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2 jul 2012

Fútbol y música: ¿una extraña pareja?

Al final ganamos la Eurocopa del 2012. ¿Ganamos? Una de las peculiaridades que distinguen al fútbol de otros deportes es el uso que se hace de la primera persona del plural. Algún compatriota gana Wimbledon o el Tour o la Formula 1 e incluso el campeonato mundial de baloncesto o una medalla en balonmano pero si se trata de fútbol, ganamos nosotros.
¿Cómo escribir de fútbol a personas que pueden verlo como un espectáculo escapista y manipulado en el que masas amorfas e inconscientes abandonan sus verdaderas preocupaciones y se entregan a una pasión ridícula y banal llena de patriotismo barato, banderitas de colores y pretenciosos himnos "chunda-chunda" que satisfacen emociones simplonas? 
Pues bien, aunque suene extraño, una posibilidad es escuchar algo de su música. Como el fútbol mismo, la música es pasión y ha habido momentos en que esas dos pasiones se han entrecruzado con buenos y hasta excelentes resultados. 
Pongamos un caso. Alfredo da Rocha Viana Filho, más conocido como Pixinguinha fue un saxofonista, flautista y compositor considerado uno de los  grandes pioneros de la música popular brasileña desde  sus comienzos a finales de los años 10. Aunque los puristas lo acusaron de estar demasiado influenciado por el jazz, fue el  hombre que le dio una forma contemporánea  al choro, música de raíz popular nacida en las primeras décadas del siglo XIX.  Una de sus primeros éxitos también fue  uno de los primeros temas que toman al fútbol como protagonista. Su título no puede ser más revelador.   Seguimos en Brasil. A veces el fútbol puede servir como pretexto para hablar de otras cosas. Canta Elis Regina, que no se puede ser un perfecto goleador como Pelé porque la perfección es solo una meta. Como mucho se puede ser Tostão -mediocampista clave de aquel Brasil de ensueño del 70- y poder marcar gol alguna vez. Un tercer y ultimo tema brasileño compuesto e interpretado por Jorge Ben en homenaje a un futbolista casi desconocido si no fuera por un gol y por la canción que lo inmortalizó para siempre.    Vayamos a la decrépita Europa. De este continente lo que más me gusta en el territorio musical-futbolero son esos himnos de los clubs ingleses cantados en sus vetustos estadios con emoción infinita. El más ilustre de ellos, el que más se ha popularizado, el más emocionante para muchos oídos es un viejo tema compuesto por Rodgers y Hammerstein para un musical de Broadway. Convertido en un standard universal fue cantado entre otros por Frank Sinatra, Mahalia Jackson, Ray Charles, Elvis Prestley y sobre todo por un grupo del merseybeat, el sonido de Liverpool, contemporáneo de los Beatles: Gerry and the Peacemakers. Adoptado como propio por los hinchas del Liverpool F.C. pasó a formar parte de su escudo y de la verja de entrada a su estadio de Anfield Road. El Crystal Palace es un club londinense de no muy brillante historia pero que adoptó como himno un tema de The Dave Clark Five, un excelente grupo beat de los 60. David era un forofo del Crystal Palace desde su infancia. I'm Forever Blowing Bubbles es una canción de 1918 y también procede de Broadway. Interpretado por muchos grupos, incluyendo a la Original Dixieland Jass Band, era un tema que triunfó en los salones de baile de los años 20. Su letra algo cursi  ha propiciado que sea parodiado en múltiples ocasiones, por ejemplo por parte de Harpo Marx.  Es el  himno del West Ham United, el grupo con hinchas más cañeros del fútbol británico. Para el final, Maradona. Hay muchos canciones sobre este "barrilete cósmico", pero me quedo con la que interpretó Manu Chao en el documental divinizador -y falso diría yo- que le dedicó Emir Kusturica.

Y la actuación estelar de:

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