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24 ago 2014

10 pinceladas funky para repintar el verano

Este verano se nos va de las manos y se le nota algo desvaído. Quizás vaya siendo hora de darle color con algunas pinceladas de música funky. Procuraré ser variado sin ser exhaustivo para evitar intoxicaciones con tanta pintura fresca. El funky es como un parque botánico donde uno se pierde no por culpa de sus sinuosos laberintos sino por tanta maravilla que encuentras a cada paso y que a menudo te hace perder el camino de salida. 
Empezamos con Average White Band traducido= "Una banda blanca cualquiera". Tanta modestia asusta y más cuando se trata de un fantástico grupo escocés que ha dado grandes momentos de gloria a la música de raíz negra. Su "Pick Up the Pieces" es un clásico entre los clásicos instrumentales del funk y del soul. Para no ir a lo obvio esta vez voy a elegir otro tema menos famoso pero también de enorme calidad.  Sí, el toque Clapton está presente. Es la hora de una de las joyas de la corona. Uno de esos temas tan famosos como irresistibles a cargo de un grupo que es parte importante de la segunda ola de la Motown ya entrados los años 70. Si no os suena mucho el nombre de la banda, The Commodores, al menos os sonará el nombre de su cantante principal, Lionel Richie, con una posterior carrera en solitario en el pecaminoso mundo de las baladas empalagosas. Pero el futuro  no tiene nada que ver con este tempranero Brick House.  
Extremadamente tentador este vídeo de Joe Tex, una de las luminarias del soul, actuando en directo para una emisión de "Galas del sábado" (TVE) de 1968 presentado por Joaquín Prat, nuestro particular Johnny Carson. Si Joe Tex nos pide que lo mostremos, Bill Whiters , con su austeridad y dramatismo inconfundibles, nos pide que lo usemos. No, no hace falta tener un grupo con una gran sección de metales y plagado de instrumentos electrónicos para hacer funk de calidad.   
Tower of Power era una banda que nació al calor de la movida hippie de San Francisco a finales de los 60 aunque su éxito se forjó ya en los 70. Lamentablemente terminaron la década de mala manera con  incompatibilidades artísticas y abuso de estupefacientes. La sección de metal acabó trabajando por su propia cuenta apoyando a otros famosos artistas. Se reagruparon a principios de los 90 y siguen en candelero hasta ahora mismo.
 

Sería un crimen de lesa humanidad no poner algo del grupo más divertido, socarrón y maravilloso que ha dado el funk y el que le dio su sentido rítmico un bajista excepcional llamado Larry Graham , el inventor del slap, y el liderazgo de un tipo tan original como Sly Stone.  
Seguimos en las alturas y nos encontramos con una de las grandes columnas sobre las que se sostuvo el armazón de la música vocal negra en el apogeo del soul. Curtis Mayfield, esa voz aguda que impresionaba con The Impressions convertido en figura imprescindible del soul comprometido de los 70. Su Superfly es, junto con Shaft de Isaac Hayes, la banda sonora cinematográfica que mejor define los sentimientos afroamericanos en aquella década convulsionada. Una de sus piezas maestras es este tema.  
Ahora llega El Padrino. Todos quietos, cualquier cosa puede pasar. Por cierto, la segunda voz es la de Bobby Byrd el cantante que descubrió a James Brown y uno de los grandes artífices del nacimiento y triunfo del funk.
   
Dos temas trepidantes para terminar nuestro cuadro al óleo. La primera es de War un grupo interracial e intermusical, cualquier género estaba al alcance del grupo, concebido por Eric Burdon tras la primera separación de The Animals en 1969. Tuvieron una buena cantidad de éxitos a lo largo de su sugestiva historia aunque quizás ninguno como éste célebre Low Rider.  
El postre como corresponde. Un tema que no puedo dejar de oír constantemente, venga o no venga a cuento. ¿Qué culpa tengo yo de que me guste tanto esta pieza de Earth, Wind and Fire?

25 feb 2010

Cosas que debes olvidar

Me imagino a Bill llegando cansado a su casa por la tarde, después de un duro día de trabajo en la McDonnell Douglas de Los Ángeles. Construir retretes para los Boeing no era precisamente lo que esperaba del futuro cuando se licenció de la US Navy algunos años antes. Pero con la música no podía vivir, a pesar de su tesón, de tocar muchas puertas, de vender incluso sus cintas a la puerta de los clubs e intentar sin éxito que alguna discográfica o algún promotor musical se fijase en él. Las oportunidades se acababan, ya tenía 32 años y seguía siendo un perfecto desconocido.
Seguramente se dio una ducha, preparó algo para cenar, sacó del congelador una cerveza y se tumbó en el sofá delante del televisor. Estaban echando “Días de Vino y Rosas”:

El final le había conmovido. La mujer subiendo por el callejón hasta su casa, con el letrero luminoso parpadeante y tan omnipresente como la música de Henry Mancini. El hombre arropando a la hija en la sosegante paz del hogar. La sorpresa ante la llegada de la mujer. La conversación tensa y emotiva de ambos.
Todo se ha acabado. 
Dos mundos se separan.
Ellos lo saben, pero hay que intentarlo.
No puedo”.
El tablón solo admite a un náufrago. La mujer sale y baja por el callejón mientras sigue parpadeando el letrero. Se despierta la hija, la arropa el padre y vuelve a la ventana. Ya no está la mujer, pero el letrero con la palabra bar sigue ahí, quizás para siempre.
¿Se pueden olvidar esas cosas que habiéndose aposentado en nuestra vida no nos han hecho ningún bien?
Bill Withers tenía necesidad de expresar todo aquello que la película le había suscitado y empezó a pergeñar la letra de una canción:
Ain't no sunshine when she's gone.
It's not warm when she's away.
Ain't no sunshine when she's gone
And she's always gone too long anytime she goes away...

Aquel tema le abrió las puertas del éxito. Sussex Record le contrató y pudo grabar el tema bajo la producción del gran Booker T. Jones y con el acompañamiento musical del grupo del teclista, The MG's, pero también  con la guitarra solista  de Stephen Still e incluso de Graham Nash. Todo un debut y un  éxito inmediato en las listas de pop y Rhythm and blues. Al año siguiente el premio Grammy a la mejor canción.
Una de las primeras versiones fue la de Michael Jackson en 1972 siendo el tema de apertura en su álbum de debut en solitario, Got to be there:

Películas, anuncios, series de tv. y un montón de versiones que han prolongado el éxito de este tema que desmiente esa estúpida idea de que la belleza y la emoción no tienen su sitio entre la austeridad o la sencillez.
Así vio el tema la magistral Eva Cassidy:

Y éste el atrevimiento de Rahsaan Roland Kirk. con sus tres saxos sonando al mismo tiempo desde su boca.
 
Por último, una versión coral del famoso grupo sudafricano Ladysmith Black Mambazo con la voz solista de Randy Crawford:

Y la actuación estelar de:

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