20/10/2011

¿Solo o con Jeru?


No soy un gran comprador de discos, como mucho uno al mes y eso porque suelo adquirirlos a pares. Busco entre las ofertas baratas y me quedo con la más sugerente. Sin pretenderlo previamente, entre mis últimas compras han caído tres discos de Gerry Mulligan. Por ejemplo el que contiene este tema clásico y fascinante:

Aquí podemos ver a Mulligan y Webster tocando en directo otro tema de ese feliz encuentro discográfico de 1959. El batería sigue siendo Mel Lewis y el contrabajista, si no me equivoco, es Leroy Vinnegar.

La vida de Jeru, como lo apodó Miles Davis, está plagada de felices encuentros y algún que otro encontronazo. El encuentro con su niñera afroamericana Lily Rose que le enseñó a amar la música negra. Su encuentro adolescente con un locutor de Filadelfia que lo contrató para escribir arreglos en su emisora y que le permitiría ser fichado luego por las orquestas de Gene Krupa o Claude Thornhill. En esta última, se produce otro encuentro decisivo: con Gil Evans, que lo enrolará en su intrépida nave cool.
El Noneto no tuvo el éxito esperado y Mulligan, como otros héroes de la Generación Beat, decidió largarse a California.  Quería quitarse de una vez la etiqueta de arreglista y ser considerado un músico de verdad, a pesar de tocar tan aparatoso cachivache. Se encontró con Chet Baker, y durante dos años las cosas fueron redondas.  Los chicos blancos rebeldes encontraron un nuevo símbolo musical en aquella pareja artística. En esta adaptación cinematográfica de una novela de la figura más emblemática de la Generación Beat, Jack Kerouac, podemos ver a Jeru tocando junto a Art Farmer.

El encuentro con el éxito fue también el encontronazo con las drogas, con la ley que lo envió a un centro correccional por hacerse adicto a ellas y con el propio Chet Baker, endiosado autista tras su salto a la fama. Menos mal que estaba cerca Bob Brookmeyer con el que creó otro grupo excepcional.

Por aquella banda pasaron gente del talento de Lee Konitz, otro componente del Noneto, Zoot Sims, Art Farmer etc... Hiperactivo como pocos, Jeru se convirtió en un colaborador habitual de otros grandes intérpretes, tanto en grabaciones como en festivales. Podía tratarse de Monk con el que alcanzó una compenetración musical difícilmente igualable -llegó a tocar en el funeral del pianista-, podía tratarse de Armstrong, de  Duke, de Miles, de Basie, de Mingus, podía tratarse incluso de Astor Piazolla con el que tiene un disco espléndido llamado Summit.

 
Apartir de finales de los 50, el gran encuentro musical de Gerry Mulligan   es con la música de gran formato. Crea una big band propia llamada Concert Jazz Band, compone música para el cine y concibe un repertorio sinfónico para su instrumento, antes considerado estrafalario y marginal.

Pues sí, para mí no hay duda, si hay que elegir: siempre con Jeru.

13/10/2011

Sid sabe como hacerlo

La mano se mueve ansiosa en el dial hasta encontrar el punto requerido. La noche es larga y se requiere buena compañía. Esa voz lenta y áspera como papel de lija sabe como hacerlo. Ya suena la sintonía:

Para los que todavía piensen que la música esta hecha por seres privilegiados dotados para la creatividad por alguna musa caprichosa y difundida por angélicos filántropos bienintencionados que protegen a sus cachorros dándoles en todo momento lo que ellos necesitan, quizás les venga bien conocer algo de este muchachote blanco, un poco turbio, que en la década de los 40 se convirtió en una de las figuras más influyentes del tinglado del jazz. Concretamente, el gran disc jockey del Jazz. Uno de los culpables de que estemos hablando de Charlie Parker, Dizzy Gillespie, Miles Davis o Thelonius Monk como si fueran amigos de la infancia.
¡¡¡Here comes the kid with the fancy pants and the fancy lid... Symphony Sid!!!

La banda de Tadd Dameron con Fats Navarro y Milt Jackson presentados por Symphony Sid seudónimo de Sidney Tarnopol, un hombre de larga trayectoria en la radio desde sus comienzos en 1937 en la WBNX y que culminaría 12 años después retransmitiendo su programa de costa a costa. Por en medio están sus habilidades como gran muñidor del jazz y en concreto del bebop como cuando convenció al propietario de un asador de pollos en Broadway a que utilizara su local como sala de conciertos para los músicos boppers. El Royal Roost pronto se convertió en un lugar de encuentro para los jóvenes músicos y para que el propio Symphony Sid pudises retransmitir sus programas en vivo. 

Sid se estaba convirtiendo en un hombre poderoso e influyente, bien relacionado tanto en los ambientes musicales como en los bajos fondos de la Gran Manzana. Era lógico que los músicos se lo agradeciesen. La posteridad ha perpetuado el nombre de nuestro personaje a través este tema compuesta por Lester Young e interpretado luego por una legión de artistas.

King Pleasure, amigo de ponerle letra a todo lo que se pusiera por delante, concibió una que encajaba con la música de Prez y con la importancia de aquel mítico programa de radio entre los que lo escuchaban.

Hubo otros homenajes musicales de Arnett Cobb o éste Symphony in Sid de Illinois Jacquet.

Muchas veces hay demasiado poco espacio entre la cumbre y la caída. En el mismo año en que consiguió que su programa tuviese alcance nacional fue descubierto en posesión de marihuana. No tuvo repercusiones penales, pero sabiendo que los de narcóticos no iban a dejar de estrechar el lazo, decidió dejar sus actividades y marcharse a Boston. Estuvo allí hasta 1957 dedicado a lo que había hecho siempre. Cuando volvió, Symphony Sid había cambiado.

A su vuelta, el viejo Sid se entrega en cuerpo y alma a la música latina. Al latin jazz, por supuesto pero también al mambo, al boogaloo y a algo que se comenzaba a llamar salsa.
Le llamaron traidor. Le llamaron vendido. Le llamaron toda esas clase de atrocidades que se suele decir de la gente cuando no sigue la senda que los escandalizados habían diseñado para ellos. Y sin embargo, en los últimos años, volvió a oírse  de nuevo música de jazz en las emisiones conducidas por aquella voz lenta y áspera como papel de lija.

4/10/2011

Simplemente, Red Nichols

 En días pasados Félix Amador Gálvez en su excelente blog "Jazz, ese ruido", una bitácora absolutamente imprescindible para los que amamos el jazz,  hacía referencia a  un film biográfico, un biopic, dedicado a Red Nichols, una semiolvidada figura de la escuela de jazz  blanco de los años 20 y primeros años 30, antes de la eclosión del swing.   

A partir de la entrada he tenido ocasión de de ver Tu mano en la mía el horroroso título español  para The Five Pennies, film realizado por Melville Shavelson en 1959 e interpretado en su papel principal por un contenido Danny Kaye. En el elenco principal aparece también  Louis Armstrong, figura inevitable en los films de o con jazz de aquel período,  y otra serie de figuras del género como el batería Shelly Manne o el cantante Bob Crosby. Además el propio Red Nichols interpreta los números a la trompeta tocados en la pantalla por Danny Kaye. Es el caso de este Battle Hymn Of the Republic compuesto a mediados del siglo XIX y popular en la Guerra Civil americana de la década siguiente. Estas variaciones sobre temas tradicionales constituyen uno de los pilares básicos sobre el que se asentó el primer jazz.

A mi modo de ver The Five Pennies es una película agradable que adolece de esos tópicos lacrimógenos que solían acompañar a aquellas películas biográficas de los años 50 dedicadas a músicos de jazz blancos. Hay que recalcar lo de blancos, Hollywood no estaba en condiciones o no quería levantar las barreras raciales. Aquellas eran historias ejemplarizantes en que sus protagonistas -caso de Glenn Miller en Música y Lágrimas- a pesar de tener un destino trágico acababan redimiéndose o redimiendo a su entorno. En este caso no hay la muerte del protagonista, pero si la historia de un hombre que renuncia a su carrera musical para cuidar de su hija enferma de poliomielitis. Sin embargo la vida le ofrece otra oportunidad y puede volver a retomar su vida artística muchos años después. La historia es real y  el éxito del film ayudó a relanzar la carrera de Red Nichols  músico importante en aquella escuela de músicos blancos criados en Chicago y triunfantes en Nueva York.  Por su grupo, The Five Pennies, -nombre engañoso ya que se trataba de una verdadera big band- pasaron en su primera época gente de la talla de Benny Goodman, Jimmy Dorsey, Glenn Miller, Jack Teagarden o Joe Venuti

Recogen algunas fuentes y comenta Félix, que Red Nichols llegó a hacer más de 4000 grabaciones en aquellos años. En Europa consiguió un éxito rotundo antes de que la llegada de las grabaciones "calientes" de los músicos afroamericanos borrase la estela de aquellos "pioneros" blancos. Este su gran hit de aquellos tiempos: Ida Sweet As Apple Cider.

Cuando era célebre, lo compararon con Bix Beiderbecke e incluso con el propio Armstrong. Luego los que antes lo apoyaban dijeron de él que tocaba de una forma rígida y envarada, que era un impostor, un tipo sin escrúpulos que grababa discos con nombres y grupos ficticios para amasar dinero. Lo dejó todo a mediados de los 30 y en la plenitud de la época swing solo era una reliquia olvidada en el pasado. Tras la guerra dejo su trabajo en los astilleros para volver a retomar su carrera artística. Red  tuvo cierto papel en el resurgir del jazz tradicional a finales de los 40 y principios de los 50, aunque en su juventud había practicado una música mucho más cercana al swing que al sonido de Nueva Orleans. Siguió actuando en clubes hasta su muerte en 1965.

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