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22 ene 2013

Enlazando pianos

Tras quedar atrapado durante una semana en las garras de la gripe, vuelvo a la palestra bloguera sin grandes alharacas. Mi convalecencia me pide algo cálido, íntimo y familiar para estos sombríos días de invierno. Algo que quizás solo ese instrumento mágico de las 88 teclas puede suscitar.
Me he ido muy arriba. He elegido algunos de los pianistas unánimemente considerados como los mas grandes tanto en música clásica como en jazz. Verlos así, emparejados, nos permite comprobar sin demasiado esfuerzo que la maestría no se para en esas futilidades llamadas género o estilo.
Don DeLillo en un magnífico texto titulado Contrapunto traza cierto paralelismo vital entre dos figuras paradigmáticas del piano contemporáneo: Glenn Gould y Thelonious Monk. Dos figuras singulares, extraordinarias y  de una excentricidad tal que se les ha considerado víctimas de alguna clase de autismo o al menos de ese síndrome de Asperger tan  en boga. Es difícil penetrar en los laberintos de la mente pero quizás solo se tratase de seres demasiado enganchados a si mismos y a su talento como para prestar interés a su entorno. Esta es la entrada en el que los relacioné en su momento. Y aquí algo más de su música.

Alfred Cortot era llamado el poeta del piano. Bill Evans, por su parte, siempre fue considerado el poeta del jazz. Aquí tocan y hablan de como sienten la  música. Merece la pena escucharlos (Los vídeos llevan subtítulos en inglés)
Vladimir Horowitz, para muchos el mejor pianista clásico de las historia, admiraba tanto a Art Tatum del que fue amigo íntimo, que llegó a comentar que sí éste se pasaba a la música clásica, él dejaría de tocar el instrumento al día siguiente.Aquí están los dos "arreglándoselas" con el Vals en C Menor Op. 64 de Chopin.

17 sept 2011

Alguien llora por mí

(Para Axis, que tiene un precioso blog y que se dio cuenta de  mi torpeza, al haber inhabilitado por error la posibilidad de dejar comentarios en esta entrada)

En octubre de 1932 la orquesta italoamericana de Ted Fio Rito, con el entonces cantante novel Muzzy Marcellino , le gana la partida al todopoderoso Paul Whiteman  publicando por primera vez este tema. En compensación, la versión del llamado "Rey del jazz" tuvo un éxito mucho más grande que la original.

500 o 600 versiones más tarde, ya en los 60,  Muzzy Marcellino vuelve a retomar el tema con el instrumento que le proporcionó más popularidad  gracias a su aparición en las películas de Disney o Sergio Leone.

En esos mismos años un dúo británico de pop algo relamido, Chad and Jeremy, consigue que el viejo tema vuelva a las listas de éxitos.

Ann Ronell es la autora de Willow Weep For Me y una de las pocas mujeres que pudieron entrar en esa gran fábrica de éxitos y eternos standards llamado Tin Pan Alley. Su mentor, su compañero, su pigmalión, quizás su amante fue George Gershwin a quien le dedicó el tema. Incluso los maldicientes llegaron a decir que Gershwin fue el autor real de la pieza y que le cedió los derechos a Ann como un regalo especial, algo que la posteridad y la bibliografía musical ha descartado.  

Ni que decir tiene que el jazz es el género musical que más provecho ha sacado de Willow Weep For Me. Por ejemplo, en esta escena de baíle llena de swing interpretada por Vera Ellen en la última película de los Hermanos Marx, Amor en conserva (Love Happy)

Cientos y cientos de versiones y arreglos para orquestas, pequeños grupos y solistas. 

¿Dónde elegir entre tanta variedad?
Ante la duda, me quedo con la que escuchándola suscitó esta entrada, la que me indujo a hacerla. No voy a ser nada original, aunque Art Tatum interpreto en muchas ocasiones este tema, la de 1949, del mismo año que la película de los Marx, ha quedado como la definitiva.

Para terminar una versión vocal realmente impresionante que no procede de la ortodoxia oficial jazzística. Se trata de la interpretada por la majestuosa Etta James, un nombre irreemplazable para los que nos gusta la música negra, sin fronteras.

3 sept 2009

Eldar en el camino


La historia de Eldar me recuerda a esas historias de atletas prodigiosos viviendo en alguna remota de África hasta que finalmente, por pura casualidad, son descubiertos por un cazatalentos norteamericano que les ofrece una vida nueva pródiga en dinero, fama y honores en el país de las grandes oportunidades:



Eldar Djangirov, un apellido con resonancias jazzísticas, nació en 1987 en Kyrgyzstan, república exsoviética del Asia Central. Con 5 años empezó a tocar el piano y tan solo con 9 actúa en un festival de jazz donde conmociona a un aficionado americano hasta el punto de meterse en mil gestiones para conseguir que siga su carrera en Estados Unidos. Primero Eldar viaja allí a un campus de verano y luego se instala de forma permanente con su familia. Con tan solo 14 años, hecho insólito en el mundo del jazz, graba un primer álbum: "Eldar". Sus siguientes dos discos, siempre como líder, también fueron grabados antes de cumplir los 18: "Handprints", y otro con la colaboración de grandes músicos como John Patitucci y el recientemente fallecido Michael Brecker titulado "Eldar", como el primero, aunque en otra compañía.



Eldar no es un músico adscrito a un determinado jazzístico. Su prodigiosa soltura al piano le permite tocar de cualquier modo y manera, aunque quizás sus maravillosos y casi mágicos dedos lo emparenten con los malabaristas Oscar Peterson y el irrepetible Art Tatum.



¿Nos encontramos con el clásico niño prodigio que se desgastará por el implacable paso del tiempo?
¿Es la panacea para el ansioso mundo del jazz necesitado siempre de alimentarse con nuevas figuras?
¿Una esperanza? ¿Una ilusión? ¿Una quimera?
Ahora mismo tiene conciertos en los grandes santuarios de esta música y es invitado especial en la habitual retahíla de festivales y conciertos. Sus seguidores crecen en todas partes y su último disco, "Re-imagination" del 2007, es realmente hermoso y original.
Seamos cauteloso y no carguemos demasiadas responsabilidades a sus espaldas. Solo tiene 22 años.

19 ene 2009

Metamorfosis al piano


Estaba el otro día contemplando en un DVD este fantástico vídeo de Earl Hines ...



...cuando presioné, con cierta ansiedad, la tecla "adelante" de mi reproductor para ver lo que venía después. Al pasar a doble velocidad, aquello se convirtió en un exquisito tema bebop. No, no era el sonido prototípico de Fatha Hines, considerado por muchos como el padre- de ahí su apodo- del piano en jazz. Había habido una extraña transformación y en la metamorfosis se había materializado el sonido tremebundo del mismísimo Bud Powell en una de sus vertiginosos paseos por el teclado. Una cosa parecida a ésto:




"Vaya", pensé en plan relamido. "Lo propio sería que sonase a la manera circense, pero terriblemente solemne y respetuosa con la melodía, típica del gran Art Tatum":



Pero en jazz las cosas son así y no merece la pena buscar explicaciones. Mejor volver a a Earl Hines y seguir dejándonos llevar por su toque hipnótico:

Y la actuación estelar de:

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