Vaaale, me habéis convencido. Pondré uno de esos temas manifiestamente otoñales creado por Ralph Burns, Woody Herman y nuestro letrista de cabecera Johnny Mercer para la orquesta del propio Woody cuando tenía una alineación de ensueño.
Después de rendir pleitesía a la estación habrá que hacer un homenaje a las vicisitudes climatologías del momento. La lluvia suena a otoño y se hace canción en cientos de temas variopintos. Hay canciones de lluvias pesadas, de lluvias ligeras, de lluvias púrpuras, de lluvias nocturnas, de lluvias interiores y de lluvias tan llamativas y visibles que exigen ser paradas, por las buenas o por las malas. Hoy me queda con la versión francesa de un viejo tema creado en 1962 por The Cascades un grupo americano nacido en la US Navy. Sí, como los Village People, pero sin el toque de coña marinera gay.
Ella es Sylvie Vartan, un ángel rubio del pop que sobrevive en nuestros más etéreos recuerdos.
Después de la lluvia nos pasamos a la niebla y estaréis conmigo en que no hay niebla más mítica y literaria que la de Londres. ¿Que sería de Sherlock Holmes, de Jack el Destripador o de Oliver Twist y el horrible Fagin sin la famosa niebla producida por la combustión del carbón y el vapor del Támesis? Ahora el fenómeno solo se produce durante 15 días al año pero hay varios temas que siguen recordándonos aquella eterna sauna misteriosa. Ésta genialidad de los hermanos Gershwin, es el más interesante y sin duda el que más versiones tiene. Billie Holiday, casi en su suspiro final, nos ofrece una interpretación prodigiosa acompañada de músicos de la talla de Ben Webster, Barney Kessel o Harry "Sweet" Edison.
No era mi pretensión primera, pero me acabo de dar cuenta de que me ha salido una entrada de voces femeninas y no sería conveniente cambiar ahora de registro. Por cierto, acabo de ver que al recopilatorio de los discos de Billie Holiday con el sello discográfico Verve se le puso como título Lady in Autumn . Significativo.
Las vulnerabilidades metereológicas de esta estación equinoccial podrían ser comparables a las que surgen y se expanden en nuestras emociones sentimentales. Eso al menos sostiene esta joya inmortal creada por Harold Arlen y Ted Koehler en 1933. Sin duda la versión más sobrecogedora es la de la propia Lady Day pero no está mal escuchar a Etta James recreándose en tan gloriosa pieza.
Feliz otoño.

