
Hay que echarle mucha valentía o tener cierto sentido del humor para titular un tema, tirando a cortito y dividido en dos partes, de esa guisa; pero Stan Kenton tenía cierto sentido de la grandilocuencia y no despreciaba el sabor del peligro desde que se embarcó con 30 años en la aventura de montar su propia banda de jazz. En aquel momento, principios de los 40, las cosas pintaban bien para las big bands. Era la eclosión de las orquestas de Duke Ellington, Count Basie etc. y la orquesta de Stan Kenton junto a las famosas Herd (rebaños) de Woody Herman representaban una alternativa moderna a los clichés algo marchitos de las viejas bandas blancas.
Stan Kenton formó un grupo de gente homogénea aunque joven y desconocida más allá de la costa oeste y en 1943 tuvo su primer gran éxito con un tema que podría ser una perfecta banda sonora para una película de cine negro tan en boga en aquellos tiempos:
Se oye en esta grabación moderna de su tema-icono, hasta el punto de dar nombre a su orquesta de aquellos tiempos, la tendencia de Stan Kenton a mezclar elementos de música clásica con una instrumentación poderosa y penetrante donde destaca la brillantez exaltada de los saxos jugando con el sonido sin contemplaciones de la sección de metal en combinados y estudiados riffs. Con este éxito y otros parejos producto de sus grabaciones con Capitol; la labor de su alter ego el arreglista Pete Rugolo; la incorporación progresiva de jóvenes talentos como Art Pepper, Stan Getz , Anita O'Day o June Christy y su apertura hacia la nueva música postswing, se sintió autorizado para bautizar su música con una exigente etiqueta: jazz progresivo. Con esa óptica de modernidad, era en cierto modo normal que coincidiese con los pioneros del bebop en la idea de revalorizar la función del músico como instrumentista y no como simple acompañante del baile. Quizá eso fue una de las causas del acercamiento de su música a la clásica desde una perspectiva más conceptual que técnica.
Después de la guerra sus ideas alcanzaron una mejor definición coincidiendo con la primera crisis de las clásicas y tradicionales bandas de swing. En su música se mezclaban los temas tradicionales con los más abstractos y no tenía reparos en adaptar temas clásicos al repertorio del jazz. También en esta época empezó a colaborar con músicos y arreglistas que luego conformarían el sonido West Coast y el cool jazz: Shorty Rogers, Gerry Mulligan, Zoot Sims, Mel Lewis etc. En 1954 obtuvo un Music Hall of Fame por su contribución al desarrollo de la música estadounidense en el siglo XX. Sin embargo, no todos eran elogios: a mediados de los 50 tuvo una confrontación con los críticos de la revista Down Beat al acusarlos de elegir exclusivamente a músicos negros en las listas de los mejores músicos del año. El célebre Leonard Feather contestó preguntándole si Stan Kenton era favorable a la discriminación racial y la causa de que casi no tuviera músicos de color en sus orquestas.
A principios de los años sesenta, aún sin pertenecer a las corrientes más vanguardistas del momento siguió experimentando con nuevos sonidos y nuevas instrumentaciones e incluso ganó varios premios Grammys. Pero a partir de 1963 no se pudo sustraer a la gran crisis que vivía el jazz y especilamente de las orquestas. En sus últimos años, hasta su fallecimiento en 1979, sus inclinaciones le llevaron al terreno de la enseñanza en universidades y centros de música. Sus programas didácticos y su obras, quizás no muy habituales en el repertorio de los músicos profesionales, son desde entonces estudiadas con devoción en dichos centros de estudio. Recientemente se han recopilado todas sus grabaciones, en especial las del sello Capitol, y se está asistiendo a una lenta revalorización de su patrimonio musical muy adecuada para estos tiempos de mestizaje musical sin barreras.
No, definitivamente no acabó con todos los conciertos, pero aportó su grano de arena para abrirlos a nuevos territorios.