He dedicado varias entradas a ese género musical dicharachero, voluble y a veces casi inaprensible llamado Jump blues -desde aquí podéis acceder a la etiqueta-. Para esos señores de pipa y lupa, sofisticados hasta la nausea y que piensan que oír música es un ceremonia mística que les puede levantar de sus sillones acolchados hasta subirlos por los aires y alcanzar cierta forma de levitación; el jump blues no deja de ser una música mestiza y comercial, alimento de juke-box y producto de las necesidades de baile de la población, especialmente la de color, después que las orquestas de swing echaran el cierre tras la crisis económica propiciada por la Segunda Guerra Mundial. Una visión simplista y clasista que dando la vuelta a aquella famosa frase de Unamuno parte de la falsa idea, tan cultivada por la intelectualidad occidental, "de que todo lo que no es vanguardia es plagio".
Mezcla de blues, boogie woogie, swing y con toques del naciente rhythm and blues, aquellos instrumentistas y cantantes intentaron prolongar el viejo sonido de las big bands en grupos más pequeños donde el saxo o el piano eran los reyes y maestros de la función. A la manera sudeña y con su toque gospel de llamada y respuesta, en la tradición del swing blues desarrollada por las orquestas de Count Basie, Jay McShann, Lionel Hampton o Lucky Millinder. Un buen ejemplo puede ser dos saxofonistas amamantados entre las huestes del gran Hamp y que con el tiempo se convertirían en figuras indiscutibles del jazz convencional. Me refiero a Illinois Jacquet o su casi alma gemela, Arnett Cobb.
Nombres respetados por la crítica sibarita de jazz, que a fin de cuentas siempre quiere dictar sentencia. Luego están los grandes del género, los más reconocidos por el público y más despreciados por la ortodoxia. Casi todos han pasado por aquí en otras ocasiones: Louis Jordan, Cab Calloway, Louis Prima, Amos Milburn o el extraordinario Big Joe Turner, aquí acompañado por la orquesta del gran factotum del rhythm and blues, Johnny Otis.
Hubo más, muchos más, ya que el género asentó sus reales hasta que fue arrollado por un hijo malcriado llamado rock and roll. Un ejemplo puede ser Big Jay McNeely. Un tipo con una leyenda realmente graciosa ya que tenía la costumbre de tocar paseándose de un lugar a otro allí donde actuaba. En sus interpretaciones tumultuosas y en pleno éxtasis, salía fuera del escenario y tocaba desde la puerta del local o incluso en la calle. Un día, la policía lo detuvo en uno de sus paseos y lo llevaron a la comisaria. Cuando volvió después de que alguien pagase su fianza, el grupo seguía tocando interminablemente aquella pieza de marras y el bueno de McNeaely no dudo en incorporarse de nuevo y seguir tocando la pieza como si no hubiera pasado nada.
Hay pocas notas, pocos acordes y muchos riff repetitivos pero a veces lo más simple, lo aparentemente mas facil, nos llega más a fondo.
Por último, que en este apartado será siempre un por ahora, creo que no hay una orquesta que pueda representar mejor a este género mestizo que la de Lucky Millinder. Un personaje realmente curioso que ni sabía tocar, ni cantar y que inició su carrera como bailarín y presentador de shows en Chicago. A principios de los 30 ya tenía su propia banda desde donde impulsó la carrera de jóvenes músicos como: Harry "Sweet" Edison, Red Allen, Eddie "Lockjaw" Davis o el mismísimo Dizzy Gillespie. A mediados de los 40 se decanta por el naciente rhythm and blues y consigue encabezar la lista de éxitos cuando enrola en su banda a un gran cantante: Wynonie Harris . Luego siguió triunfando hasta su decadencia a mediados de los 50 en plena eclosión del rock and roll. A finales de los 30 y principios de los 40, antes de la eclosión del jump, contó en su orquesta con una extraordinaria cantante que era capaz de pasar sin pudor de la sacralidad del gospel a los temas humorísticos y ligeros del nuevo rhythm and blues. Me refiero a Sister Rosetta Tharpe.
audrey chen
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audrey chen, voc y electrónica. (the philosopher).
jazz a luz. luz st sauveur. 13 julio 2024.
Hace 2 horas
