Ralph Ellison , gran aficionado al jazz clásico, son la base sobre la que asienta el controvertido documental Jazz: una historia de Ken Burns en el que se defiende una visión exclusivamente afroamericana de este género.
Abajo están de izquierda a derecha: Albert Murray, Gary Giddins, Net Hentoff y Stanley Crouch.
Albert Murray fue en su día gran amigo de Ralph Ellison y de alguna manera continuador de las ideas de éste. Su libro Stomping the Blues es el Corán de los naeotradicionalistas del jazz. Sus ideas de vuelta a los orígenes, representado por el blues, y el rechazo de cualquier forma de mezcolanza con géneros musicales no afroamericanos ha condicionado el desarrollo de esta música desde hace más de 30 años. Es cofundador, junto a su discípulo Wynton Marsalis, del programa Jazz en el Lincoln Center.
Gary Giddins es un importante crítico musical, premiado en múltiples ocasiones por su labor desde el The Village Voice, pero además como historiador del jazz ha escrito fantásticas biografías sobre los principales exponentes de esta música. Su visión entusiasta de los grandes nombres del pasado lo acerca mucho a ese modelo neotradicionalista que hemos comentado más arriba.
Net Hentoff, es uno de los principales divulgadores del jazz y considerado por muchos el más grande crítico vivo. Defensor a ultranza de los derechos individuales ve en la libertad musical del jazz un reflejo de las libertades democráticas que siempre ha defendido.
Si Albert Murray con su mesianismo ha creado escuela en el mundo del jazz, el mejor propulsor de su espíritu ha sido y es Stanley Crouch. En aquel gran país, hay pocos polemistas con la fuerza y beligerancia de este personaje. Tan beligerante, que aún se recuerda cuando se lío a mamporrazos en el First Annual Jazz Awards. El buen hombre tenía que presentar unos premios y lanzó comentarios ácidos sobre algunos de los nominados por no practicar la música que a él le gusta. Cuando al final el organizador del evento le exigió explicaciones, Stanley utilizando el método de los hechos consumados le envió un derechazo a. rostro. Crouch llegó a tocar en su juventud en un grupo de jazz vanguardista, pero en la actualidad se ha convertido en un feroz enemigo del rap y de otra corrientes culturales no suficientemente ortodoxas con la tradición cultural negra. Spike Lee, Amiri Baraka, Alex Haley, el autor de Raíces y últimamente hasta el propio Barack Obama, al que no considera suficientemente representativo del mundo afroamericano por no ser descendiente de esclavos negros, han sido pasto de su ensañada pluma. Sin embargo en el terreno musical es el mentor ideológico de Wynton Marsalis.

Y la actuación estelar de:

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