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14 may 2013

Allí donde la música te lleve

Ésta no es una entrada. No señores, ésta es una investigación en toda regla.
Bueno, seamos modestos, más bien es un juego. Un juego para saber a donde nos puede llevar la música. Nada original, por otro lado. Se ha hecho muchas veces. Por éste y por otros medios. Por ejemplo, la hizo el amigo Nicolás Peña en dos emisiones de La Quinta Disminuida, su imprescindible programa de radio. 
Veamos hasta donde nos puede llevar a nosotros. 

Empecemos por una de las más gloriosas creaciones del pop inglés de los ochenta. Uno de esos himnos maravillosos que te sacuden el cuerpo, te dan esperanza y que además, en este caso, llevan el añadido de un vídeo excepcional creado por Julian Temple. Un vídeo que podría estar viendo horas y horas sin cansarme.

Parémonos en la primera estrofa. ¿Quién era ese Johnnie Ray al que vemos bajando del avión y siendo objeto de adoración por sus nada comedidas fans de los 50? ¿Quién era ese individuo, con su nombre en los zapatos, capaz de mover un millón de corazones al unisono y que sonaba triste cuando lo escuchaban nuestras madres? Ray era un hombre situado entre dos mundos. Por un lado, el mundo blanco, limpio y almidonado de los crooners; por otro, ese instinto dramático, apasionado y arrollador que caracterizaba a muchos cantantes negros de aquellos primeros cincuenta. Se decía que en sus actuaciones lloraba más que cantaba, entregado al fervor entusiasta de un público que adoraba a su ídolo. Así se gano apelativos como El Príncipe de los Lamentos, El Líder de las Lágrimas o El Sultán del Sollozo. Con Cry, el título no podía ser más oportuno, vendió más de un millón de copias y consiguió alcanzar la cumbre de todas las listas, incluyendo las de rhythm and blues negro.  

No era Johnnie Ray el único cantante blanco de los 50 al que le gustaba cantar "entre lágrimas". Otro Johnny -éste con "y"-  tuvo su primer éxito con otra canción con el mismo título pero sublimado al cubo y en tono ferozmente exclamativo. 
 

Cry! Cry! Cry! es el primer tema de éxito de un primerizo Johnny Cash recién licenciado del servicio militar y con ganas de abrirse paso en el sello que había decidido apostar por él: Sun Records del legendario Sam Philips. Siendo solo cara B, fue el principal argumento que justifica el éxito absoluto de su primer single, del que se vendieran más de 100.000 copias tan solo en la zona de distribución de la compañía en el sur de Estados Unidos.

El 4 de diciembre de 1956 es una de esas primeras fechas míticas en la historia del rock and roll. Por una vez, y sin que sirva de precedente, no fue por motivos luctuosos. Aquel día por azares del destino, o quizás no, se encontraron en el estudio de la Sun Records cuatro figuras míticas de la nueva música popular. Carl Perkins y Jerry Lee Lewis  estaban grabando, mientras que  Johnny Cash y Elvis Presley estaban de visita. Por aquella el Rey ya era famoso por sus grabaciones con la RCA pero añoraba el ambiente de su antigua estudio y se fue con su novia a saludar a los viejos camaradas. La grabación de aquella sesión pasó a la posteridad con el título con el que apareció la noticia en el Memphis Press-Scimita al día siguiente: Million Dollar Quartet. Estaba claro que un tipo listo como Sam Phillips no podía desaprovechar semejante oportunidad y se preocupó de llamar a un fotógrafo y a un periodista para que dieran testimonio de aquel evento.  Parece ser que la cosa acabó abruptamente cuando el casi adolescente Jerry Lee le dio por demostrar a los demás sus indudables dotes pianísticas.  Los otros sobrepasados por su serenata optaron por poner los pies en polvorosa. 
Han pasado los años. Se hicieron varios homenajes recordando aquella sesión donde el único ausente fue Elvis. Incluso a partir del 2008 una comedia musical basada en aquel encuentro tuvo y sigue teniendo un éxito absoluto en taquilla. Definitivamente, hay algo de aquellos días que se niega a morir.
Aquí tenéis la grabación entera. Podéis abrir el melón por donde queráis, siempre está suculento. Yo, por quedarme con algo, elijo este pedazo delicioso que educadamente me sirvo en plato aparte.

Y la actuación estelar de:

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