Durante mucho tiempo he pensado en hacer una entrada sobre Stan Getz pero hasta ahora no me había atrevido. "The Sound" como se le empezó a llamar después del éxito del tema anterior -Early Autumn, con la orquesta de Woody Herman- era un músico tan extraordinario y versátil que por mucho que intentes agarrarlo siempre se te escurre entre los dedos. En aquel año fundamental de 1948, Stan solo tenía 21 años pero ya llevaba 8 de vida profesional en orquestas como las Jack Teagraden, Stan Kenton, Benny Goodman ola propia de Woody Herman a la que accedió tras su traslado a la Costa Oeste donde formó un imbatible equipo con otros tres tenores -Zoot Sims, Herbie Stewart y Jimmie Giuffre. Contratados por Herman -excepto Giuffre sustituido por el barítono, Serge Chaloff- graban en 1947, Four Brothers para muchos la verdadera piedra fundacional del cool jazz. No creo que importe mucho saber si Getz fue el padre del invento. Como en tantas ocasiones, diversas corrientes renovadoras confluyen en el mismo momento y en el mismo lugar. Stan no podía ni quería despegarse de su influencia musical más decisiva, Lester Young, pero era muy consciente de lo que de revolucionario tenía el bebop, especialmente en el plano armónico.
El triunfo como solista de una orquesta ya no era suficiente y el joven músico decidió seguir su carrera en pequeños grupos. Su primer cuarteto está formado por la sección rítmica de Charlie Parker, aunque pronto entrarán en su grupo otros componentes de la talla del guitarrista Jimmy Raney. De esta época ha quedado para la historia una famosa grabación de 1951 en el club Storyville de Boston.
Contemporáneamente a lo que le pasaba a Gerry Mulligan o a Chet Baker, aquel chico se convirtió en una nuevas esperanza para los sofisticados aficionados blancos de jazz. Norman Granz lo llevo a sus famosas giras con la JATP y lo puso a "competir" musicalmente con los grandes saxofonistas negros: Coleman Hawkins, Lester Young, Illinois Jacquet, Benny Carter. En 1956, por ejemplo, se las verá con Sonny Stitt, Dizzy Gillespie y una sección rítmica con Ray Brown, John Lewis y Stan Levey en Dark Eyes. A lo largo de aquella década, Stan Getz permaneció fiel a su estilo sin por ello perder la capacidad de filtrar las "provocaciones" del entorno. Absorbía como una esponja las novedades musicales pero solo para hacerse más fuerte y fortalecer su sonido alejándose de los lugares estancos y de las etiquetas precisas. En 1958 comienza su aventura europea huyendo de su adicción a las drogas y encuentra refugio en el "paraíso escandinavo" junto a otros músicos de su país que escaparon por iguales motivos o por el acoso racial. Cuando volvió, en 1961, ya no era una figura en la cresta de la ola. Había que reconstruirse de nuevo y fue entonces cuando apareció por allí una garota joven y deslumbrante llamada bossa nova... pero ésta no es la historia que quiero contar. Mejor lo dejamos así y ya veremos si merece la pena continuar narrando. Su música, seguro, va a seguir fluyendo y es para sentirse felices por ello.
La frase del título es de B.B. King y está dedicada a un grande entre los grandes, T-Bone Walker, principal culpable de que aquel jovencísimo muchachote del Misisipi profundo escogiera la guitarra eléctrica tras escuchar este tema de 1947. Fue el mayor éxito del músico texano y ha sido mil veces regrabado desde entonces. Por cierto, creo que es un buen enlace con la entrada anterior.
Dice Ted Goia en su magnífica monografía sobre el blues: "Walker contribuyó más que nadie a que la guitarra en el blues, dejara de ser sólo un instrumento rítmico y asumiera funciones melódicas, y a que la electricidad fuera un elemento esencial en el sonido de este estilo. Walker podía hacer un solo jazzístico, cantar una balada, combinarse sin problemas con los vientos, y tocar swing o rock o boogie, pero también era capaz de ceñirse al blues más simple y sin adulterar, hacía lo que le dictara su intuición. Por decirlo brevemente, Walker derribo todas las atrofiantes barreras que mantenían en un gueto cultural a los músicos de blues, que los aislaban de las demás corrientes de la música popular norteamericana a mediados del siglo XX." Es todo un privilegio tener como grupo de acompañamiento a: Dizzy Gillespie, Teddy Wilson, Louis Bellson, Clark Terry, Coleman Hawkins, Zoot Sims, Jimmy Moody, Benny Carter and Bob Cranshaw pero así eran las giras de aquellos Harlem Globetrotters de la Jazz At The Philharmonic. Además T-Bone siempre se manejó a las mil maravillas entre los grandes del jazz.
El 20 de julio de 1942 tuvo lugar un acontecimiento trascendente: por primera vez la guitarra
eléctrica era protagonista en un solo de blues. Justo cuando Charlie Christian, compañero callejero de aventuras musicales en su temprana juventud, hacía lo mismo en el terreno del jazz. De aquella sesión de T-Bone Walker con la big band de Freddie Slack nos queda un tema legendario.
Pero Aaron Thibeaux Walker ya tenía un larga carrera detrás antes de aquel 1942. Nacido en 1910 se afincó en Dallas donde conoció y se convirtió en compañía y "lazarillo" de la primera figura del blues rural, Blind Lemmon Jefferson. Las primeras grabaciones de T-Bone son de 1929 y se convirtió en figura habitual en los circuitos del blues. A partir de los 40, a medida que se acentuaba su virtuosismo con la guitarra, fue adquiriendo una soltura inaudita en el escenario. Era un tipo carismático, con una voz siempre bien timbrada y sintiéndose seguro, fue pionero en ensayar muchas de las excentricidades que gente como Chuck Berry, James Brown o Jimi Hendrix, el tocar con los dientes, llevarían al primer plano. Sus grandes éxitos fueron en los 40 y primeros 50 con los sellos Black and White e Imperial Records. Luego llegó el olvido y una vuelta a una relativa popularidad gracias a su participación en giras y festivales desde finales de los 60 hasta su muerte en 1975. Hoy es una figura indiscutible. Uno de esos pilares en que se ha sostenido, sin que muchos lo sepan, todo el entramado de la música popular contemporánea. Os dejo con esta preciosa balada de blues o jazz, como prefirais, que a mí personalmente me deja K.O.
No soy un gran comprador de discos, como mucho uno al mes y eso porque suelo adquirirlos a pares. Busco entre las ofertas baratas y me quedo con la más sugerente. Sin pretenderlo previamente, entre mis últimas compras han caído tres discos de Gerry Mulligan. Por ejemplo el que contiene este tema clásico y fascinante:
Aquí podemos ver a Mulligan y Webster tocando juntos otro tema, en el Dinah Shore Show de 1962. El batería sigue siendo Mel Lewis y el contrabajista es Leroy Vinnegar. Apartir de finales de los 50, el gran encuentro musical de Gerry Mulligan es con la música de gran formato. Crea una big band propia llamada Concert Jazz Band, compone música para el cine y concibe un repertorio sinfónico para su instrumento, antes considerado estrafalario y marginal.
Pues sí, para mí no hay duda, si hay que elegir: siempre con Jeru.
Vacances tardías
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* "Se editan libros que cuentan lo desagradables que eran los Who. Qué pena
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Pete Townshend, 1982