En 1968, un cantante country, Jerry Jeff Walker conoció un tipo en la cárcel que le recordaba a nuestro personaje e hizo una canción inolvidable interpretada aquí por Sammy Davis Jr.
Conocí a un hombre Bojangles,
que bailaba para tí con unos zapatos gastados
con el pelo plateado,
una camisa andrajosa y unos pantalones anchos
podía hacer el viejo "soft shoe"
podía saltar tan alto, saltar tan alto
y luego posarse suavemente.
Me habló de cuando trabajó con
espectáculos de trovadores viajando por todo el sur
Habló con lágrimas de como
su perro y él habían viajado por todas partes
durante quince años.
Pero su perro murió, murió
y después de veinte años él aún llora su muerte.
Dijo "Ahora bailo en cafetines siempre que puedo.
Por un trago y la propina.
Pero la mayor parte del tiempo lo paso detrás de estas elegantes barras,
porque, ya ves hijo, yo bebo un poco"
Luego sacudió la cabeza
Oh Señor, cuando sacudió la cabeza
podría jurar que oí a alguien decir
"Por favor, por favor
baile Sr. Bojangles",
le llaman Sr. Bojangles,
Sr. Bojangles, vuelva y baile
y baile y baile, por favor baile
Sr. Bojangles, Sr. Bojangles
Sr. Bojangles, vuelva y baile
y baile y baile, por favor baile
vuelva y baile otra vez Sr. Bojangles
Ayer Fred Astaire hubiera cumplido 111 años; el día 25 se celebrará, un año más, el día internacional del tap dance, ese baile que aquí llamamos claqué. Es buen momento para recordar a una figura cuyo fecha de nacimiento se tomó para conmemorar esa día. Se trata de una leyenda mítica y fundamental en la cultura afroamericana: Bill Bojangles Robinson.
Allá por 1886, con tan solo ocho años, el niño huérfano Bill Robinson se introdujo en el mundo del espectáculo y no lo abandonaría hasta su muerte en 1949. El fin de siglo le pilló actuando en los circuitos negros de Broadway donde se convirtió en una figura de prestigio con su característico estilo de baile, el Moondance, una especie de tap lento en el que apenas se usan los brazos y donde el máximo nivel de expresión aparte de en los pies se focaliza en la gestualidad de la cara. En esta archifamosa escena con Shirley Temple, su casi obligada partenaire cinematográfica, muestra su insólita habilidad en su número más popular: el de la escalera.
La fiebre por todo lo negro de finales de los 20, le dio una oportunidad inesperada a Bojangles cuando ya rebasaba los 50 años. Contratado por un promotor blanco para su revista exótica se convirtió en un personaje de enorme popularidad entre el público general aunque a cambio de transigir y adoptar los papeles marginales y humorísticos reservados para la gente de color. Así cuando fue llamado a Hollywood apenas pudo salir del cliche marginal: el eterno mayordomo simpático de la repipi Shirley Temple. Esta es una de las escasas excepciones. Imágenes que fueron eliminadas y que nunca fueron proyectadas en la gran pantalla quizás por el protagonismo que se daba en ellas a un simple bailarín negro.
Admirado por los blancos, despreciado por los negros concienciados que lo consideraban una especie de Tío Tom abochornante, Bill se convirtió sin embargo en una leyenda para la comunidad afroamericana. De él se contabas auténticas hazañas de baile como celebrar su 61 cumpleaños bailando en la calle o estar más de una hora seguida en plena danza sin repetir un solo paso. Era un hombre inquieto y fue promotor de un equipo de béisbol y de importantes espectáculos musicales aunque de no mucho éxito. Había sido nombrado alcalde honorario de Nueva York y ganó algún millón de dólares pero murió en la ruina absoluta y el célebre Ed Sullivan tuvo que pagar el funeral de su propio bolsillo. Exprimió Bill Bojangles Robinson capital y vida hasta la última y preciosa gota.


