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11 may 2010

No os quejéis que todavía os dejamos bailar

Duke Ellington le dedicó este tema:
En 1968, un cantante country, Jerry Jeff Walker conoció un tipo en la cárcel que le recordaba a nuestro personaje e hizo una canción inolvidable interpretada aquí por Sammy Davis Jr.

Conocí a un hombre Bojangles,
que bailaba para tí con unos zapatos gastados
con el pelo plateado,
una camisa andrajosa y unos pantalones anchos
podía hacer el viejo "soft shoe"
podía saltar tan alto, saltar tan alto
y luego posarse suavemente.
Me habló de cuando trabajó con
espectáculos de trovadores viajando por todo el sur
Habló con lágrimas de como
su perro y él habían viajado por todas partes
durante quince años.
Pero su perro murió, murió
y después de veinte años él aún llora su muerte.
Dijo "Ahora bailo en cafetines siempre que puedo.
Por un trago y la propina.
Pero la mayor parte del tiempo lo paso detrás de estas elegantes barras,
porque, ya ves hijo, yo bebo un poco"
Luego sacudió la cabeza
Oh Señor, cuando sacudió la cabeza
podría jurar que oí a alguien decir
"Por favor, por favor
baile Sr. Bojangles",
le llaman Sr. Bojangles,
Sr. Bojangles, vuelva y baile
y baile y baile, por favor baile
Sr. Bojangles, Sr. Bojangles
Sr. Bojangles, vuelva y baile
y baile y baile, por favor baile
vuelva y baile otra vez Sr. Bojangles
 

Ayer Fred Astaire hubiera cumplido 111 años; el día 25 se celebrará, un año más, el día internacional del tap dance, ese baile que aquí llamamos claqué. Es buen momento para recordar a una figura cuyo fecha de nacimiento se tomó para conmemorar esa día. Se trata de una leyenda mítica y fundamental en la cultura afroamericana: Bill Bojangles Robinson.



Allá por 1886, con tan solo ocho años, el niño huérfano Bill Robinson se introdujo en el mundo del espectáculo y no lo abandonaría hasta su muerte en 1949. El fin de siglo le pilló actuando en los circuitos negros de Broadway donde se convirtió en una figura de prestigio con su característico estilo de baile, el Moondance, una especie de tap lento en el que apenas se usan los brazos y donde el máximo nivel de expresión aparte de en los pies se focaliza en la gestualidad de la cara. En esta archifamosa escena con Shirley Temple, su casi obligada partenaire cinematográfica, muestra su insólita habilidad en su número más popular: el de la escalera.



La fiebre por todo lo negro de finales de los 20, le dio una oportunidad inesperada a Bojangles cuando ya rebasaba los 50 años. Contratado por un promotor blanco para su revista exótica se convirtió en un personaje de enorme popularidad entre el público general aunque a cambio de transigir y adoptar los papeles marginales y humorísticos reservados para la gente de color. Así cuando fue llamado a Hollywood apenas pudo salir del cliche marginal: el eterno mayordomo simpático de la repipi Shirley Temple. Esta es una de las escasas excepciones. Imágenes que fueron eliminadas y que nunca fueron proyectadas en la gran pantalla quizás por el protagonismo que se daba en ellas a un simple bailarín negro.




Admirado por los blancos, despreciado por los negros concienciados que lo consideraban una especie de Tío Tom abochornante, Bill se convirtió sin embargo en una leyenda para la comunidad afroamericana. De él se contabas auténticas hazañas de baile como celebrar su 61 cumpleaños bailando en la calle o estar más de una hora seguida en plena danza sin repetir un solo paso. Era un hombre inquieto y fue promotor de un equipo de béisbol y de importantes espectáculos musicales aunque de no mucho éxito. Había sido nombrado alcalde honorario de Nueva York y ganó algún millón de dólares pero murió en la ruina absoluta y el célebre Ed Sullivan tuvo que pagar el funeral de su propio bolsillo. Exprimió Bill Bojangles Robinson capital y vida hasta la última y preciosa gota.

6 feb 2010

100 años más con Johnny Mercer

Este es el comienzo de esa gran película de Clint Eastwood titulada Medianoche en el Jardín del Bien y el Mal a su vez basada en la novela de John Berendt del mismo título. Canta k.d. lang -la cantante que quiere que se escriba su nombre en minúsculas- y el tema es Skylark:



La historia de Berendt está inspirada en un crimen
ocurrido en Mercer House en 1981, la mansión que mandó construir en la aristocrática ciudad de Savannah el  que luego sería general confederado Hugh Weedon Mercer. Su bisnieto, cuya lápida se ve en las imágenes, es el letrista de éste y de otros mil quinientos temas que iluminan la mejor época de la canción clásica norteamericana.
Johnny Mercer hubiera cumplido 100 años el pasado noviembre.
Su infancia y primera juventud  fue un territorio de lujos y confort, ya que su familia era la de más solera en la ya de por si aristocrática Savannah. 
Estaba destinado a hacer una carrera universitaria y dedicarse luego a los negocios como su padre, pero la quiebra de éste cambió los planes. Desde siempre se había sentido atraído por el mundo musical y aunque se sentía incapaz de leer una simple partitura, poseía una buena voz y sabía hacer letras con cierta soltura. Finalmente, cansado de ayudar a la maltrecha economía familiar, decidió probar fortuna en Nueva York.



Cuando le pilló el crack, estaba buscándose la vida en la Gran Manzana. Había sido contratado como cantante por la orquesta de Paul Whiteman y a veces hasta conseguía editar alguna que otra canción pero su vida estaba instalada en la precariedad. En 1932 conoció al compositor
Hoagy Carmichael y su suerte empezó a mejorar. En 1935 sabiendo de su talento es llamado a Hollywood por Bing Crosby, convirtiéndose al poco en el compositor de letras muy solicitado. De aquella época es su primera nominación a los oscars, Jeepers Creepers, famoso en la interpretación del maestro Louis Armstrong:



En 1939 tiene su primer número 1 al escribir la letra para una melodía de Ziggy Elman, trompetista habitual de Benny Goodman. El título es el que está incorporado a su lápida en el Cementerio Bonaventure de su ciudad natal:



Volvió a Nueva York colaborando con la orquesta de Benny Goodman y obtuvo múltiples éxitos en la radio musical lo que le permitió meterse en negocios y fundar con otros socios la célebre discográfica Capitol Records. Le dio tiempo su incansable laboriosidad para tener un idilio clandestino con Judy Garland y expresar sus sentimientos hacia la joven actriz en la memorable I Remember You. Más tarde, su encuentro con Harold Arlen fue providencial; encontrando en el compositor al hombre que mejor podía desarrollar su inagotable lirismo romántico, irónico y nunca empalagoso. El tema que los unió es uno de los más grandes blues orquestales de todos los tiempos, interpretado en miles de ocasiones por cientos de intérpretes. Esta es la divertida versión de Cab Calloway sus muchachos:



Su primer Oscar es de 1946 por una canción cantada por su musa, Judy Garland y titulada On the Atchison, Topeka and the Santa Fe. El segundo, una composición de su amigo Hoagy Carmichael, se le otorga en 1951 con In The Cool, Cool, Cool of the Evening. Su fama por entonces era tan arrolladora que se le ofrece poner letra a temas que ya habían alcanzado fama universal en sus versiones propiamente instrumentales. Es el caso de Laura, Satin Doll o esa inmortal Autuum Leaves traducción inglesa del tema de Jacques Prevert.
Sus dos últimos Oscars con la colaboración de Henry Mancini fueron sin duda mucho más memorables: Desayuno con diamantes (1961) y Días de vino y rosas (1964). Pero otros temas casi siempre de origen cinematográfico lo mantuvieron en popularidad durante toda aquella época. Entre ellos Charada o éste que consagró definitivamente a Tony Bennett:

Los 70, hasta su muerte en 1976, fueron años de reconocimiento en todos los ámbitos para aquel chico bien, que a pesar de su gloriosa carrera, siempre consideró que uno de sus mayores logros había sido poder pagar todas las deudas que había contraído su familia en su lejana juventud.

11 jul 2009

Duelo al saxo


Nunca olvidaré la noche en que Lester se midió con Chu Berry, al que en aquellos tiempos se consideraba insuperable. La banda más prestigiosa era la de Cab Calloway, y Chu Berry uno de sus pesos pesados.




Bien, esa noche Benny Carter estaba improvisando con Bobby Henderson, mi acompañante. Y allí estaba Lester con su viejo saxofón, remendado con cinta adhesiva y bandas elásticas. Chu se encontraba presente y todos empezaron a discutir quién superaba a quién, tratando de provocar una competición entre Lester y Chu.



Benny Carter sabía que Lester era capaz de descollar en el duelo, pero para todos los demás el resultado estaba cantado: Chu tenía un saxo enorme y hermoso, que resplandecía como el oro, pero no lo había traído. Benny Carter no se acobardó por eso. Era como yo: tenía fe en Lester. Se ofreció voluntariamente a ir a buscar el instrumento.
Cuando Benny volvió, Chu Berry cometió el mismo error que más tarde cometería Sarah Vaughan conmigo. Chu sugirió que tocaran I Got Rhythm, así como Sarah sugirió I Cried for You. ¡Cualquiera menos esa! I Cried era mi mejor caballo de batalla, así como Rhythm era el de Lester.



Tocó como mínimo quince estribillos, todos distintos, cada uno más bonito que el anterior. Después del decimoquinto Chu Berry estaba liquidado., tal como Sarah después de mi octavo estribillo de Cried.



Los de la pandilla de Chu eran incondicionales y no terminaban de creérselo. Lo único que pudieron decir para consolarse fue que Chu tenía un timbre más amplio. Nunca sabré que cuernos significa eso. ¿Qué importaba que un timbre fuera amplio o no, si Lester sacaba sonidos tan maravilloso con esos acordes, esos cambios y esas notas que te hacían volar?

(LADY SING THE BLUES- BILLIE HOLIDAY)

Y la actuación estelar de:

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