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12 jun 2012

Sin orden ni concierto

Durante unos días voy a estar de viaje y he decidido dejaros sin orden ni concierto algunos temas que he escuchado en los últimos tiempos y que por unos motivos u otros me han dejado huella. No hay una relación entre ellos, por lo menos no consciente, aunque todos están dentro o revolotean alrededor del jazz en el sentido más amplio del término, el que me interesa. Es decir en este caso, contaminados de tango, música de Broadway, sonidos norteafricanos o rhythm and blues parlanchín y desquiciado.
Os dejo. Me voy a hacer la maleta que eso si que requiere cierto orden y concierto. Y como regalo de última hora, el mismo tema en su versión original de 1957, cuando Mr. Rhythm tenía 53 años menos. 

20 oct 2011

¿Solo o con Jeru?


No soy un gran comprador de discos, como mucho uno al mes y eso porque suelo adquirirlos a pares. Busco entre las ofertas baratas y me quedo con la más sugerente. Sin pretenderlo previamente, entre mis últimas compras han caído tres discos de Gerry Mulligan. Por ejemplo el que contiene este tema clásico y fascinante:

Aquí podemos ver a Mulligan y Webster tocando juntos otro tema, en el Dinah Shore Show de 1962. El batería sigue siendo Mel Lewis y el contrabajista es Leroy Vinnegar.

El encuentro con el éxito fue también el encontronazo con las drogas, con la ley que lo envió a un centro correccional por hacerse adicto a ellas y con el propio Chet Baker, endiosado autista tras su salto a la fama. Menos mal que estaba cerca Bob Brookmeyer con el que creó otro grupo excepcional.

Por aquella banda pasaron gente del talento de Lee Konitz, otro componente del Noneto, Zoot Sims, Art Farmer etc... Hiperactivo como pocos, Jeru se convirtió en un colaborador habitual de otros grandes intérpretes, tanto en grabaciones como en festivales. Podía tratarse de Monk con el que alcanzó una compenetración musical difícilmente igualable -llegó a tocar en el funeral del pianista-, podía tratarse de Armstrong, de  Duke, de Miles, de Basie, de Mingus, podía tratarse incluso de Astor Piazolla con el que tiene un disco espléndido llamado Summit.

 
Apartir de finales de los 50, el gran encuentro musical de Gerry Mulligan   es con la música de gran formato. Crea una big band propia llamada Concert Jazz Band, compone música para el cine y concibe un repertorio sinfónico para su instrumento, antes considerado estrafalario y marginal.

Pues sí, para mí no hay duda, si hay que elegir: siempre con Jeru.

26 sept 2011

La cabeza que sobra

Algunas grandes canciones tienen historias chicas:

"Suena el teléfono a las tres de la mañana. Medio dormido levanto el receptor y oigo la voz de Gardel que me dice con evidente satisfacción:
—Che viejo, acabo de encontrar una melodía macanuda para el tango " Por una cabeza".
Y procedió a cantármela ipso facto. No sé si sería porque todavía no me había despertado del todo, que al oír por teléfono el fruto de su inspiración, ni la melodía ni la letra me hicieron mucha impresión; y así se lo dije. Algo amoscado Gardel me contestó con su fina ironía: —Mira, Beethoven, vos te quedás con tus corcheas y semifusas; pero no te metas conmigo en asuntos de "matungos"
Me causó gracia la comparación beethoveniana y comprendí que nadie como él —carrerista empedernido y dueño de un dispendioso stud— podía hablar con más autoridad de temas hípicos; nadie como él podía conocer la emoción del jugador de ver a su caballo llegar victorioso al disco, ni sentir desaliento de verlo flaquear en el momento mismo en que un supremo esfuerzo lo hubiese colocado en la categoría de ganador. Como dicen los versos de su tango:
Por una cabeza
de un noble potrillo
que justo en la raya
afloja al llegar . . .”
Tal vez el producto de una "fija" conferida sigilosamente al oído, que fracasa en la raya. Sí, creo que Gardel tenia razón. Yo me quedo con mis corcheas. Además, yo sabía que, lo mismo que otras canciones que nos parecen triviales al principio, el genio de Gardel ennoblecería este tango hípico y lo elevaría a una altura insospechada."
(Terig Tucci - Gardel en Nueva York 1969)
Encontramos pues a Carlos Gardel a punto de rodar en Nueva York la película Tango Bar, pero ponerle la música a una letra del gran Alfredo Le Pera con el que compartiría destino
tres meses más tarde en el accidente aéreo de Medellín que segó su vida .
Dos famosos bailes marcan la crónica sentimental cinematográfica de esta canción. En Esencia de mujer (Scent of a Woman) -recreación norteamericana de la excelente Perfume de mujer de Dino Risi- el Teniente Coronel Frank Slade (Al Pacino) retirado del ejército a causa de su ceguera y profundamente amargado por su minusvalía invita a bailar a una desconfiada Donna (Gabrielle Anwar). Una escena mítica cargada de enorme intensidad sensual subrayada por la música aterciopelada del grupo The Tango Project.

El baile de Arnold Schwarzenegger y Jamie Lee Curtis con la que termina esa comedia divertida llamada Mentiras arriesgadas tiene connotaciones ciertamente burlescas.

Nada que ver con ese toque kitch y elegante, casi de cine negro o de comic sofisticado con el que Spielberg da un respiro al espectador en esa sofocante y extraordinaria La Lista de Schindler.

Hay muchas versiones de Por una cabeza. La de Andrés Calamaro, a tiro de click, tiene un comienzo casi flamenco y un buen acompañamiento musical pero a mi modo de ver no logra entrar en el espíritu que requiere el tema, haciéndolo demasiado lánguido y espeso. Creo que el acercamiento actual de ciertas figuras del rock argentino al antes denostado tango, aún siendo meritoria, en la mayoría de las ocasiones deja bastante que desear.
Me resulta más gratificante la del fantástico violinista Itzhak Perlman. El violín siempre ha hecho buenas migas con el tango.

Por último una versión jazzística del excelente trompetista argentino afincado en España, Guillermo Calliero. Se trata de una actuación reciente en el entrañable Cafe Central de Madrid.

8 jun 2010

Celebrando a La Tana


No sé lo que hay detrás de tu voz.
Nunca te vi, vos sos los discos
Que pueblan por las noches este departamento de París.
Te busqué en Buenos Aires, pero sabés seguro
Cuántos espejos de mentira te hacen pifiar la esquina,
Como después de andar de bache en bache
Acabás con ginebra en un boliche
Murmurando la bronca del despiste.
No sé, ya ves, ni como sos,
Tengo las fotos de tus discos, gente
Que te conoce y te escribe,
Paredes de palabras con glicinas
Y vos detrás, inalcanzable siempre.
(Y esto que digo Susana
es también la Argentina donde todo
puede esconder la estafa si no sabemos ser
como el farol del barrio, o como aquí sus tangos,
vigías de la noche y la esperanza).
(Para celebrar a Susana Rinaldi - Julio Cortazar - 1971)




El tango vivió su momento más crítico a finales de los 50 y principios de los 60, cuando se consumía regurgitando canónicamente las viejas melodías de antaño. Entonces surgió de los escombros el bandoneón prodigioso de Astor Piazzolla y la voz elegante, dramática y precisa de Susana Rinaldi.
Astor era un músico de larga carrera que encontró su nuevo amanecer en París al entró en contacto con los valores del nuevo jazz europeo. El tango-jazz lo apartó de la ortodoxia lo acercó a una música más internacionalizada y por ello sufrió el rechazo de los tradicionalistas. La Tana aunque con estudios musicales previos, procedía de la interpretación y tenía cierta experiencia profesional en teatro y TV. Con 31 años, en 1966, le surgió la posibilidad de hacer un disco de tangos y no la desaprovechó.




La voz timbrada, sofisticada y profunda de Susana Rinaldi era una antítesis de la voces masculinas y arrabaleras que habían predominado en el tango cantado. Esa forma nueva exigía letras diferentes, más complejas, menos misóginas con autores relativamente nuevos de la talla de Eladia Blázquez -tanto el tema anterior como el siguiente son de ella- o consagrados como Homero Manzi.



Susana tuve un gran éxito popular con sus discos de los 60 aunque nunca fue aceptada por los puristas. Ellos pensaban que la cantante había despojado al tango de sus connotaciones tradicionales acercándolo al teatro con su énfasis y sentido del melodrama. Piazolla y Renaldi estaban unidos por el rechazo, era lógico que grabaran temas juntos, como éste. 


El compromiso moral de La Tana era incompatible con el régimen sangriento que se instaló en Argentina a finales de los 70. Marchó a París y prosiguió su vida artística en Europa siendo emblema del tango en los años de hierro. Su vuelta a Argentina recuperada la democracia, no le hizo cambiar su opción por un tango con matices cabareteros, lo que contribuyó a mantenerla en el centro de la diana de los amantes del estilo antiguo. Ahora a sus 75 años es una de esas majestuosas cantantes latinoamericanas que han marcado una época en su género musical. Lejos quedan ya los tiempos de la figura solitaria en un paisaje en penumbras.
Un tema maravillosamente rompecascarones para terminar. Fue compuesto en 1955 con letra del poeta Homero Expósito y música de Roberto Nievas Blanco.

13 sept 2009

9 ago 2009

El danés del tango

Oh, los celos....

...siempre han dado mucho juego.
También Jacob Gade lo pensaba así cuando compuso el tema Jalousy (Celos) aprovechando unos días de descanso lejos de su ajetreada vida en Copenhague donde compaginaba su labor de director de orquesta con la composición de valses y otras piezas de éxito en aquellos años 20. Ya por entonces había visitado Nueva York, donde tuvo la oportunidad de practicar la faceta por la que era más conocido: interpretar piezas de acompañamiento, muchas de su propia cosecha, en las proyecciones cinematográficas del cine mudo. Gade procedía de una familia dedicada a la música y siendo muy joven se trasladó a la capital danesa donde no tuvo reparos en tocar el violín en restaurantes y bares hasta que pudo obtener sus primeros éxitos.

Pero
Jalousy (Celos) su pieza magna, no era un vals, era un tango que dejó admirados a la multitud que lo escuchó en 1925 en pleno estreno de la última entrega de las aventuras del Zorro (Don Q. the son of the Zorro) interpretado por el imprescindible y acrobático Douglas Fairbanks:

Jalousy (Celos) es un tango manierista y exagerado que se ajusta a la perfección a esa imagen de la latinidad desbordada tan en boga en aquel Hollywood en el que la máxima estrella era un tipo como Rodolfo Valentino. A Jacob Gade le cambió la vida ya que desde entonces decidió dedicarse exclusivamente a la composición. El éxito de este standard, en plenos años 70 no había emisora de radio en el mundo que no programase en alguna ocasión este tema, alcanzó a su propio país dándolo a conocer musicalmente mucho antes de que se hiciera célebre por ser la meca de los jazzistas afroamericanos que huían de la discriminación racial.
Pongo tres versiones del tema.
La primera es una versión comentada para la BBC con los geniales Yehudi Menuhin y Stephane Grappelli:

La segunda, una escena del célebre musical Un día en Nueva York está interpretada por Kathryn Grayson con un estilo deliberadamente demodé aunque representativo de como se manejaba Hollywood con los temas latinos en los 40. La letra es una de tantas que se le puso a este tema según países e idiomas :

La tercera, del grupo de cámara Salonmusik quizás es la que mejor refleja el espíritu original de esta hermosa pieza:

20 nov 2008

Jazz en negro


El jazz y el cine negro siempre se movieron por territorios comunes. Son géneros que sólo tienen razón de ser con el auge del urbanismo contemporáneo, donde el crecimiento y desarrollo de las ciudades, crea y genera un estilo de vida que rompe con las tradicionales vínculos familiares y profesionales que caracterizaban a la sociedad occidental tradicional.
La mayoría de los grandes géneros de la música popular contemporánea nacieron en ambientes urbanos turbios más o menos cercanos a la delincuencia: clubs, cabarets, bares, burdeles, casinos etc. Es ese el caso del fado, nacido en tabernas populares. Del bolero, que siendo de origen europeo, eclosionó en los grandes y casinos salas de baile cubanas. El tango, una música que se autoafirmó en los arrabales y los prostíbulos. ¿Y que decir del jazz? nacido en los guetos negros de Nueva Orleans y luego difundido a través de los clubs de Chicago y Nueva York donde la gente deseosa de alcohol y fiesta, burlaba la estúpida Prohibición mientras hacía inmensamente poderosos a los ídolos del momento: gangsters y contrabandistas.
Esa turbiedad fue materia de trabajo por los grandes autores de novela negra y finalmente para los osados directores que en el Hollywood dorado intentaron reflejar, con más o menos éxito, aquel ambiente urbano que les había tocado vivir. Sin embargo ambos géneros, siendo expresiones paralelas del mismo tiempo vital, llegaron a combinarse convincentemente en raras ocasiones. En los años 30, 40 y 50 la gran industria del showbusiness no podía permitirse ligerezas en el tema racial. Los negros solo tenían utilidad como sirvientes caricaturescos en las comedias y dramas o como músicos tocando en segundo término en escenas que tenían como escenario los típicos clubs nocturnos de la época. Y aún así eso era rarísimo, lo normal es que los jazzmen de color se limitasen a componer parte de la banda sonora. Otra característica del jazz en el cine negro, cuando aparece en imagen, es el uso de sus motivos para ambientes perturbadores, pesadillescos y donde los protagonistas se abandonan a cierta perversión lúdica.
Dos ejemplos del uso del jazz como motivo musical y formando parte de la puesta en escena:
El combo de Kid Ory solo se oye de fondo en la fantástica Crossfire (1947) de Edward Dmytryk:


Sin embargo, Illinois Jacquet actúa endirecto enCon las Horas contadas
( D.O.A.) de (1950) Rudolph Maté :


Con los músicos blancos hubo más suerte. En Phantom Lady (1944), el actor secundario Elisha Cook, un eterno apaleado en sus papeles en el cine negro, interpreta a un baterista de jazz que participa en una jam session:


También la industria se permite cierta versatilidad si el músico negro es toda una institución o si a mayores va acompañado por una estrella blanca bien querida por el público. El caso de Louis Armstrong y Mickey Rooney en The Strip (1951). En la sesión también está Jack Teagarden al trombón, Barney Bigard al clarinete y Earl Hines al piano:


En 1958,el saxo barítono Gerry Mulligan y su grupo, en el que se incluye el trompeta Art Farmer, actúa en el intenso melodrama protagonizado por Susan Hayward, ¿Quiero vivir?.Es una de las primeras películas de ficción en la que el jazz posterior al swing aparece en primer plano:


Es imposible no acabar esta pequeño repaso sobre el jazz y el cine negro clásico, sin citar esa maravillosa banda sonora que compuso Duke Ellington en 1959 para una gran película de Otto Preminger. Es Anatomía de un asesinato y comienza de esta manera:


Habrá más en el futuro. Prometido.

Y la actuación estelar de:

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