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1 dic 2010

Cuatro joyas en serie

Cada vez cuesta más ir al cine. Nuestras acogedoras celdas domésticas disponen de los medios necesarios para satisfacer nuestras necesidades de ocio sin tener que salir de la colmena. El cine tradicional se ha convertido en un festival de fuegos de artificios, películas bobaliconas para adolescentes, unos cuantos films de figuras relevantes que a duras penas mantienen el tipo o lo pierden vergonzosamente –caso de Woody Allen, Coppola etc…- y esos pocos films exóticos que han triunfado en los últimos festivales. Frente a este panorama desolador, los mejores creadores han decidido desarrollar su carrera en la televisión, un medio denostado hasta la nausea pero que hoy en día ofrece productos de calidad inusitada. Grandes productos de ficción acompañados de excelentes bandas sonoras, casi siempre. He decidido recordar cuatro de las series que más me han impresionado en las últimas décadas a través de sus temas principales. Para muchos será un territorio trillado de tan conocido. Para mi un bonito recuerdo a cuatro joyas que me han hecho disfrutar de lo lindo. Empezaré por los 90 con dos series que rompieron los moldes, que propiciaron el boom actual y que con los años se han convertido en objetos de culto. El tema de la primera está compuesto por un por entonces desconocido compositor recién licenciado en Berklee que pronto se especializaría como compositor de series de televisión. David Schwartz no volvió a tener un éxito aquel que le lanzó a la fama y le hizo ser candidato a un premio Emmy.
A pesar de su ya por entonces larga carrera musical, vinculada al jazz y a la composición, Angelo Badalamenti alcanzó fama universal a la sombra del director David Lynch, en películas como Terciopelo Azul, Mulholland Drive y sobre todo gracias a esta inolvidable pieza maestra  para la serie de mayor impacto de los 90. 
  
Dos producciones emblemáticas de la última década pero cuya trascendencia rebasa esos límites. Creo que estamos hablando de dos de los mejores ficciones jamás salidos de un estudio de televisión norteamericano. La primera es mucho más que una película sobre la Cosa Nostra y el mundo que la ha hecho posible, en ella se traza una radiografía implacable de la familia americana actual solo comparable a lo que en el terreno caricaturesco nos ha revelado Los Simpson. A Alabama 3, un oscuro grupo británico que gusta de coquetear con múltiples géneros musicales, le tocó el premio gordo cuando su tema Woke up this morning -un título que remite al comienzo de muchas letras del viejo blues- fue elegido como sintonía de Los Soprano.
 

Baltimore es una de esas antiguas ciudades americanas del Este. De esas que hemos oído nombrar un montón de veces pero de lo que no sabríamos trazar una imagen, un paisaje, un monumento significativo. Gracias a The Wire (Bajo escucha) ahora nos parece increíblemente cercana por lo menos su lado oscuro, como si pusiéramos una lupa delante de  un cuadro hiperrealista. Corrupción, droga, redes mafiosas, policía, política, extorsión ¿Es Baltimore así o solo una obra de  ficción pergeñada por David Simon, en la  que se refleja el estado de descomposición que se puede percibir en cualquier metrópoli actual? No lo sé, me conformo con saber que es una obra de arte difícilmente repetible en la pequeña pantalla. El tema principal es el mismo en las cinco temporadas aunque con distintos intérpretes. Way Down on the Hole es una de las piezas más notables de ese gran disco de Tom Waits titulado Franks Wild Years (1987). En la serie me quedo con las versiones de la primera y segunda temporada.  The Blind Boys of the Alabama es un grupo creado ni más ni menos que en 1939 por un grupo de jóvenes invidentes volcados hacia los espirituales. Hasta hoy mismo han cosechado grandes éxitos como los Grammy del 2002 al 2005 como mejor álbum de soul gospel original. Su versión de Way Down on the Hole es el de la primera temporada de la serie.
En la segunda temporada brilla la interpretación original de Tom Waits. Esa melodía quejumbrosa, abismal, inquietante tan cercana al estilo más genuino de su autor.

Y la actuación estelar de:

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