Afortunadamente, hay algo perversamente consolador en el hecho de que el mayor genio musical del que tengamos noticia no haya sido una especie de gran ser iluminado e imponente, acunado por dioses y musas y alejado de las mundanas degradaciones. Resulta tranquilizante pensar que el genial Johann Sebastian era un honrado padre de familia que trabajaba a destajo -según el catálogo de Wolfgang Schmieder han sobrevivido 1127 obras de su ingente producción- y que no tenía reparos en emigrar de ciudad en ciudad en busca del bienestar de los suyos, que eran muchos, y de una mejor comprensión de su prodigiosa obra. La vida hizo de Bach un hombre descontento, abrumado por sus necesidades económicas y en constante conflicto con sus patrones municipales o principescos. Razones tenía para ello. Desde joven sufrió el nepotismo de los gobernantes a la hora de acceder una plaza laboral que le permitiese suficiente estabilidad, su gran obsesión. Era ni más ni menos que Johann Sebastian Bach, pero sus competidores tenían más capital o mejores padrinos que el orgulloso músico de Eisenach. Es muy conocida la anécdota que le permitió acceder a su puesto definitivo como kantor en la Thomaskirche de Leipzig. Eran veinte candidatos aunque el favorito era un músico en la cresta de la ola, Georg Philipp Telemann, pero éste finalmente optó por seguir en Hamburgo donde era director musical de las grandes iglesias. Hubo varios descartes más y finalmente se eligió a Christoph Graupner pero éste a última hora renunció al puesto a solicitud de su patrón de entonces el landgrave de Hesse. Fue el mismo Graupner el que recomendó a Bach provocando cierta reticencia en el concejo municipal. Ha quedado para la posteridad la frase del concejal Platz tras la elección de Johann Sebastian: "Puesto que no hemos podido obtener a los mejores, debemos contentarnos con el mediocre". Bach el incómodo, el insolente, siempre quejándose de su sueldo de miseria y capaz de escribir una carta a un amigo para que le consiga un puesto en otra parte ya que no ha habido suficientes muertos ese año y necesita el dinero que habitualmente cobra haciendo música para difuntos.
Bach el denigrado, el rebelde, el considerado como un mal profesor de escuela, - incluso tenía que dar clases de latín- el autoritario y lo más sorprendente: el perezoso. Este es el repertorio de las obras del compositor según su númeración en el Bach-Werke-Verzeichnis : 1-200: Cantatas religiosas 201-215: Cantatas profanas 216-224: Otras cantatas 225-231: Motetes 232-242: Misas 243: El Magníficat 244-247: Pasiones 248-249: Oratorios 250-438: Composiciones corales 439-524: Lieder y arias 525-771: Obras para órgano 772-994: Obras para clavecín 995-1000: Obras para laúd 1001-1013: Obras para solistas instrumentales 1014-1040: Música de cámara 1041-1071: Conciertos 1072-1080: Obras de contrapunto (es decir, cánones y otros) 1081-1128: Obras encontradas después de 1950. Tras su muerte, el Ayuntamiento de Leipzig dedicó 4 minutos a recordar su memoria y luego llego el relativo olvido. Relativo porque era un músico venerado por otros músicos pero desconocido para el gran público. Lo que se llamaría ahora un autor de culto. Su primera biografía tardó 52 años en aparecer, la escrita por Johann Nikolaus Forkel, y solo la veneración de otro gran músico, Felix Mendelssohn, que representó en 1829 La Pasión Según San Mateo lo hizo popular. Convertido en un icono solemne de la cultura popular contemporánea, su música ha servido para representar a los grandes villanos del cine: los grandes mitos del terror de los años 30, aquel Capitán Nemo capaz de desafiar al mundo desde las profundidades tenebrosas:
o más recientemente el carnívoro Hannibal Lecter: Yo sin embargo prefiero sentir como su música es capaz de hacer levitar los objetos. (como en este vídeo que solo se puede ver en la misma web de youtube): O también capaz de comunicarse con cualquiera que se deje penetrar por su magia, porque Bach es magia y comunicación.
Algunas grandes canciones tienen historias chicas:
"Suena el teléfono a las tres de la mañana. Medio dormido levanto el receptor y oigo la voz de Gardel que me dice con evidente satisfacción:
—Che viejo, acabo de encontrar una melodía macanuda para el tango " Por una cabeza".
Y procedió a cantármela ipso facto. No sé si sería porque todavía no me había despertado del todo, que al oír por teléfono el fruto de su inspiración, ni la melodía ni la letra me hicieron mucha impresión; y así se lo dije. Algo amoscado Gardel me contestó con su fina ironía: —Mira, Beethoven, vos te quedás con tus corcheas y semifusas; pero no te metas conmigo en asuntos de "matungos"
Me causó gracia la comparación beethoveniana y comprendí que nadie como él —carrerista empedernido y dueño de un dispendioso stud— podía hablar con más autoridad de temas hípicos; nadie como él podía conocer la emoción del jugador de ver a su caballo llegar victorioso al disco, ni sentir desaliento de verlo flaquear en el momento mismo en que un supremo esfuerzo lo hubiese colocado en la categoría de ganador. Como dicen los versos de su tango:
“Por una cabeza de un noble potrillo que justo en la raya afloja al llegar . . .”
Tal vez el producto de una "fija" conferida sigilosamente al oído, que fracasa en la raya. Sí, creo que Gardel tenia razón. Yo me quedo con mis corcheas. Además, yo sabía que, lo mismo que otras canciones que nos parecen triviales al principio, el genio de Gardel ennoblecería este tango hípico y lo elevaría a una altura insospechada." (Terig Tucci - Gardel en Nueva York 1969)
Encontramos pues a Carlos Gardel a punto de rodar en Nueva York la película Tango Bar, pero ponerle la música a una letra del gran Alfredo Le Pera con el que compartiría destino tres meses más tarde en el accidente aéreo de Medellín que segó su vida .
Dos famosos bailes marcan la crónica sentimental cinematográfica de esta canción. En Esencia de mujer (Scent of a Woman) -recreación norteamericana de la excelente Perfume de mujer de Dino Risi- el Teniente Coronel Frank Slade (Al Pacino) retirado del ejército a causa de su ceguera y profundamente amargado por su minusvalía invita a bailar a una desconfiada Donna (Gabrielle Anwar). Una escena mítica cargada de enorme intensidad sensual subrayada por la música aterciopelada del grupo The Tango Project.
El baile de Arnold Schwarzenegger y Jamie Lee Curtis con la que termina esa comedia divertida llamada Mentiras arriesgadas tiene connotaciones ciertamente burlescas.
Nada que ver con ese toque kitch y elegante, casi de cine negro o de comic sofisticado con el que Spielberg da un respiro al espectador en esa sofocante y extraordinaria La Lista de Schindler.
Hay muchas versiones de Por una cabeza. La de Andrés Calamaro, a tiro de click, tiene un comienzo casi flamenco y un buen acompañamiento musical pero a mi modo de ver no logra entrar en el espíritu que requiere el tema, haciéndolo demasiado lánguido y espeso. Creo que el acercamiento actual de ciertas figuras del rock argentino al antes denostado tango, aún siendo meritoria, en la mayoría de las ocasiones deja bastante que desear.
Me resulta más gratificante la del fantástico violinista Itzhak Perlman. El violín siempre ha hecho buenas migas con el tango.
Por último una versión jazzística del excelente trompetista argentino afincado en España, Guillermo Calliero. Se trata de una actuación reciente en el entrañable Cafe Central de Madrid.
Vacances tardías
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* "Se editan libros que cuentan lo desagradables que eran los Who. Qué pena
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Pete Townshend, 1982