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26 sept 2014

Voces que suenan a otoño

¿De que voy a escribir hoy en Sinfonía Azul? Debo posicionarme, como dicen los cursis, y soltar algo de lastre musical para que se vea que aún estoy en danza. Podría valerme del cambio estacional pero quizás eso suene a excesivamente manido. Y no es que no me apetezca escuchar en cualquier momento Autumn Leaves, Autumn in New York, el concierto número tres de las Cuatro Estaciones de Vivaldi...
Vaaale, me habéis convencido. Pondré uno de esos temas manifiestamente otoñales creado por Ralph Burns, Woody Herman y nuestro letrista de cabecera Johnny Mercer para la orquesta del propio Woody cuando tenía una alineación de ensueño.  
Después de rendir pleitesía a la estación habrá que hacer un homenaje a las vicisitudes climatologías del momento. La lluvia suena a otoño y se hace canción en cientos de temas variopintos. Hay canciones de lluvias pesadas, de lluvias ligeras, de lluvias púrpuras, de lluvias nocturnas, de lluvias interiores y de lluvias tan llamativas y visibles que exigen ser paradas, por las buenas o por las malas. Hoy me queda con la versión francesa de un viejo tema creado en 1962 por The Cascades un grupo americano nacido en la US Navy. Sí, como los Village People, pero sin el toque de coña marinera gay.
Ella es Sylvie Vartan, un ángel rubio del pop que sobrevive en nuestros más etéreos recuerdos.

Después de la lluvia nos pasamos a la niebla y estaréis conmigo en que no hay niebla más mítica y literaria que la de Londres. ¿Que sería de Sherlock Holmes, de Jack el Destripador  o de Oliver Twist y el horrible Fagin sin la famosa niebla producida por la combustión del carbón y el vapor del  Támesis? Ahora el fenómeno solo se produce durante 15 días al año pero hay varios temas que siguen recordándonos aquella eterna sauna misteriosa. Ésta genialidad de los hermanos Gershwin, es  el más interesante y sin duda el que más versiones tiene. Billie Holiday, casi en su suspiro final, nos ofrece una interpretación prodigiosa acompañada de músicos de la talla de Ben Webster, Barney Kessel o Harry "Sweet" Edison.
No era mi pretensión primera, pero me acabo de dar cuenta de que me ha salido una entrada de voces femeninas y no sería conveniente cambiar ahora de registro. Por cierto, acabo de ver que al recopilatorio de los discos de Billie Holiday con el sello discográfico Verve se le puso como título Lady in Autumn . Significativo.
Las vulnerabilidades metereológicas de esta estación equinoccial  podrían ser comparables a las que surgen y se expanden en  nuestras emociones sentimentales. Eso al menos sostiene esta joya inmortal creada por Harold Arlen y Ted Koehler en 1933. Sin duda la versión más sobrecogedora es la de la propia Lady Day pero no está mal escuchar a Etta James recreándose en tan gloriosa pieza.
Feliz otoño.

6 feb 2010

100 años más con Johnny Mercer

Este es el comienzo de esa gran película de Clint Eastwood titulada Medianoche en el Jardín del Bien y el Mal a su vez basada en la novela de John Berendt del mismo título. Canta k.d. lang -la cantante que quiere que se escriba su nombre en minúsculas- y el tema es Skylark:



La historia de Berendt está inspirada en un crimen
ocurrido en Mercer House en 1981, la mansión que mandó construir en la aristocrática ciudad de Savannah el  que luego sería general confederado Hugh Weedon Mercer. Su bisnieto, cuya lápida se ve en las imágenes, es el letrista de éste y de otros mil quinientos temas que iluminan la mejor época de la canción clásica norteamericana.
Johnny Mercer hubiera cumplido 100 años el pasado noviembre.
Su infancia y primera juventud  fue un territorio de lujos y confort, ya que su familia era la de más solera en la ya de por si aristocrática Savannah. 
Estaba destinado a hacer una carrera universitaria y dedicarse luego a los negocios como su padre, pero la quiebra de éste cambió los planes. Desde siempre se había sentido atraído por el mundo musical y aunque se sentía incapaz de leer una simple partitura, poseía una buena voz y sabía hacer letras con cierta soltura. Finalmente, cansado de ayudar a la maltrecha economía familiar, decidió probar fortuna en Nueva York.



Cuando le pilló el crack, estaba buscándose la vida en la Gran Manzana. Había sido contratado como cantante por la orquesta de Paul Whiteman y a veces hasta conseguía editar alguna que otra canción pero su vida estaba instalada en la precariedad. En 1932 conoció al compositor
Hoagy Carmichael y su suerte empezó a mejorar. En 1935 sabiendo de su talento es llamado a Hollywood por Bing Crosby, convirtiéndose al poco en el compositor de letras muy solicitado. De aquella época es su primera nominación a los oscars, Jeepers Creepers, famoso en la interpretación del maestro Louis Armstrong:



En 1939 tiene su primer número 1 al escribir la letra para una melodía de Ziggy Elman, trompetista habitual de Benny Goodman. El título es el que está incorporado a su lápida en el Cementerio Bonaventure de su ciudad natal:



Volvió a Nueva York colaborando con la orquesta de Benny Goodman y obtuvo múltiples éxitos en la radio musical lo que le permitió meterse en negocios y fundar con otros socios la célebre discográfica Capitol Records. Le dio tiempo su incansable laboriosidad para tener un idilio clandestino con Judy Garland y expresar sus sentimientos hacia la joven actriz en la memorable I Remember You. Más tarde, su encuentro con Harold Arlen fue providencial; encontrando en el compositor al hombre que mejor podía desarrollar su inagotable lirismo romántico, irónico y nunca empalagoso. El tema que los unió es uno de los más grandes blues orquestales de todos los tiempos, interpretado en miles de ocasiones por cientos de intérpretes. Esta es la divertida versión de Cab Calloway sus muchachos:



Su primer Oscar es de 1946 por una canción cantada por su musa, Judy Garland y titulada On the Atchison, Topeka and the Santa Fe. El segundo, una composición de su amigo Hoagy Carmichael, se le otorga en 1951 con In The Cool, Cool, Cool of the Evening. Su fama por entonces era tan arrolladora que se le ofrece poner letra a temas que ya habían alcanzado fama universal en sus versiones propiamente instrumentales. Es el caso de Laura, Satin Doll o esa inmortal Autuum Leaves traducción inglesa del tema de Jacques Prevert.
Sus dos últimos Oscars con la colaboración de Henry Mancini fueron sin duda mucho más memorables: Desayuno con diamantes (1961) y Días de vino y rosas (1964). Pero otros temas casi siempre de origen cinematográfico lo mantuvieron en popularidad durante toda aquella época. Entre ellos Charada o éste que consagró definitivamente a Tony Bennett:

Los 70, hasta su muerte en 1976, fueron años de reconocimiento en todos los ámbitos para aquel chico bien, que a pesar de su gloriosa carrera, siempre consideró que uno de sus mayores logros había sido poder pagar todas las deudas que había contraído su familia en su lejana juventud.

Y la actuación estelar de:

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