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31 may 2010

Galliano forzando la entrada

En una entrada de principios del año pasado hablaba de como muchos críticos se habían erigido en guardianes de las esencias, auténticos porteros de la música de jazz. Si aquí en España la mayor osadía frente a un portero de discoteca es pretender entrar con calzado deportivo o con calcetines blancos, lo más semejante que se me ocurre en el territorio del jazz es intentar tocar una música de raíz distinta a la tradicional con un instrumento no debidamente acreditado.
¿Richard Galliano tocando el acordeón? ¡Por favor, qué espanto!



Sí, puede parecer lo dicho algo chocante teniendo en cuenta el actual reconocimiento internacional de este gran músico nacido en Cannes, pero en su momento su carrera no fue nada fácil dentro del mundo del jazz. Quería que se reconociese como eso, como jazzman y aunque era habitual acompañante de grandes músicos del género –Chet Baker, Enrico Rava, Michel Petrucciani - no se le consideró un verdadero artista del género hasta su colaboración con el maravilloso bandoneonista argentino Astor Piazolla. El reconocimiento a Astor llevó consigo su propia revalorización. Si entras en el recinto sagrado permites que entren todos los que están cerca de ti.
Aquí lo podemos ver tocando una pieza inmortal del maestro. A pesar de sus diferencias, acordeón y bandoneón tienen el alma común.



Por estas fechas, hace cosa de dos años, tuve la gran suerte de escuchar en directo a Richard Galliano y su grupo Tangaria. Pude recrearme en las posibilidades musicales de ese instrumento mágico, esa maravillosa caja de los sueños suscitadora de emociones. Por ejemplo las que produce este hermosísimo vals compuesto por el propio músico. Un tema que nos parece nacido en alguna época perdida en el tiempo.



Al igual que Piazolla uso el tango para crear su propia música elaborada y compleja, Galliano se reencontró con un baile prácticamente muerto pero símbolo inmortal del viejo París: la musette. Su reelaboración por parte del acordeonista de Cannes lo puso otra vez en movimiento y el éxito fue absoluto. Luego llegaría su difusión mundial con la célebre banda sonora para la película Amelie compuesta por Yann Tiersen.
Chat Pitre
   es un tema que refleja muy bien la mentalidad musical de Richard Galliano y su capacidad de generar fusiones con otros estilos sin perder su capacidad creativa.



Imposible dejar a Galliano sin recordar un tema absolutamente primordial en su discografía. Le acompañan dos portentos del jazz europeo: Paolo Fresu y Jan Lindgren.
Brutalmente nostálgico, brutalmente emotivo este Mare Nostrum:


29 mar 2010

Traído por el viento

Podemos imaginar a Charles Trenet, "Le fou chantant", en 1942. Sigue actuando en los viejos cabarets del París ocupado, pero apenas puede sobrevivir a la tensión que le rodea. En 1940 fue herido en una pierna aunque la prensa publicó que había muerto en el frente de guerra. En el 42 debe actuar ante los oficiales alemanes y su legión de colaboracionistas,  entre los que corre el rumor de que Trenet se ha cambiado el apellido para que no sepan que en realidad es judío. Él sigue actuando, hace alguna película pero tiene miedo. Tiene que demostrar documentalmente que no tiene antecedentes  hebreos y hacer concesiones a la potencia ocupante como actuar en los campos de prisioneros de guerra franceses. Al final de la guerra se le pasará factura y marchará a vivir a Estados Unidos hasta 1954. 
En aquel año de 1942, a pesar de la amargura del momento o quizás gracias a ella, compone uno de sus temas inmortales y eso es mucho decir si se trata de Trenet:
 

 ¿Nostalgia del amor perdido en tiempos de dolor? Nada más apropiado. 
La letra de Que reste-t-il de nos amours? es del propio Charles Trenet,-aquí la tenéis-. En la música colaboró su amigo Leo Chauliac. Esta es una interpretación del propio autor acompañado de la extraordinaria Dalida.

Es curioso comprobar la cantidad de versiones a dúo que ha  generado un tema escrito para y por un solo cantante. 
El éxito mundial de este tema tan evocador, con ese poderoso sabor agridulce tan prototípico de la obra de Trenet, tuvo rápida difusión a otros idiomas y a otras culturas. Franco Battiato lo convirtió en Che cosa resta en 1999. (Ese tono metálico de la primera parte es original de la grabación del cantante siciliano):

Es un tema intimista y dulce, por lo tanto muy apropiado para la sensibilidad de los hombres y mujeres de la bossa nova. Aquí la extraordinaria Rosa Passos lo interpreta junto a otra figura monumental de la canción francesa el recientemente fallecido Henri Salvador:

 

En el mundo anglosajón el tema es conocido por el título "I Wish You Love". Su primera versión data de 1957 y desde entonces se ha convertido en un standard habitual para crooners, cantantes pop e interpretes de jazz. Esta es la conmovedora versión de la vocalista Rosemary Clooney en su última etapa musical:
Una última interpretación a cargo del trompetista italiano Paolo Fresu que ha tocado el tema con relativa asiduidad a lo largo de su carrera (tiene una muy recomendable con Richard Galliano y Jan Lundgren en el disco "Mare Nostrum"). Aquí  está acompañado de su quinteto:

Y la actuación estelar de:

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