"Ahora cuando os diga que paréis, no quiero que os mováis y cuando diga moveros, quiero que hagáis boogie woogie" Con estos términos aleccionaba a los bailarines el pianista de Alabama Clarence Pinetop Smith el 29 de diciembre de 1928, en su grabación "Pine Top's Boogie Woogie":
Era la primera vez que aparecía la palabra boogie-woogie en un título; pero antes, mucho antes, se tocaba con ese estilo peculiar en los tugurios negros del Delta del Misisipi o de Texas. En realidad la idea consistía en imitar el estilo del blues. La mano izquierda ejecuta figuras repetitivas como las notas bajas propias de ese estilo musical y la melodía es ejecutada a través de las figuras sincopadas de la mano derecha. Estamos hablando de un piano golpeado sin piedad por pianistas afroamericanos autodidactas que al tener vedado el paso a los conservatorios, desconocían las complejidades y sutilezas de la música clásica occidental. Una música para dar ritmo a la fiesta y al baile. Hasta los años 20 no hay testimonios fonográficos de este estilo aunque si sabemos el desprecio con que era contemplada esta música por los compositores del ragtime y el primitivo jazz. En la década prodigiosa, Chicago se convierte en destino de miles de afroamericanos que huyen de su aciago destino en el sur. Es allí donde pocos meses antes, un paisano de Pinetop, Cow Cow Davenport graba un tema con las características del boogie-woogie e inspirado por el sonido del tren. Suena así:
Pinetop Smith, por su parte, fue un hombre con mal fario. Tres meses después de la grabación muere asesinado en una sala de fiestas. Albert Ammons y Meade Lux Lewis, sus jóvenes discípulos, intentaron proseguir su senda pero eran años difíciles los de la Gran Depresión si vieron obligados a abandonar la música y dedicarse a otras labores. El ángel de esta historia es una vez más, John Hammond. El mítico descubridor de talentos musicales y enorme productor, escucho a principios de los 30 una grabación de Meade LuxLewis de 1927. Enamorado de la grabación y con su insaciable sed musical removió tierra y cielo hasta encontrar a aquel pianista. Era 1935 y buscando a uno, encontró a dos. Este es el tema de Meade Lux Lewis, en la versión de 1937:
Albert Ammons, inicia su carrera discográfica en 1936 con todo un bombazo, lo titula "Boogie-Woogie Stomp" y homenajea al famoso tema del fallecido Pinetop:
El inquieto John Hammond siguio en su búsqueda de nuevos talentos y puso su mirada en la turbulenta Kansas City, la ciudad del pecado en los años 30. Allí es donde localizará también a un dúo singular. Se trataba de un pianista extraordinario llamado Pete Johnson y lo más sorprendente, un cantante que se atrevía con aquella música enérgica llevándolo a su propio terreno, Big Joe Turner.
Puestos los mimbres, el cesto estaba casi hecho y John Hammond y lo presentó al distinguido público del Carnegie Hall en las Navidades de 1938. El concierto se llamó "From Spirituals to Swing"y en él intervinieron figuras del blues, del jazz -su otro gran descubrimiento en Kansas, la Orquesta de Count Basie- y nuestros chicos del boogie-woogie. Éxito clamoroso, grabaciones por doquier. Actuaciones en dúo, en trío, en cuarteto. Contrato exclusivo en un selecto club del Village neoyoquino e incorporación del boogie-woogie al repertorio de las orquestas y cantantes de moda. Quince años más tarde el boogie-woogie, tuvo un hijo que llegó a ser grande y famoso. En 1954, Big Joe Turner puso su semilla con este tema inequívocamente boogie-woogie :
Pasaron los años, ahora lo del boogie-woogie parece como muy antiguo, pero no os engañéis, aún hay gente con el suficiente atrevimiento. Es el caso de The Puppini Sisters:
El Ángel del Jazz es un tipo imprevisible, caprichoso y amante del riesgo. Aquel día, mientras contemplaba desde su alta atalaya las vicisitudes de la gente que pululaba por el pentagrama de la vida, se fijó en un individuo rudo, corpulento y con penetrante mirada de sapo. Entonces se le ocurrió una idea y rápido, como celestial semifusa, le lanzó un compás 4/4 directamente a la cabeza. El individuo, corajudo como pocos, intento liberarse de aquella rígida red aunque finalmente, se tuvo que dar por vencido. Entonces miró con suficiencia a su opresor y con su nota mas baja le espetó:
¿Qué carajo quieres de mí, Ángel?
Tranquilo, me has caído simpático y he decidido otorgarte un don ya que creo que eres suficientemente bueno como para sacarle el máximo partido.
¿Qué es ello? Dímelo de prisa que me esperan para una jam sesion.
Pues bien, quiero otorgarte el don de poder tocar con tu saxo las más bellas baladas, los temas más estremecedores, la música más aterciopelada que pueda escucharse en parte alguna.
Ben Webster, al que apodaban La Bestia, por un segundo y sólo por un segundo, cambió el gesto y dejó que un amago de mirada tierna se asomara tímidamente a sus ojos. Pronto se rehizo, adoptó un tono arrogante y soltó:
No hay problema, los de Kansas City somos capaces de tocar cualquier cosa.
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