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14 may 2015

Músicas de la ternura

Mil formas para llamarla: ternura, tenrura, tendresse, tenderness, zärtlichkeit, ömhet, tenerezza, tendresa, teneritudinem , samurtasuna, érzékenység, нежность, कोमलता, 柔情, حنا…. 
¿pero cuantas formas de sentirla? 
Quizás las canciones nos ofrezcan algunas respuestas.
Por ejemplo ésta, compuesta en 1932 pero sublimada hasta esferas celestiales 34 años más tarde por el sumo sacerdote del soul.

 
Otis era tan grande que todo a su alrededor parece pequeño. Habrá que buscar a alguien que pueda estar a su altura. 
Tenderly es un tema escrito en 1945 en formato de vals. Al autor de la música no le gustaba el titulo que le había puesto el letrista Jack Lawrence porque decía que obligaba a los cantantes a acentuar de manera muy forzada la última sílaba de la palabra. Al final, Lawrence convenció a una compañía y Sarah Vaughan grabó la canción por primera vez en su versión vocal.  
También Rosemary Clooney hizo una versión memorable en 1952 y la de Billy Holiday, del mismo año, es la mejor que he escuchado en voz femenina. En 1954, Nat King Cole hace una versión sin efectismos, bella y diáfana, con esa claridad que sólo él podía conseguir. Aquí lo vemos cantándola en compañía de un grupo de lujo: Oscar Peterson, Herb Ellis y Ray Brown en el  1957.
 
Tenderly siempre ha sido una manjar para los grandes artistas del jazz convencional por eso es mejor que para despedirnos de ella, recurramos a algo completamente diferente y que desafía a todo lo anterior.
  

Si creéis que me voy a centrar en ternuras yanquis estáis equivocados. La ternura se conjuga musicalmente en todos los idiomas y territorios. 
En italiano:

En francés por una voz inolvidable:
 
No sé porque estos chicos se ponen tan modositos con la ternura. Unos piden solo un poco, otros que al menos dure unos segundos...

Habrá que terminar esta entrada con algo obvio. No sería justo saltárnosla. La versión del rey del rock la conocéis todos, aquí os la dejo enlazada. La de James Brown quizás no tanto y a mí personalmente me gusta mucho.

 

6 feb 2013

Jazz con chelo

¿Por qué un instrumento de tanta personalidad y prestancia como el violonchelo ha dejado tan poca huella en la música popular y concretamente en el jazz? Es probable que haya motivos musicales y culturales para ello. Entre los primeros habría que contar con el hecho de que el nicho musical en el que podría entrar el chelo ya estaba ocupado por el contrabajo en la sonoridad grave y por otros instrumentos de cuerda en la sonoridad alta. Entre los segundos, ese rechazo puede que proceda de la excesiva vinculación del violonchelo con la música sinfónica occidental en la que siempre ha sido un instrumento prototípico. Los jazzmen siempre han querido marcar distancias con la música clásica. Es famosa la anécdota que cuenta Charles Mingus en su enloquecida autobiografía, cuando comenta que abandonó el chelo  tras decirle un amigo que aquel instrumento era asunto de blancos y no para que lo tocasen los negros, cosa que el adolescente y antirracista Mingus se tomó al pie de la letra. 
 El chelo entró en el jazz de la mano del contrabajo, tocado en pizzicato y por lo tanto sin arco. Las dos figuras pioneras fueron Harry Babasin y Oscar Pettiford dos instrumentistas importantes -en el caso de Pettiford  decisiva- en la evolución del contrabajo moderno pero que necesitaban la clase de experiencias que les  podía proporcionar un instrumento tan melódico como el violonchelo.  
Muchos otros grandes contrabajistas han explorado las posibilidades del chelo. Es el caso de Ray Brown, Sam Jones o Ron Carter. Este último fue de los primeros de usar el arco como lo demuestra en compañía de Eric Dolphy y Mal Waldron en su debut discográfico como solista.
 
Fred Katz fue uno de los primeros chelistas de jazz en estado puro.  Alumno de Pau Casals, tenía por tanto una sólida formación clásica antes de pasarse al jazz y convertirse en miembro del grupo de Chico Hamilton allá por los 50.  Pronto empezó a descollar por su labor compositiva y se encargó de la banda sonora en varias películas de Roger Corman. Aquí lo vemos en un concierto con el grupo de Hamilton en el Festival de Montreaux de 1989.

Es imposible cerrar una entrada sobre el violonchelo en el jazz sin citar a Abdul Wadud. Se trata de un músico clave en la incorporación del  instrumento a la nueva música improvisada free o cercana al free, nacida en los 60. Sus esfuerzos para alejarlo de su sonoridad convencional, buscando tonalidades exóticas, no le han impedido participar en experiencias sinfónicas tradicionales. En esta pieza vemos a Wadud en compañía del pianista Anthony Davis y del  flautista James Newton

13 may 2012

Booker Litle, deslumbrante y fugaz


En el santoral trágico del jazz hay un capítulo iluminado por la presencia de inmensos trompetistas muertos en su prometedora juventud. 
Clifford Brown, puede ser el paradigma. Fats Navarro, la alternativa a Dizzy en su propio territorio estilístico. Lee Morgan, algo mayor que los anteriores, era la gran  esperanza de su instrumento en el hard bop de los 60.  ¿Y Booker Litle?  
Booker Litle era ésto: Man of the words un tema dedicado a su productor y afamado crítico musical, Nat Hentoff, en un disco absolutamente imprescindible dentro de cualquier antología de jazz moderno: Out Front. La luz acompaña a la tragedia: el disco fue publicado el mismo año en que Booker Litle fallecía, con tan solo 23 años,  a causa de una uremia. 
Cualquier músico con 23 años es solo un principiante. Incluso en el jazz, donde abundan los genios prematuros, es difícil encontrar alguien con una personalidad tan original y propia a tan corta edad.  Booker Litle lo logró en una carrera musical de sólo 3 años. Parece imposible hacer tanto en tan poco tiempo, pero lo consiguió.  Cuando era un adolescente y estudiaba música en Chicago se encontró con Sonny Rollins. Éste le aconsejó que no se dejará influir demasiado por los otros músicos, que buscara su estilo propio, fuera bueno o malo. Al parecer siguió el consejo a raja tabla. A través de Rollins conoció a Max Roach que ve en el chico un sustituto ideal de Kenny Dorham o incluso del siempre recordado Clifford Brown. Booker Litle permanece con el quinteto de Roach durante dos años y graba su primer disco como solista: Booker Little 4 and Max Roach. En este vídeo en mal estado de 1958 podemos ver al grupo tocar en el programa Stars of Jazz de la ABC americana. . En 1960 Booker se ve con fuerzas para iniciar una carrera en solitario. Si ya con anterioridad había participado en grabaciones de Slide Hampton y Bill Henderson ahora se convierte en figura deseada por los grandes artistas del momento.  Coltrane y de nuevo Max Roach lo consiguen y es parte del elenco en dos discos históricos: Africa/Brass del saxofonista y ese manifiesto antiracista y comprometido de Roach titulado We Insist! Freedom Now.  
En sus dos últimos años llega a grabar hasta 14 álbumes pero ninguno de ellos alcanza la fuerza y calidad de los que realizó con un auténtico alter ego musical,  Eric DolphyFar Cry, con Ron Carter y Roy Haynes de 1960 y el ya comentado Out Front donde comparten cartel Julian Priester al trombón, Don Friedman al piano, dos contrabajistas Art Davis (con el arco) y Ron Carter y el maestro Max Roach a la batería. Es la pieza mayor de su carrera. Un disco sorprendente donde se concilian valores aparentemente opuestos: luminoso y oscuro, pulido y abstracto, audaz y clásico. Solo Mingus podría conciliar tantas cosas en una sola obra. La última gran obra con Eric Dolphy son las grabaciones que Rudy Van Gelder realizó en el Five Spot, la meca del free neoyorquino, en  julio de 1961 tres meses antes de la muerte de Litle. Dolphy de genial multinstrumentista tocando el saxo alto, el clarinete bajo y flauta; Mal Waldron al piano, Richard Davis a la batería y Ed Blackwell a la batería. Una sesión maravillosa y mágica de una intensidad inaudita. Dejemos al malogrado Booker a ritmo de vals. El mismo lo bautizó con su propio nombre. Son 14 minutos y 39 segundos de rotunda y explosiva belleza. O así me lo parece a mí.

28 feb 2009

Todas las cosas que podrías llegar a ser si la mujer de Sigmund Freud fuera tu madre


Parece ser que Charles Mingus no tenía excesiva buena opinión de la psiquiatría. Llevaba muchos años con un analista e incluso en una de esas situaciones tragicómicas que le tocó vivir, después de acudir un día al Hospital de Bellevue para pedir ayuda psicológica consiguió, muy a su pesar, que acabaran internándolo. Pero su irresistible sentido del humor le permitía hacer cosas tan extrañas como pedirle a su psiquiatra favorito que le sugiriese las letras de algún tema. Uno de ellos es éste que encabeza la entrada. (Se puede escuchar un fragmento). Tampoco nada de ésto es seguro, Mingus tenía una enorme capacidad para la fabulación y era capaz de inventarse cualquier cosa para echarle un poco de teatro al asunto..
Un tipo tan excéntrico, radical y tumultuoso, amante de las escenas teatrales y con un humor de mil demonios, tenía que hacer una música en consonancia con su personalidad y la hizo, vaya si la hizo.
Empezó en el jazz tocando con Louis Armstrong, colaboró con Duke Ellington y Charlie Parker y como en esa grabación tan extraordinaria del Festival de Antibes hizo buenas migas con el free Eric Dolphy. Estaba en todas partes y no estaba en ninguna. Podía lanzar unas declaraciones incendiarias atacando un estilo musical o incluso a un músico al que no tuviera simpatía y pocas semanas después realizar una jam session con él y tocando esa música que rechazaba con ardor.
Era Charles Mingus y todo lo que tocaba pasaba a incorporarse a su propia forma de hacer las cosas. Indefinible e indescriptible. Como este tema que suena de fondo que es una mezcla de soul, blues, jazz tradicional, gospel y todas las etiquetas que se quieran poner.
Por último, es curioso que siendo tan iconoclasta, tan suyo, tam individual haya tanta gente que se considera su heredera musical e incluso espiritual. Do ejemplos:
El precioso disco de Joni Mitchell titulado Mingus editado en el mismo año de su muerte, 1979
con un grupo fastuoso. Aquí la tenemos interpretando el tema emblema del contrabajista: Goodbye Pork Pie Hat:



Otros ejemplos de esta veneración musical se refleja en temas e incluso discos de homenaje como Weird Nightmare: Meditations on Mingus de 1992 y en los diversos grupos de jazz que llevan el propio del contrabajista: The Mingus Big Band, Mingus Orchestra y esta Mingus Dynasty, un grupo repleto de ases, que vió así en 1980 el mismo Better Get It In Your Soul que podemos escuchar de fondo:



Y la actuación estelar de:

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