No sé a vosotros, pero a mí cuando llega el verano me apetece comida ligera, jugosa y variada.
Para curarme en salud, procuro evitar las tentaciones de la carne en su vertiente más pecaminosa y visceral, es decir todo aquello relacionado con la casquería. Adoro los callos, pero más por sus complementos que por su naturaleza intrínseca y podría soportar después de varios días de vigilia vegetariana las virtudes de mondongos, tripes, haggis o los chitterlings que es la versión afronorteamericana de lo que en el sur del continente llaman chinchulines y en la España castiza y rotunda, gallinejas.
Con el picante tengo un dilema, no me conviene y debería evitarlo pero ¿no es mejor dejarlo al albur de la sorpresa? Mi conciencia picantosa queda a salvo gracias a los exquisitos pimientos de Padrón, ya que hago mío el viejo dilema tan galaico como hamletiano: uns pican e outros non. Lo siento, pero a estas alturas la comida mexicana me supera, aunque me guste como pocas.
(Si falla Goear éste es el enlace)
Ahora está muy de moda la cocina oriental y siempre te salva de algún apuro si tienes prisa, paseas por la calle y te apetece comer en un cucurucho.
Lo malo es el arroz, se hace inconcebible la cocina oriental sin arroz. ¿Pero como vas a comer arroz por la calle? Y si hay que ponerse en plan serio en convite de mesa y mantel, me alejo de Oriente y opto por lo más cercano ya que casi nunca te defrauda.
Ahora toca el postre. Lo siento pero siempre necesito algo bien frío y por mucho que se invente en el ramo de la repostería, un helado tradicional siempre te salva de apuros.
Deseo que hayan disfrutando de su comida y que la vida tenga a bien concederles felices digestiones.
zheng hao
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zheng hao, sintetizador analógico. (alex reviriego, tom chant, zheng hao).
juan sebastian, huesca. 30 abril 2026.
Hace 48 minutos


