
El jazz fue en su tiempo, ya no lo es, más un estilo de vida que una música. Pensemos en la cantidad de imitadores que le salieron a Charlie Parker incluso cuando estaba vivo. Imitadores de su estilo endiablado tocando; imitadores de su capacidad magistral para improvisar sobre cualquier material; pero también imitadores de su forma de estar en el mundo, al borde del precipicio, jugándosela en todo momento. Uno de sus imitadores fue Art Pepper:
Mentiría si dijera que accedí a Art Peper a través de su música. Fue su leyenda trágica la que llamó mi atención. Sin duda, dentro del estilo que le hizo popular, el cool, y concretamente dentro de los intérpretes de su instrumento sigo prefiriendo a otros músicos como Lee Konitz o Paul Desmond. Sin embargo, su historia es demasiado poderosa como para pasarla por alto. Una historia de sufrimiento y de pasión, donde lo más singular de todo, es que nada de lo que vivió perjudicó a su música que ganó calidad y técnica, una prodigiosa técnica, con el paso de los años:
De inusitada precocidad, con 17 años ya había tocado en las Orquestas de Benny Carter, Stan Kenton y se había casado. Pero en ese mismo año fue llamado a filas y todo cambió. El hombre que volvió del frente era un tipo amargado, triste con un hijo al que no había visto crecer y sin perspectivas de futuro, como tantos otros excombatientes. Se refugió en las drogas.
Stan Kenton, con el que permaneció hasta principio de los 50, volvió a acoger en su orquesta a aquel hombre que se había convertido en un yonki imprevisible capaz de empeñar su casa por una dosis de heroína. Cuando no podía conseguir dinero de forma legal, recurría a cualquier medio, incluso cometió atracos a mano armada. Tuvo su primera etapa carcelaria a principios de los 50 en su California natal y desde entonces visitó estas instituciones en repetidas ocasiones, siendo la más sonada su pasó por la temible San Quintín a principios de los 60, denunciado por su segunda mujer, drogadicta como él.
Su música, en cambio, mejoraba por momentos. Dice Ted Goia, que si al principio tenía un toque femenino, relajado y suave con el tiempo se volvió enérgico, emocional y desinhibido. En los 50. cuando empezó a actuar con su propio grupo solista. grabó discos memorables como el que realizó con la sección rítmica del prodigioso quinteto de Miles Davis. (Algunos de esos temas se escuchan de fondo)
En la cárcel descubre a las nuevas estrellas del jazz de vanguardia y esa música le ayuda a entender que su vida necesita un profundo cambio. Al salir, entre en la orquesta de Buddy Rich y finalmente ingresa en una clínica de desintoxicación de donde sale dispuesto a seguir dando batalla en actuaciones y grabaciones memorables. Escribe una patética autobiografía, Straight Life -como su famoso tema- y muere a causa de una hemorragia cerebral en 1982:
