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29 mar 2023

Música para amores clandestinos

Empecemos poniéndonos solemnes, la ocasión lo permite ya que casi todas las historias de amores clandestinos, poseen un sesgo trágico desde aquellos célebres amantes de Verona, Romeo y Julieta. Curiosamente el ballet con ese nombre compuesto por Serguéi Prokófiev en 1935, tiene un final feliz, De la obra, sin embargo, recordamos especialmente la célebre Danza de los Caballeros.
   
Una de las mejores versiones cinematográficas de Romeo y Julieta y ganadora de dos oscars es la que realizó en 1968 Franco Zeffirelli. Es una película no apta para diabéticos por el exceso de azucar, pero nos dejó un glorioso tema de Nino Rota que ha tenido diferentes títulos: What Is A Youth? o A Time for Us. Glen Weston es el cantante.  
Es casi inevitable, tras Romeo y Julieta llegamos a West Side Story, esa obra maestra de Leonard Bernstein, que traslada el viejo texto a las calles de Nueva York y sus pandillas. Recientemente, en el 2021, se estrenó una nueva versión, bastante anodina según mi parecer, por ello nuestra versión preferida, la versión por excelencia, es la dirigida por Robert Wise y Jerome Robbins en 1961. 
Érase una vez en América.
Cambiamos de clandistinidades amorosas. Fever es una canción escrita por Eddie Cooley y Otis Blackwell con el seudónimo de John Davenport. En mayo de 1958, Peggy Lee grabó una versión de la canción en Hollywood, que incluía partes reescritas por ella misma citando a Romeo y Julieta y al capitán Smith y Pocahontas. 
 
Según la leyenda, Calamity Jane, el gran mito femenino del Oeste, tuvo hasta doce maridos pero estaba enamorada secretamente de otro mito: Wild Bill Hickok. La cuestión es que en 1953 una improbable Juanita Calamidad fue interpretada por la maravillosa actriz Doris Day y consiguió un óscar por interpretar un tema sobre ese amor escondido, creación de Sammy Fain y Paul Francis Webster.
  Muy distinta y llena de swing es la versión de Dinah Washington con la que me despido hasta la siguiente entrada.

4 may 2015

Don Covay, doctorado en soul

Se nos mueren los viejos ídolos. Nos estamos quedando a oscuras todos aquellos que amamos la buena música de los 60. Género a género las bajas van creciendo día a día. Dirán que es ley de vida, se han hecho mayores y les va llegando su hora, pero no deja de ser una putada para ellos y para los que nos quedamos aquí, más huérfanos y más solos.
En el glorioso territorio del soul ha habido cuatro muertes trascendentes en menos de un año. El último fue el 30 de abril cuando nos dejó Ben E. King, el célebre cantante de The Drifters y triunfador en solitario con Stand by Me y Spanish Harlem. Percy Sledge, el hacedor de When a Man Loves a Woman, falleció el día 14 anterior. Hace menos de un año le llegó su turno a Bobby Womack al que le dediqué esta entrada. El último y quizás el menos conocido, a pesar de su importancia, es el personaje de hoy en Sinfonía Azul
., Don Covay, que se fué a compartir jam sesions con Otis, Cooke, Ray o James Brown, el 31 de enero pasado. 
Conocemos a Don Covay por dos facetas diferentes: como cantante y como gran compositor de temas clásicos del soul y del pop en general. Un ejemplo es ese Mercy, Mercy de arriba. No sé puede decir que la versión de Don no tuviera éxito, lo tuvo y mucho ya que fue su principal hit, pero quedó eclipsada por la que conoce todo el mundo, la realizada por The Rolling Stones (la podéis ver en este enlace). En la versión original de Covay, publicada en 1964, contamos con la presencia a la guitarra de un casi primerizo Jimi Hendrix.
La historia de Don Covay parece que la hemos oído antes. Hijo de predicador, debuta en un grupo de Doo wop, The Rainbows, donde también debutan otros chicos con futuro: Marvin Gaye y Billy Stewart. Más tarde entra en la corte celestial de Little Richard como chófer y cantante invitado. Inicia una carrera en solitario y compone un baile en el tiempo de los mil bailes: twist, el limbo rock etc... Él era el compositor pero el éxito se lo llevó una vez más Chubby Checker, una especie de Georgie Dann con caché.


Las puertas de la gran fábrica de canciones de la Brill Building se abrieron para Don y allí creó temas memorables para los cantantes de moda en el cambio de década. Esta balada interpretada por el majestuoso "Papa Negro" Solomon Burke es uno de ellos.
Luego llegó el éxito de Mercy, Mercy y su entrada en la escuadra Atlantic en su período de mayor esplendor. Cerca de Otis Redding, Wilson Pickett y Aretha Franklin , a la que le compuso uno de sus más celebrados temas.


Don Covay
no triunfó en la Atlantic o al menos no lo hizo en la forma desmedida en la que lo hicieron otros, pero tuvo sus oportunidades al lado del gran Steve Cropper y el resto de chicos de la Booker T and the MGs.

Con posterioridad fue parte del Soul Clan, una especie de "Dream Team" formado por cuatro grandes del soul en horas bajas, entre ellos el recién fallecido Ben E King, junto a otros grandes como Solomon Burke, Joe Tex y Arthur Conley. No hubo resultados tangibles y tras la fracasada experiencia colaboró con la Jefferson Lemon Blues Band de John Hammond Jr.

Discos menores en compañías menores y un ictus que le apartó de los escenarios en 1992 con homenaje multitudinario posterior en un álbum titulado Back to the Streets: celebrating The Music Of Don Covay . Poco más.
Como cierre, os dejo con un vibrante y entrecortado dueto entre Aretha Franklin y Tom Jones interpretando otro de los grandes temas de Don Covay en el período Atlantic. 

20 abr 2015

Peter Gunn: cuestión de buenos principios

Todo empezó en 1958.
Un joven director de 36 años lanza en la NBC una serie con detective privado para competir con otras series con detective privado o de ambientación criminal que triunfaban en aquel momento. Era necesario un compositor que crease una entrada musical corta, poderosa y que atrajera al público a la historia en un momento en que la sintonía era una marca de fábrica ante un modelo de ficción televisiva muy homogéneo.
La elección tuvo su lógica. Escogió al tipo que había puesto la música a aquel principio genial de Sed de Mal (Touch of Evil), dirigida en el mismo año por el siempre genial, Orson Welles.

 
De esa manera la intro de Peter Gunn fue el primer encuentro artístico entre Blake Edwards y Henry Mancini. Luego llegarían: Desayuno con diamantes, Días de vino y rosas, La Pantera Rosa...y hasta 28 colaboraciones más en 35 años.
Este es el comienzo de su primer capítulo:

 
Aquel comienzo tan poderoso no pasó desapercibida para Duan Eddy, una estrella emergente del rock instrumental, que sacó su propia versión guitarrera en su disco de 1959, Especially for You. Fue un hit mundial y el inicio de la historia de un standard incombustible y eterno. Volvería a repetir éxito Duane Eddy, en 1986, cuando regrabó el tema acompañado de un grupo puntero del nuevo techno de los 80, Art of Noise.
El viejo tema del naciente rock and roll se convierte así en argumento sonoro para las pistas de baile.
Duane Eddy ha sido un referente para todos los grandes guitarras del pop-rock y por tanto cabía esperar que ellos llevasen a su propio territorio el legendario tema de Henry Mancini. Ese es el caso del malogrado Rory Gallagher en esta actuación en directo de 1982.


No solo de feroces guitarreros se nutre Peter Gunn. La "divina" Sarah Vaughan en su constante empeño de llevar las músicas más diversas a sus portentosas cuerdas vocales, realizó en 1965 una cortisima version cantada de Peter Gunn.


También la versión del músico y productor brasileño Eumir Deodato se apartó del estilo original del tema llevándola a un territorio funky en plena era disco.

No había pasado ni una año de la grabación anterior, cuando uno de los grupos más despreciados y al mismo tiempo, más envidiados de la música pop/rock, realizó su propia interpretación del tema. Del funkie bailongo y verbenero al rock sinfónico más fundamentalista. Pongámonos solemnes porque llegan...

Quizás nada de lo escrito hubiera tenido mayor trascendencia si no fuera por dos tipos gamberros que amenizaban las noches del sábado del televisión americana y que decidieron hacer un grupo con los mejores músicos de estudio que tenía aquel país y por lo tanto con gente como Steve Cropper, Donald "Duck" Dunn - compañeros en Booker T y los MGs - Tom Malone, Alan Rubin, Lou Marini, Matt Murphy etc...El disco, con la interpretación de Peter Gunn dentro, salió en 1978 y la exitosa película de John Landis es de 1980. Tras la muerte de John Belushi, The Blues Brothers incorporó a nuevos cantantes siguió funcionando con cierta regularidad hasta prácticamente hoy mismo. Cuestión de buenos principios

6 feb 2015

El espíritu inaprensible del groove

La palabra groove pertenece a ese clase de términos acuñados por la música popular norteamericana que difícilmente se atienen a una definición exacta y convincente. Tiene su lógica, ya que expresa una sensación subjetiva y muy personal producida en el oyente por la interacción de elementos musicales en los que predomina el factor rítmico. 
Sí, como el swing,  ¿pero es swing? Ah amigos, eso es algo con lo que se están rompiendo la cabeza los que entienden o creen entender de música desde hace mucho tiempo. Para nosotros los jóvenes, es una música que te pide, te reclama y hasta te exige que te eches un bailecito.

Pero vayamos al principio, el groove es el nombre que en inglés designa a los surcos de los discos de vinilo, aparecidos en el mercado musical en 1930. Luego ese concepto se fue ampliando hasta referirse a la música que se ajustaba a un estilo preciso y cadencioso, propio de una grabación, y que generaba una reacción equivalente en los oyentes. La extraordinaria orquesta de Chick Webb, reyes absolutos del Savoy Ballroom de Harlem, tiene un tema pionero en 1939 titulado In the Groove At the Grove.

Llegamos a los 40 y en la plenitud de la etapa swing la palabra se mezcló con el adjetivo groovy para subrayar la excelencia de un tema musical. Con posterioridad, ya en los 50 y 60 se incorporó al lenguaje popular para referirse a algo bueno, estupendo, diríamos aquí y ahora: "guay".

  
En los mismo sesenta,  Sam Cooke o de The Young Rascals preferían usar el término groovin' en dos bellos temas:

La palabra original, groove,  fue recuperada en los 50 para designar a la música que se mantenía fiel al espíritu rítmico de la música negra frente al ensimismamiento autocomplaciente del bebop . En especial, se asoció a la naciente música funky y a las derivaciones musicales del blues y el gospel. A partir de los 60 encontró su rincón definitivo con la entronización del soul.


Termino con una canción que para mí representa, mejor que ninguna otra, el espíritu inaprensible del groove, ese que sigue de actualidad a través del hip hop y toda clase de estilos electrónicos de la modernidad.

24 ago 2014

10 pinceladas funky para repintar el verano

Este verano se nos va de las manos y se le nota algo desvaído. Quizás vaya siendo hora de darle color con algunas pinceladas de música funky. Procuraré ser variado sin ser exhaustivo para evitar intoxicaciones con tanta pintura fresca. El funky es como un parque botánico donde uno se pierde no por culpa de sus sinuosos laberintos sino por tanta maravilla que encuentras a cada paso y que a menudo te hace perder el camino de salida. 
Empezamos con Average White Band traducido= "Una banda blanca cualquiera". Tanta modestia asusta y más cuando se trata de un fantástico grupo escocés que ha dado grandes momentos de gloria a la música de raíz negra. Su "Pick Up the Pieces" es un clásico entre los clásicos instrumentales del funk y del soul. Para no ir a lo obvio esta vez voy a elegir otro tema menos famoso pero también de enorme calidad.  Sí, el toque Clapton está presente. Es la hora de una de las joyas de la corona. Uno de esos temas tan famosos como irresistibles a cargo de un grupo que es parte importante de la segunda ola de la Motown ya entrados los años 70. Si no os suena mucho el nombre de la banda, The Commodores, al menos os sonará el nombre de su cantante principal, Lionel Richie, con una posterior carrera en solitario en el pecaminoso mundo de las baladas empalagosas. Pero el futuro  no tiene nada que ver con este tempranero Brick House.  
Extremadamente tentador este vídeo de Joe Tex, una de las luminarias del soul, actuando en directo para una emisión de "Galas del sábado" (TVE) de 1968 presentado por Joaquín Prat, nuestro particular Johnny Carson. Si Joe Tex nos pide que lo mostremos, Bill Whiters , con su austeridad y dramatismo inconfundibles, nos pide que lo usemos. No, no hace falta tener un grupo con una gran sección de metales y plagado de instrumentos electrónicos para hacer funk de calidad.   
Tower of Power era una banda que nació al calor de la movida hippie de San Francisco a finales de los 60 aunque su éxito se forjó ya en los 70. Lamentablemente terminaron la década de mala manera con  incompatibilidades artísticas y abuso de estupefacientes. La sección de metal acabó trabajando por su propia cuenta apoyando a otros famosos artistas. Se reagruparon a principios de los 90 y siguen en candelero hasta ahora mismo.
 

Sería un crimen de lesa humanidad no poner algo del grupo más divertido, socarrón y maravilloso que ha dado el funk y el que le dio su sentido rítmico un bajista excepcional llamado Larry Graham , el inventor del slap, y el liderazgo de un tipo tan original como Sly Stone.  
Seguimos en las alturas y nos encontramos con una de las grandes columnas sobre las que se sostuvo el armazón de la música vocal negra en el apogeo del soul. Curtis Mayfield, esa voz aguda que impresionaba con The Impressions convertido en figura imprescindible del soul comprometido de los 70. Su Superfly es, junto con Shaft de Isaac Hayes, la banda sonora cinematográfica que mejor define los sentimientos afroamericanos en aquella década convulsionada. Una de sus piezas maestras es este tema.  
Ahora llega El Padrino. Todos quietos, cualquier cosa puede pasar. Por cierto, la segunda voz es la de Bobby Byrd el cantante que descubrió a James Brown y uno de los grandes artífices del nacimiento y triunfo del funk.
   
Dos temas trepidantes para terminar nuestro cuadro al óleo. La primera es de War un grupo interracial e intermusical, cualquier género estaba al alcance del grupo, concebido por Eric Burdon tras la primera separación de The Animals en 1969. Tuvieron una buena cantidad de éxitos a lo largo de su sugestiva historia aunque quizás ninguno como éste célebre Low Rider.  
El postre como corresponde. Un tema que no puedo dejar de oír constantemente, venga o no venga a cuento. ¿Qué culpa tengo yo de que me guste tanto esta pieza de Earth, Wind and Fire?

11 ago 2014

Ese descarado ska

Buscad vosotros el motivo, porque cualquier motivo puede ser válido para poner un poco de ska. Es verano o eso me han dicho y simplemente creo que llega el momento de mover el esqueleto mientras el mundo se cae a pedazos.
Pura evasión, puro escape de la cárcel de la realidad. Ese descarado ska.

 
A finales de los 50 no se habían realizado grabaciones en Jamaica,  pero existían los llamados sounds system, equipos musicales que se transportaban en camiones para organizar sesiones de música y baile en las plazas de Kingston o de otro cualquier núcleo poblacional isleño. La falta de grabaciones locales se suplía con discos norteamericanos de rhythm blues y jazz a los que aquellos primeros pinchadiscos aportaban un sello original mezclando temas y sonidos para crear un espectaculo propio. La competición era dura y los aguerridos fans de cada sound system, los rude boys, estaban dispuestos a defender con cualquier arma, incluso con los puños, el poderío de su facción. De aquella época derive la fama belicosa del ska y el mensaje pacificador -A message to you, Rudy- que Dandy Livingstone y luego clamorosamente The Specials llevaron a la fama.

Dicen que los padres de ese descaro llamado  ska fueron los The Skatalites, un grupo mítico que todavía sigue en activo ofreciendo sus joyas instrumentales. Su versión del tema principal de la película bélica Guns of Navarone es su tema más conocido.

Cecil Bustamantte Campbell es más conocido por su nombre de guerra, Prince Buster y fue un tipo involucrado en el nacimiento del ska, de su hijo el rocksteady y de su nieto el reggae. Empezó siendo uno de aquellos "toasters" que animaban los sound sessions y se convirtió con el paso de los años en la gran materia gris de la que se nutriría el género caundo resurgió en Gran Bretaña a finales de los 70.  Al Capone fue la primera producción jamaicana que alcanzó un lugar de privilegio en las listas británicas.
En 1968 otro cantante jamaicano, Desmond Dekker, ya bien conocido en la isla revienta las listas de éxito en todo el mundo con un tema que se convertiría en la avanzadilla de un nuevo género llamado reggae.
The Paragons es uno de los grandes grupos del rocksteady, ese estilo musical donde las trepidaciones del ska adquiere un tono moroso y lánguido sin perder el dinamismo rítmico y la fortaleza acústica anterior. Su tema principal es este The Tide Is High luego popularizado por Blondie. El reggae estaba llegando.
El otro gran grupo del naciente rocksteady era y son The Matyals aunque más tarde se pasaron a llamar Toots and The Maytals. Pertenecían a la escudería de Leslie Kong, el gran productor jamaicano de origen chino que empezó trabajando con Jimmy Cliff, grabó el primer disco de Bob Marley en 1962 y fue el artífice de los éxitos de buena parte de las figuras de la música jamaicana de los 60 exceptuando las de su acérrimo enemigo Prince Buster. El primer gran éxito internacional de The Maytals también fue recuperado tras el resurgimiento del ska a finales de los 70. Os sonará a casi todos. Hay versiones para todos los gustos.
Ahora me SKApo, necesito un deSKAnso después de tanto SKA.

16 feb 2014

Fulgor, muerte y resurrección del boogaloo

Nació en 1965 como un baile más en los barrios negros de las grandes ciudades norteamericanas. Su creador fue un disc-jockey de San Luis al que llamaban Jerry-O que formó un dúo con un tal Tommy Dark Tharp al que pusieron el nombre de Tom and Jerryo. Grabaron un sencillo al que llamaron Boo-Ga-Loo y la cosa fue bien, vendieron un millón de copias, pero no vieron un dolar, Barry Gordy, el amo de la Motown, alegó que el tema había sido registrado por su discográfica antes y se quedó con sus derechos. El dúo se separó pero la semilla estaba sembrada en un territorio aparentemente muy distante.
A principios de los 60 la pujante población latina de Nueva York, más de medio millón de personas en su mayoría de origen puertorriqueño, seguía teniendo como referentes musicales a las grandes orquestas que habían trasplantado los ritmos caribeños a la gran metrópolis. Las orquestas de Machito, Tito Rodríguez o Tito Puente -The Big Three- seguían abarrotando las noches danzonas de la Sala Palladium y enseñando a negros, blancos y mulatos a través de su rica discografía las maravillas de los ritmos cubanos: desde el omnipresente mambo o el más moderno Chachachá, hasta los ritmos más tradicionales como el son montuno o la guaracha. Sin embargo los más jóvenes instrumentistas de esas bandas, a la manera de los boppers en su tiempo, no se sentían muy a gusto en esos estrechos márgenes musicales y el cuerpo les pedía otra cosa. La música negra estaba muy cerca y el jazz una magnífica fuente de inspiración. Así lo entendieron entre otros Mongo Santamaría, triunfante con su versión caribeña de Watermelon Man y Ray Barretto.

El boogaloo se hizo latino en un local de Nueva York frecuentado por clientes negros amantes de la música caribeña. Era 1965 el mismo año en que nació el tema de Tom and Jerryo y en que el soul iniciaba su envidiable despegue musical hasta convertirse "en el sonido de la joven América". Los latinos querían ser parte de ese sonido y mezclando elementos del jazz, del soul y de los ritmos de siempre recrearon el boogaloo negro. Incluso en el terreno vocal aquello era pura mezcla: el inglés, el español y el spanglish compartían escenario. 

 ¿Cuál fue el primero? ¿Pete Rodríguez cuando le pidieron que metiera un poco de soul a la música que se oía en aquel primer local de Manhattan y nació su Pete's Boogaloo? ¿Johnny Colón cuando creo su estupendo Boogaloo Blues? ¿O quizás Joe Cuba con este eterno y contagioso Bang, Bang?
 
Tony Pabón, arreglador de la orquesta de Pete Rodríguez, dice que la inspiración le vino escuchando la versión de Fever de Peggy Lee. Sea como sea el boogaloo llegó para quedarse en Nueva York y convertirse en la banda sonora principal de la comunidad latina de Nueva York hasta el advenimiento de la salsa en 1970. 
El mundo se empezó a llenar con los nuevos ritmos y aunque de mala gana, fue aceptado por la vieja guardia musical latina que lo consideraba una moda pasajera. Se equivocaban, desde el 65 al 69 el boogaloo fue adquiriendo más y más fuerza y las viejas orquestas viendo en peligro su posición decidieron boicotear el género con la intermediación de sus contactos en el show business. De repente los instrumentistas del boogaloo se encontraron que no tenían donde actuar en condiciones, donde grabar sus discos o incluso donde encontrar una emisora donde poder escuchar su propia música.
El boogaloo no murió de muerte natural, fue asfixiado porque era un peligro para la música latina imperante. Aparte de los ya mencionado recordemos otros nombres del boogaloo como John Bataan, Richie Ray, The Latin SoulsHéctor Rivera que expresó como pocos el sentido original del boogaloo: auténtico soul latino.

 
Y aquí una melodía de Willy Baby con tales cambios de ritmo que más parece una montaña rusa.
Los muertos que vosotros matáis gozan de buena salud. Suele pasar con la música. Por eso no es extraño que en los últimos años el boogaloo vuelva a estar en candelero, siempre hay un grupo japonés que puede demostrarlo. 

14 feb 2013

La magia de un título

 
Hace unos meses  María, entusiasta bloguera desde El saco de mis pensamientos, me recordaba que Dancing in The Dark era - aparte de la pieza que había puesto yo en la entrada, Cosecha del 58 - un célebérrimo tema de Bruce Springsteen. Lo recordáis ¿no?. ¿Quién se puede olvidar de uno de esos exorcismos épicos del Boss azuzándonos a quemar las naves y salir huyendo a cualquier parte? Estaba en el mítico Born in the U.S.A. de 1984 y dejó detrás una larga estela de laureles: primeros puestos en las listas, Grammy, MTV, Canción del Año etc..
 
Debe haber algo muy especial detrás de un título como Dancing in the Dark. Escribía entonces que aparte de los dos nombrados, hay otros dos temas que siendo diferentes llevan la misma cabecera. Debo rectificar no son dos, al menos hay cinco. Allmusic enumera además 59 discos con ese nombre. En otros ámbitos, hay tres peliculas de cine- uno con Antonio Banderas y Angelina Jolie-, cinco capítulos de series de televisión, y hasta cinco novelas tituladas Dancing in the Dark. 
El motivo no lo sé, pero no me resisto a pensar que algo aportó esta escena de uno de los mejores musicales nacidos en Hollywood.

Volvamos al principio. El standard Dancing in the Dark fue compuesto por Arthur Schwartz y el letrista Howard Dietz para una revista de Broadway de 1931 titulada The Band Wagon. La escena anterior, con Fred Astaire y Cyd Charisse, forma parte de la versión cinematográfica de 1953 titulada en España Melodías de Broadway. Parece ser que Arthur Schwartz, ya escrita la obra, sintió la necesidad de añadir una pieza lenta que sirviese para darle a la composición un tono más sofisticado y misterioso. Misterio y sofisticación a la que no era nada ajeno Duke Ellington, uno de los artistas más entusiastas de esta pieza tantas veces interpretada.  
A riesgo de que a alguien le de el tembleque, es casi imposible olvidarnos de la conmovedora versión de Charlie Parker en su denostado disco, al menos durante mucho tiempo, Charlie Parker with Strings.   

Por último, así canta la pieza, la reina de  las baladas de jazz, Sarah Vaughan, en una interpretación en directo de 1957.
Creo que lo he conseguido, a pesar de mis pobres palabras, la magia todavía sigue en pie. Además, y aunque no creo en esas cosas,ya fue 14 de febrero. A quien Dios se la dé, San Valentín se la bendiga.

28 nov 2012

The Biggest Little Band in the Land


Estoy viendo, en sucesivos capítulos -son 12 DVD's- una magnífica serie documental italiana titulada “La Grande Storia del Jazz" donde se hace un repaso, desde mi punto de vista muy atractivo a la historia de este género musical. En el capítulo 7 se aborda la crisis del swing en los años 40 y los antecedentes del bebop. Para los autores del documental uno de los pioneros del jazz moderno es el contrabajista John Kirby y el grupo que formó en 1937 alrededor del Club Onyx en la  entonces bulliciosa calle 52 de Nueva York. Aquel grupo que nunca tuvo un nombre estable pero que eran conocidos como los  Onyx Boys o como The Biggest Little Band in the Land era un sexteto formado originalmente por Billy Kyle al piano, O'Neill Spencer a la batería, Charlie Shavers a la trompeta, Russell Procope al saxo alto, Buster Bailey al clarinete y el propio  John Kirby, al contrabajo. Las circunstancias bélicas hicieron que Bailey y Kyle abandonaran la banda y tanto la muerte temprana de O'Neill Spencer en 1944,  como los problemas de salud del propio Kirby impidieron que aquel sexteto tuviera proyección después de la guerra. Hay pocas imágenes de aquel legendario grupo. Las que vienen a continuación aparecen en la película Sepia Cinderella (1947). Aquí  Russell Procope es sustituido por Charlie Holmes y en la batería está el fenomenal Big Sid Catlett
Un grupo de swing que suena como un grupo de cámara. Forjado gracias a golpes de arreglos suntuosos e improvisaciones mínimas. Una especie de Modern Jazz Quartet en la que cualquier melodía era susceptible de ser reconvertida en algo distinto. Desde temas musicales del momento a fragmentos reconocibles de música clásica. No hay perfección en la música de este grupo pero si belleza y creatividad.  A veces muy al estilo de lo que por las mismas fechas realizaba el inventivo Raymond Scott y su Quintette. Seguro que este "Bounce of the Sugar Plum Fairy" les traerá buenos recuerdos a los aficionados a los videojuegos. Para terminar, dos ráfagas cinematográficas más. El grupo tocando en una especie de jam session familiar y una escena de baile alrededor de una de sus piezas más célebres: Close Shave.

14 abr 2012

A vueltas con Hoagy

En el  El trompetista (Young man with a horn, 1950, Michael Curtiz) hay un joven músico blanco que solo vive para su instrumento (Kirk Douglas) y un viejo músico de color (Juano Hernandez) que ejerce de generoso maestro. También hay dos chicas: la buena es cantante de orquesta (Doris Day, como no) y la mala es una sofisticada y reluciente Lauren Bacall. El trompetista labrará su ruina cuando elija sofisticación por bondad.  Por cierto, Harry James es  el músico que
 está tras la interpretación de Kirk Douglas.
Alrededor de este grupo está el amigo del protagonista, un pianista al viejo estilo de Hollywood y tal como le gusta al gran Tom Waits: sombrero en la nuca, cigarrillo en la boca, una copa de whisky a mano y sobre todo mucha filosofía entre volutas de humo. No es casualidad que en la ficción se llame Willie 'Smoke' Willoughby y que el actor que lo interpreta sea Hoagy Carmichael.

Tras ver la película pensaba escribir algo biográfico sobre este célebre compositor y músico pero buscando en la la red, me encontré con una excelente y completa entrada del amigo Félix Amador Gálvez en su blog Jazz, ese ruido( aquí tenéis el enlace) y decidí limitarme a dejar alguna muestra de las dotes de Hoagy como cantante. 
Por ejemplo en esta escena de Tener y no tener (To Have and Have Not, 1944) donde canta junto a Lauren Bacall en su explosivo debut cinematográfico haciéndole frente a un hiperconsagrado Humphrey Bogart.

¿Era o no era un buen cantante Hoagy Carmichael

A mí me gusta, aunque no sea Frank Sinatra. Por ejemplo en su interpretación de uno de sus más famosos temas. Está en un hermoso disco de 1956, Hoagy sings Carmichael, donde canta sus grandes éxitos con una excepcional compañía en el saxo alto: Art Pepper.

Winter Moon es una extraordinaria balada con una entrada espectacular de Art Pepper.

Terminemos con otra sesión cinematográfica de un elegante y casi seductor Hoagy Carmichael. La escena de baile, elocuentemente racista,  está protagonizada por Peter Ray y la bellísima Dorothy Dandridge, la primera actriz afroamericana en aspirar a un Óscar por un papel principal.

2 feb 2012

Guiñando al pasado

"Pero, como en los cuentos de hadas, érase una vez en la que un productor llamado Thomas Langmann financió un proyecto con apariencia suicida, una película muda y en blanco y negro. Ocurrió al final de la primera década del tercer milenio, cuando ninguna televisión exhibía cine en blanco y negro en la certidumbre de que no las vería ni Dios, cuando casi todos los niños ignoraban que habían existido dos maravillosos hacedores de risa e incluso de lágrimas (lo segundo solo en el caso de Chaplin, la poética de Keaton no se permitía el sentimentalismo), cuando los agoreros o el realismo aseguraban que iban a desaparecer cosas, rituales y costumbres que habían donado entretenimiento, alegría, emoción, consuelo y felicidad a la gente de cualquier parte. Se titulaba The artist y la parió Michel Hazanavicius, un soñador dotado de fe inquebrantable en su criatura."

"Y cuentan las crónicas que esa película presuntamente descabellada enamoró a un público numeroso, le concedieron oscars y multitud de premios e incluso esos seres tan raros cuyo exótico trabajo consistía en hacer críticas de cine le concedieron su solemne bendición. Y si todas esas apetecibles y lógicas cosas no hubieran ocurrido con The artist, daría igual. Nadie podría despojarla de su condición natural de joyita, o de joya a secas."
(CARLOS BOYERO - EL PAIS - 2-02-2012)

A pesar de mi indomable curiosidad, tenía cierta desconfianza cuando fui a ver esta película. Acostumbrados a lo nuevo, lo antiguo nos da recelo. Cuando terminó, la sensación era de puro bienestar. Hacía tiempo que no sentía algo parecido en el cine. En esta edad tardía hemos perdido la capacidad de entregarnos a las cosas, aunque el niño que fuimos sigue ahí abajo. Agazapado. Esperando desbordar nuestras emociones al primer descuido. The artist se lo pone fácil. Por ejemplo, con esos viejos temas que forman parte de su hermosa banda sonora.

Pero también con los temas originales del compositor Ludovic Bource


Imágenes fascinantes. Un guión que sabe jugar a fondo y sin miedo con viejos estereotipos: actor triunfante en decadencia por culpa del cine sonoro frente a chica de la calle convertida en emergente estrella de los nuevos tiempos. No hay derrotados. Una mano a tiempo convierte la tragedia en comedia y ayuda al triunfo del final jubiloso.
Como los de antes.

11 dic 2011

Algunos prefirieron seguir bailando

El cisma siempre acaba por romper todos los movimientos políticos, filosóficos, religiosos o culturales producidos por la humanidad, por muy poderosos que nos pudieran parecer en principio.
En las mismas fechas en que Adolf Hitler imaginaba un Reich poderoso y eterno pocas personas podrían imaginar que el swing no siguiese imperando en la música de forma parecida. Se tiende a considerar a este estilo como un género jazzístico forjado por grandes conjuntos orquestales y caracterizado por un fuerte contenido rítmico. 
Era mucho más. 
Por ejemplo, la música que se escuchaba por la radio, el medio de comunicación más barato y más valioso en aquellos tiempos de pobreza y depresión. Pero también estaba presente en el cine -la otra alternativa cultural apta para todos los públicos- y aparecía en primer plano o de fondo en aquellas frenéticas y alocadas comedias de la época o en los densos dramas de contenido policíaco del incipiente cine negro. 
Relevante en la música, relevante en la forma de imponer una nueva moda en el vestir, relevante como fenómeno de resistencia juvenil frente a las rigideces pdel pasado y como no, relevante en la forma de disfrutar del ocio en los salones donde la gente escapaba bailando del duro oficio de vivir en tiempos de infortunio.
 

Cualquiera diría que la foto publicitaria de arriba tiene razón. El sonido rasposo de este viejo vinilo suena como si se hubiera utilizado como aguja el zapato de mujer. Se trata de la orquesta de  Tiny Bradshaw antes del cisma, antes de que el swing y por lo tanto el jazz, se escindiera en dos partes diferenciadas. Unos eligieron la experimentación y otros prefirieron seguir bailando.

Bradshaw comenzó su carrera musical como cantante y batería pero muy pronto, en 1934, marchó a Nueva York donde fundó su propia banda y grabó su primer disco. Pasarían 10 años hasta poder grabar el segundo. Sin ser de las que marcaron la pauta en aquellos años, su big band era reconocida y reconocible, aunque muchos insistían en compararla  con la de Cab Calloway

Con el legendario cantante del Cotton Club, Tiny compartía unas dotes para convertir cualquier espectáculo en un prodigio de dinamismo y humor. Por su banda de los 40  pasaron gente tan ilustre como Sonny Stitt o los cantantes Lonnie Johnson y Roy Brown. Otros reconocidos músicos hicieron arreglos para la orquesta: Russell Procope, Charlie Shavers, Gigi Gryce o el propio Sonny Stitt. El final de la Segunda Guerra Mundial fue el momento del gran cambio y Tiny tuvo claro desde el principio hacia donde dirigir sus pasos. Fichó por King Records un sello fundamental en el desarrollo del rhythm and blues y llegó el éxito. El vídeo anterior fue el primero con su nueva compañía. En ese mismo año, 1950, llegó el segundo.  Era muy temprano pero el rock and roll ya estaba a la vista.

Tiny Bradshaw era una estrella ascendente del rhythm and blues y su big band realiza giras por todo el país ante un público que prefiere no darle muchas vueltas a la cabeza y seguir bailando. En 1951 vuelve a dar en la diana con Walk that Mess.

El hit más grande de su carrera se produjo en 1952 cuando publicó Train Kept A-Rollin, uno de los temas primordiales en la prehistoria del rock and roll luego versioneado hasta la saciedad por un montón de grupos. Un blues alegre y repetitivo que  se adelanta a todo lo que vendría después.

Es un tiempo de grandes proyectos y de actuaciones en los más importantes escenarios, como en el célebre teatro Apollo de Nueva York. Con el grupo de Tiny Bradshaw comparten cartel gente como B.B. King, Ruth Brown e incluso Billie Holiday. En 1954 triunfa este tema que tiene como solista al saxo tenor Sil Austin desde entonces conocido como Mister Ping Pong. Será su último éxito.
.
El 8 de noviembre de 1955 Tiny Bradshaw sufre un ataque de apoplejía, era el segundo, que lo deja paralizado de cintura para abajo. Morirá de un tercer ataque en 1958, cuando luego de recuperar su estado físico intentaba darle nuevo impulso a su carrera en plena vorágine del rock and roll. Pero aquel, ya no era su baile.

26 sept 2011

La cabeza que sobra

Algunas grandes canciones tienen historias chicas:

"Suena el teléfono a las tres de la mañana. Medio dormido levanto el receptor y oigo la voz de Gardel que me dice con evidente satisfacción:
—Che viejo, acabo de encontrar una melodía macanuda para el tango " Por una cabeza".
Y procedió a cantármela ipso facto. No sé si sería porque todavía no me había despertado del todo, que al oír por teléfono el fruto de su inspiración, ni la melodía ni la letra me hicieron mucha impresión; y así se lo dije. Algo amoscado Gardel me contestó con su fina ironía: —Mira, Beethoven, vos te quedás con tus corcheas y semifusas; pero no te metas conmigo en asuntos de "matungos"
Me causó gracia la comparación beethoveniana y comprendí que nadie como él —carrerista empedernido y dueño de un dispendioso stud— podía hablar con más autoridad de temas hípicos; nadie como él podía conocer la emoción del jugador de ver a su caballo llegar victorioso al disco, ni sentir desaliento de verlo flaquear en el momento mismo en que un supremo esfuerzo lo hubiese colocado en la categoría de ganador. Como dicen los versos de su tango:
Por una cabeza
de un noble potrillo
que justo en la raya
afloja al llegar . . .”
Tal vez el producto de una "fija" conferida sigilosamente al oído, que fracasa en la raya. Sí, creo que Gardel tenia razón. Yo me quedo con mis corcheas. Además, yo sabía que, lo mismo que otras canciones que nos parecen triviales al principio, el genio de Gardel ennoblecería este tango hípico y lo elevaría a una altura insospechada."
(Terig Tucci - Gardel en Nueva York 1969)
Encontramos pues a Carlos Gardel a punto de rodar en Nueva York la película Tango Bar, pero ponerle la música a una letra del gran Alfredo Le Pera con el que compartiría destino
tres meses más tarde en el accidente aéreo de Medellín que segó su vida .
Dos famosos bailes marcan la crónica sentimental cinematográfica de esta canción. En Esencia de mujer (Scent of a Woman) -recreación norteamericana de la excelente Perfume de mujer de Dino Risi- el Teniente Coronel Frank Slade (Al Pacino) retirado del ejército a causa de su ceguera y profundamente amargado por su minusvalía invita a bailar a una desconfiada Donna (Gabrielle Anwar). Una escena mítica cargada de enorme intensidad sensual subrayada por la música aterciopelada del grupo The Tango Project.

El baile de Arnold Schwarzenegger y Jamie Lee Curtis con la que termina esa comedia divertida llamada Mentiras arriesgadas tiene connotaciones ciertamente burlescas.

Nada que ver con ese toque kitch y elegante, casi de cine negro o de comic sofisticado con el que Spielberg da un respiro al espectador en esa sofocante y extraordinaria La Lista de Schindler.

Hay muchas versiones de Por una cabeza. La de Andrés Calamaro, a tiro de click, tiene un comienzo casi flamenco y un buen acompañamiento musical pero a mi modo de ver no logra entrar en el espíritu que requiere el tema, haciéndolo demasiado lánguido y espeso. Creo que el acercamiento actual de ciertas figuras del rock argentino al antes denostado tango, aún siendo meritoria, en la mayoría de las ocasiones deja bastante que desear.
Me resulta más gratificante la del fantástico violinista Itzhak Perlman. El violín siempre ha hecho buenas migas con el tango.

Por último una versión jazzística del excelente trompetista argentino afincado en España, Guillermo Calliero. Se trata de una actuación reciente en el entrañable Cafe Central de Madrid.

17 sept 2011

Alguien llora por mí

(Para Axis, que tiene un precioso blog y que se dio cuenta de  mi torpeza, al haber inhabilitado por error la posibilidad de dejar comentarios en esta entrada)

En octubre de 1932 la orquesta italoamericana de Ted Fio Rito, con el entonces cantante novel Muzzy Marcellino , le gana la partida al todopoderoso Paul Whiteman  publicando por primera vez este tema. En compensación, la versión del llamado "Rey del jazz" tuvo un éxito mucho más grande que la original.

500 o 600 versiones más tarde, ya en los 60,  Muzzy Marcellino vuelve a retomar el tema con el instrumento que le proporcionó más popularidad  gracias a su aparición en las películas de Disney o Sergio Leone.

En esos mismos años un dúo británico de pop algo relamido, Chad and Jeremy, consigue que el viejo tema vuelva a las listas de éxitos.

Ann Ronell es la autora de Willow Weep For Me y una de las pocas mujeres que pudieron entrar en esa gran fábrica de éxitos y eternos standards llamado Tin Pan Alley. Su mentor, su compañero, su pigmalión, quizás su amante fue George Gershwin a quien le dedicó el tema. Incluso los maldicientes llegaron a decir que Gershwin fue el autor real de la pieza y que le cedió los derechos a Ann como un regalo especial, algo que la posteridad y la bibliografía musical ha descartado.  

Ni que decir tiene que el jazz es el género musical que más provecho ha sacado de Willow Weep For Me. Por ejemplo, en esta escena de baíle llena de swing interpretada por Vera Ellen en la última película de los Hermanos Marx, Amor en conserva (Love Happy)

Cientos y cientos de versiones y arreglos para orquestas, pequeños grupos y solistas. 

¿Dónde elegir entre tanta variedad?
Ante la duda, me quedo con la que escuchándola suscitó esta entrada, la que me indujo a hacerla. No voy a ser nada original, aunque Art Tatum interpreto en muchas ocasiones este tema, la de 1949, del mismo año que la película de los Marx, ha quedado como la definitiva.

Para terminar una versión vocal realmente impresionante que no procede de la ortodoxia oficial jazzística. Se trata de la interpretada por la majestuosa Etta James, un nombre irreemplazable para los que nos gusta la música negra, sin fronteras.

10 feb 2011

Swing Heil!


Veinte años antes de que el rock entrase en Alemania a través de Hamburgo, ciudad portuaria y abierta a los mil vientos que recorren el mundo; veinte años antes, por tanto, de que el más famoso grupo del pop mundial forjase su identidad en el viejo barrio de St. Pauli; un grupo de valerosos muchachos, los Swingjugend, intentaba vivir y disfrutar de la música con la que se identificaban aún a costa de jugarse el pellejo. No era un fenómeno local de la ciudad hanseática aunque allí alcanzó enorme transcendencia, en todas las grandes ciudades alemanas grupos de jóvenes aparentemente hedonistas desafiaban al terror nazi a través de sus ropas holgadas al estilo británico, sus inseparables paraguas negros, sus pelos largos cubiertos de brillantina y su infinito amor por la música swing.


Son imágenes de "Los rebeldes de swing" (Swing Kids) película norteamericana dirigida por Thomas Carter en 1993 que refleja aquel ambiente libertario enfrentado a la intolerancia fanática del régimen nazi. Durante todo el Tercer Reich la propaganda insistió en su rechazo a aquella música negra promocionada por capitalistas judíos que despertaba los instintos más primarios y lascivos gracias a ritmos africanos que amenazaban con enturbiar la salud física, moral y espiritual de la juventud aria. Un fracaso en toda regla, incluso en plena Guerra Mundial, que obligó al nazismo a hacer mil piruetas para reconducir la situación desde la pura represión- centenares de chicos swing terminaron en campos de concentración- hasta la creación de orquestas que reconvirtieran las letras de los temas  más populares del swing dándoles un contenido antialiado, racista y pronazi. Este es el caso de Charlie and His Orchestra que en 1939 interpreta de esta manera el célebre St. Louis Blues.


Una moda que habiendo nacido por pura emulación de lo que ocurría en el resto del mundo occidental -en Francia a los jóvenes que estaban en la misma onda se les llamaba zazús- es duramente reprimida por las autoridades lo cual provoca un movimiento de reacción que sorprende a un régimen que necesita una juventud sumisa, uniforme y entregada a la causa.


Muchos de aquellos muchachos que solo querían divertirse se convirtieron en  parte del movimiento de resistencia civil al nazismo. Tenían sus redes clandestinas para conseguir discos, ropa, maquillaje o para poder bailar la música que les gustaba en ambientes no controlados. Sus casas estaban repletas de elementos identificativos de los grandes ídolos del swing, en especial de aquellos que por su condición racial o étnica estaban especialmente mal vistos por los nazis: Benny Goodman o Artie Shaw por ser judíos, Django Reinhardt por ser gitano, Louis Armstrong, Duke Ellington etc.. por ser negros. 
Aunque las preferencias de estos jóvenes iban más bien hacia los grandes jazzmen americanos, en Alemania había también grandes orquestas consagradas al género. Quizás la más sobresaliente de todas fuera la dirigida por Kurt Widmann en Berlín que sobrevivió hasta bien entrada la guerra y siguió teniendo una enorme popularidad cuando se reconstruyó tras el final del régimen. Este es quizás su mayor éxito, en plena época nazi.


  En la escena final de Los Rebeldes del SwingPeter Müller el personaje principal es capturado y llevado en un camión por la Gestapo y su hermano pequeño corre detrás del vehículo mientras se animan con el grito Swing Heil, el lema que tomaron como propio los
Swingjugend remedando el saludo oficial Sieg Heil. Una forma de proclamar bien alto que aunque lo repriman, el swing y todo lo que le envuelve, seguirá viviendo en las siguientes generaciones.

3 feb 2011

Flamingo

En el mundo de las palabras algunas nacen bendecidas desde la cuna. Pongamos el caso de la expresión inglesa Flamingo que como sabéis designa a una hermosa ave zancuda. Una palabra bella que sirve para designar entre otras a una ciudad en Florida, a un supervillano enemigo de Batman o a un Capitán infantil defensor de las buenas causas en dibujos animados. También es un legendario casino y hotel en Las Vegas donde el rey Elvis rodó esta escena:

 

En el campo musical, que es lo propio en este blog, hay que remontarse al año 1940 e imaginarse a un joven rumano ansioso por entregarle una partitura al gran Duke Ellington que actúa esa noche en Filadelfia. Casualmente el cantante Herb Jeffries pasa por allí y Ted Grouya, en su balbuciente inglés, logra entregarle el tema que ha escrito. Herb se lo guarda en el bolsillo y se lo enseña a Billy Strayhorn que lo toca en el piano del camerino. Duke está por allí, lo escucha y le pide a Edmund Anderson que haga algunas variación a la letra antes de grabarla a finales de ese mismo año. Será el gran hit de la orquesta en 1941, pero el novel compositor se sintió molesto por los cambios efectuados en su composición. Solo el éxito alcanzado logrará aplacarle. 
Flamingo es uno de los temas favoritos de Ellington que lo consideró clave en la renovación de la antes acaramelada orquestación de los temas vocales.

 

El fenomenal y rumboso saxo alto  Earl Bostic, al que John Coltrane consideraba su maestro, renovó la popularidad del tema llevándola al número 1 de las listas de rhythm and blues en 1951.


The Flamingos fue uno de los más excitantes grupos de Doo wop -o Dudúa como prefiráis-  en la segunda mitad de la década de los 50. El conjunto obtuvo su máxima popularidad en 1959 con un viejo tema  que el actor Dick Powell ya había cantado en un film de 1934 y que con posterioridad fuera interpretado por gente de la talla de Al JolsonPeggy Lee o Doris Day. Es indudable que la versión de The Flamingos, siendo más tardía, ha quedado como la más clásica de I Only Have Eyes for You.


Entre los más ilustres representantes de lo que se denominó la "invasión británica" ocupa un lugar especial el grupo de un teclista de jazz huido de su Sudáfrica natal en desacuerdo con la política del apartheid. En el Reino Unido formó un dúo con Mike Hugh que luego se convertiría en un grupo que terminó llevando su propio nombre, Manfred Mann. En sus años pop, luego volvería al jazz, tuvo un éxito extraordinario con la canción de una bella mujer al que todos los chicos del barrio comparaban por su belleza con un bonito flamenco.

30 ago 2010

Genio a todo gag


Cuando Stan Warnow se enfrentó a la hercúlea tarea de desvelar la prodigiosa vida creativa de su padre en un documental titulado "Deconstructing Dad" seguramente se tuvo que enfrentar a muchos demonios personales. La convivencia con un padre visionario de la talla de Raymond Scott puede ser realmente harto complicada.



Y sin embargo Scott comenzó su carrera como un músico tradicional estudiando primero en la Juilliard de Nueva York y luego formando parte del elenco de la emisora CBS donde su hermano era el director de orquesta. Fue entonces cuando decidió cambiar su nombre judío por otro más americano y convencional. Quizás lo más convencional que hizo en su larga vida. En el 36 monta con otros músicos de la CBS un grupo de swing el Raymond Scott Quintette. Un combo en los límites del movimiento, donde la improvisación desaparece y todo se rige por la composición, el uso de riffs repetitivos y un humor a prueba de bombas que se refleja en títulos como el célebre "Música para la cena de un grupo de caníbales hambrientos". Aquí tenemos el tema interpretado en el centenario de su nacimiento por la Orquesta de la Universidad de Concordia de Montreal.



Un swing alocado, danzarín y mecanicista que rompía barreras y que él llamó "Jazz descriptivo". Cada elemento musical estaba controlado al máximo y los músicos debían conocer sus partes con total precisión ya que les obligaba a tocar sin partituras y sin permitirles la menos improvisación. Cuando se trataba de grabar era como un ingeniero de sonido moderno, mezclando sin rubor pistas y melodías diferentes. Al final conseguía ese sonido extraño y peculiar que lo hizo célebre entre el público y que fue adaptado por las compañías cinematográficas para acompañar los dibujos animados que causaban furor en la época. El Quintette perduró durante el resto de los años 30 y legó piezas como Powerhouse, su tema más conocido (Haced click) o  The Toy Trumpet, famosa por su versión cinematográfica a cargo de Shirley Temple y Bill Bojangles Robinson.



En 1942 es nombrado director musical de la CBS y contrata a grandes músicos negros como Ben Webster desafiando las leyes de discriminación racial. Finalizada la guerra su vida artística se bifurca. Por un lado sigue su trayectoria como director de la orquesta de la CBS primero en la radio y ya en los 50 en la televisión, lo que le permite financiar su verdadera pasión: la experimentación con la naciente música electrónica. Empezó interesándose por la mejora de sus propias grabaciones discográficas y terminó convirtiéndose en un impulsor y mecenas de la nuevos artilugios de sonido a través de su Manhattan Research Inc. De su inventiva nacieron instrumentos como el Clavivox y el Electronium, su gran obra, un anticipo de los sintetizadores electrónicos de décadas posteriores.



El hombre de negocios e inventor de mil dispositivos se fue convirtiendo con el paso del tiempo en un hombre huraño y reconcentrado que vivía para y por la investigación. Progresivamente alejado del jazz solo se acercó a él en una grabación de 1959 con un grupo denominado Seven Secrets en el que estaban gente de la talla de Elvin Jones, Harry "Sweet" Edison o Toots Thielemans.
En los 60 tras un batacazo económico es contratado por la Motown para llevar su sección de música electrónica. Desapareció de la escena en los 80 y fue redescubierto en los 90 gracias a un disco recopilatorio de su obra. Muere en 1994 dejándonos un legado curioso, algo extravagante pero importante para el desarrollo de la música contemporánea.

11 may 2010

No os quejéis que todavía os dejamos bailar

Duke Ellington le dedicó este tema:
En 1968, un cantante country, Jerry Jeff Walker conoció un tipo en la cárcel que le recordaba a nuestro personaje e hizo una canción inolvidable interpretada aquí por Sammy Davis Jr.

Conocí a un hombre Bojangles,
que bailaba para tí con unos zapatos gastados
con el pelo plateado,
una camisa andrajosa y unos pantalones anchos
podía hacer el viejo "soft shoe"
podía saltar tan alto, saltar tan alto
y luego posarse suavemente.
Me habló de cuando trabajó con
espectáculos de trovadores viajando por todo el sur
Habló con lágrimas de como
su perro y él habían viajado por todas partes
durante quince años.
Pero su perro murió, murió
y después de veinte años él aún llora su muerte.
Dijo "Ahora bailo en cafetines siempre que puedo.
Por un trago y la propina.
Pero la mayor parte del tiempo lo paso detrás de estas elegantes barras,
porque, ya ves hijo, yo bebo un poco"
Luego sacudió la cabeza
Oh Señor, cuando sacudió la cabeza
podría jurar que oí a alguien decir
"Por favor, por favor
baile Sr. Bojangles",
le llaman Sr. Bojangles,
Sr. Bojangles, vuelva y baile
y baile y baile, por favor baile
Sr. Bojangles, Sr. Bojangles
Sr. Bojangles, vuelva y baile
y baile y baile, por favor baile
vuelva y baile otra vez Sr. Bojangles
 

Ayer Fred Astaire hubiera cumplido 111 años; el día 25 se celebrará, un año más, el día internacional del tap dance, ese baile que aquí llamamos claqué. Es buen momento para recordar a una figura cuyo fecha de nacimiento se tomó para conmemorar esa día. Se trata de una leyenda mítica y fundamental en la cultura afroamericana: Bill Bojangles Robinson.



Allá por 1886, con tan solo ocho años, el niño huérfano Bill Robinson se introdujo en el mundo del espectáculo y no lo abandonaría hasta su muerte en 1949. El fin de siglo le pilló actuando en los circuitos negros de Broadway donde se convirtió en una figura de prestigio con su característico estilo de baile, el Moondance, una especie de tap lento en el que apenas se usan los brazos y donde el máximo nivel de expresión aparte de en los pies se focaliza en la gestualidad de la cara. En esta archifamosa escena con Shirley Temple, su casi obligada partenaire cinematográfica, muestra su insólita habilidad en su número más popular: el de la escalera.



La fiebre por todo lo negro de finales de los 20, le dio una oportunidad inesperada a Bojangles cuando ya rebasaba los 50 años. Contratado por un promotor blanco para su revista exótica se convirtió en un personaje de enorme popularidad entre el público general aunque a cambio de transigir y adoptar los papeles marginales y humorísticos reservados para la gente de color. Así cuando fue llamado a Hollywood apenas pudo salir del cliche marginal: el eterno mayordomo simpático de la repipi Shirley Temple. Esta es una de las escasas excepciones. Imágenes que fueron eliminadas y que nunca fueron proyectadas en la gran pantalla quizás por el protagonismo que se daba en ellas a un simple bailarín negro.




Admirado por los blancos, despreciado por los negros concienciados que lo consideraban una especie de Tío Tom abochornante, Bill se convirtió sin embargo en una leyenda para la comunidad afroamericana. De él se contabas auténticas hazañas de baile como celebrar su 61 cumpleaños bailando en la calle o estar más de una hora seguida en plena danza sin repetir un solo paso. Era un hombre inquieto y fue promotor de un equipo de béisbol y de importantes espectáculos musicales aunque de no mucho éxito. Había sido nombrado alcalde honorario de Nueva York y ganó algún millón de dólares pero murió en la ruina absoluta y el célebre Ed Sullivan tuvo que pagar el funeral de su propio bolsillo. Exprimió Bill Bojangles Robinson capital y vida hasta la última y preciosa gota.

Y la actuación estelar de:

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